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América: 12 de octubre, ¿una historia inversa a la realidad?

Por Gil Inoach Shawit (*)

En una oportunidad escuché decir a un dirigente indígena madre patria a España en su discurso en alusión al descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492. En un principio no me llamó mucho la atención pero a medida que acostumbro analizar los discursos me preocupó mucho al entorno de aquel discurso que escuché en 1992.

Tras el descubrimiento la Conquista trajo la muerte de muchos pueblos autóctonos por epidemia. El medio de comunicación oral se convirtió en excusa para que el clero se haga el ofendido cuando Atahuallpa arrojó la Biblia tras colocarlo en sus oídos. Se atribuye al papel que jugó Filipillo como un acto de traición cuando este actuó de guía y principal fuente de información para que los trece de la Isla del Gallo tuvieran éxito en sus empresas de conquista, como si esa actitud fuera tan inhumana comparada a la de los representantes de la ley divina que se atribuyeron a cuestionar si los indígenas encontrados en América tenían alma o no, o sea, si éramos gente o animal.

Cuando se instalaron en Jaén de Bracamoros en 1542 y se propusieron incursionar hacía el Marañón encontraron una férrea resistencia de los pinchu shiwaj y los anta shiwaj que los antropólogos conocen como Jíbaros. Pero acaso, los llamados conquistadores que se creían procedentes de una cultura civilizada, ¿tuvieron conocimiento del código humano de saludo y respeto que hay que mostrar en la casa ajena?. Cualquier civilizado por más culto que sea siempre se mostrará reacio si algún extraño pretende irrumpir en su hogar a la fuerza. Sin embargo, todo lo que ellos actuaban salvajemente lo invirtieron para tildar de bárbaros y gentiles indomables a los otros.

Con la llamada Santa Inquisición toda práctica autóctona de curación era considerada satánica, y se mataba en nombre de Dios a gente que practicaba su medicina tradicional, acusándolos de hereje.

Y qué decir de la orientación y el rumbo que tomaban los pueblos indígenas con la guía del sol. ¿Acaso los Incas eran ignorantes como para atribuirle a sus gestos cotidianos de saludo del día con el alba, como un acto de adoración al sol? Ellos, como cualquier indígena indo americano jamás adoraron al sol. Lo que hacían es venerar a un ser divino diariamente como lo hacen los católicos de rezar en las mañanas y antes de acostarse con el rosario tantos Padre Nuestro y tantos Ave María.

Es como los jíbaros -a quien la historia los atribuye como los peores sanguinarios- cuando guiados por Ajutap (ser eterno) supieron defender sus territorios con guerreros, cuyo poder recibían en forma de tigre, águila, boa, payaj (fenómeno que aparece como una cometa), etc. Los pueblos indígenas no adoraron al sol natural que se ve en el firmamento, veneraron al Sol hombre que nació para predicar los preceptos de vida en estas tierras (así como Jesús en Europa), el mismo que llegó en el territorio jíbaro para enseñarnos junto con Tseje (mono blanco) que lo tuvo de asistente en todas sus empresas para cumplir su misión en la tierra (leyenda shuar, awajun y achuar).

En idioma shuar, awajún y achuar, Etsa significa Sol, el niño que tuvo de padrastro a Ajaim (ser mitológico) en la tierra fue conocido con este nombre por lo que emanaba luz al aparecer en las mañanas (la corona que utilizan los jíbaros con coloridos plumajes, representa el espíritu de fuerza que dejo el Sol hombre).

Los humanos, sin excepción alguna, con nuestros débiles actos de fe, solemos buscar, un ser intermediario para canalizar las plegarias al ser divino, como muchos lo hacen con Santas (os), profetas, personajes milagrosos, etc. Si las sociedades como los Incas, veneraron a los cerros, el alba y otros seres visibles no lo hicieron por politeístas, lo hicieron porque creían que estos eran lugares o sujetos de refugio de energías y fuerzas divinas. Como cualquier creyente de estos días se van a rezar a Dios en la iglesia, aunque en extremos, muchos se limitan a buscar a intermediarios por medio de Santa Rosa, San Martín de Porres, Sarita Colonia, etc. ¿Acaso esta práctica es por politeísta?.

En cuanto a algunos conocimientos, sabemos que el Norte es una definición imaginaria de la ubicación del planeta en el universo, solo porque la aguja de la brújula se coloca atraída por un fenómeno magnético hacía ese punto, pero se ha quedado en el olvido que sin ninguna necesidad de brújula, algunas sociedades pueden señalar con precisión un punto de partida y de llegada sólo con la orientación del oriente y el occidente y las demás orientaciones con la ayuda de las estrellas.

Por supuesto que aquello servía de guía cuando no habían inventos de brújula para seguir un rumbo, ni cronómetros para medir el tiempo. Pero habría sido mucho mejor si con ese conocimiento almacenado en los Kipus y en los jeroglíficos lo hubiéramos desarrollado a nuestra manera para competir científica, astrológica y tecnológicamente con el occidente, en condiciones óptimas de competitividad, y de esta manera saber con qué orientación llegamos a América hace miles de años atrás.

A propósito del 12 de octubre, la historia se torna irónica si nos preguntamos quien fue el que descubrió América, cuando evidentemente sus pobladores originarios eran los primeros descubridores desde hace más de 32 mil años. Algunos registros y publicaciones recientes ponen en duda si fue Cristóbal Colón el descubridor de América o fueron los Chinos en 1421 en una aventura épica que por orden del emperador Zhu Di fuera el almirante Sheng Hi el principal protagonista de la historia naval en dar por primera vez la vuelta al mundo, cartografiando de esta manera el continente oculto, sobre lo cual, muchos navegantes de la época perfeccionaron y este material les sirvió de pista a los europeos para recorrer el continente americano.

