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Existe un panorama desalentador para la participación indígena electoral en Bolivia

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Servindi, 3 de agosto, 2014.- Un panorama poco alentador respecto a la participación indígena en las elecciones generales de octubre 2014 se observa en Bolivia, sostiene Pedro Portugal Mollinedo, en la última edición del periódico Pukará.

En la edición 96 correspondiente al mes de agosto afirma que a diferencia de las elecciones de 2009 y 2005 en esta oportunidad "ni gobierno ni oposición necesitan ya del indio, a no ser como masa que pueda favorecerle con sus votos."

El director de Pukará observa que para estas elecciones se constató un fenómeno importante: que no existen territorios o poblaciones indígenas "enfeudadas" al oficialista Movimiento al Socialismo (MAS).

Sin embargo, la oposición "fue incapaz de concretar alianza" y menos de integrar en sus proyectos a diversas organizaciones sociales, políticas y comunales indígenas que buscaron relacionarse con ella.

En las listas electorales el MAS ha privilegiado a sus nuevos aliados: los derechistas antes execrados, en lugar de los antiguos militantes indígenas.

Según Portugal Mollinedo el contexto indica que es posible que gane el MAS, lo que daría nuevo valor al eslogan “sólo un indio puede sacar a otro indio”.

El problema es la dificultad que existe para que surga ese "nuevo indio" en los rangos del gobierno o de la actual oposición. Esto coloca en la agenda la necesidad de emergencia de nuevas organizaciones políticas.

A continuación el artículo completo de Pedro Portugal Mollinedo:

Los candidatos a presidente y vicepresidente en las próximas elecciones generales. De izquierda a derecha: Movimiento Al Socialismo, Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera. Unidad Democrática, Samuel Doria Medina y Ernesto Suárez Sattori. Movimiento Sin Miedo, Juan del Granado y Adriana Gil. Partido Demócrata Cristiano, Jorge  Quiroga y Tomasa Yarhui. Partido Verde para Bolivia, Fernando Vargas y Margot Soria. Fuente ilustración: http://www.correodelsur.com/2014/07/15/ca_7_franja.jpg

Participación indígena en las elecciones del 2014

Por Pedro Portugal Mollinedo

“Sólo un indio puede sacar a otro indio” era el lema común en las anteriores elecciones del 2009. Con esa pretensión los  oponentes a Evo buscaban afanosamente al indio que pueda desalojar a Morales del Palacio de Gobierno. Fue la época  dorada (en posibilidades políticas) de los aymaras Víctor Hugo Cárdenas y Fernando Untoja, quienes eran percibidos como  los rectificadores de entuertos.

Era la época en que la oposición pensaba que la prolongación en el poder de Evo Morales y del MAS sería una catástrofe con  horribles consecuencias para el país. Creían vislumbrar un futuro de indios encaramados en el poder, mancillando la memoria de los criollos héroes fundadores de la “nacionalidad”; un porvenir negro de socialismo expropiador; un mañana agónico para sus privilegios y prerrogativas...

Para las elecciones 2014, ningún partido opositor toma en serio aquello de “sólo un indio puede sacar a otro indio”. El slogan ha quedado para consumo de actores subalternos, sin mayores posibilidades y procedentes justamente de los pueblos indígenas, como Félix Patzi. Esos, sin embargo, no perciben que la validez del lema en estos tiempos implica estar adherido a algún partido de oposición fuerte: el indio debería ser funcional a los intereses de esa oposición y no al revés.

¿Qué ha cambiado en el panorama político? En primer lugar las sombrías expectativas de la oposición no se han cumplido.  El país no ha culminado un escenario de enfrentamientos. Después del caso de la masacre del hotel Las Américas en abril de  2009, en el que murieron en circunstancias poco claras tres europeos acusados de preparar actos de terrorismo en coordinación con los “separatistas” de Santa Cruz, el gobierno ha distendido la violencia política en el país. Lejos de conducir al país a escenarios tipo Venezuela, el gobierno ha instaurado una particular paz social que ha dejado sin argumentos a quienes apostaban por una incremento de los enfrentamientos internos.

Tampoco se ha dado aquello que criollos aferrados a antiguos privilegios temían: Los cargos políticos y la administración pública (al menos en puestos de dirección) no se han llenado de indios que corran a los “q’aras”.

