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El índice de suicidios entre indígenas de Mato Grosso do Sul es el mayor en 28 años

Por Carolina Fasolo

Adital, 27 de mayo, 2014.- El último 3 de abril, cuando amaneció en una aldea Guaraní-Kaiowá, ubicada en el sur del Estado de Mato Grosso do Sul, la madre de tres hijos abrió la puerta de su casa y quedó paralizada al ver el cuerpo frágil de su niña más joven suspendido por la sábana atada al árbol con un nudo que parecía firme. El día anterior, la niña había cumplido 13 años.

"La madre dijo que ella llegó de la escuela muy triste, quejándose de dolores de cabeza”, cuenta Otoniel, líder Guaraní-Kaiowá. "Después que todos se fueron a dormir ella ató la sábana al árbol y se mató. Un primo suyo de 12 años se había ahorcado una semana antes. Y unos días después de que ella murió, otro adolescente, de 16 años, también se suicidó en la misma aldea. Fui hasta allí para saber qué estaba ocurriendo”.

Los tres ahorcamientos en menos de dos semanas son parte de una estadística que el año 2013 alcanzó contornos históricos. Se contabilizaron 73 casos de suicidios entre los indígenas de Mato Grosso do Sul. De acuerdo con registros del Consejo Indigenista Misionero (Cimi), es el mayor número en 28 años. Los datos, contabilizados por el Distrito Sanitario Especial Indígena (DSEI/MS), constan en el Informe de Violencia Contra los Pueblos Indígenas en Brasil, que será divulgado por el Cimi en junio.

De los 73 indígenas muertos, 72 eran del pueblo Guaraní-Kaiowá, la mayoría con edades entre 15 y 30 años. Otoniel cree que el motivo de que tantos jóvenes cometan suicidio es la falta de perspectivas. "No tienen futuro, no tienen respeto, no tienen trabajo ni tierra para plantar y vivir. Eligen morir porque en realidad ya están muertos por dentro”.

El procurador de la República Marco Antônio Delfino de Almeida, del Ministerio Público Federal (MPF) en Dourados (MS), explica que las oportunidades de trabajo para los indígenas están prácticamente restringidas a actividades subalternas degradantes, como el corte de caña de azúcar. "Tenemos escuelas indígenas, pero el modelo educativo no fue adaptado para la comunidad, existe sólo una ‘cáscara indígena’, que no contempla la inserción del joven en el proceso productivo”, completa.

"La discriminación y el odio étnico, conductas incentivadas incluso por los medios de comunicación, acentúan sobremanera el problema de los suicidios. Los indígenas son retratados como obstáculos, impedimentos, estorbos para el desarrollo. Es como si los medios de comunicación transmitieran el mensaje ‘Si usted quiere estar bien, saque al indio de su camino’, resalta el procurador.

13 años, 684 suicidios

En el período de 1986 a 1997, se registraron 244 muertes por suicidio entre los Guaraní-Kaiowá de MS, número que prácticamente se triplicó en la última década. Del 2000 al 2013 fueron 684 casos. "Las actuales condiciones de vida de esos indígenas, que desembocan en estadísticas asombrosas de violencia, tienen su origen en un proceso histórico”, explica Marco Antonio Delfino. "Lo que ocurrió fue una transferencia brutal, por parte de la Unión, de territorios indígenas a los no indios”.

La transferencia se realizó, principalmente, por medio del entonces Servicio de Protección al Indio (SPI) que demarcó, entre 1915 y 1928, ocho pequeñas reservas en el sur del estado, hacia donde diferentes pueblos indígenas fueron obligados a migrar. "Las reservas demarcadas servían como un depósito gigantesco de mano de obra a ser utilizada según los intereses económicos. Todo el proceso de confinamiento indígena tuvo como finalidad su utilización como mano de obra para los proyectos agrícolas implantados en el país, desde la cultura de la yerba mate hasta recientemente, con la caña de azúcar”, completa el procurador.

El confinamiento compulsivo, con la superposición de aldeas distintas y de dinámicas político-religiosas peculiares, exasperó el conflicto dentro de las reservas, alterando profundamente las formas de organización social, económica y cultural de los indígenas, lo que terminó en índices alarmantes de superpoblación, miseria y violencia en estos espacios.

Definida por la vice procuradora general de la República, Deborah Duprat, como "la mayor tragedia conocida en la cuestión indígena en todo el mundo”, la Reserva Indígena de Dourados es uno de los ejemplos más contundentes de este proceso histórico. Enclavada en el perímetro urbano del municipio, en la Reserva viven hoy más de 13 mil indígenas en 3,6 hectáreas de tierra. Es la mayor densidad poblacional entre todas las comunidades tradicionales del país, y donde ocurrieron 18 de los 73 casos de suicidio en el estado en 2013.

"Hoy enfrentamos una carencia extremadamente aguda de políticas públicas. Desde 2009 existen discusiones para implantar un Centro de Atención Psicosocial Indígena en Durados pero, por ahora, no se adoptó ninguna medida concreta para su implementación”, dice Marco Antonio Delfino. "La impresión que se tiene es que se perdió el control sobre el monstruo que crearon, que son esas reservas. Entonces, queda ese juego de pasar para adelante, siempre con soluciones paliativas. Debemos reconocer y reparar los errores cometidos para que existan soluciones efectivas. El primer paso es demarcar los territorios usurpados de los indígenas”, concluye el procurador.

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Fuente: Adital: http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=80765.

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Comentarios

La lucha por el respeto territorial indígena tiene que impulsarse a nivel mundial. Aquí las Naciones Unidas debe jugar rol fundamental. Ellos saben cuánto el mundo ganará con la conservación legal de la territorialidad indigena.

En los pueblos indigenas la vida feliz es destruida por el desarrollo porque éste es SUPLANTACIONISTA. En otras plabras, cuando este desarrollo ingresa a los pueblos indigenas, los deja sin valor a los indigenas en su propia casa. ¡Cruel! ¿verdad?

Y los pueblos, a seguir avanzado en organizarnos a nuestro modo consuetudinario.

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