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"Debemos pasar de una mirada de recurso a una mirada de gestión territorial"

Imagen: Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM)

Servindi, 13 de diciembre, 2014.- "Existe la necesidad que pasemos de una mirada de recurso a una mirada de gestión territorial" afirmó el ingeniero Rodrigo Arce Rojas en un reciente artículo donde analiza la gestión del conocimiento forestal y su contribución al desarrollo sostenible.

La gestión del conocimiento forestal no es solo para hacer a las personas y a las organizaciones más competitivas y efectivas en sus objetivos institucionales sino también contribuir a la construcción de sociedades más democráticas, más transparentes, más justas y equitativas, más sostenibles.

Si bien la gestión del conocimiento forestal debe contar con personas especializadas en su promoción, implementación, seguimiento y acompañamiento así como recursos económicos "no habría que condicionar necesariamente a la existencia de recursos económicos para su implementación".

"Si asumimos el presente enfoque diversificado de la gestión del conocimiento podemos empezar trabajando a partir de la propia energía cultural. Ello no exime la necesaria inversión interna en la gestión del conocimiento" apuntó.

"Un problema frecuente es cuando nos vamos a los extremos y creemos que una dimensión es más importante que la otra. Por ejemplo cuando pretendemos que el conocimiento occidental es superior al conocimiento tradicional (o viceversa) o que la práctica es más importante que la teoría (o viceversa)" señaló el especialista.

Tales procesos no deben verse como polarizados sino como complementarios y de mutuo enriquecimiento. "De ahí la necesidad de un enfoque integral, sistémico, integral e integrador" precisó.

Lea a continuación el artículo completo de Rodrigo Arce Rojas:

Gestión del conocimiento forestal y su contribución al desarrollo sostenible

Por Rodrigo Arce Rojas*

13 de diciembre, 2014.- Los retos que nos imprimen el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, los procesos de desertificación, el incremento de la demanda de los bienes y servicios ecosistémicos de la biodiversidad forestal, las presiones sobre tierras y territorios de pueblos indígenas y comunidades locales, entre otros factores, exigen de los profesionales forestales y afines no solo capacidad de respuesta sino además capacidad de anticiparse el futuro a través de la prospectiva. Se señala además que la complejidad y la certidumbre son la marca de nuestros tiempos y por lo tanto necesitamos que los profesionales forestales y afines puedan estar preparados mental y emocionalmente para afrontar los retos que imprime el sector forestal. En este contexto, la gestión del conocimiento forestal es una de las herramientas fundamentales.

Como todo proceso social la gestión del conocimiento responde a las preguntas claves ¿para qué? (objetivos), ¿Por qué? (justificación), ¿para quién o para quiénes? (público objetivo), ¿cómo? (metodologías, herramientas, medios), ¿cuándo? (calendarios y cronogramas), ¿dónde? (espacios), ¿con qué? (recursos), ¿Quién dirige, facilita o promueve? (responsables).

Es muy importante identificar los objetivos de un proceso de gestión del conocimiento en el sector forestal. Todo proceso de gestión del conocimiento debe estar inscrito a las diversas jerarquías de objetivos que se van articulando a los diferentes sistemas. Por ejemplo una entidad forestal pública que tiene el propósito de contribuir a la conservación de bosques comunales tiene que considerar a su vez la contextualización de este objetivo a los objetivos de la Ley Forestal y de Fauna Silvestre, la Política Nacional Forestal y de Fauna Silvestre, la Política Nacional Ambiental, a los objetivos de desarrollo nacional, a los objetivos de Desarrollo del Milenio (posteriormente Objetivos de Desarrollo Sostenible) y otros instrumentos internacionales.

Nuestra razón de ser como forestales tiene que ver con el manejo forestal, con la gestión responsable del patrimonio forestal. No obstante, hay que reconocer que el tema de bosques no puede desligarse de la contribución de la calidad de vida de las y los ciudadanos; consecuentemente vemos que esta articulación también tiene que ver con otros temas ligados al desarrollo rural, la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica, la seguridad energética, la erradicación de la pobreza, entre otros.

Ahora bien, el sector forestal como cualquier actividad productiva no se concentra sólo en los recursos sino que fundamentalmente tiene que tener en cuenta a las personas. Cuando hablamos de entidades forestales públicas hay que tomar en cuenta que el objetivo fundamental es brindar a los ciudadanos servicios con los más altos estándares de calidad. Cuando hablamos de entidades privadas estamos hablando no solo de generación de excedentes sino sobre todo de creación de valor para todo el sistema. Cuando hablamos de organizaciones indígenas estamos hablando tanto de la orientación al ejercicio pleno de los derechos humanos como generar propuestas viables para lograr que los servicios ecosistémicos de los bosques constituyan oportunidades reales para que los hombres y mujeres de las comunidades tengan oportunidades para el desarrollo de una vida plena. El diseño de un sistema de gestión del conocimiento forestal no puede descuidar esta trama de objetivos al que hay que contribuir efectivamente.

