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República Dominicana: Sebastián Lemba

Sebastian Lemba, estatua en el Museo de Santo DomingoPor Kintto Lucas*

1550. El maniel es la casa, la escuela, la comunidad del cimarrón. Después del sufrir como esclavo en los ingenios de caña de azúcar de Santo Domingo, la vida allí se pinta de música y colores. Enseñanza de vida y combate, oficio de libertad. El maniel es una fortaleza negra, rodeado de trampas. Los bohíos se levantan a poca altura para que la vegetación los oculte. Entre uno y otro hay cierta distancia.

En esos terrenos se cultiva maíz, frijol, malanga, yuca y tabaco... a veces también se siembran otras cosas. Lo que se produce se reparte entre todos... se autoabastece... Para obtener carne, pólvora, sal y fusiles intercambian su producción con piratas. Dedican gente especial para el trato, manteniendo siempre prudente distancia. Al maniel llegan los negros alzados que no aceptan la esclavitud y algunos indios taínos que luchan por su libertad.

Don Tomás, veterano de mil peleas, es el encargado de explicar a los jóvenes el porqué de la lucha. Y les cuenta de la necesidad de proteger la naturaleza... les habla de cómo sus abuelos aprendieron a amar la montaña, el monte, la noche y la lluvia libre... les habla de los dioses africanos que los protegen y les comenta de los grandes capitanes negros...

Cuando habla de Lemba sus ojos se humedecen. Hace dos años el gran jefe de los sublevados partió bendecido por Xangó hacia el infinito de la memoria.

Hacia la otra vida... "Cierto día -cuenta Tomás-, Sebastián Lemba reunió a la gente y le dijo: 'No se trata solo de escapar de los blancos. No podemos quedar conformes por llegar aquí y estarnos tranquilos. Tenemos que combatir al español allá, en sus ingenios... abajo, atacando sus intereses'. Así hablaba el capitán del Bahoruco Viejo, jefe del maniel Enriquillo". Lemba pensaba que con quedarse en la montaña se le hacía poco daño a los invasores, mientras los negros venidos de África y los indios taínos seguían como esclavos. Y para poner en práctica su pensar prepara el primer ataque a un ingenio de San Juan. Al frente va un grupo comandado por el propio Sebastián, en la retaguardia los hombres preparados para resistir la pelea en caso de que los sorprendan. Ya cerca del ingenio se allega uno que comenta: "comandante el ingenio está vigilado por altas torres donde hay guardias mirando. Los otros parecen estar dormidos". Lemba agradece la información y le comenta: "muy buen dato, pero sigamos hacia el objetivo".

Prefiere no opinar sobre el tipo de ataque que harán... por seguridad y porque es mejor conocer la realidad del lugar donde pelear. Ya casi dentro del ingenio interrumpe la caminata.

- Compañeros, es muy fácil. Ya sé lo que debemos hacer para que los guardias no nos descubran.

- Si capitán, ¿qué hay que hacer?, preguntan intrigados los guerreros.

- Para que no nos descubran, solo tenemos que no dejarnos ver. Tras despertar la risa de su gente, mandó a un grupo por la puerta lateral de la hacienda. Otro irá por el frente y algunos rebeldes se encargarán directamente de los guardias.

Cuando ya estaban todos ubicados en sus puestos vino la señal de ataque...

Uno de los vigilantes intenta dar la voz de alarma pero muere en el instante, atravesado por una daga. Los demás guardias son sometidos fácilmente. En pocos minutos la hacienda está ocupada... Bajo luz de velas, Lemba toma la palabra: "Muy bien señores, digan a sus amos que por aquí pasó Sebastián Lemba y sus combatientes, y que se anuncia para ellos la llegada de momentos muy difíciles. El cimarrón, como dicen ustedes, ha de luchar hasta que el español desaparezca del mapa". Los guardias sudan y tiemblan del temor a las represalias rebeldes, pero el jefe mantiene su hablar...

- Compañeros, recojan toda la comida y el azúcar que puedan, y que todos los hermanos mantenidos como esclavos si quieren venir con nosotros que se vengan. Traigan también los caballos.

- ¿Y qué hacemos con los españoles?, pregunta uno. - Los dejaremos vivos, si es que pueden vivir después de haber botado tanta agua del cuerpo. Vamos al maniel y que la libertad de nuestra gente, más que sueño sea una realidad.

Así, Sebastián Lemba se convierte en el hombre más buscado por los españoles, y también más respetado y temido. Laslomas de San Juan y el Bahoruco Viejo son los lugares de su resistencia. El ataque a los ingenios se multiplica, las quemas a la caña sembrada también. Los europeos ven su economía amenazada... las expediciones contra el capitán fallan, una vez tras otra. En septiembre de hace dos años, en un combate de la Loma de la Paciencia, cerca del río San Juan es la hora... luego de mucho pelear, una bala atraviesa el corazón de Lemba. Así cae el jefe cimarrón ante el casi asombro de sus compañeros. Los españoles le cortan la cabeza después de muerto, la llevan a Santo Domingo y la cuelgan de un gancho, en la plaza central. "Así temerán lanzar nuevas rebeliones", afirma un español, creyendo haber terminado la resistencia cimarrona...

El viejo Tomás habla a los jóvenes de la necesidad de seguir peleando y así conquistar la libertad "para mantener viva la llama y poder vivir libres: como el viento, el agua y el sol, sin trabajos forzados, ni latigazos...".

La semilla que sembrara Sebastián Lemba germinará por los rincones de la República Dominicana. Las rebeliones y los rebeldes seguirán reproduciéndose por los caminos... 238 años después el capitán José Eleocadio vivirá la lucha con igual fervor, atando viento y fuego a su pensar...

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Fuente: Rebeliones Indígenas y Negras en América Latina, por Kintto Lucas

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Comentarios

ACTUALIZEN ESO PLEASE

ACTUALIZEN ESO PLEASE

se estaran ustedes volviendose locos por que no puede haber tanta informacion incorrecta aqui

El artÃculo tiene la autorÃa de Kintto Lucas. Si usted tiene información más pertinente que agregar serÃa bueno que la proporcione por este canal o enviándola a [email protected] para agregarla.

pero megusta sigan conesta pagina se llama Ecoportal dominicana

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