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La resiliencia de los izhora en Rusia

Dmitrii Harakka-Zaitsev junto a su familia. Foto: Dmitrii Ermakov

Hace un siglo, la población izhora alcanzaba unas 30.000 personas, pero la represión durante el estalinismo y las guerras llenaron de tragedia la historia de esta comunidad nórdica. En la actualidad, aún existen unas 30 aldeas izhoras a dos horas de San Petersburgo con una población menor a los 1.000 habitantes. Si bien el desarrollo industrial intensivo es una nueva amenaza para su supervivencia, los izhoras se mantienen fuertes gracias a la conservación de sus tradiciones ancestrales, la música folklórica y la defensa de sus territorios.

La fuerza de un pueblo no depende de su número: La resiliencia de los izhora en Rusia

Por Dmitrii Harakka-Zaisev*

Debates Indìgenas, 12 de junio, 2022.- Tenía 3 años cuando, por primera vez en mi vida, escuché nombrar al pueblo Izhora (Ingrianos en español, Ingeroist en lengua Izhora). Caminando por la aldea en dirección al mar, tras haber salido de nuestra casa familiar, mi abuela dijo: “¿Sabías que tenemos nombres y decimos palabras que no están en ruso?”. Y comenzó a contarme sobre los apellidos locales y palabras en idioma ingriano: hirvi (alce), säkki (bolso), harakka (urraca).

Nombró los pueblos y me explicó que tenían nombres rusos, pero que en nuestra lengua los llamábamos de manera diferente. “¿Sabés por qué? –preguntó retóricamente–. Porque no somos rusos, somos izhora”. Aquel fue el punto de partida en mi proceso de autoidentificación: descubrir mis raíces, los valores y las formas de vida izhora, y entender cuál es nuestro territorio y nuestras tierras ancestrales.
 

Grupo de baile Soikkolaiset de la comunidad Izhora. Foto: N. Makhanyova

Una cultura única a través de los siglos

Los Izhora son un pueblo oriundo de Ingria: un territorio que se extiende desde el lago Ladoga (al este) hasta el río Narva y la costa sur del golfo de Finlandia (al oeste). La segunda ciudad más grande de Rusia, la famosa San Petersburgo, se fundó alrededor de 300 años atrás en tierras habitadas por el pueblo indígena Izhora. En la actualidad, aún subsisten cerca de 30 aldeas izhoras –donde conviven con rusos, votios y finlandeses ingrianos– y se encuentran en el límite entre Rusia y Estonia, a dos horas en auto al oeste de San Petersburgo. Hoy, el corazón del territorio izhora se halla en la península Soikinsky y en sus áreas adyacentes.

El territorio izhora siempre fue un centro de importantes procesos políticos, intercambios culturales y rutas comerciales: desde tiempos ancestrales han interactuado no solo con sus pares ugrofineses (votios, finlandeses, estonios y finlandeses ingrianos), sino también con eslavos, suecos y baltos. Afamados marineros y pescadores, los izhora de áreas costeras han participado del intercambio internacional de mercancías y comparten su conocimiento intercultural. Sus intercambios comerciales y sus conocimientos del mundo se evidencian en el uso centenario de conchas de cauri, originarias del Océano Índico, que son parte de la decoración de la vestimenta tradicional de las mujeres izhora.

A pesar de haber participado en las relaciones interculturales y de haber estado relativamente cerca de grandes ciudades, los izhora han logrado preservar su cultura a través de los siglos.

Los izhora suelen ser llamados “el pueblo más cantor del mundo”: más de 125.000 poemas y canciones rúnicas tradicionales de distintos géneros fueron grabadas por los investigadores. Este canto tradicional único sobrevive hasta ahora. A pesar de haber participado en las relaciones interculturales y de haber estado relativamente cerca de grandes ciudades, incluida San Petersburgo, los izhora han logrado preservar su cultura a través de los siglos, una condición que ha llamado la atención de etnógrafos.

Las primeras investigaciones las llevaron a cabo Fyodor Tumansky y Peter Simon Pállas en el siglo XVIII, cuando el territorio izhora formaba parte del vasto Imperio Ruso. En la actualidad, los izhora y su legado siguen cautivando el interés de folcloristas, etnógrafos, lingüistas y antropólogos. Investigadores estonios, rusos y finlandeses son atraídos por las características únicas de nuestra cultura: vestimenta nacional, artesanías, arquitectura rural, técnicas agrícolas, economía tradicional, creencias espirituales, ceremonias, valores y cosmovisión.
 

La legendaria cantante izhora Kadoi Alexandrova con su marido y hijos en la década de 1930. Foto: Familia Alexadnrov

De la represión estalinista a la integración

La población izhora nunca fue muy numerosa. Según cálculos modernos, a principios de la década de 1930, rondaban entre 27.000 y 30.000 personas. Hoy, son menos de mil. A comienzos de 1932, muchos fueron desalojados de sus tierras y de sus propiedades, y desplazados de manera forzada como consecuencia de la política soviética de colectivización.