Los pocos indios en función de gobierno son inofensivos pachamamistas que de vez en cuando sobresaltan a los bolivianos con risueñas e inofensivas travesuras, como la de invertir el sentido de las agujas del reloj del Congreso, o son dirigentes de “sectores sociales” con cargos políticos, cuya avidez está contrarrestada por su insuficiente calificación para ejercer un poder  real. Unos y otros son minoritarios y sin peligro para el poder de la burocracia q’ara. Es más, les son beneficiosos, pues cada  uno de estos personajes requiere de cinco o seis asesores q’aras, lo cuales sí tienen en sus manos la verdadera asa del sartén técnico y político.

No se materializó tampoco la pesadilla del socialismo confiscador. Por el contrario, la economía actual se asienta en las sólidas y eficientes bases de la economía de mercado de siempre.

La identidad cultural, la defensa de la Madre Tierra y otros pachamamismos, quedaron como retórica vacía ante el idilio del  gobierno con la tecnología contemporánea, incluido el satélite Tupac Katari y los anunciados planes de desarrollo nuclear. En general, el Estado Plurinacional es sólo el rotulo de un guión que prevé la problemática cuestión de la construcción del necesario Estado Nación en Bolivia.

El panorama este 2014 es pues diferente al del 2009 y al del 2005: ni gobierno ni oposición necesitan ya del indio, a no ser como masa que pueda favorecerle con sus votos.

El MAS ha quebrado la oposición utilizando coptación y amenazas judiciales; al mismo tiempo ha iniciado con los que fueron sus enemigos un acercamiento casi insolente, integrándolos a su estructura de gobierno.

La oposición, aturdida por el desarrollo de los acontecimientos, no pudo reaccionar adecuadamente. El actual contexto sólo sirve para que sus limitaciones y contradicciones afloren libremente.

El razonamiento de los partidos contrarios al MAS parece determinado por la aceptación de su derrota. Creyendo que la población indígena está enfeudada al gobierno e identificando esa población como rural, esos partidos no hicieron esfuerzo alguno por trabajar en ese sector.

Cuando lo hicieron fue en los  moldes instaurados por el gobierno. Sin embargo, lo indígena no es sólo rural, sino una fuerza urbana y suburbana en Bolivia.

Ese engaño sociológico los impulsó adoptar —para tener credibilidad “pro indígena”— las versiones espurias sobre la identidad creadas por el MAS, sumiéndolos en marañas sin real provecho político. Por ejemplo, se hizo moda clausurar actos  políticos con “ceremonias tradicionales”, como en el Congreso Fundacional del MDS en Cochabamba, o que candidatos como  Samuel Doria Medina participen (aun sea con escaso acompañamiento) en los postizos rituales del 21 de junio (“año nuevo andino amazónico”), saludando con las palmas abiertas la salida del sol ese día, con objeto de tener favor y prosperidad en sus cometidos.

Estas actitudes son consecuencia de un fracaso político.

Asumiendo que el MAS dividió Bolivia en regiones contrapuestas, Oriente y Occidente, es evidente que ese partido pudo,  después, incursionar con éxito en territorio contrario, lo que no hizo la oposición identificada con las tesis autonomistas de Santa Cruz. Parte importante de las élites cruceñas son ahora del MAS o soslayan cualquier actitud contraria como salvaguarda de los privilegios económicos obtenidos. En contraste, la oposición afín al Oriente no pudo ingresar en las comunidades del Occidente, el Chapare y la ciudad de El Alto, consideradas bastiones del MAS, a pesar de que personalidades y organizaciones indígenas buscaron articular con las fuerzas opositoras al gobierno.

Para las elecciones de octubre de este año se constató un fenómeno importante. La idea de que hubiesen territorios y poblaciones enfeudadas al MAS y a Evo voló en pedazos, pues diversas organizaciones sociales, políticas y comunales indígenas buscaron relacionarse con la oposición. Esta, sin embargo,  fue incapaz de concretar alianza con estos sectores y menos integrarlos en sus proyectos.

En la óptica de dirigentes indianistas y kataristas, como Toribio Tapia y Constantino Lima, era importante consolidar alianza con una fuerza emergente, el MDS. Esa visión pecó de optimista, pues el mundo político del Oriente se manifestó más inestable y con peores disputas internas que el de Occidente, frustrando así cualquier proyecto de liderazgo homogéneo y de  largo aliento. Esa organización también fue incapaz de proyectarse más allá de su región; en el Occidente, particularmente en La Paz, su existencia está vinculada a viejos modos de hacer política, nulos en asimilar la emergencia de nuevas visiones  y fuerzas, lo que la repliega a sobrevivir como minúsculo grupo, sin relevancia popular.