Existe la necesidad que pasemos de una mirada de recurso a una mirada de gestión territorial. Contribuimos con conocimientos especializados a nivel de los recursos biofísicos y su manejo o conservación pero debemos estar conscientes que en la actualidad este enfoque es insuficiente. No es gratuito que haya tomado fuerza el enfoque sistémico (que incluye al enfoque ecosistémico) y conceptos como gestión de cuencas, ecología de paisajes, gestión integral de los recursos hídricos, ordenamiento territorial, ordenamiento forestal hayan ido tomando fuerza pero todavía con la necesaria contundencia para que sean enfoques y prácticas institucionalizadas. Forman parte de los retos que debemos asumir.

La gestión del conocimiento puede estar orientada a la generación de opciones técnicas, tecnológicas, de gestión de recursos, gestión de personas o la generación de propuestas de políticas públicas. Es importante contribuir al fortalecimiento institucional y la gobernanza forestal para que se institucionalicen las buenas prácticas y se genere un proceso virtuoso de mejoramiento continuo. Para ello es importante la promoción del espíritu creativo e innovador que signifique un catalizador de múltiples alternativas para la diversidad del sector forestal. En este marco es importante la generación de marcos conceptuales, la gestión de las lecciones aprendidas, el reconocimiento de las buenas prácticas, favorecer el pensamiento lateral, el pensamiento divergente, los equipos interdisciplinarios de alto rendimiento, entre otros aspectos.

Un factor clave para promover la gestión del conocimiento es cambiar el paradigma que los conocimientos solo se adquieren en espacios y medios formalizados y que son procesos temporales. Por supuesto que los estudios formales realizados en centros, institutos, universidades; así como congresos, seminarios, talleres y toda suerte de eventos académicos son muy importantes y necesarios. Sin embargo, la gestión del conocimiento no solo se reducen a los producidos o compartidos en estos espacios formales sino que incluye a los espacios informales y no formales. Con ello se incrementa exponencialmente el espectro de fuentes de conocimientos. Tampoco se reducen a afirmaciones y certezas, el conocimiento también procede de las incertidumbres, las dudas, las preguntas, los vacíos. Todo este conjunto de elementos constituyen una gran motivación para que el cerebro se ponga a trabajar contribuyendo por tanto a la experiencia de aprendizaje.

En la historia forestal en el país tenemos ejemplos de espacios informales orientados a la generación de una cultura organizacional para el aprendizaje. Es el caso de la Escuela Rural Agraria de la Federación Agraria Departamental de Madre de Dios (FADEMAD) y del Centro de Estudios Interculturales para la Sostenibilidad de la Confederación de Nacionalidades Amazónicas del Perú (CONAP). Ambas experiencias no se vinculan a infraestructura sino a un concepto de incorporar en las organizaciones la práctica de la reflexión, el análisis, la generación de propuestas.

La gestión del conocimiento requiere tanto de un compromiso individual como colectivo. Son las personas y sus conocimientos el principal activo de una organización pública o privada (inclusive formal o informal) y se requiere que las personas sean los principales promotores y practicantes activos de la gestión del conocimiento. No obstante, esto no es suficiente cuando no existe una estructura institucional que favorezca una cultura de aprendizaje permanente. Frecuentemente se escucha decir de personas que trabajan en el sector forestal que el ritmo de trabajo que les exige su centro laboral no les da tiempo para escribir o incluso reflexionar sobre sus prácticas. Habría que caer en cuenta que los profesionales y técnicos de las organizaciones públicas y privadas realizan trabajos de campo, conversan con la gente del campo, asisten a reuniones, desarrollan y facilitan reuniones, conversan con colegas en espacios formales e informales, acceden a información especializada, elaboran informes técnicos, entre la diversidad de actividades propias del centro laboral.

