Servicios en comunicación Intercultural

Sobre el Imperio Inca: John V. Murra y la ciencia antropológica

Los análisis de Murra no tomaron en cuenta aspectos tecnológicos y de conocimiento científico de la sociedad inca, distorsionando así el conocimiento de la relación entre clases en esa sociedad, indica el autor.

- ¿El idealismo murriano fue positivo para las comunidades campesinas e  indígenas actuales?

Por Bernardo Corro Barrientos*

5 de noviembre, 2012.- Desde los años setenta del siglo pasado John V. Murra es reconocido como el paradigma de la ciencia antropológica en cuanto al imperio inca y a las sociedades andinas pre coloniales.

Sus obras son conocidas en los círculos académicos de América Latina, particularmente en Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Ecuador, pero también en Norte América y Europa. El autor de este artículo reconoce los importantes aportes de Murra a los estudios sobre el Tahuantinsuyu, pero en este artículo realiza un cuestionamiento al considerado carácter científico de su obra (ver mi libro “Antropología económica del Imperio Inca”, de próxima publicación).

Sobre John V. Murra

John Víctor Murra (Odesa, 24 de agosto de 1916 - † Nueva York, 16 de octubre de 2006) etnohistoriador ucraniano nacionalizado estadounidense, estudioso de las sociedades de la Civilización Andina y creador del concepto de "control vertical de un máximo de pisos ecológicos".

Murra perteneció a las juventudes de la Social Democracia, por lo que fue expulsado del liceo donde estudiaba cuando cursaba el último año. Llevado por su padre, trabajó en las fábricas de papel de Croacia. Entre 1933 y 1934 fue detenido varias veces por su filiación marxista.

En 1934 huye a Chicago donde estudia Sociología, disciplina con la que se gradúa en 1936. Ese año se enroló en el batallón Abraham Lincoln de las Brigadas Internacionales que combatió en defensa de la legalidad republicana en la Guerra Civil Española (1936-1939).

Regresa a Chicago, donde a inicios de los años cuarenta se dedica al estudio de los aborígenes norteamericanos. En 1943, Donald Collier y Wendell C. Bennett, en el marco de una investigación sobre grupos indígenas de Ecuador, lo contactan con fuentes documentales de etnohistoria andina. A partir de allí inicia sus estudios sobre el área andina.

Fue profesor en las universidades de Chicago, Vassar, Puerto Rico, Yale, Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Perú, y Cornell de donde fue profesor emérito. También fue Presidente del Instituto de Investigación Andina.

Obra

Murra ha sido autor de los ya clásicos The Economic Organization of the Inca State (1956) Formaciones económicas y políticas del mundo andino (1975), entre muchos otros, y co-responsable de la edición crítica de la Nueva Crónica y Buen Gobierno de Guaman Poma de Ayala junto con Rolena Adorno y Jorge Urioste en 1980.

Fuente: Wikipedia

La obra “murriana” no se circunscribió a los círculos académicos, sino que trascendió a otros ámbitos. Los conceptos con los que Murra interpretó los mecanismos económicos y sociales del imperio Inca tales como los de “reciprocidad” y “redistribución”, fueron proyectados por intelectuales de diversa doctrina a las ideologías de muchas organizaciones, partidos políticos, movimientos indígenas, campesinos e incluso a gobiernos de la región andina.

Los conceptos mencionados fueron adoptados como “objetivos ancestrales” de lucha. Estudios que se realizan actualmente sobre temas de historia, antropología, economía y sociales respecto a los grupos campesinos  e indígenas tratan de identificar en ellos la presencia de esos mecanismos. En algunos países el pensamiento “murriano” llegó a constituir una especie de “pensamiento único” dominante en las esferas académicas, institucionales y políticas.

Interpretación

¿Cuál es la interpretación de Murra sobre el imperio Inca? En su obra más importante “La organización económica del Estado Inca” (1975) afirmó que su trabajo “se refiere esencialmente a la organización económica; no hago el esfuerzo aquí de describir la cultura material y la tecnología andina durante el siglo XV y comienzos del XVI”.

