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México: En la política y en la guerra… no hay alianzas imposibles

Por  Marcos Matías Alonso*

En el mundo de la política, la guerra y el amor, todo es posible. Las alianzas y coaliciones electorales son pan de cada día y parte del debate nacional. Para romper alianzas habrá boicot, alentarán la discordia y tratarán de evitar, por todos los medios, que los aliados se unan. En la disputa por el poder se desatarán pasiones, indignaciones y abundarán las descalificaciones. El proceso político generará tensiones, confrontaciones y rivalidades peligrosas.

En este contexto, es necesario valorar lo que ha ocurrido fuera del país. En noviembre de 1943, los Jefes de Gobierno de EE.UU, Gran Bretaña y la Unión Soviética hicieron alianza entre “bolcheviques” y “capitalistas” para derrotar a Alemania. En la segunda guerra mundial se unieron y conspiraron D. Rooselvet, W. Churchill y J. Stalin, para derrotar a Hitler y someter el nazismo.

40 años después, Ronald Reagan y Mijail Gorbachov iniciaron un nuevo período para normalizar las relaciones soviético-norteamericanas. Su aspiración de superar la confrontación y avanzar hacia la cooperación para el futuro, suscitó agitados comentarios en el mundo. Para M. Gorbachov, evitar la amenaza de una nueva guerra mundial, lo obligó elevarse por encima de las diferencias ideológicas. Con el acercamiento estratégico al mundo capitalista, la “perestroika” soviética privilegió la diplomacia sobre la confrontación política.

El Pacto de Moncloa (Madrid, 1977) representó la culminación de la guerra civil, en el cual franquistas y republicanos pactaron el proceso de transición democrática de España. A pesar que la guerra civil dejó más de medio millón de muertos, los bandos contrarios se acercaron a una posición común para convivir pacíficamente. La alianza entre conservadores, socialistas y falangistas derrotó la España del franquismo, inaugurando una nueva etapa en la historia del país.

La Nicaragua de la postguerra sandinista es otro ejemplo de la alianza político electoral con partidos antagónicos. En el 2006, hicieron alianza sandinistas y somocistas que se habían enfrentado en una guerra que dejó más de 75 mil muertos. En el pasado, el FSLN y el PLN fueron partidos incompatibles, sin embargo, en el 2006 formaron alianza, se reconciliaron y llamaron al perdón nacional. Antes del 2006 era imposible pensar que sandinistas y somocistas establecieran pacto político para conquistar la victoria electoral.

Una experiencia similar vive El Salvador. En 1992 se firmó el Acuerdo de Paz entre el gobierno y el “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional” (FMLN). En el 2008, sin una política de alianzas, para el FMLN hubiera sido imposible conquistar la Presidencia de la República y derrotar La Alianza Republicana (ARENA), partido que gobernó El Salvador por más de 20 años. Los ayer guerrilleros y miembros del Ejército Nacional, que protagonizaron enfrentamientos militares, hoy trabajan juntos para construir una nueva nación salvadoreña.

En México, sobre las coaliciones y alianzas electorales con ideologías y partidos políticos antagónicos se conocen las siguientes experiencias.

En 1992 se inició la alianza electoral entre el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido de Acción Nacional (PAN). Siendo Cuauhtémoc Cárdenas el líder nacional del PRD, se concertaron alianzas con el PAN en Coahuila, Chihuahua, Durango, Yucatán, Oaxaca, Nayarit, Guerrero y Chiapas. En Yucatán se obtuvo la victoria de Patricio Patrón Laviada que, al llegar al poder, relegó al PRD de su gobierno. La alianza electoral más amplia se promovió en Chiapas con Pablo Salazar, que alcanzó la gubernatura con el respaldo de diversos partidos nacionales y locales; incluyendo el PAN y el PRD. En la postulación de Juan Sabines, nuevamente el PRD y el PAN ganaron la gubernatura. Sin embargo, también J. Sabines se alejó del PRD y marginó su alianza con Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

