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Revalorar el legado de Killku Warak’a, el mayor poeta quechua del Perú

Servindi, 8 de febrero, 2021.- “Andrés Alencastre o Killku Warak’a es el poeta mayor del idioma quechua” afirmó el maestro José María Arguedas cuando conoció las primeras obras poéticas del escritor cusqueño, autor de los estremecedores harawikus.

Así nos lo recuerda Jesús Manya Salas, también escritor cusqueño, que nos comparte la edición de su revista Amaru, que rinde un merecido homenaje a una figura clave de la identidad y la cultura quechua.

El ensayo Killku Warak’a Yawar Harawikuq es una aproximación íntegra, sincera y comprometida con la vida y la obra de Andrés Alencastre Gutierrez.

Jesús Manya Salas revalora el legado de Andrés Alencastre para "construir conciencia, identidad y compromiso con el pueblo y el país" y coloca en su justa dimensión el aporte universal del idioma quechua.

Dicha tarea resulta tanto más necesaria con ocasión del Bicentenario de la Independencia que el Perú oficial se apresta a celebrar de espaldas a la realidad y los valores auténticos de nuestra peruanidad en formación.

Cabe destacar que Jesús Manya Salas inicia el 2021 publicando Willka Waman un willakuy de Killku Warak’a en runa simi y que el autor considera impostergable entregar como lectura en especial para los niños y jóvenes.

Jesús Manya Salas (Qosqo,1957) escritor y político. Publica ensayos y crónicas en diarios y revistas del país, dirige y anima varios programas televisivos y radiales y es asimismo director de la Revista Amaru.

 

Killku Warak’a Yawar Harawikuq

Por Jesús Manya Salas*

8 de febrero de 2021.- Hace más de una centuria, en un alejado pueblo de la nación K’ana en la hacienda Parq’o de la Región del Cusco, nació el 14 de abril de 1909 Andrés Avelino Alencastre Gutiérrez; fueron sus padres Leopoldo Alencastre Zapata y María Rosa Gutiérrez, siendo el cuarto de los ocho hermanos varones de la familia; a muy temprana edad por la enfermedad de su señora madre, amamantó los pechos de doña Eulalia Pineda de Taparaco.

Inició sus estudios en las Escuelas Fiscales de los pueblos alejados de la zona; en los turbulentos tiempos del huracán de comuneros y ayllus, que se levantaron en guerra contra los terratenientes, jueces y curas que aplastaban todo derecho y los terratenientes, jueces y curas que aplastaban todo derecho y –lo que es peor– tenían invadidas sus tierras, desde la Guerra con Chile aprovechando la ausencia de los jóvenes y varones reclutados y enlistados en los Batallones del Coronel Andrés A. Cáceres.

En las Provincias Altas desde 1914 se encendió la pradera en Hanp’atura, luego el frente de guerra pasó a toda la Provincia de Canas y en parte a Chumbivilcas; en el Hanan de la Nación K’ana, continuaron las insurrecciones en T’oqroyoq, Pichigua, Q’oporaqe y Qiqin K’ana (Quiquijana); los grupos terratenientes, para evitar su coordinación con la parte beligerante del Urin K’ana, frenaron a sangre y fuego la insurgencia en la parte alta y crearon políticamente en 1917 la Provincia de Espinar, para separarla de los estallidos en la parte baja de la Provincia de Canas.

En el Urin K’ana, luego del levantamiento de Hanp’atura, fueron entrenados y concentrados los pelotones comuneros en el Ayllu de Sausaya, al que llegaron desde Ch’eqa, Qh’ewe, Langui y Layo; iniciándose la Batalla de Ch’eqa Pukara el 17 de junio de 1921, que culminó luego de una semana de numerosos combates en un empate militar que ayudó a reorganizar fuerzas y mandos en ambos bandos; los comuneros tenían un Estado Mayor y armas que manejaban sus licenciados del Ejército.

La segunda confrontación se desarrolló en la Batalla de K’allpa-pampa el 25 de junio de 1921; una compañía de mercenarios y varios hacendados sorprendieron a los ayllus, quienes resistieron heroicamente y sólo con su bravura y warak’as de piedra consiguieron poner en fuga a las tropas contrarias. En plena preparación para posteriores batallas en curso, llegó la infausta noticia desde Espinar, que el 29 de junio fue asesinado Domingo Huarca y otros insurgentes en manos de la milicia gamonal y policial. El fusilado era un destacado líder, gestor del Comité de Defensa Pro Indígena Tawantinsuyo en la región, durante todos esos años.