Añadió que “me di cuenta de que no podía incluir toda la organización social y económica. Decidí entonces limitarme a lo económico (p.20). Concluyó que “En las primeras décadas posteriores a la invasión, los europeos esclavizaron a mucha gente a quienes denominaron yana, pero que nunca habían sido de condición servil antes de 1532. Los emplearon en la minería, el comercio y la arriería, todas ellas actividades no andinas.” (p.240)

Los supuestos objetivos “económicos” de su trabajo causan perplejidad ya que no es correcto metodológicamente hacer un estudio “económico” de sociedades similares solo considerando a la agricultura campesina y excluyendo a otras actividades económicas y productivas como la minería, las manufacturas, la tecnología y otras. Estas eran justamente las más significativas del imperio en cuanto a su dinamismo e influencia sobre el conjunto de las actividades económicas.

Si, por ejemplo, un investigador analizara una sociedad actual estudiando solo a la agricultura campesina, sus conclusiones resultarían obviamente parciales. Este es uno de los grandes errores de Murra.

Si bien este investigador no analizó las actividades económicas más importantes, se extendió sin embargo ampliamente sobre algunos aspectos sociales e institucionales que cubrieron finalmente la totalidad de su obra. Interpretó, en este sentido, a la sociedad Inca como estando constituida por el mecanismo de la “reciprocidad” a nivel de las “comunidades campesinas autosuficientes” o ayllus, y por la “redistribución de bienes” entre el Estado y estas comunidades.

Mientras la reciprocidad caracterizaría las “relaciones ancestrales de parentesco” entre los campesinos, la “redistribución de bienes” definiría las relaciones entre el Estado y los ayllus. En este caso los bienes producidos por los campesinos durante sus “prestaciones rotativas obligatorias” serían apropiados por el Estado, para ser luego consumida en parte por la burocracia estatal, y la otra parte “redistribuida” a los mismos campesinos durante sus prestaciones obligatorias sobre todo en la agricultura. La burocracia estatal estaría constituida por familiares de los linajes reales.

Insuficiencias

A Murra no le interesó conocer las características internas, el dinamismo económico y las tendencias esenciales de las “comunidades” y del Estado. Su interés prioritario era interpretar a la sociedad Inca con los conceptos mencionados arriba. En cuanto a las “comunidades autosuficientes”, éstas estarían constituidas simplemente, según Murra, por “campesinos con propiedad comunal ancestral”, sujetos sin embargo a las prestaciones rotativas impuestas por el Estado. En cuanto a éste, tampoco trató de analizar sus características, su dependencia originaria respecto a las “comunidades” y sus tendencias económicas.

El Estado era visto por Murra como “el factor perverso” de la sociedad, como una institución conformada por burócratas de origen real, con el objetivo de beneficiarse de las prestaciones y de consumir el excedente campesino. Según Murra, la evolución que experimentaban las comunidades en los últimos 50 años antes de la llegada de los españoles en cuanto a la “aparición de grupos sociales extraños al ayllu como las acllas, los mitimas y los yana”, sería causada por el Estado y sus necesidades distorsionantes.

La interpretación de Murra dejó en el olvido a una serie de mecanismos e instituciones económicas fundamentales de la estructura y de las tendencias de la sociedad inca.

En primer lugar, no estudió las características económicas y sociales internas de las comunidades, de sus clases sociales, la composición diferencial de las familias extensas y de las pequeñas y de sus relaciones contradictorias. Murra no advirtió que en el seno de las familias extensas, provenientes de periodos anteriores a la sociedad inca, se encontraban los yanacunas, las concubinas, sus hijos y los mitimas. Este investigador solo admitió la presencia de pequeños campesinos en los ayllus.

En segundo lugar, el investigador mencionado no advirtió los múltiples mecanismos económicos existentes entre el Estado y la economía de las grandes familias nobles de los ayllus.

El Estado, desde sus inicios, en conjunto con las grandes familias nobles “Incas y no Incas”, jugó el papel de impulsor del proceso de desarrollo de las fuerzas productivas y tecnológicas en las diferentes actividades económicas y productivas. Este proceso beneficiaba de manera diferencial a las diversas clases sociales de los ayllus y no solamente a la nobleza cusqueña.

Desconocimiento

En tercer lugar, Murra no analizó importantes instituciones económicas estatales como las mitas, en las que la fuerza de trabajo campesina, probablemente la mayoría de la población en el momento de la conquista española, era utilizada en escala extraordinaria por el Estado en beneficio de la transformación de la economía y de la infraestructura física del territorio imperial.