Necesitamos ser mucho más creativos en cuanto se refiere a las metodologías y modalidades producción (afloramiento, construcción conjunta) de conocimientos. Las modernas tecnologías de información y comunicación constituyen una valiosa herramienta al respecto, sin embargo, hay que ser muy agudos en la identificación de la pertinencia para cada uno de los contextos socioculturales de las organizaciones. Podemos generar herramientas específicas para la generación del conocimiento (fichas de capitalización de conocimientos por ejemplo) que pueden trabajarse de manera física o articulada a plataformas informáticas. Independientemente de la forma en la que registremos los conocimientos adquiridos es importante tomar en cuenta la viabilidad de su procesamiento y divulgación. De lo contrario podemos atiborrarnos de información que no deviene en conocimiento y mucho menos en sabiduría. De ahí la importancia que el diseño de procesos de gestión del conocimiento sean producto de una construcción participativa y de un diálogo intercultural fecundo.

Un problema frecuente es cuando nos vamos a los extremos y creemos que una dimensión es más importante que la otra. Por ejemplo cuando pretendemos que el conocimiento occidental es superior al conocimiento tradicional (o viceversa) o que la práctica es más importante que la teoría (o viceversa). Estos procesos no deben verse como polarizados sino más bien como complementarios y que se enriquecen mutuamente. De ahí la necesidad de un enfoque integral, sistémico, integral e integrador. Tan importante puede ser una conferencia magistral en un espacio formal como una conversación con un campesino o campesina. De ahí se vislumbra que no todo se reduce al trabajo en oficina o en gabinete sino la necesidad de acercarse más al campo, al bosque, a la gente, como oportunidades invalorables para contribuir a la gestión del conocimiento.

Es indudable que todas las personas tienen conocimientos y valiosas experiencias. Ello contribuye al desarrollo profesional y personal. Una organización forestal puede ufanarse de contar con valiosos talentos humanos pero como individualidades y tener capacidad de asumir los retos institucionales. El problema está, cuando no existe o existe débilmente, una estructura que permita capitalizar e institucionalizar los conocimientos y las experiencias de las individualidades. Esto lo hace muy vulnerable, especialmente en estos tiempos en los que existe alta movilidad de profesionales. De ahí la importancia de desarrollar un sistema que permita que la gestión del conocimiento se encuentre institucionalizada.

Si bien es cierto las y los profesionales forestales se inscriben en un espacio institucional determinado que cuenta con su propia visión, misión y objetivos estratégicos, la gestión de conocimiento no se circunscribe a este espacio. Cualquier institución forma parte de sistemas mayores sea que estemos hablando de niveles de gobierno, redes, consorcios, asociaciones u otras manifestaciones que pueden ser de carácter relacional, temático, programático, sectorial entre otros sistemas. Así mismo las instituciones u organizaciones interactúan con clientes, usuarios, socios, donantes, reguladores, entre otros, lo que da cuenta de los complejos tejidos sociales. Tenemos que tener presente que una entidad forestal incide sobre una diversidad de instituciones forestales y no forestales y a la vez es incidido por cada uno de ellas. Si se enfoca a la gestión del conocimiento al aprovechamiento de toda la energía cultural que se dan en esta red de relaciones, entonces la generación del conocimiento, su procesamiento, y su socialización se inscriben en este gran sistema sociocultural. Dicho de otra manera, es la cotidianeidad del ejercicio forestal como la cotidianeidad de la vida que son fuentes permanentes para la gestión del conocimiento.

Es importante que la gestión del conocimiento forestal cuente con personas especializadas en su promoción, implementación, seguimiento y acompañamiento así como recursos económicos. No obstante no habría que condicionar necesariamente a la existencia de recursos económicos para su implementación. Si asumimos el presente enfoque diversificado de la gestión del conocimiento podemos empezar trabajando a partir de la propia energía cultural. Ello no exime la necesaria inversión interna en la gestión del conocimiento.

Resumiendo, la gestión del conocimiento forestal no es solo para hacer a las personas y las organizaciones más competitivas y efectivas en el cumplimiento de sus objetivos institucionales. La gestión del conocimiento forestal debe contribuir decididamente a la construcción de sociedades más democráticas, más transparentes, más justas y equitativas, más sostenibles. Resulta por tanto un imperativo de una buena gestión pública o privada. Los retos que nos impone la globalización, el desarrollo sostenible de nuestras sociedades exige que los forestales despleguemos lo mejor de nuestras facultades, capacidades y potencialidades.

*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal. Su correo es: [email protected]

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Comentarios

La gestión del conocimiento forestal científico está sustentado en sólidas capacidades creativas, de investigación, de interpretación y de análisis objetivo de la interacción de los recursos naturales renovables y no renovables en el ambito de una cuenca hidrográfica.

La "mirada de gestión territorial" y bla, bla,¿y si se lo escribiría en una Nueva Constitución? Teorizantes, realicen la práctica histórica.

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