El fusilado era un destacado líder, gestor del Comité de Defensa Pro Indígena Tawantinsuyo en la región, durante todos esos años.

El 28 de julio de 1921 se cumplía el “Centenario de la Independencia del Perú” festejado entre las élites gobernantes; mientras que en el pueblo como antes las tropas de los terratenientes; la Batalla de Rumi Taqe fue escenario de una feroz y prolongada agonía, que culminó con la captura de Don Leopoldo Alencastre, Comandante y Jefe de los terratenientes junto a su legendario caballo Káiser.

Toda la batalla fue presenciada por el adolescente Andrés Alencastre, desde uno de los Apus colindantes; fue testigo de la prisión y sacrificio de su padre y su alazán blanco; que luego de una deliberación fue ofrendada a la Pachamama por los comuneros y ayllus. Esta circunstancia dolorosa marcaría una profunda fractura emotiva, cultural y personal en Killku Warak’a a lo largo de su vida. De esa sangre derramada en esos años y campos de batalla, surgió la primera y verdadera reforma agraria, cuando los ayllus recuperaron sus tierras arrebatadas.

Para salir de este contexto dramático, la familia se trasladó al Cusco y el adolescente completó sus estudios primarios en el Colegio Salesiano (1923) y sus estudios secundarios en el bolivariano Colegio Nacional de Ciencias y Arte (1929). En 1941 ingresó a la Facultad de Letras y Pedagogía de la Universidad Nacional San Antonio Abad de Cusco, en cuyas aulas y con sus amistades empezó a ejecutar el chillador y el p’inkuyllo, así como a componer sus primeros waynos y takis; junto a Felipe Mostajo en la mandolina y la bandurria, Nicomedes Porcel en el charango, Efraín Pezo en el violín y Andrés Alencastre en el rondín, quena y el p’inkuyllo, fundaron una agrupación de Música y Teatro, para escenificar varias de sus composiciones en las propias comunidades hasta 1945, en el que se graduó de profesor y años después volvería a su alma mater a estudiar el doctorado.

Durante dos décadas fue maestro en las aulas de la Gran Unidad Escolar Inka Garcilaso de la Vega; un tiempo también fue profesor en el emblemático Colega Mateo Pumacahua de Sicuani, en cuyos años trabó amistad y trabajó con el joven José María Arguedas, el padre Jorge Lira, con quienes desarrollaron una intensa actividad cultural, de acercamiento, recopilación, recreación de las tradiciones, mitos, waynos, ayllis, qhaswas de dicha zona y que se encuentran en los libros de todos ellos; amistad tan cercana que Andrés Alencastre fue padrino matrimonial de José María Arguedas.

Años después como docente universitario en los cursos de quechua, escribirá ensayos en la Revista Universitaria, en Inka Rimay Revista Quechua editada por la Academia Mayor de la Lengua Quechua, del que posteriormente será su Presidente y representante en varias ocasiones y dirigencias. En 1955 funda también el Cine Club Cusco y luego se denominará Escuela del Cine Cusco con Luís Figueroa Yábar, Eulogio Nishiyama, Manuel y Víctor Chambi y César Villanueva.

Foto: De izquierda a derecha Eulogio Nishiyama, poeta Luís Nieto Miranda, cineasta Cesar Villanueva y el poeta Killku Warak’a (Andrés Alencastre Guitiérrez); en la parte posterior y parados cineastas Jorge Vignati y una comunera. 

La Universidad del Cusco como parte de los procesos transformadores en los inicios del Siglo XX: la primera industrialización de la región por el impulso de la electrificación, carreteras, llegada del tren, fue la cuna de una auténtica Revolución Cultural. La Primera Reforma Universitaria en el país y el continente gestada desde los años 1907 hasta el 7 de mayo de 1909; derrotó el feudalismo y la escolástica clerical en la enseñanza, acompañó un proceso social y político de cambios profundos en las ideas y alentaron en las siguientes décadas, a despegar instituciones tutelares como: el Centro Científico, la Cámara de Comercio, la Academia Mayor de la Lengua Quechua, el Centro Qosqo, la Escuela del Cine, la Federación Obrera Departamental (FDTC), el Instituto Americano de Arte y otros; de sus aulas surgieron corrientes ideológicas como el indigenismo, comunismo, descentralismo.