Según la fuente, que hasta ahora ha merecido el respeto de la comunidad científica, indica que hay pistas probadas que en 1421 el Almirante Zheng Hi comandó una armada de 107 juncos con miles de chinos adentro que fueron para colonizar las tierras que en ella desembarcarían con la finalidad de someter al mundo y convertirlos en tributarios del imperio - por decir- Asiático.

Todo este pasaje que para muchos puede sonar irónico, lo hago con la finalidad de reflexionar nuestro pasado y la turbulencia que en alguna etapa de la historia nos tocó vivir. Reflexión no en el sentido de retroceder al pasado, sino de construir el sentido común de la identidad indo americana en base a nuestras propias formas de ver la fortaleza y la debilidad de nuestros pueblos, sin ninguna necesidad de seguir creyendo en todo lo que nos dicen las escrituras que se basan en fuentes que precisamente nos satanizaron y nos segregaron racialmente.

Aunque hubieron destacados escritores como Poma de Ayala, Garcilaso de la Vega y otros personajes mestizos que intentaron aproximarse a los hechos reales, hasta ahora no hemos podido completarlas tal vez porque aún no nos hemos adaptado en la cultura de la escritura para registrarlas.

Dicen los entendidos que atribuirle responsabilidad a otros es signo de debilidad. Comparto totalmente esta definición, solo que en este caso, hago un recuento de cómo ha sido tergiversada nuestra cultura, nuestra identidad y nuestras creencias. De lo contrario seguiremos inmersos a la memorización forzada sobre la madre patria equivocada (que un hijo europeo nacido en América diga Madre Patria a Europa es normal, pero no que un indígena sin serlo lo diga solo por que así lo aprendió en la escuela).

De seguir en la creencia generalizada de que nuestros ancestros eran inferiores y comulgaban con Satanás, de que nuestras prácticas religiosas eran propias del pueblo pagano y que les gustaba vivir en caos y tinieblas, cuando sucedía todo lo contrario. Nuestros pueblos se caracterizaron en aplicar los principios de la verdad y disciplina para ser hombres probos y útiles en la sociedad. Para que nuestros hechos históricos de defensa que se simbolizan en el acto heroico de Rumiñahui sean como el principal icono de la defensa a nuestra soberanía y la fe colectiva. Para que un acto de lucha por defender la existencia, protagonizada por cualquier pueblo indígena, tenga mayor interés en el estudio de las ciencias sociales y las leyes nacionales. Para que el resto de la sociedad y el (los) Estado(s) trate(n) con mayor atención a estos pueblos que en pleno siglo XXI seguimos excluidos de la agenda pública. Para que la inocencia y las ganas de aprender y ser profesionales no sean aprovechadas intelectualmente por otros intereses como pasa actualmente con los currículos de formación ajenas a nuestra realidad e interés, como lo fue Filipillo que no por maldad, sino por curiosidad de aprender del blanco fue llevado como instrumento para derrotar el imperio. Para no seguir amnésicos y ser suicidas culturales que por corteses y a la vez ignorantes continuemos rememorando en las calles y monumentos el nombre de los que cometieron genocidios en nuestros territorios (Fitzcarrald, Lope de Aguirre, Francisco Pizarro, Diego de Almagro, Arana, etc).

Esta nota no pretende desconocer los actos de solidaridad de personajes que en aquella época entregaron sus vidas en defensa de los menos protegidos, muchos intelectuales, poetas, escritores, incluso algunos curas (franciscanos) desataron fuertes polémicas en defensa del indígena en los estrados de la justicia, en el escenario de las reglas y conductas medievales que aún se imponían ad portas de la edad moderna.

Así como lo hay en la actualidad, sociedades o grupos de alto valor humano que sigue apostando en los ideales de la justicia social mas equitativa frente a los atropellos que cometen los Estados favoreciendo a los sectores más pudientes con el argumento de inversión para más trabajo, sin criterios justos de distribución de riqueza, ni medida respecto al medio ambiente.

El 12 de octubre no debe ser más motivo de celebración, sino de reflexión para pensar como pobladores y descendientes americanos. Que a pesar de todo tenemos de cimiento primigenio las piedras que sostienen los edificios modernos de Cusco, como símbolo de esperanza que aún lo tenemos en el espíritu colectivo basado en nuestras fuerzas, valores y conocimientos que se conservan inamovibles y los tenemos como instrumento poderoso para enfrentar los desafíos de la globalización y el futuro venidero.

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(*) Gil Inoach Shawit, es indígena del pueblo Awajun y se desempeñó como Presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) durante dos periodos, de 1996 al 2002.

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Comentarios

ME,ENCANTO MÚCHO ESTE INF DE LA AMÉRICA;Q EESCRIVIO.GIL,Y YO CREO Q ES MUY INPORTANTE ESTE TESTIMOÑO DE 12 DE OCTUVRE

me parece importante esta fecha; ya que es para recordar. También hay que admitir que los comentarios adquiridos hay que tenerlos siempre presente.

me gusto mucho el articulo, muy critico y reflexivo de verdad no hay nada que celebrar, esta fecha de ser para valorar la identidad de los pueblos indigenas de america que siguen luchando por sus tierras y por que les sean reconocidos y respetados sus derechos.

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