Bolivia: Bose Yacu, la última heroína Pacahuara

Por Wilson García Mérida*

Ella no supo explicar los motivos por los que no procreó hijos. Pero estudiosos de las culturas indígenas, como el antropólogo Juergen Riester, tienen una explicación para este tipo de casos.

12 de abril, 2011.- Durante las expediciones realizadas por el padre Francisco Xavier Negrete entre 1795 y 1800 buscando “infieles” Pacahuaras para concentrarlos en las misiones evangelizadoras de entonces, fueron varios los “traslados” de grupos que aceptaron seguir al buen fraile que ofrecía bautizarles y vestirles

, labor en que Negrete se decepcionó porque los indígenas “reducidos” volvían a la selva para desnudarse nuevamente en vista de que el Dios cristiano del “carayana” ponía mucho sufrimiento y humillaciones en el camino hacia la felicidad prometida.

En el ir y venir recurrente de los sacerdotes evangelizadores (primero los jesuitas con violencia y los franciscanos luego con más compasión), a los indígenas bautizados se les cambiaba el nombre, contra su voluntad, y así surgieron los“Pedro José”, “Miguel Ángel”, o las “María del Pilar” y “Micaela”, suplantando la identidad de los Yami, Yari, Bona, Buca y Coya, o de las Toy, Guani, Rami, Huani, Bahí y Busi (que hoy se castellanizó como Bose).

Foto: Carlos Arce Delgado.  

Bose Yacu fue fotografiada por primera vez en 1980 (arriba). El Deber la encontró 24 años después (abajo), viviendo en una miserable aldea con su esposo y otros 9 pacahuaras. La indígena no quiso tener descendencia. Hoy deambula con su reducida familia sobre las orillas del río Negro, en Pando, intentando volver al territorio originario de sus ancestros de donde fueron obligados a huir ante la persecución de madereros y siringueros furtivos que los exterminaban.

Los Pacahuara son una de las pocas etnias amazónicas que logró conservar, además de sus ritos y atuendos ancestrales, sus nombres originales, que habitualmente les sirven también como apellidos.

Bose fotografiada en 1973 recién “trasladada” a Puerto Tujuré.

Y aquí la tenemos a Bose Yacu. Siempre sonriendo como manda su religión estoica, Bose Yacu fue “avistada” entre septiembre y octubre del año 2009 en la zona del río Negro, provincia Federico Román, Pando, junto a su esposo-primo Buca Yacu (los Pacahuara son una tribu nómada que todavía practica la endogamia), cuando ambos se contactaron con la Central Indígena de Pueblos Amazónicos de Pando (Cipoap) reclamando su territorio ancestral en esa zona.

Cinco años atrás, en agosto del 2004, periodistas del diario El Deber de Santa Cruz la habían encontrado en la reservación Chacobo-Pacahuara en el Alto Ivón, Beni (cerca a Riberalta) a donde en la década de los setenta, durante el gobierno militar de Banzer, habían sido “relocalizados” por obra de una misión evangélica norteamericana, en similar tentativa a la de los curas católicos en los siglos XVIII y XIX.

Fue la segunda vez que El Deber había fotografiado a tan hermosa mujer originaria después de 24 años. La primera fue en 1980.

“Bose Yacu es la última Pacahuara que conserva rasgos de su cultura original. Ella es hija de la única familia que sobrevivió a la masacre ocasionada por siringueros, a orillas del Río Negro (Pando), a mediados del siglo pasado”, decía aquella excelente crónica de El Deber.

Bose utiliza los dedos de las manos para contar que, cuando emigraron al Beni, eran nueve los miembros de su familia. El Deber contó once miembros en el 2004.

Bose en el 2009, cuando retornó al territorio de sus ancestros.

Es la única Pacahuara que mantiene la nariz perforada, por donde atraviesa una tacuara pequeña que lleva dentro una pluma roja de tucán y se sigue cortando el pelo tal como lo hacían sus antepasados (con cerquillo). “Ella y su marido no tienen descendencia, habitan una rústica choza y crían a Shinu, una mona, además de cuatro perros visiblemente desnutridos y enfermos”, reveló la crónica.

La Pacahuara no supo explicar los motivos por los que no procreó hijos. Pero los estudiosos de las culturas indígenas tienen una interpretación a este tipo de casos.

El antropólogo Juergen Riester, que estudió a los guarasugwe (otra etnia en extinción), sostiene que “los indígenas, en momentos de desesperanzas, dejan de reproducirse por voluntad propia”.

“Es una etnia en franca extinción, su futuro está en riesgo. No pueden reproducirse porque son muy pocos”, advirtió por su parte el antropólogo Wigberto Rivero y explicó que para que un grupo originario garantice su reproducción normal, requiere tener como mínimo 150 habitantes; y no es el caso.

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* Wilson García Mérida es periodista y director de Datos & Análisis. Reside en Cochabamba, Bolivia.

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Fuente: Datos & Análisis. Separata de Periodismo Investigativo, N° 2. Periódico Sol de Pando. Tomado del portal informativo educabolivia: hEttp://200.87.140.5/educabolivia/index.php?option=com_content&view=article&id=3038:pacahuara&catid=7:actualidad-y-estudios&Itemid=41

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