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II Congreso Internacional de Relaciones Comunitarias aporta al diálogo transformador

Por Rodrigo Arce Rojas*

21 de agosto, 2014.- El II Congreso Internacional de Relaciones Comunitarias organizado por el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú realizado en Lima entre el 13 al 15 de agosto tuvo como denominación: El diálogo y la concertación como medios de desarrollo socioeconómico.

Esto es muy significativo porque implica un reconocimiento expreso del valor del diálogo como herramienta fundamental para el desarrollo y sus manifestaciones de mejor democracia, gobernanza y gobernabilidad en el país.

Este reconocimiento del diálogo es a la vez una invitación a entender lo que realmente significa el diálogo, conocer sus alcances, sus principios, sus metodologías, sus técnicas, herramientas y procedimientos. Esto es, entender la poesía e ingeniería del diálogo para que realmente se convierta en más democracia y mejor gobernanza.

El Congreso fue la oportunidad para entender que el diálogo no se reduce solo a un intercambio de ideas o palabras o a una herramienta funcional a una de las partes sino que implica un profundo sentido de recuperación del principio de humanidad en nuestras relaciones y en el esfuerzo conjunto y sincero de encontrar entendimiento en torno a visiones compartidas.

En tal sentido se reconoció la importancia de prepararse para el diálogo, de realizar todos los esfuerzos necesarios que impliquen cambio de paradigmas y actitudes para superar un entendimiento superficial y utilitarista del diálogo. Se reconoció que una auténtica vocación del diálogo significa atreverse a dialogar con los distintos y los distantes, aceptar que existe una diversidad de intereses, posiciones y necesidades producto de la historia, las percepciones y vivencias de cada uno de los actores o interlocutores del diálogo. Es precisamente el diálogo la herramienta que permite la búsqueda de los equilibrios, la sensatez y la razón conjunta.

Una de las aristas de la reflexión tuvo que ver con la predisposición al encuentro en un proceso de diálogo. Implica que los interlocutores tienen que abandonar sus trincheras y ser capaces de abrir la mente y el corazón para escuchar con profundidad y respeto a la otra parte. Esto es un gran reto cuando reconocemos constantemente que la desconfianza mutua entre todos los actores es lo que predomina en nuestras relaciones. Tenemos que ser capaces de construir confianza y de mantenerla. Para ello es necesario superar una cultura de relaciones transaccionales para llevarlo a relaciones sostenibles en el tiempo. Eso implica dejar el forcejeo de quién se impone sobre el otro y reconocer que la deliberación conjunta, justa y equilibrada, es el camino que va a conducir para encontrar las rutas de la concordia.

Una gran preocupación se dio en torno a la representatividad y legitimidad de las comunidades y organizaciones en organizaciones de base. El diálogo permitió entender que no es solo un tema de debilidad organizativa, crisis de liderazgo, crisis de identidad o creciente valoración de la individualidad en las comunidades. Es un tema mucho más profundo que también tiene que ver con la debilidad o ausencia del Estado, con la desconfianza de la empresa. Es decir, la medida en que sociedad hemos sido capaces o no de crear infraestructuras para la paz, con mecanismos e instancias que nos permitan procesar nuestras diferencias.

No es solo cómo se acercan los actores locales sino también cómo se acercan el Estado o la empresa. De ahí se reconoce que ha habido, y todavía se mantiene, dificultades para encontrar los códigos culturales y comunicacionales que permitan un diálogo mucho más fluido y transparente. Por ello una agenda pendiente refiere al tema del fortalecimiento de las políticas y prácticas del diálogo intercultural.

Los actores tienen percepciones que no solo son producto de cómo ven al mundo y lo interpretan a partir de la información que reciben a través de los sentidos. Convergen también la historia, la narrativa, el imaginario colectivo. Por ello, para los actores la percepción se confunde con la realidad. Persuadir al otro que la situación es distinta es válido en tanto se haga con argumentos honestos, que se demuestre con hechos (acciones y no solo con campañas comunicacionales) que si hubo algo errado en la historia la situación es ahora distinta, que hay voluntad de cambio, que hay voluntad y acciones que demuestren mejoría. Persuadir no es lo mismo que manipular o seducir.

Cierto es que en ocasiones existen problemas de representatividad y legitimidad de actores locales que aparecen por “generación no tan espontánea” o porque quieren imponer intereses de grupo antes que representar los genuinos intereses de las mayorías en las poblaciones locales. Cierto es que a veces se “politizan” y usan las legítimas aspiraciones de hombres y mujeres de las comunidades para cosechan un rédito político personal o de grupo particular. Son las poblaciones locales las que deben cuidar la representatividad y legitimidad de sus auténticos líderes y lideresas. Esto es necesario para contribuir a procesos de diálogo de buena fe y transparentes.

Desde el lado de las empresas y el Estado también es necesario mejorar las prácticas del diálogo. La confianza se pierde cuando se hacen acuerdos que se sabe no se van a poder cumplir, cuando se incumplen las promesas, cuando no se brinda información o se la alcanza en formas que en la práctica resultan inaccesibles.

Cuando se aprecia que se valora más las mesas de desarrollo que las mesas de diálogo se puede inferir que no se ha entendido a plenitud lo que implica el diálogo transformador. Privilegiar el concepto de mesas de desarrollo deja de manera implícita (y muchas veces de manera explícita) que el diálogo es una pérdida de tiempo y que no lleva a ninguna parte. Mejor sería, según esta perspectiva, que hablemos directamente de desarrollo.

Cierto es que el desarrollo es una palabra convocante. La diferencia está en el hecho que al diálogo lo veamos desvinculado del desarrollo. El diálogo transformador, como se ha dejado explícito, tiene que ver con cambios positivos e indudablemente tiene que ver con el desarrollo. Qué duda cabe el valor del desarrollo traducido en crecimiento, en infraestructura pero no lo reduzcamos a esas dimensiones. También necesitamos trabajar adicionalmente el tema de las relaciones, en la reconstrucción del tejido social, en el fortalecimiento del capital social y la cohesión social. Se requiere trabajar en todos aquellos elementos intangibles que contribuyen a humanizar el desarrollo y darle sostenibilidad.

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*Rodrigo Arce Rojases ingeniero forestal. Su correo electrónico es: [email protected]

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Comentarios

«(…)no aceptamos su visión de desarrollo, pues el desarrollo de ustedes significa la destrucción de nosotros, de nuestras familias, de nuestras comunidades.»
[(Yagén, 29 de septiembre de 2013)]

[Respuesta del FRENTE DE DEFENSA DE LOS INTERESES DEL CENTRO POBLADO DE YAGÉN al gobierno nacional sobre la imposición del proyecto hidroeléctrico Chadín II en el territorio del centro poblado]

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