La fuerza de trabajo campesina apropiada por el Estado durante alrededor de 10 meses del año, era utilizada, además de la producción agrícola, para la construcción de gigantescas obras de irrigación, la construcción de una red de caminos de cientos de kilómetros, miles de puentes, la habilitación de grandes superficies para la agricultura y la minería, la construcción de fortalezas y otras. Los beneficiarios directos del trabajo campesino en las mitas no eran los burócratas estatales o las familias nobles cusqueñas, como lo sugieren Murra y otros, sino sobre todo las familias nobles de los diversos ayllus, así como, secundariamente, los campesinos mismos.

En cuarto lugar, el papel “económico” del gigantesco ejército inca, constituido por cerca de 300 mil soldados, fue desconocido por Murra. La institución militar mantenía intensas y múltiples relaciones económicas sobre todo con las familias extensas de los ayllus, constituyendo para éstas un poderoso factor de demanda de bienes manufactureros producidos por ellas y, en sentido inverso, de oferta de “mano de obra cautiva” y de medios de producción en beneficio de las grandes familias.

El ejército constituía un “factor vértice y de expansión” de la dinámica económica imperial y de los ayllus.

Ciencia y tecnología

En quinto lugar, el Estado, en conjunto con las grandes familias nobles “incas y no incas” de los diversos ayllus, jugó un papel de impulsor del proceso de innovación tecnológica y de desarrollo de las fuerzas productivas en las diferentes actividades económicas. La agricultura campesina, la agricultura estatal y la de las grandes familias de los ayllus, la minería y la metalurgia, se encontraban, gracias a la expansión del Estado, en un intenso proceso de desarrollo equilibrado en una buena parte de lo que hoy es América del Sud. Esta transformación se realizaba gracias al “factor impulsor” del Estado.

La agricultura, por ejemplo, en sus diversos sectores, crecía y se diversificaba aceleradamente gracias a la distribución estatal de la “chaquitaclla en bronce” (arado) y a otras tecnologías productivas como el abono orgánico proveniente de la costa, lo que permitía incrementar la productividad agrícola en una escala gigantesca. El Estado impulsaba la introducción de nuevos componentes tecnológicos a las diversas actividades económicas y productivas.

En sexto lugar, el Estado y las familias extensas de los ayllus constituían un poderoso factor impulsor de la ciencia y de la tecnología. Primeramente, debido al fuerte interés de incrementar la producción de diversos minerales para producir herramientas metálicas, instrumentos productivos y armas en bronce entre otros, el imperio consideraba de interés primordial la formación de los jóvenes en las diversas ciencias y técnicas tales como la geología, la minería, la metalurgia, las manufacturas, la ingeniería civil, la arquitectura, la agronomía, la biología y otras.

En segundo lugar, el interés de desarrollar la economía imperial y las instituciones impulsaba al Estado a educar y a capacitar a miles de jóvenes en las disciplinas administrativas, de economía y de administración. El dominio de estas ciencias y técnicas y la educación de miles de científicos, técnicos e intelectuales contribuía al desarrollo de las fuerzas productivas del imperio, así como al mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes.

¿Edad de piedra o de bronce?

El dinamismo económico y civilizatorio de los imperios tihuanacota e inca -superior al de los mayas y aztecas- estuvo basado fuertemente en la ciencia y la tecnología, en la metalurgia del bronce, en el desarrollo de las manufacturas y en las ciencias de gestión administrativa e institucional.

Debido a estas actividades científicas y técnicas estos imperios lograron superar ampliamente la “edad de piedra” y se adentraron en fases avanzadas de la “edad de bronce”. Los imperios azteca y maya, no lograron superar la “edad de piedra”. Si seguimos los estudios de Murra y de la mayor parte de los antropólogos, historiadores, sociólogos y economistas “murriarnos” contemporáneos, con su enfoque limitado a la agricultura campesina, los imperios tihuanacota e inca se encontrarían apenas en “la edad de piedra”.

Karl Polanyi y Murra

Los conceptos de “reciprocidad” y de “redistribución” fueron propuestos por el antropólogo Karl Polanyi en 1944, en su libro “La gran transformación”. Después de la Segunda Guerra Mundial Polanyi y muchos intelectuales reflexionaban sobre las causas que originaron los Estados totalitarios, las sangrientas guerras mundiales y las crisis económicas internacionales.

