Perú: ¿Para qué nos hemos regionalizado?

Por Alberto Chirif

En las últimas semanas se ha producido un intenso intercambio de ideas, a través de la red de la comunidad educativa loretana, sobre el tema de la educación. En especial, las ideas y la polémica han girado en torno a la situación de la Dirección Regional de Educación de Loreto (DREL), que ha seguido el desastroso rumbo que le es conocido desde hace años.

De manera inédita, en la mencionada polémica ha intervenido el presidente regional, Sr. Iván Vásquez, quien en más de una oportunidad ha expuesto su opinión sobre el tema. Él ha hecho especial hincapié en el cambio del penúltimo director regional, uno de los más fugaces en ese cargo, ya que apenas duró tres días, no por presiones del SUTEP Maynas sino por cambio de opinión del propio presidente (y supongo también de algunos de su equipo).

¿Qué pasó en esos tres días con una persona en la cual el presidente había depositado su confianza, según sus propias palabras, "para iniciar una gran reforma, basado en las sugerencias de diferentes personas que consulte"? No lo sé, pero, citando nuevamente sus palabras, "lamentable mente y gracias a Dios en poco tiempo se rodeó de una mayoría de personas con peores antecedentes" (ver su mensaje en la red del 18 de mayo).

Llamo la atención por esa extraña asociación del "gracias a Dios" con un hecho lamentable, pero más preocupado me siento por la elección en sí de un personaje de confianza, que al tercer amanecer, a juicio del Sr. Vásquez, echa mano de un repertorio no previsto.

La actual directora tampoco parece tener un futuro promisorio, siguiendo las palabras del presidente regional: "el asunto es que me temo que la Sra. Gloria [Castillo], pasara por lo mismo que los anteriores [directores]" (ver su mensaje del 29 de mayo). No conozco a la Sra. Gloria Castillo, pero sí sé que se desempeñaba como directora de la UGEL de Daten del Marañón y que, al ser nombrada para asumir su cargo en la DREL, fue objeto, junto con el grupo que la acompañaba, de una serie de denuncias.

Sean ciertas o no las acusaciones que se le hicieron, era una persona rechazada por los maestros, y en este sentido su designación para el cargo más importante del sector Educación en Loreto significaba, por lo menos, que el presidente de la región pasaba por encima de la opinión de ellos. También en este caso, por otro lado, llamo la atención sobre el hecho que el presidente diga que teme que el destino de la directora será igual que el de los anteriores directores, cuando es él mismo quien ha tomado la decisión.

En lo que va del año, tenemos así tres (¿o cuatro?) personas que han asumido la dirección de la DREL, con lo que se confirma los promedios de cambios durante los últimos años. Pero no solamente en este nivel las cosas siguen el rumbo de lo trazado por la historia institucional, sino también en muchos más.

Los contratos de los maestros siguen el mismo proceso lamentable, y tenebroso, de años anteriores. Los últimos docentes acaban de ser contratados y recién comienzan el viaje, ahora en junio, hacia sus centros laborales. Algunos demorarán todavía algunas semanas en llegar, porque el Putumayo es un río lejano. Con clases que comienzan en junio y terminan en noviembre, más otras interrupciones en el intermedio debidas a que los docentes viajan para cobrar sueldos o por cualquier otra razón, la situación educativa de los alumnos es un desastre. Los castigos que el Ministerio les impone a través de la nota 14 para ingresar a la carrera magisterial, por supuesto que no ayuda en nada a mejorar su formación. Es como si a un atleta que apenas puede saltar metro y medio, su entrenador le fijara la valla en dos metros.

Siguiendo con los contratos, cada año la DREL les demanda a los docentes que presenten los mismos documentos, con lo que presumiblemente deben de haber rumas de certificados, partidas y títulos de cada uno de ellos. No son pocos los casos descubiertos de docentes a los que se les exige entregar un sueldo al funcionario para que éste les asegure un contrato o una ubicación en plaza de su preferencia. Tratándose de profesoras, muchas veces las exigencias son de otro tipo. Los trámites administrativos de certificados o constancias suelen demorar semanas y meses, tiempo no justificado en un momento en que la computadora simplifica y acelera cualquier diligencia, si es que se actúa con criterio organizativo.

