Perú: "Gobierno inepto"

Por Fernando Rospigliosi*

La matanza de los últimos días no tiene parangón y sin duda marcará el segundo período de Alan García, así como la masacre de los penales es un distintivo de su primer gobierno. En ambos casos, no se trata de casualidades o accidentes, sino de resultados de la ineptitud y de decisiones equivocadas.

En primer lugar, mis condolencias a la Policía Nacional del Perú y los familiares de los efectivos vilmente asesinados.

Nunca en la historia reciente del Perú 22 policías habían sido sacrificados en un conflicto de orden público (según la información disponible, al escribir esta columna, en la página web de La República). La incompetente ministra del Interior Mercedes Cabanillas ya tiene un lugar en los anales de la institución policial por su pésimo manejo de la situación.

FRACASÓ LA ESTRATEGIA MECEDORA

La estrategia del gobierno en el caso de los nativos consistió en apostar al cansancio, a ganarles el partido por desgaste, a esperar que se agotaran.

No era, por supuesto, la única estrategia posible. Podían haberles dicho no, con firmeza, desde el principio. Eso habría exacerbado los ánimos de algunos, pero habría desalentado a otros.

Podían haber accedido a sus demandas y derogado los decretos, como hicieron en octubre del año pasado, cuando cedieron a los reclamos de Aidesep e incubaron la actual huelga. Si los nativos consiguieron en esa ocasión un triunfo relativamente fácil, fueron por el segundo.

También el gobierno podía haber dialogado con los nativos desde el primer día de la huelga, el 9 de abril. O, mejor aún, antes de que se iniciara, y modificado ciertos aspectos de los decretos en cuestión.

Podían haber desarrollado una campaña política en el país, sobre todo en las zonas conflictivas, difundiendo lo que consideran positivo de los decretos. Tiempo y recursos no les han faltado a los gobernantes.

PAN CON CHICHARRÓN

No hicieron nada de eso. Optaron por la estrategia de la mecedora. Ni sí, ni no. El último pretexto usado por los apristas en el Congreso es de antología. Votaron apresuradamente la postergación del debate sobre los decretos sin la presencia de los opositores que, según el siempre oportuno Mauricio Mulder, se habían ido a comer pan con chicharrón.

Eso solamente exasperó más a los nativos, que se daban cuenta de que se reían en sus narices. La dirigencia de Aidesep, encabezada por Alberto Pizango, ensoberbecida por el triunfo del año pasado, cuando lograron la derogatoria de varios decretos, escaló la violencia imprudentemente y ahora pretende lavarse las manos, tratando de eludir su responsabilidad.

Pizango jugó al todo o nada, negándose a negociar seriamente. Es muy probable que sus aspiraciones políticas -las elecciones ya están cerca- lo empujaron a una estrategia maximalista, sin importarle los riesgos de un desenlace sangriento.

INDIFERENCIA Y DESPREOCUPACIÓN

La huelga de los nativos empezó muy débil y fue creciendo ante la pasividad del gobierno. Inacción política del presidente García y sus operadores -tan hábiles para la trapacería y la leguleyada- y desinterés de la ministra del Interior en restaurar el orden público.

Las válvulas del oleoducto, que desde hace muchos años son un blanco seguro de las huelgas indígenas, no fueron protegidas a tiempo y ocurrió lo inevitable: las tomaron e interrumpieron el suministro de petróleo.

Varias ciudades fueron bloqueadas durante semanas, ante la desesperación de sus habitantes, los viajeros y transportistas en las carreteras, sin que el Ministerio del Interior moviera un dedo.

La ministra Cabanillas permaneció muda sobre el asunto durante semanas, canalizando su locuacidad hacia temas que le dan puntos en las encuestas: hijas violadas por padres, inauguración de comisarías, críticas a Evo Morales.

Al final, como en otras ocasiones, el gobierno aprista pasó de la inactividad total a la carnicería, sin encontrar nunca un punto intermedio.

NO ES EL AZAR

Los errores en las operaciones policiales no son casuales. La política de los ministros del Interior apristas ha debilitado profundamente a la Policía. En situaciones de crisis aparecen esas flaquezas.

Los mandos policiales no son los adecuados. Ahora se asciende a oficiales por favores políticos o por motivos inconfesables. Los cargos tampoco se designan, por lo general, priorizando la capacidad y el profesionalismo, sino la adhesión política o la adulonería.

En los últimos años se ha hecho ingresar a las escuelas y se ha convertido en policías a miles de muchachos sin mayores calificaciones ni capacitación.

A la veintena de muertos en asuntos de orden público que acumuló el aprista Luis Alva Castro, se agregan las decenas de fallecidos de Mercedes Cabanillas. Una performance difícil de superar.

Alan García, como muchos políticos, cree que esos son asuntos que se arreglan solos, que la Policía hace las cosas en piloto automático, y que no se necesita conocimiento y capacidad para resolver los problemas. Por eso, ubica en cargos claves a personas incompetentes en función a sus intereses políticos más estrechos.

Los resultados están a la vista.

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Artículo publicado originalmente en el diario La República

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Comentarios (1)
Carlos D. (no verificado) Dom, 07/06/2009 - 18:21
Con la autoridad moral que le da el AREQUIPAZO escribe Rospigliosi
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