Polanyi intuyó que en las sociedades precapitalistas existían mecanismos de parentesco como los de “reciprocidad” y de “redistribución” que contribuían a la existencia de “Estados de bienestar”, con relaciones armoniosas y pacíficas entre las poblaciones y los países.

Murra, seguidor ferviente de las ideas anarquistas, fue seducido en ese periodo por los conceptos mencionados. Después de participar en la Guerra Civil Española regresó a los Estados Unidos en los años cuarenta y estudió antropología. En su tesis de doctorado (1955) analizó la sociedad inca y sobre todo las comunidades campesinas.

Consideraba que los pequeños campesinos mantenían entre ellos estrechas relaciones de reciprocidad y de parentesco, lo que gneraba un ambiente de armonía y de cooperación. Describió también la intromisión del Estado inca que distorsionaba las relaciones fraternales y comunitarias entre los campesinos. Murra consideraba que el Estado inca no podía ser un “Estado de bienestar”, contrariamente a otros antropólogos estadounidenses de la época.

En breve, el concepto o mecanismo “bueno” para Murra era el de reciprocidad, mientras el mecanismo “perverso” era la redistribución estatal, porque funcionaba en favor del Estado y de la distorsión de las relaciones comunitarias. El Estado también generaba clases sociales subordinadas como las aclla, los yana y los mitima, es decir, destruía a las comunidades.

Murra pretendía que las comunidades andinas o ayllus vivían antes del Estado inca en un mundo igualitario, sin clases sociales, sin propiedad privada y sin Estado, es decir, en un mundo anarquista ideal. Sus estudios sobre las comunidades andinas describen este mundo ideal. ¿El idealismo murriano fue positivo para las comunidades campesinas e indígenas actuales?

---

*Bernardo Corro Barrientos es antropólogo y economista. Cel. 712 82202, correo electrónico: [email protected]

----

Fuente: Pukara Nº 75 , noviembre de 2012. Usted puede leer estos artículo ingresando a: http://www.periodicopukara.com/archivos/pukara-75.pdf

EDITORIAL: 

  • ¿El “pasado es pasado”?

El deseo de Evo Morales de saldar el pasado colonialista español en ocasión de la reciente visita de la reina de España, se obstaculiza por las trabas del discurso pachamamista que el mismo gobierno utiliza.

EL TEMA DEL MES:

  • John V. Murra y la ciencia antropológica

Las ideas de Murra han influido en sectores teóricos y activistas de la causa indígena. Sin embargo, parecen adolecer de insuficiencias que ponen en cuestionamiento lo bien fundado de esa influencia. Bernardo Corro desarrolla el tema.

OTROS TEMAS:

  • El irracional endeudamiento de Bolivia

Julio G, Alvarado A. hace notar la incoherencia de endeudarse, lanzando los “bonos soberanos”, cuando Bolivia dispone de ingresos económicos suficientes y de adecuadas reservas financieras.

 

  • Cinismo, impostura y corrupción en la democracia neoliberal

Cuando la recuperación de la democracia significó aval para el enriquecimiento ilícito y el manoseo del poder. Luis Zavala Castro relata algunas de las páginas más vergonzosas de ese período histórico.

 

  • La docta ignorancia de la Dra. Alisdon Spedding

José Luis Saavedra muestra los límites e insuficiencias de un reciente libro de la Dra. Spedding que critica a los teóricos de la poscolonialidad.

 

  • Nuevos nombres y viejas ideas: “Neo indianismo”

Comentario crítico a los postulados del libro de Iván Calle Apaza, cuestionando el remozamiento del indianismo que propugna ese libro. Saúl Flores Calderón desarrolla la polémica.

 

  • La descolonización: ¿Ilusión o programa anti colonial?

Nicomedes Cejas T. desarrolla los elementos diferenciadores de la teoría descolonizadora marxista, propugnada por el actual gobierno, con la teoría descolonizadora katarista.

 

  • Y los Ponchos Rojos, ¿dónde están?

Desde su exilio en Suecia, Víctor Montoya escuchó mucho acerca de los míticos Ponchos Rojos. Ahora él en Bolivia busca encontrarlos en su referencia geográfica por excelencia: Achacachi.

Usted puede leer esos artículos ingresando al siguiente link: http://www.periodicopukara.com/archivos/pukara-75.pdf

 

Valoración: 
0
Sin votos (todavía)

Comentarios

muy interesante

Añadir nuevo comentario