Y luego tenemos el tema del uso de los recursos para contrataciones o para ejecución de obras de mejora de la infraestructura educativa. "De eso casi no han hecho completamente nada", fue la alambicada respuesta dada por un ingeniero de la UGEL Nauta, durante su visita a una comunidad del Marañón, cuando le increparon que el director de la escuela no había invertido los fondos asignados para hacer las mejoras previstas.

Las contrataciones mayores, que corren por cuenta de los funcionarios de mayor jerarquía, incluyendo al director, suelen causar los mismos problemas, pero en cantidades (monetariamente hablando) más elevadas. En este mismo momento, en la televisión se presentan denuncias sobre una serie de casos de contrataciones fraudulentas de personal, algunas para favorecer a parientes de autoridades del sector, y de obras que no cumplen con los requisitos legales de licitación u otros.

Es indispensable limpiar la DREL, en su funcionamiento, pero también en su forma, porque. El sólo hecho de transitar por sus pasadizos oscuros y mal ventilados, nos pone en relación con un ambiente tenebroso, muy distinto al que debiera corresponder al ente rector de la educación regional. Es indispensable reconstruir a la DREL moralmente y lograr que actúe como una institución eficiente, en la que los contratos de los docentes se hagan a tiempo para que inicien el dictado de clases en las fechas previstas y los trámites que ellos requieran hacer se cumplan en plazos razonables.

El nivel de educación de los alumnos mejorará, porque los cursos serán dados en los plazos en los cuales fueron sido diseñados, ya que no es posible embutir un currículo de nueve meses en seis. Adicionalmente, un comportamiento ordenado y decente de la institución dará buenas señales a los maestros, a los alumnos y a los padres de familia, y será una manera en que la comunidad toda aprenda mediante el ejemplo.

No obstante, lograda esa meta quedará aún mucho camino por andar. Y acá entramos a un tema más difícil de abordar, ante el cual este gobierno regional (para que no queden dudas, diré que el anterior tampoco) no ha hecho nada. Me refiero al diseño de un currículo que responda al carácter de esta región, cuestión que el gobierno regional está manejando con criterio partidario, ya que en el Proyecto Educativo Regional (PER) sólo participa gente de Fuerza Loretana.

Es cierto que el currículo es diseñado por un Ministerio de Educación que no tiene idea del país, porque ha limitado el conocimiento de éste al ámbito de las oficinas que ocupa. De otra manera no habría podido engendrar aquello de la nota 14 para ingreso a los pedagógicos ni del tercio superior para contratar maestros. Pero también es cierto que los gobiernos regionales no pueden quedarse callados ante esto.

Por eso, tienen, mediante propuestas, que abrir el terreno lentamente, de acuerdo a su propia acumulación de conocimiento, experiencia y fuerzas, hasta conseguir, en un plazo más lejano, un currículo que responda a la región y su potencialidad de desarrollo, a partir de sus propias características.

Pero esto hay que trabajarlo, porque el regionalismo no es cuestión de declaraciones, sino de construcción de una propuesta que surja a partir del conocimiento de la realidad. El carácter regional de una persona o de un movimiento no es consecuencia de su lugar de nacimiento sino del compromiso real con la gente y sus problemas, y con el medio ambiente y su potencialidad para crear riqueza verdadera, es decir, para todos, a lo largo de tiempo y sin destruirlo.

Hay que aprender. Tenemos que aprender

Quiero referirme al tema del medio ambiente para preguntar ¿qué ha hecho el gobierno en este campo hasta ahora? Nada. Existen algunos esfuerzos aislados, sobre todo de instituciones privadas, por lo general miradas por encima del hombro por una burocracia local, cuyo conocimiento regional se limita a algunas partes de la ciudad y, a veces, al poblado ribereño del cual procede.

Existen también algunas experiencias del IIAP, sobre todo, en el Nanay. Aunque limitadas, se trata de un inicio que, de contar con el interés y apoyo del gobierno, nos podrían llevar a apuntar en grande y a partir de lo que la región ofrece, que no es caña para biodiesel, ni tilapias importadas y palmas aceiteras traídas del África, ni búfalos de agua. Es, en cambio, agua, el gran recurso de la selva baja, donde se producen miles de toneladas de peces por año y de vegetación asociada, y que fertiliza los suelos de las orillas.

¿Qué ha hecho el gobierno por cuidar un recurso como el aguaje, que por ahora sólo proporciona ingresos reducidos a los ribereños, aunque no por ello menos valiosos para una economía con pocas oportunidades de generar ingresos monetarios, pero que es promisorio si nos esforzamos para darle valor agregado en el futuro? Nada. Y como éste, hay una serie de recursos olvidados frente a los cuales el gobierno no tiene ninguna propuesta.

