América: Enseñanzas de los antiguos mayas para una civilización en crisis

Por Leonardo Boff*

IPS.- El paradigma civilizatorio globalizado, que implica una guerra contra la naturaleza, está llevando a todo el sistema de vida a una gran crisis. Hay señales inequívocas de que la Tierra no aguanta esta exacerbada explotación de sus recursos, la ofensa a la dignidad de sus hijos e hijas y la exclusión de millones de seres humanos condenados a morir de hambre.

Como observaba Eric Hobsbawm en su conocido libro La era de los extremos. La historia del siglo XX (1994): "El futuro no puede ser la continuación del pasado; nuestro mundo corre el riesgo de explosión e implosión. Tiene que cambiar; pues la alternativa a un cambio de la sociedad es la oscuridad".

¿Cómo evitar esta oscuridad que puede significar el derrumbe de nuestro tipo de civilización y eventualmente el Armagedón de la especie humana? Es imperioso que nos inspiremos en otras civilizaciones que pueden ser fuentes de sabiduría ecológica. Hay muchas pero escojo la maya, porque recientemente visité durante 20 días las regiones de América Central donde habitan los descendientes de aquel extraordinario ensayo civilizatorio, y dialogué largamente con sus sabios, sacerdotes y chamanes.

De aquella riqueza inmensa destaco sólo tres puntos centrales que corresponden a grandes ausencias en nuestro modo de vida: la cosmovisión armónica con todos los seres, la fascinante antropología centrada en el corazón y el sentido del trabajo humano.

La antigua sabiduría maya se ha conservado mediante la transmisión oral de padres a hijos. Por haberse mantenido al margen de la cultura moderna, los mayas guardan con fidelidad las antiguas tradiciones y enseñanzas, consignadas también a través de escritos como el Popol-Vuh y los Libros de Chilam Balam. La intuición básica de su cosmovisión se aproxima mucho a la moderna cosmología y a la física cuántica.

El universo está construido y mantenido por energías cósmicas, por el Creador y Formador de todo. Lo que existe en la naturaleza nació del amor entre el Corazón del Cielo y el Corazón de la Tierra. La Madre Tierra es un ser vivo que vibra, siente, intuye, trabaja, engendra y alimenta a todos sus hijos. La dualidad de base entre formación y desintegración (nosotros diríamos entre caos y cosmos) confiere dinamismo a todo el proceso universal. El bienestar humano se obtiene al sincronizarse con este proceso y cultivar un profundo respeto ante cada ser. Así el ser humano se siente parte consustancial de la Madre Tierra y disfruta de toda su belleza y protección. La muerte no es adversa, es una inmersión más profunda en el universo.

Los seres humanos son vistos como "los esclarecidos, los averiguadores y buscadores de la existencia". Un texto del Popol Vuh merece ser citado por la belleza y solemnidad con la cual describe la aparición del ser humano: "Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra; no habrá gloria ni grandeza en nuestra creación hasta que exista la criatura humana.".

Para llegar a su plenitud los seres humanos pasan por tres etapas, un verdadero proceso de individuación en el sentido de C. G. Jung. La "persona de barro" tiene capacidad de hablar, pero no tiene consistencia, pues el agua la disuelve. Se desarrolla y puede pasar a ser "persona de madera": tiene entendimiento, pero no alma, porque es rígido e insensible. Por fin, alcanza la fase de "persona de maíz": "conoce lo que está cerca y lo que está lejos", pero su característica principal es tener corazón. Por eso "siente perfectamente, percibe el Universo, la Fuente de la Vida" y late al ritmo del Corazón del Cielo y del Corazón de la Tierra.

La esencia del ser humano está en el corazón; esto es lo que muchos pensadores como M. Maffesoli, D. Goleman, A. Cortina y yo mismo afirmamos desde hace años. Reside en la inteligencia cordial y en la razón sensible. No se trata de abdicar de la razón analítica y calculatoria, sino de completarla y alargarla para que nuestra capacidad de comprender sea más amplia y fecunda. Dando centralidad a estas otras formas de ejercicio de la racionalidad, creamos espacio para que emerjan el cuidado, el amor, la compasión y el respeto, valores sin los cuales no salvaremos el sistema de la vida amenazado.

Un tercer aspecto Âel trabajo- es iluminador para nuestra cultura. Para nosotros, el trabajo es fundamentalmente producción de bienes y de riqueza. Las mejores horas del día se dedican al trabajo, muchas veces decepcionante y poco creativo. Para los mayas, trabajar es ayudar a la Madre Tierra, que nos brinda todo lo que necesitamos para vivir. Cuando nos falta algo, la ayudamos a producir lo suficiente para todos. Alcanzado este fin, ellos se ocupan de otras cosas, como la convivencia comunitaria, tareas colectivas, ciudado de las casas, calles y templos, o actividades artísticas.

El trabajo es para los mayas un quehacer que no esclaviza al ser humano sino que le permite expresar sus habilidades y moldear su vida. Esta sabiduría práctica es un ejemplo válido para esta etapa crítica de nuestra historia. Todo lo que ayuda a mantener el equilibrio de la Tierra y alimentar su vitalidad debe ser valorado y asumido como forma de regeneración y de salvación.

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* Leonardo Boff, escritor brasileño, teólogo de la liberación, comisionado de la Carta de la Tierra y uno de sus redactores.

Fuente: Other News

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Comentarios (1)
olga (no verificado) Mié, 16/07/2008 - 05:25
excelente artÃculo y muy buenas sugerencias. Todas las culturas tienen algo que aportar al desarrollo del ser humano
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