Andrés Alencastre era un hombre con ideas y compromisos, como señala Enrique Urbano

“Era soñador y poeta, amante de las costumbres de su tierra, líder político y socialmente comprometido con las ideas del Partido Comunista, llevaba en su piel las marcas algo contradictorias de su época: romántico pero comprometido socialmente; hacendado o gamonal, pero amante de sus indios o sus ahijados. Lo cierto es que toda la región lo conocía y miraba muchos con admiración y simpatía y otros con odio y desconfianza”.

Killku Warak´a era un personaje de los tiempos, muchos como él hijos de terratenientes o comerciantes, habían abrazado las ideas de la libertad y la justicia por las vivencias y el estudio; el colectivo de cultura y política con Sergio Caller Olazábal discípulo de José Carlos Mariátegui y Víctor Coello Jara, tuvieron una repercusión en el joven artista.

La historia social y cultural del Cusco en los albores del siglo pasado, que escenificaba esa contradicción entre la herencia gamonal como ser social y el poeta revolucionario como su conciencia social; tuvo encuentros y desencuentros, como aquella fatídica noche del 2 de agosto en 1984, en que fue sacrificado cruelmente por sus propios comuneros, por unas tierras en disputa y en el marco de una omisión y silencio sospechoso del poder judicial y abogados tinterillos que atizan fuegos para cobrar mayores dividendos. Las letras de Yawar Para escritas reclamando la ausencia del padre se cumplieron proféticamente, ambos partieron a la eternidad en las mismas condiciones dramáticas.

Andrés Alencastre murió como ser humano y lanzó a Killku Warak’a a la eternidad y a la historia en la cultura andina como su poeta símbolo y maestro de nuevas generaciones. Tanto así que el pueblo de El Descanso, lugar de su muerte, ahora la capital del Distrito de Kunturkanki, en reconocimiento a su hijo fundador y representante, nombró a su colegio con el nombre del Hamawt’a, grandeza de pueblo a su poeta, más allá de la contingencia en la vida contrastada.

Este contexto fue expresado por el Cholo Nieto, el otro de los grandes poetas cusqueños que despidió a su amigo y camarada:

“Bárbaramente inmolado, víctima propiciatoria de quien sabe qué cultos ancestrales rencores, en un páramo de la frígida puna andina ha caído el más grande poeta quechua contemporáneo Killku Warak’a”.

Una aproximación a este ser humano y universal, creador y retador de su destino son los trabajos del Dr. Abraham Valencia Espinoza y Odi Gonzales, así como la primera tesis en quechua para optar el grado de doctora en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que aprobó con excelencia Roxana Quispe Qollantes con su trabajo “Yawar Para, Kilku Warak´aq, Andrés Alencastre Gutiérrez harawin pachapi, Qosqomanta runasimipi harawi t’ikrachisqa, ch’ullanchasqa kayninpi”; esfuerzos reconocidos que debieran ser continuadas por las instituciones públicas, que lamentablemente  han olvidado a uno de los mejores hijos del Qosqo.

Killku Warak'a Queswa Harawiq

Desde sus años de estudiantes secundario y luego universitario; así por los años 1940 empezó a escribir sus primaras composiciones musicales como La puna desolada y Maizalito quebradizo, sus primeras obras teatrales como el Pongo Wilkito, Ch’allakuy, El Ayllu de Qhapatinta, Los cumpleaños de Catita, que serán recogidos en su libro: Dramas y Comedias del Ande por el año 1953.

En Taki Parwa (1952) una de sus primeras entregas poéticas, pudo romper los anaqueles del discurso anacrónico y retórico que todavía hablan y pregonan algunos académicos en la actualidad; con Taki Ruru (1964) y Yawar Para (1972), Qori Hamanq’ay (1980), extendió la poética andina a una visión de los seres humanos y sus grandes problemas irresueltos; en todos estos libros volvieron a hoblar los Apus y los Pumas con la modernidad, muy lejos de las composiciones religiosas a la que había sido arrinconado el quechua desde el colonialismo. En las primeras obras poéticas José María Arguedas reconocerá tempranamente que “Andrés Alencastre o Killku Wark’a es el poeta mayor del idioma quechua”. Los libros eran estremecedores harawikus decorados por la escuela indigenista del Maestro Mariano Fuentes Lira, Director de la Escuela de Bellas Artes del Cusco Diego Quispe T’ito, un camarada de ideas como él.