Si juntamos los temas de educación y de manejo del medio ambiente, ¿qué propuesta regional promueve la reflexión de los alumnos (incluyendo los universitarios) sobre el manejo sostenible del aguaje y otros frutales regionales, de los cuerpos de agua, de los suelos de orillas, de los bosques y de otros recursos? Ninguno.

Los proyectos de colonización diseñados por los técnicos regionales (Genaro Herrera, carretera Iquitos-Nauta) no se han diferenciado en nada de los perpetrados por técnicos de Lima u otras ciudades para la Amazonía: búfalos, sorgo, arroz y otros cultivos. No se han diferenciado tampoco en sus fracasos ni en los estragos causados al medio ambiente.

Por último quiero señalar que parte fundamental de la construcción de regionalismo es defender a la propia gente. Las comunidades indígenas y campesinas enfrentan hoy una avalancha del gobierno central como no recuerdo otra parecida, al menos en los últimos 40 años. ¿Qué hace el gobierno frente al tema? Nada.

Si bien el actual presidente no ha caído en la situación patética del anterior, de mostrase favorable frente a las propuestas violentas para acallar los reclamos de los achuares del Corrientes, afectados por derrames de petróleo durante más de 30 años, tampoco ha tenido una actuación equilibrada frente a los disturbios de Andoas, hace unos pocos meses. Él adelantó opinión dando como ciertas las versiones oficiales, que luego comenzaron a ser desmentidas mediante las declaraciones que poco a poco la gente del lugar se atrevió a dar: que hubo tortura, que el policía no fue muerto en el aeropuerto sino dentro de la casa de un poblador de Andoas y que uno de los promotores de los reclamos fue asesinado en circunstancias que no han sido debidamente investigadas. Lo correcto en este caso hubiera sido que el gobierno regional se hubiera comprometido a cautelar las condiciones adecuadas para una investigación exhaustiva de los hechos, exigiendo en todo momento que se respeten los requisitos del debido proceso.

A propósito de los achuares y de sus luchas, quiero decir que los mayores logros regionales que conozco son debidos a ellos. Sus protestas y movimiento consiguieron, primero, que el gobierno diera una ley obligando a todas las empresas petroleras que suscribieran nuevos contratos, a reinyectar las contaminantes aguas de formación. Más adelante, lograron que dichas aguas se reinyectaran en los pozos que funcionan dentro de su territorio ancestral, creando con esto un precedente para que se exija a las empresas y al Estado lo mismo en otras zona de extracción de crudo. Triunfos como éste son para beneficio de la región, pero también del país entero. Si la visión regionalista fuese así, de hecho podríamos cambiar la historia.

Tampoco el gobierno regional hace nada para defender a las comunidades que cada día sufren la arbitrariedad de los funcionarios. La Dirección Regional Agraria, por ejemplo, se niega a tramitar la personería jurídica de comunidades indígenas y, más aun, pretende, al menos en un caso que conozco, quitarle esa condición después de habérsela otorgado hace un par de años. No son casos para desarrollar acá, pero sí debo mencionar que en ellos los funcionarios expresan conductas racistas y arbitrarias. Y esto sucede en Loreto (y en el Perú) porque los funcionarios no actúan como servidores públicos, sino como patrones que tienen la seguridad de que nadie los va a sancionar.

Para resumir algunas ideas, el regionalismo no es un hecho dado sino una intensión por construir, pero para esto primero se necesitan propuestas que miren desde dentro la realidad y proyecten ideas hacia la acción. Y para generar estas propuestas, más que individuos se necesitan equipos que sepan sobre el tema específico porque lo han venido trabajando, no individuos, ni menos feligreses del movimiento en el poder. Convocar a personas ajenas al partido gobernante no es signo de debilidad, sino de inteligencia y de democracia.

Termino estas líneas completando la pregunta que encabeza estas líneas: Si no estamos dispuestos a trabajar a fin de que las cosas cambien en sentido positivo, si nos satisfacemos con que todo siga el camino trazado de autoritarismo, corrupción y desorden, si continuamos fieles a los criterios y comportamientos heredados del centralismo que tanto hemos criticado, ¿para qué nos hemos regionalizado?

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