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América Latina: Capitales chinos y brasileños compiten por financiar proyectos energéticos

Capital chino en Perú. Minera Shougang.

Servindi, 3 de febrero, 2011.- La mayor presencia de capitales chinos y brasileños en el sector energético de América Latina alienta el aprovechamiento energético de los ríos de la región como Perú, Ecuador y Nicaragua. Sin embargo, también genera severos cuestionamientos debido a los impactos sociales y ambientales de sus proyectos.

Perú

En el territorio nacional, Brasil concentró sus inversiones en hidrocarburos, obras de infraestructura de transportes e hidroeléctricas en zonas cercanas a la frontera común, mientras que China se volcó al sector minero.

Según la politóloga Cynthia Sanborn, ambos capitales cumplieron un papel importante en el crecimiento económico de Perú y redujeron su dependencia respecto a Estados Unidos, que aún no supera la crisis que estalló en 2008.

Las empresas brasileñas actúan en diversos sectores de la economía peruana, pero no es visible la resistencia a estas inversiones de parte de la sociedad civil, a excepción del caso de las hidroeléctricas, refiere Sanborn, experta estadounidense que dirige el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.

Los cincos complejos hidroeléctricos que se construirán en la amazonía de Perú están “planificados en función de los intereses brasileños”, señaló el director de la organización ProNaturaleza, Alfredo Novoa, al portal Tierramérica.

Esos proyectos son cuestionados porque el país cuenta con generación suficiente para su consumo eléctrico actual y puede atender su demanda futura por el potencial de la cordillera de los Andes y los vientos costeros. Ello no conlleva daños ambientales y sociales como sí los ocasionan las represas en la selva amazónica.

Como Perú no necesita nuevas fuentes de la amazonía, mientras que Brasil sí, es evidente a quién le sirven los proyectos, arguyó Novoa.  Las represas y líneas de transmisión a construir implican la deforestación de 1,5 millones de hectáreas amazónicas, estimó el ingeniero peruano José Serra en un estudio para ProNaturaleza.

Se condena también la financiación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), que condiciona la importación de equipos e insumos brasileños para la ejecución de las obras.

Brasil usa este mecanismo para incrementar las exportaciones de gran valor agregado, además del cobro de intereses y las ganancias de sus empresas, que serán socias o constructoras de las centrales.

El acuerdo energético entre ambos países, firmado en junio de 2010, para la construcción de cinco hidroeléctricas en la selva peruana, evidencia una negociación asimétrica puesto que establece la venta a Brasil de la energía excedente durante 30 años.

Las inversiones chinas tampoco son bien recibidas luego de que Shougang Hierro, que explota minas en Perú desde 1992, provocó gran contaminación por derrames de aceites y lubricantes y fue acusada de violar leyes laborales. A la vez, otras dos empresas chinas generaron conflictos, con muertos y heridos.

Ecuador y Nicaragua

A diferencia del caso anterior, en Ecuador el tema hidroeléctrico es manejado por las empresas chinas, que están a cargo de las tres mayores obras de ese sector. Esta supremacía es posible gracias al financiamiento del Exim Bank (banco de comercio exterior) de China.

Esta entidad, que cubre casi todos los costos, hizo viable esas centrales cuando Ecuador contaba con un limitado acceso al crédito debido a la revisión de la deuda pública que promovió el gobierno, a partir de 2007, y que llevó a no pagar casi 4 mil millones de dólares.

Aunque Brasil financia obras mediante su estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) sus inversiones fueron afectadas desde 2008, cuando el gobierno de Rafael Correa expulsó a Odebrecht, acusándola de fallas en la construcción de la hidroeléctrica San Francisco y reclamándole reparaciones por 210 millones de dólares.

En Nicaragua las represas hidroeléctricas están en manos de firmas brasileñas, favorecidas por el hecho de que el país centroamericano no tiene relaciones con China, y sí con Taiwán. En el país centroamericano, uno de los proyectos hidroeléctricos más cuestionados fue Brito, otorgado en 2007 a la constructora Andrade Gutiérrez.

Esta obra desató polémicas y críticas de ambientalistas, porque represará las aguas del río San Juan para invertir su curso natural hacia el mar Caribe y hacerlo desaguar en el océano Pacífico. Tendrá capacidad para generar 250 megavatios, a un costo inicial de 600 millones de dólares.

En casa del gigante económico

Aunque resulte irónico, en Brasil, las inversiones chinas crecieron abruptamente en los dos últimos años, en varios sectores. En energía, se destinaron a la compra de empresas de transmisión y distribución de electricidad, además de otras con participación en yacimientos de petróleo.

Adriano Pires, consultor en energía y director del Centro Brasileño de Infraestructura explicó al portal Tierramérica, que son dos tipos de inversiones. Uno es para adquirir reservas de recursos naturales no renovables a fin de atender la demanda en China. En tanto, el otro tipo de inversión busca generar empleos para sus nacionales en el exterior y exportar equipos.

China es uno de los pocos países que desarrolla tecnología para ejecutar grandes obras de infraestructura, pero difícilmente penetrará en ese sector en Brasil, como hizo en África y Ecuador debido a las competitivas constructoras brasileñas. Aunque sí participa en el auge de los complejos hidroeléctricos y termoeléctricos, vendiendo turbinas y equipos a precios bajos.

Las inversiones chinas parecen “tímidas”, porque muchas no aparecen en las estadísticas, como las que compraron el control accionario de empresas importantes, advirtió el presidente de la Sociedad Brasileña de Estudios de Empresas Transnacionales, Luis Alfonso Lima. Tal es el caso de la montadora sueca de vehículos Volvo.

No obstante, su orientación no parece priorizar la energía eléctrica en Brasil. Con casi tres billones de dólares en reservas internacionales, China trata de transferir sus inversiones en títulos del Tesoro estadounidense a otros activos.

Fuente: Ecoportal

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