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“Respetemos y valoremos las costumbres locales”

Este letrero está colocado junto a lo que será la carretera Yurimaguas-Balsapuerto. En esta zona más del 95% de la población es indígena Shawi y habla su propio idioma

 

- "Esta modernidad ni conoce, ni respeta, mucho menos valora, la costumbre y los recursos locales y por tanto hace invisible los efectos que los cambios “modernos” pueden traer en estas poblaciones", advierte la autora. 

Por Claudia Carol Zavaleta*

24 de enero, 2016.- Este letrero está colocado junto al contenedor donde se almacena el combustible que se utiliza para poner en marcha a las maquinarias que construyen la carretera Yurimaguas-Balsapuerto, Loreto- Perú.

Específicamente, se localiza en una comunidad intermedia junto a la quebrada del Armanayacu en el distrito de Balsapuerto, en la que se ha centralizado un campamento de trabajo.

Cuando lo leí por primera vez sentí que el mensaje era dirigido a los foráneos como yo, y que trataba de persuadirme para que respete la forma de vivir local.

Sin embargo, cuando lo volví a leer, luego de cuatro semanas de convivencia con las familias Shawis de la zona, me causó una sensación de tristeza por lo solitario y vacío del mensaje, me pregunté cuántos lo habrían leído y si algún efecto podía tener.

Es más, hoy que reviso las notas de mi trabajo de campo, del pasado noviembre-diciembre del 2015, me pregunto, en qué medida un cartel y el proyecto de construir una carretera podrían “respetar y valorar la costumbre local”.

La sensación que tengo es que un cartel como este, junto a una obra de infraestructura en la Amazonia que se abre paso arrancando el bosque, fragmentando a las comunidades indígenas y facilitando la migración de personas foráneas, más parece una antítesis de lo que podría ser “respetar y valorar la costumbre local”.

Me parece que se está promoviendo la transformación del bosque y a la vez la transformación de las costumbres locales, para dar paso a la modernidad o, como una de mis asistentes de investigación me dijo, para dar paso a “la civilización”.

Para construir esta carretera se han deforestado kilómetros de bosque, incluyendo bosque primario el cual albergaba fauna y flora local; se ha transformado el lecho del río al remover la arena y utilizarla como material de construcción, los trabajadores no hablan el lenguaje local y en su mayoría han migrado de ciudades mestizas cercanas, a pesar de poseer equipos y planificación modernos no se ha considerado construir una vía peatonal accesoria con apropiada sombra para aquellos que podrían escoger caminar, como usualmente lo hacen los indígenas Shawi.


El río al frente del campamento. Se observa un montículo de arena que fue removido del lecho para ser usado en la construcción de la carretera. Los pobladores usan este río como fuente de agua y alimentos

La primera vez que llegué hasta este mismo lugar, fue en el año 2005 cuando investigaba la prevalencia de VIH en comunidades remotas, me tardó seis horas llegar desde Yurimaguas, la ciudad más cercana (dos horas fueron en motocarro y cuatro a pie).

En aquel entonces, la población local me comentó que, desde este punto, se necesitaban 8 horas más de caminata para llegar a Balsapuerto, la capital del distrito.

Actualmente la distancia desde Yurimaguas a Balsapuerto se puede hacer en dos horas y media, es decir el traslado se ha reducido de dos días de viaje mayormente caminando a tan sólo un par de horas.

Hace diez años, llegar a Balsapuerto requería muy buen estado físico, decisión, alimentos y líquido para caminar casi dos días, hoy se requieren 10 soles y tener acceso a un motocarro o a una camioneta.

Mi país no es un lugar cultural, ni geográficamente homogéneo; pese a ello nuestras instituciones públicas y muchas privadas, funcionan como si lo fuera.

Por ejemplo, el proyecto de construir una carretera en una zona indígena amazónica tendría que haber considerado conocer el uso y los beneficios que para la población local tiene el utilizar el bosque, el río y sus elementos como árboles, palmeras, frutos, cultivos locales, animales silvestres.