Respecto a Unidad Nacional de Doria Medina, la no integración en ese grupo de fuerzas sociológicas reales y de personalidades de impacto en el mundo indígena contrasta con la inclusión de figuras que se supone tendrán efecto en el electorado de clase media. Es el caso de Rafael Quispe, ex dirigente de CONAMAQ conocido por su apoyo al TIPNIS y sus vicisitudes ante la agresión del MAS. Después del ataque a CONAMAQ por indígenas afines al gobierno, esa organización dejó de existir, cediendo su puesto a la oficialista. La fuerza de Rafael Quispe obedece más al apoyo de la clase media  sensibilizada a los derechos indígenas. El discurso y práctica de Quispe era efectivo en el marco institucional impregnado de los mensajes de ONG e instancias internacionales que reflejan una abstracción de lo indígena antes que su realidad sociológica. El partido de Doria Medina pensaba utilizar la figura de Rafael Quispe, y no entablar con él la creación de un discurso y opción común.

Al rechazar Quispe ser candidato a senador suplente y amenazar con denunciar a ese partido, la dirigencia de Unidad Nacional lo “calmó” ofreciéndole ser primer candidato a diputado plurinominal. Ese puesto fue “rebajado” luego al tercer lugar. Finalmente figura en las listas del frente que lidera Doria Medina, Concertación Unidad Democrática, CUD, como quinto candidato.

La presencia indígena es anodina en CUD. La situación es similar en el Movimiento Sin Miedo, que tiene como candidato a Juan del Granado, aunque en esa organización no son visibles los manoseos y “ninguneadas” percibidas en CUD. El rol indígena es más relevante en otras dos organizaciones. El partido Demócrata Cristiano presenta al ex presidente Jorge Quiroga acompañado de Tomasa Yarhui.

Tomasa es una indígena antítesis de la caricatura del indio implantada por el MAS y asumida por otros opositores, y prefigura la nueva generación de líderes indígenas que jugarán futuros roles: Es una indígena letrada, ajena a la ignorancia exhibida como virtud étnica. Sin embargo está sola, no la acompañan otros indígenas representativos.

En la fórmula del partido Verde para Bolivia figura Fernando Vargas, del Oriente, conocido por su lucha en el TIPNIS. Sin  embargo, no es previsible que tenga fuerte apoyo electoral. Las causas ambientales en Bolivia suelen tener importancia por la fuerza económica y movilizadora de ONG y no por el respaldo de la población, inclusive de los mismos indígenas.

El panorama tampoco es alentador en el MAS. Ese partido tiene como candidato a presidente a un indígena, Evo Morales, lo que a los estrategas masistas les parece suficiente.

En las listas de ese partido se han privilegiado a los nuevos aliados (los derechistas antes execrados) antes que a los antiguos militantes indígenas. En Santa Cruz son candidatos del MAS la ex presidenta del Concejo Municipal de Montero, ex militante del MNR y ex modelo, Muriel Cruz; Carlos Subirana, dueño del diario «La Estrella del Oriente», ex militante del MNR, ex diputado UCS y ¡abogado contra el gobierno en el polémico caso terrorismo! y la ex concejala Romy Paz, ex UCS, que devolvió la gentileza masista declarando que «no pertenece al MAS y sólo ha sido invitada».

En Potosí es primer candidato del MAS René Joaquino, antes emblemático opositor que fue suspendido de su cargo de alcalde por una imputación que le hizo el MAS sobre una presunta compra irregular de vehículos usados en su gestión municipal.

En Chuquisaca son candidatos Ramón Rocha Monroy y Milton Barón. El primero (eliminado de la lista definitiva de candidatos al no tener libreta de servicio militar) fue viceministro de Cultura en el gobierno de Hugo Banzer y el segundo fue jefe de campaña de la opositora exprefecta de Chuquisaca, Savina Cuellar, presidente del Comité Cívico de Chuquisaca y miembro del Comité Interinstitucional que se opuso al gobierno cuando la Asamblea Constituyente.

Entre los pocos indígenas incluidos en las listas, el MAS enfrentó su primer tropiezo cuando Pablo Ramos Lima, candidato a diputado plurinominal en Santa Cruz, fue eliminado de la lista después de que saltara a la luz pública su prontuario ligado al tráfico de drogas.

En este contexto es posible que gane el MAS, lo que daría nuevo valor al eslogan “sólo un indio puede sacar a otro indio ”.  Ese nuevo indio encuentra dificultad para surgir en los rangos del gobierno o de la actual oposición, quizás sea tiempo para la emergencia de nuevas organizaciones políticas.

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