José María Arguedas reconocerá tempranamente que “Andrés Alencastre o Killku Wark’a es el poeta mayor del idioma quechua”.

Tampoco son casuales que sus principales aportes lingüísticos y literarios, fueran traducidos y estudiados en universidades tan distantes como: en Moscú por Yuri Zubristki, en París por Georges Dumézil, Bucarest, Canadá, Chile, Bolivia, donde los especialistas valoraron la dimensión de sus recreaciones y el rol del quechua, cuando en el Cusco y en el centralismo limeño regateaban y desconocían su valía. Participante en el Concurso Internacional de Poesía Quechua en Cochabamba (Bolivia), obtuvo el primer premio: “K’antuta de Oro” con su poema “Illimani”.

La oralidad quechua y la filosofía andina

Probablemente, si Killku Warak’a hubiera participado en el debate actual de algunos fanáticos del pentavocalismo y trivocalismo, en una purísima competencia por la “normalización”, concepto que refleja una visión colonial, sus obras literarias y académicas no alcanzarían su actual reconocimiento; como creador que era, apartó el dogma que fosiliza y fue bastante recreativo en el uso del quechua, comprendiendo que éste era ante todo un idioma oral, como se desprende de un estudio preliminar de sus trabajos.

como creador que era, apartó el dogma que fosiliza y fue bastante recreativo en el uso del quechua, comprendiendo que éste era ante todo un idioma oral

Por esos años para los medios académicos, dominada por la hegemonía occidental, no existía la “Filosofía Andina” hablar de ella era una herejía e ignorancia “científica”; los valores, principios, métodos, lógica, epistemología de la filosofía greco-romana, no aceptaba ninguna fisura; con mucho tiempo y fruto de la tenacidad investigadora aceptaron la sub existencia de la “Cosmovisión Andina” como parte y propia de sociedades marginales en el nuevo continente con un “pensamiento mágico y arcaico”. Ahora nadie discute que en el mundo existen varias filosofías y que esa riqueza de la diversidad permite el surgimiento de nuevas perspectivas, ajenas al “pensamiento único y su normalidad” esgrimida por las potencias hegemónicas.

La filosofía del lenguaje en la actualidad, señala que la palabra oral no sólo representa la realidad concreta y descrita objetivamente, si no que detrás de ella y en la profundidad del pensamiento del hablante, hay uno o varios significantes de una visión acerca de su vida y saber en relación a la cultura, política, ambiente, territorio, historia, práctica; la oralidad es una síntesis completamente; porque la puede mutilar, desconocer, descontextualizar.

Desde experiencias y profesiones distintas José María Arguedas (Apurímac), Jorge Lira (Cusco), Cesar Guardia Mayorga (Ayacucho), Gamaniel Churata (Puno) entre otros escritores quechuas; defendieron y entre uno de sus fundamentos y principios abogan y práctican la diversidad y la complementariedad como una de las leyes de la liquidación o supremacía de contrarios que rige en el occidente.

Es previsible y como pensantes de esos tiempos, todos estos autores respetaran las distintas variantes de la familia idiomática, por cuya razón muchos de sus trabajos están redactados en el quechua trivocálico o pentavocálico de manera indistinta. Esa fue la perspectiva que generó el estudio y publicación del Ministerio de Cultura, con las gramáticas y diccionarios de las seis variantes en el año 1976 del Gobierno Velasco Alvarado; fortalecimiento y desarrollo del Idioma Quechua como un proceso aprendizaje-enseñanza-aprendizaje; trabajo extraordinario que destruyó el mito que las diversas variedades del quechua no podían sistematizar. En la introducción de esos trabajos Alberto Escobar dice que estos trabajos son instrumentos auxiliares para nivelar las variantes por medio de la escritura y el oral intenso.

En la actualidad a medida que se impone la hegemonía del pensamiento único neoliberal; desde el ministerio de Educación existe apuro en quemar etapas de un proceso de construcción del idioma, buscan “normalizar y estandarizar” imponiendo la escritura trivocálica y mutilando las consonantes postvelares en detrimento del quechua Qosqo-Qollao; hecho que por cierto abrirá las puertas de un mayor debate no sólo lingüístico, sino filosófico, cultural, territorial, político que ahora se cimenta en el avance de la plurinacionalidad, como categoría de derechos de los pueblos a ser respetados en sus saberes, creencias, costumbres, diversidades.