Todos estos elementos son utilizados por la población local para la elaboración de viviendas, para conseguir proteínas y micronutrientes, y las fuentes de agua son esenciales para preparar sus bebidas y alimentos tradicionales.

El dueño de una de las camionetas que trasladaba ingenieros en la zona, me trató de explicar los beneficios de la modernidad.


El techo de una vivienda Shawi por dentro, se observa el material de palma, los palos y la soga que se utiliza para amarrar los parantes. Todos elementos traídos del bosque.

El informado personaje me dijo “se imagina doctora que exista luz eléctrica e internet para estas personas”, mi respuesta fue “está seguro señor que ellos usarán la luz eléctrica y el internet; ¿o somos usted y yo, que sabemos escribir bien en español y que pagamos servicios de luz y agua, los primeros en beneficiarnos?”.

Ni yo como peruana, ni los ingenieros, ni el conductor de la camioneta estamos entregando nuestras viviendas, nuestra agua y nuestros alimentos a cambio de ser modernos, nosotros no entregamos nada.


Pobladores Shawi en proceso de construir una vivienda. Todos los materiales son obtenidos del bosque.

Entonces, la presencia de este cartel, junto a esta construcción en una zona Indígena Amazónica en el siglo 21, me persuade a pensar que la modernidad tiene un defecto del campo visual, una hemianopsia bi-nasal, que no le deja mirar claramente lo que está frente a sus ojos.

Esta modernidad ni conoce, ni respeta, mucho menos valora, la costumbre y los recursos locales y por tanto hace invisible los efectos que los cambios “modernos” pueden traer en estas poblaciones.

Una sincera y honesta preocupación por conocer el uso y los beneficios de los recursos locales, quizá hubiese removido el intelecto para generar alguna medida de valoración real que vaya más allá de la fantasía de colocar carteles como el que mencioné anteriormente.

Por ejemplo, en esta zona se han descubierto restos arqueológicos que sugieren la presencia de culturas pre-incaicas asentadas en la Amazonía, esto puede ser de interés de profesionales del área de educación, historia o de los responsables del Ministerio de Cultura quienes podrían sugerir acciones para proteger y utilizar esta información en beneficio de las comunidades locales, y ultimadamente de todos los peruanos.

De igual manera, al alterar la geografía y con esto el habitad de múltiples especies animales y vegetales incluyendo aquellas que sirven de alimento a la población, sería de interés de los profesionales de la nutrición, salud e instituciones de lucha contra la pobreza ¿qué efecto pueden traer las modificaciones en las cuencas amazónicas, sobre los indicadores nutricionales en la población indígena?

Pensar que los proyectos de infraestructura acercarán los servicios modernos a las comunidades excluidas y por tanto los efectos serán mayormente positivos en el bienestar de la población local, es una utopía en la que creí con mi alma de médico.


Pescados obtenidos de las quebradas para el alimento del día.

Actualmente, reconozco que mi educación moderna en la escuela de medicina, no me preparó para reconocer el valor del sistema de salud indígena, incluyendo sus recursos terapéuticos y agentes tradicionales, ellos como sabemos, no visten bata blanca, ni usan estetoscopio.

Entonces obras de infraestructura que modifican el espacio físico en el que viven poblaciones como las indígenas, quienes utilizan los recursos locales para su bienestar; requieren ser profundamente pensadas y honestamente mejor planeadas, escuchando y mirando lo que la población local puede ofrecer y necesitar, pienso que así lograremos cumplir ese deseo solitario expresado en aquel infortunado cartel que encontré en Balsapuerto.

Un ideal y un reto para los peruanos, sobre todo para los peruanos que accedemos a una mayor educación.

Aquellos que perseguimos que nuestro país sea un mejor lugar para nuestros hijos. Un mejor lugar es aquel donde mi hijo y el tuyo pueden ser felices. Una modernidad sin hemianopsia buscará que no sólo mi hijo, sino también los hijos de las poblaciones locales, tengan un espacio seguro para jugar, agua para beber, alimento para comer y oportunidades para alcanzar sus sueños.

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* Claudia Carol Zavaleta, es médica cirujana peruana, estudiante de doctorado de la Universidad McGill, Montreal, Canadá.

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