En Guerrero, Zeferino Torreblanca (ZT), ha sido el principal impulsor de la “coalición de facto” entre el PAN y el PRD. Bajo este esquema, en 1999 ganó la presidencia municipal de Acapulco. Con esta misma estrategia de coalición con ambos partidos, en el 2005 el PRD conquistó la gubernatura de Guerrero y el PRI sufrió su primera derrota estrepitosa. Torreblanca Galindo al igual que P. Patrón y J. Sabines, al asumir el poder, se distanció de López Obrador, arrinconó al PRD y dio la espalda al pueblo. Como era de esperarse, reconoció el triunfo de Felipe Calderón y durante su mandato ofrece colaboración al PAN y al Partido Revolucionario Institucional (PRI). El PRD sólo aportó capital electoral, pero no comparte gobierno político con ZT.

Varias lecciones ilustran la experiencia mexicana:

a) una alianza electoral con partidos antagónicos no siempre lleva a la derrota del partido contrincante con mayor poder, aunque las posibilidades aumentan para debilitar su fuerza electoral y fragmentar sus redes de influencia,

b) las coaliciones y alianzas electorales sólo se han sostenido en la fase electoral, pero no en el ejercicio del gobierno,

c) pese a que el PRD ganó algunas gubernaturas aportando su capital electoral, el PAN terminó imponiendo su agenda política,

d) la ciudadanía no distingue las ventajas de un gobierno encabezado por el PRI, PRD o PAN.

A pesar de las ventajas y debilidades anteriores, el PRI está atemorizado por las alianzas coyunturales que se pactan para derrotarlo. El interés manifiesto del PRD, PT, Convergencia y el PAN de unir su fuerza en contra el PRI, hizo rechinar la maquinaria y sus operadores relincharon furibundos.

Las principales voces políticas del PRI satanizan la alianza y sus calificativos son preocupantes: inadmisible, descabellada, impensable, perversa, contra natura, inconcebible, vergonzosa, engañosa, grotesca, etcétera. Los epítetos extremos de considerar la alianza electoral entre el PRD y el PAN, como un “engendro” sin futuro y reiterar que el “agua y el aceite no deben mezclarse”, son una señal inequívoca del temor incontenible del PRI, porque sabe que una alianza de este tipo puede ser un portazo de su añorado retorno a “Los Pinos” y a “Casa Guerrero”.

El PRI boicoteará la alianza electoral con todos los recursos a su alcance. Es ingenuo pensar que el PRD alcanzará la victoria sin la coalición de los partidos aliados. Las alianzas coyunturales continuarán su marcha y serán una pesadilla para el PRI. En la guerra y en la política, no hay adversarios invencibles y todas las alianzas son posibles. En la política y en el amor, nadie sabe con quién bailará su última pieza.

La encrucijada no es sencilla: a) perder la próxima elección y abrir la puerta a los cacicazgos del PRI para los próximos 100 años. Esta alternativa sostiene que es mejor perder una elección a perder para siempre la dignidad, b) ganar la próxima elección con alianzas y coaliciones para detener la maquinaria del PRI. Esta opción está minada de peligros y cuestionamientos interminables, pero es la única vía que puede descarrilar la ambición de Enrique Peña Nieto, de conquistar la presidencia y cerrar el paso a cualquier candidato del PRI, rumbo a la gubernatura en Guerrero.

En el arte de la política los abismos no son definitivos y cualquier determinación conlleva su riesgo. Sé que la mayoría de los mexicanos dignos tomará la decisión de truncar el sueño priísta de retornar a “Los Pinos”. También estoy seguro que la valentía de los guerrerenses, evitará que en “Casa Guerrero” retornen los pregoneros que anticipan que ya tienen el “cuerpo entero” en la sede del poder político. La batalla ha comenzado y viviremos con pasión el próximo episodio.

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Fuente: Artículo de opinión publicado en “El Sur”. Acapulco, Guerrero. 26 de febrero del 2010. Recibido directamente del autor.

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