Killku Warak'a Qyachaynin

A lo largo de su existencia Andrés Alencastre Gutiérrez (1909-1984) combinó y utilizó hasta cuatro variantes de escritura quechua:

En el primer caso, redacta en trivocálico y en el uso particular de la grafía CH escribe la C pero omite la H, pero lee como CH (Mici y lee como michi) como también escribía por entonces Jhon Rowe como un modismo y tendencia por esos años; varios de los versos editados en Taki Parwa (1952), Taki Ruru (1964), Yawar Para (1972), tienen estas características. En esta línea está redactada su tesis para optar al grado de Doctor en Letras por el año 1953 y editado como Fonética, Semántica y Sintaxis Quechua.

Sin embargo en 1955, en la publicación Dramas y Comedias del Ande, obras de teatro y canciones que fueron creadas y editadas entre 1940 y 1953, como señala en su pórtico o presentación, textualmente explica:

«El elemento cultural que he puesto en juego para escribir estas obras teatrales ha sido el Idioma Peruano. Pero, ante todo, ¿a qué llamo Idioma Peruano? Será al Castellano, al Quechua, al Aymara o a las variaciones dialectales de cada zona peruana? Precisamente con estos idiomas y modalidades idiomáticas está formado el Idioma Peruano».

En los diversos textos de las cinco obras, de esta segunda característica de escritura, utiliza indistintamente el quechua pentavocal, acompañada con textos y palabras castellanas, que ahora se conoce como quechuañol y son palabras castellanas oralizadas o pronunciadas con sufijos quechuas.

Una tercera variante en sus diversos textos: Métodos sencillo para aprender el Idioma Quechua, editado en varias ocasiones, entre ellas la de 1972 para la Universidad Nacional San Antonio Abad de Cusco; las recordadas y comentadas “Lecciones de Quechua” que aparecieron en varios números de la Revista Universitaria de la UNSAAC, usa indistintamente frases, palabras, relatos y versos con tres y con cinco vocales.

Pero hay una cuarta variante utilizada en su libro Qori Hamanq’ay, publicada en 1980 por la Dirección Regional de Cultura, que contiene “Tupac Amaru”, “Aqoyraki” y “Willka Waman”, redactadas enteramente con la variante pentavocálica. Hasta su nombre tiene la variación Kilko Waraka del usuario Killku Waraká. Este trabajo es una obra final antes de su partida, es el pulso de un Andrés Alencastre recorrido y maduro; en el primer pétalo apuesta en versos por una Elegía al proceso revolucionario de Túpac Amaru, lamenta y debate desde su identidad a la gesta victoriosa, aborda sus contradicciones y contrastes, a sus personajes y pasajes ante la derrota. El segundo pétalo con Aqoyraki formula su miedo y queja ante el Apu Waskaran por la calamidad y la tragedia del cataclismo en Yungay, reclama por los padres y madres, los niños y la naturaleza en su reflexión.

Willka Waman Willakuy

Es el tercer pétalo de la trilogía del último libro de Killku Warak’a, editado en noviembre de 1980, bajo la Dirección del Instituto Nacional de Cultura con el nombre de QORI HAMANQ’AY – KILKO WARAK’A, en homenaje al Bicentenario de la Revolución de Túpac Amaru.

“Qori Hamanq’ay ̶ Azucena de Oro ̶ tiene tres pétalos: Túpac Amaru, pétalo sangrante de sacrificio; Aqoyraki, que muestra el cataclismo de Ancash y Willka Waman, pétalo impregnado de la vida tenaz y trágica de un titán del Ande” señala en la introducción Andrés Alencastre.

WILLKA WAMAN, escrito en 370 versos expresa o cuenta un relato; hecho que lo ratifica el propio Killku Warak’a, como narrador omnisciente al anunciar en su Mañaykukuy una petición y ayuda a las grandes divinidades del ande, solicitando: sabiduría, fuerza, sistematización, para relatar (willarikunaypaq) la vida del Halcón Sagrado.

“Laramani Apu
Apu Willkannuta,
Ausanqati Apu
Apullay Salqantay;
Yanapaykuwaychis.

Qankuna qowaychis
kallpata yuyayta,
Willka Wamanmanta
Willarikunaypaq.

Sumaq Pachamama
Qhapaq Inti Tayta,
Mañakuykichismi
chanin hamut’ayta.

