Mundo: El Grupo de los Ocho (G-8) y los Pueblos Indígenas

El autor con un Jefe Ainu de Hokkaido, Japón

Por Marcos Matías Alonso*

Se denomina Grupo de los Ocho (G8) a la corporación de los países más industrializados del mundo, cuyo poder político, económico y militar es preponderante a escala global. Está conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos de Norteamérica, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. El G8 es el club de los países más poderosos del planeta.

Desde 1975, los Jefes de Estado y de Gobierno del G8 se reúnen en una Cumbre anual para analizar el estado de la política y la economía mundial. Analizan estrategias para acercar posiciones comunes y negociar consensos internacionales. El control del sistema político y económico es uno de sus objetivos supremos. La XXXIV Cumbre del G8 se realizó del 7 al 9 de julio del año en curso, en Hokkaido, Japón.

Desde hace más de una década, el G8 pregona las bondades de la globalización y el libre comercio en el mundo. Con su poder político y económico presionan a los gobiernos locales para impulsar las reformas que requieren: libre comercio y las privatizaciones estratégicas. La doctrina del G8 puede sintetizarse con el siguiente pensamiento de la expansión imperial del siglo XXI: "Estamos civilizando al mundo a través del mercado y estamos comercializando al mundo a través de la civilización".

Simultáneamente a la Cumbre del G8 ocurren otras Cumbres alternas donde se suman las voces de los excluidos. Cada vez más, surgen nuevos actores sociales que exigen ser escuchados. En este contexto, la voz de los pueblos indígenas también se hace oír. En distintos rincones del planeta el grito de los excluidos es enérgico. Esta es la voz que se escuchó en la tierra del sol naciente: "En el mundo, somos millones y millones de seres humanos y es injusto que sólo los ocho hombres más poderosos decidan por el futuro del planeta y de la humanidad. Señores mandatarios, escuchen la voz de los pueblos".

Esta es la razón principal de la concentración del sábado 5 de julio, en Hokkaido, de más de 5 mil ciudadanos del mundo provenientes de 30 países: rechazar y criticar la Cumbre del G8. Su acusación es implacable: "El G8 es una camarilla de los gobiernos que han llevado al mundo a su crisis más severa en las últimas décadas".

En este contexto, los "Ainu", en su calidad de pueblos originarios de Japón, organizaron del 1º al 4 de julio pasado, la Cumbre de los Pueblos Indígenas del Mundo (CPIM), celebrado en Ainu Mosir (Hokkaido, Japón). Participaron delegados indígenas de Canadá, EE.UU, Hawai, Australia, Bangladesh, Filipinas, Noruega, Guatemala, Nicaragua, Taiwan, Nueva Zelanda y México. Por parte de la Cámara de Diputados, participaron dos legisladores del PAN, uno por parte del PRI, otro del PRD y uno del PT.

Al inicio de la Cumbre Indígena dos acontecimientos resaltaron en Hokkaido. Por primera vez, delegados indígenas del mundo se reunieron en sesión paralela a la Cumbre del G8 para reflexionar y analizar cómo se relacionan con el tema indígena global. Este ha sido un hito histórico que marcará un precedente en las futuras relaciones del G8 con los pueblos indígenas.

La segunda novedad fue de sorpresa mundial. Siendo Japón una potencia cosmopolita con liderazgo internacional, decidió reconocer a los "Ainu" como pueblos indígenas. Tanto la Cámara Alta y Baja del Parlamento Japonés adoptaron la resolución el 6 de julio pasado, para reconocer a los "Ainu" como pueblos indígenas con plenos derechos en la era moderna. La resolución señala: "Si nuestro país quiere liderear a la comunidad internacional, es crucial que todos los pueblos indígenas conserven su honor y dignidad para transmitir su cultura y orgullo a las generaciones futuras".

Este es un segundo acontecimiento que marcará una nueva página en la historia de Japón. Un ejemplo al mundo de cómo relacionar la modernidad con la tradición, de la interdependencia cosmopolita con el mundo local. Es una lección del parlamento japonés al otorgar derechos a los pueblos originarios. Un espejo desde donde el parlamento mexicano debe observar la experiencia asiática para no "regatear" los derechos inconclusos de los pueblos indígenas de México.

En Hokkaido, la diplomacia indígena encontró los canales adecuados para colocar en el alto mando del Gobierno japonés y el G8 la Declaración de la CPIM. Las reflexiones y propuestas indígenas se sintetizan en lo siguiente:

a)El cambio climático y el calentamiento global del planeta, la aguda crisis alimentaria y la amenaza de hambruna, y el alto precio del petróleo y otros energéticos, impactan de manera dramática en la supervivencia de los pueblos indígenas.

b)Crece alarmantemente la situación de pobreza de los pueblos indígenas. Con entornos de medio ambiente deteriorado y escasez de alimentos básicos, estos pueblos son quienes pagan el precio más alto para disfrutar el derecho a la vida.

c)Las principales reservas de petróleo, gas, minerales, bosque y demás riquezas del "tesoro verde" se encuentran en varios territorios indígenas. Sin embargo, los pueblos indígenas no han sido beneficiados con la riqueza que generan dichos recursos estratégicos. Tampoco se cumple el derecho de consulta con consentimiento libre, previo e informado sobre la extracción de dichos recursos.

d)La escasez de alimento y agua causan estragos en el mundo. El "recalentamiento" global continuará y si no se toman medidas emergentes, seremos testigos de catástrofes impredecibles.

En síntesis, estamos ante un cuadro desolador. Por ello la voz de los pueblos indígenas y otros actores sociales han exigido al G8 tomen medidas urgentes para detener el caos que acecha al mundo.

Hacia cualquier horizonte del planeta puede constatarse que la tierra arde. La sequía y diluvios son pan de cada día. El mar se embravece y los maremotos son cada vez más frecuentes. Las selvas se convierten en bosques industriales o en desiertos. Año tras año se multiplican las inundaciones, "tsunamis", huracanes, incendios, ciclones y terremotos que anuncian tragedias dolorosas. Los llaman "desastres naturales", como si la naturaleza fuera su autora y no su víctima.

La profecía indígena desde tiempos lejanos había anticipado: "Quien dañe la Tierra provocará la furia del Creador. Algún día esa Tierra va reclamar a la humanidad ese desprecio y destrucción. Cuando eso ocurra nos daremos cuenta que la Madre Tierra es brava, enérgica y vengadora".

¿Será posible que el G8 esté ciego para no ver la agonía del planeta? Todos tenemos responsabilidades de los daños que hemos causado a la Madre Tierra, pero la responsabilidad del G8 es mayor. Por el bien de todos y para todos, debemos defender nuestra Casa Común. El Universo, el Planeta y la Madre Tierra nos cobrarán demasiado caro si no actuamos a tiempo.

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*Marcos Matías Alonso es Diputado Federal y Presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión

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