Yuyayta, yachayta
qankuna qowaychis,
Willkawamanmanta
Willarikunaypaq”.

Andrés Alencastre llegó a la temprana conclusión, que la mejor representación de escribir un relato, cuento, mito, historia, ensayo, costumbres y saberes, en el idioma quechua; era a través del verso corto y preciso, enfático y directo, así lo hizo en sus obras en teatro. El formato de cuentos y novelas recurriendo a la técnica del castellano con frases y textos prolongados, estructurados horizontalmente; no recoge con pausa y tranquilidad la expresión de un idioma oral complejo, aglutinante y polifónico como el quechua; por ejemplo una sola palabra como illapasqa requiere una amplia traducción castellana, para referirse a una destacada persona, animal o naturaleza, tocado por el rayo, el relámpago y el trueno, cumpliendo fines espirituales y curativos.

Al respecto el estudioso y escritor quechua Jesús Lara de Bolivia, todavía los años 1947 señalaba:

“sólo nos hemos de referir a su singularísmo don de expresividad, no hay en el mundo un lenguaje en el cual se pueda manifestar con un solo verbo tantos estados de ánimo, tantos grados de dulcedumbre o de ternura o de pasión o de ira o de desdén. El quechua adquiere en estos casos la flexibilidad manantial que se desliza en la pradera desgranando las músicas más sutiles y reflejando todos los caprichos de la luz”.

Killku Warak’a en el Ensayo: El Quechua y la Literatura Inka, en la Revista Inka Rimay de la Academia Mayor de la Lengua Quechua del año 1963, recoge y reflexiona acerca de los trozos literarios que Waman Poma de Ayala escribe en la reconocida “Nueva Coronica y buen Gobierno”, afirma que el tecnicismo narrativo quechua es irremplazable por el castellano; refuta también al americanista Paul Rivet que argumentaba que el hombre quechua no había llegado a la palabra abstracta.

Andrés Alencastre (...) sustenta que el quechua si tiene miles de palabras con un profundo contenido abstracto y concreto

Andrés Alencastre poniendo por ejemplo las palabras lupitumpa (calumnia), hamut’ay (pensar o sistematizar), Pachakamaq (Creador y organizador del mundo) sustenta que el quechua si tiene miles de palabras con un profundo contenido abstracto y concreto. En la actualidad todos reconocen que el qhipu, es una forma abstracta de escritura contable e histórica, una narrativa a través del color y grosor del hilo y el nudo; sistema un conocimiento, un dato, una fecha, un suceso, un objetivo temporal o histórico, que será explicada a través de la oralidad para su compresión y entendimiento.

Muchos siglos antes, el Inka Garcilaso de la Vega recogiendo las primeras herencias literarias del Tawantinsuyo, presenta las estrofas que explican el trueno, la lluvia, la nevada y la granizada mitológicamente; Killku Warak’a como poeta reconoce la ficción del pensamiento mítico y filosófico del quechua al igual que otros idiomas reconocidos en sus mitologías como el griego o romano, al leer y comentar esta herencia recogida en Los Comentarios Reales:

Sumaq ñusta
turallaykin
p’uyñuykita
p’akirqayan.

Hinamantari
kunununun
illapantaq.

Qanri ñust’a
unuykita
paramunki
mayninpiri
chikchimunki
rit’imunki.

Pacharuraq
Pacharuraq Pachakamaq
Wiraqomaq
kay hinapaq
churasunki
kamasunki.

Estas fueron las razones prácticas, para que Andrés Alencastre escribiera Willka Waman en forma de verso un relato; humanizando a los Apus tutelares, en los grandes enredos terrenales, con sus grandezas y miserias que tienen los mortales comunes. Esta narrativa inka o tawantinsuyana, en la distancia y el tiempo son similares a los relatos griegos versados por Homero en La Ilíada y La Odisea, que llegaron a la prosa posteriormente. Willka Waman es un relato o novela corta escrita en quechua en formato de verso, para ser escuchado y gozado por un auditorio. El autor tenía la experiencia adquirida con sus piezas teatrales, escritas y producidas en la ciudad y el campo, dirigidas fundamentalmente a los comuneros y quechua hablantes.

Willka Waman es un willakuy, un relato quechua pensando y escrito desde el quechua para el mundo, como son todos sus trabajos de Killku Warak’a; esa es la diferencia con algunos quechuólogos que escriben acerca del quechua teorizando y pensando desde el español y la hegemonía colonial y occidental. El punto culminante de esta subordinación idiomática, es la pretensión de imponer una gramática y desde el español, como si los runa simi fuéramos incapaces de normar nuestra conducta idiomática en nuestro idioma original; ese es el reto y la deuda que tenemos con Killu Warak’a, José María Arguedas y otros tantos hamawt’as y yachachiq.

esa es la diferencia con algunos quechuólogos que escriben acerca del quechua teorizando y pensando desde el español y la hegemonía colonial y occidental

A estas alturas con las investigaciones y conocimientos, no existe duda de la capacidad, comprensión, alcance y grandeza del quechua Qosqo Qolla materializando y construyendo grandes obras como: el Qhapaq Ñan sistema vial y productivo que organiza la economía vertical andina y los archipiélagos complementarios de la costa y la Amazonía; el rol de los Santuarios de Machu Piqchu y Saqsay Waman, el sistema hidráulico de ciudades productivas del Valle Sagrado y el Valle Watanay; los saberes y conocimientos medicinales y curativos, la organización del Estado Confederado y el Derecho Natural; la espiritualidad religiosa y la cosmovisión que ahora se conoce como Filosofía Andina.

Todas estas cumbres civilizatorias de los pueblos del Tawantinsuyo, fueron recogidos, asimilados, recreados, desarrollados y sistematizados por el Inkario, desde el quechua y con el quechua Qosqo como su idioma; no se puede permitir y aceptar a estas alturas ninguna forma de menosprecio, mutilación, reemplazo de la oralidad y el saber de todas las variantes de la familia quechua y menos la del Qosqo-Qollao. Ninguna variante es mayor o menor, esta diversidad complementaria es parte de la ley de vida en la filosofía andina, que los occidentales nos niegan como principio.

Esta edición de Willka Waman recopila el espíritu y el contenido central de la escritura quechua del autor, salvo una que otra palabra actualizada y el reordenamiento de sus capítulos para una mejor estructura. Este willakuy es un gran trabajo que debemos seguir las nuevas generaciones para aprender su riqueza y sonoridad en el uso vigoroso y dulce del Runa Simi, seguir la huella de su creación artística y literaria qheswa. Este willakuy de Killku Warak’a tiene su original técnica narrativa interna y externa, trama, personajes, contextos, llamamiento, nudo, desenlace y convocatoria; es una elaboración muy contemporánea del y para el Idioma Quechua; tal vez distinta a los patrones y modelos del castellano y su escritura, en esta singularidad radica la universalidad de nuestro idioma.

Leer y reflexionar con WILLKA WAMAN en quechua y desde el quechua, tiene el objetivo que convoca Killku Warak’a en su waqyarikuy o llamamiento; construir conciencia, identidad y compromiso con el pueblo y el país. Ahora con ocasión del Bicentenario de la Independencia del Perú, resulta impostergable entregar una lectura para los niños y jóvenes, una voz distinta andina y Qosqo Runa para el Perú y el Teqse Muyu humano y universal.

Qosqo llaqtapi, 2021 mosoqwatapi.

 

Foto: Álbum familia Alencastre

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* Jesús Manya Salas (Qosqo,1957) es escritor y político. Publica ensayos y crónicas en diarios y revistas del país, dirige y anima varios programas televisivos y radiales y es asimismo director de la Revista Amaru. En el terreno literario, participa con Ch’akeychis: Tirando Piedras (2005) como un libro experimental de mini relatos; una novela corta Amaru Salvador: Los Spiritus del Plenilunium (2021); cuentos y relatos con Amaru: La Rebelión del Agua (2015), que va en su cuarta edición. En 2016 pública un relato histórico titulado: El Elegido, reeditado por cuarta vez. Entregó también un primer volumen de Phuru Raw’as (2019), que será parte de: El Código Secreto de Pachakuteq a publicarse pronto. En 2021 inicia publicando Willka Waman un willakuy de Killku Warak’a en quechua. El presente texto es una aproximación a la vida y obra de Andrés Alencastre Gutierrez, el mayor de los poetas quechuas al decir de José María Arguedas. El autor como escritor quechua, ha publicado sus relatos en Hatun Yakuq Sayariynin y prepara como parte de su compromiso cultural libros de haykus y otros académicos en nuestro Qheswa Simi o Runa Simi por el sello editorial El Viejo Puma Editores.

 

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