En 1937, mientras la Unión Soviética se preparaba para entrar en guerra con Finlandia, las autoridades soviéticas caían en la paranoia contra los extranjeros. En consecuencia, muchos izhora fueron víctimas del régimen de represión estalinista: sufrieron arrestos en masa, desplazamientos forzados y ejecuciones. Todo esto por su cercanía cultural con los finlandeses. Los documentos oficiales se refieren a la necesidad de “limpiar las fronteras de población relacionada con la finlandesa”. Esos individuos fueron declarados “enemigos públicos” y los sobrevivientes sufrieron numerosas restricciones, como la prohibición de acceso a la educación superior.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los izhora fueron desplazados del territorio ocupado por las tropas alemanas y se reubicaron en Finlandia. Luego de que el país nórdico firmara el armisticio con la Unión Soviética en 1944, numerosos izhora volvieron, pero fueron reubicados de manera forzada en las regiones centrales del país, lejos de sus hogares y bajo la prohibición de regresar a sus pueblos nativos. La rehabilitación política de estos “enemigos públicos” y sus familias comenzó en 1953 tras la muerte de Stalin. En este contexto, los izhora comenzaron a regresar a sus tierras ancestrales, aunque no todos pudieron hacerlo.

A pesar del miedo, el contexto de trauma intergeneracional, la prohibición y los riesgos, la cultura izhora sobrevivió. Esta es una de las fortalezas de este pueblo.

Estas trágicas páginas de la historia de los izhora fueron uno de los motores de la asimilación cultural. Por miedo a ser reprimidos, este pueblo dejó de transmitir su conocimiento, su idioma y su legado a sus hijos e hijas. A pesar del miedo, el contexto de trauma intergeneracional, la prohibición y los riesgos, la cultura izhora sobrevivió. Esta es una de las fortalezas de este pueblo.

El resurgimiento de su cultura comenzó en 1993, cuando se inauguró el Museo Izhora en la península Soikinsky. La gente local y quienes entendieron la importancia de preservar el legado cultural del pueblo montaron la colección del museo. Los organizadores consideraban que el museo serviría para preservar su rica historia e identidad. En 1995, el grupo folklórico Sojkulan Laulut comenzó a recolectar, preservar y crear conciencia sobre la música tradicional del pueblo.
 

Fundado en 1993, el museo Izhora realiza actividades para preservar sus tradiciones y cultura. Foto: Museo Izhora

Nuevos tiempos, nuevos desafíos

En 2005, con el propósito de proteger el hábitat, la economía, el idioma y la cultura tradicional, el pueblo Izhora creó su propia y única entidad legal: la comunidad indígena Izhora “Shojkula”. La creación de una comunidad reconocida formalmente fue una respuesta a los desafíos de ese entonces. Luego de sobrevivir a la represión política y a las guerras, los izhora se enfrentan a la amenaza de perder sus tierras ancestrales, sus recursos y hábitat tradicionales. Esto los llevaría de manera inevitable a la pérdida de la identidad izhora como un pueblo en sí mismo.

El pueblo Izhora no quiere convertirse en una pieza de museo ni ser tratado como un pueblo extinto. Si bien el daño ya ha sido causado en las últimas décadas, nuestra supervivencia continúa siendo amenazada en la actualidad por el desarrollo industrial intensivo en nuestras costas y nuestros territorios.

Actualmente, las terminales portuarias y las peligrosas industrias asociadas ocupan parte significativa de los territorios indígenas, la mayoría de los bosques y pantanos han dejado de existir, y se ha perdido una gran porción de acceso al mar. La irreversible destrucción de la naturaleza y el ambiente tradicional, la imposibilidad de utilizar sitios naturales tradicionales, la destrucción del sistema hídrico, el daño directo a los sitios sagrados, el daño moral y la angustia mental amenazan la posibilidad de que sigan viviendo en su territorio tradicional.
 

Niños izhora en las fiestas juninas. Foto: Dmitrii Harakka-Zaitsev.

Los izhora resisten

Pero la comunidad se niega a rendirse: une a las familias izhora, promueve valores culturales, apoya eventos tradicionales, asiste en la búsqueda de parientes dispersos por el mundo y, acompaña la continuidad intergeneracional del código cultural. Con este objetivo, se organizan exhibiciones de arte, talleres, festivales de cine, seminarios e interpretaciones de grupos folclóricos que muestran el legado cultural y la vida moderna de los izhora y los pueblos ugrofineses.

En la última década, la comunidad Shojkula comenzó a participar en el proceso global relativo a los derechos de los pueblos indígenas y la comunicación intercultural. Es parte activa del movimiento de cooperación cultural de los pueblos ugrofineses y samoyed, que genera conciencia internacional sobre el pueblo Izhora y su lucha, difundiendo información y educación en varios niveles.

Los números no miden la grandeza de un pueblo. No es necesario que sea numeroso para mantenerse fuerte y sostener la fortaleza de su espíritu. La fuerza está en conocer nuestras raíces y mantener el vigor de las tradiciones ancestrales.

Una de las prioridades de la comunidad es apoyar las iniciativas enfocadas en la construcción de ambientes socioculturales sostenibles. En 2019, el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, se implementaron tres iniciativas locales que actualmente se están profundizando: un concurso etnográfico llamado “Secretos del Museo Votio” sobre las lenguas izhora y votia; el mapa de las aldeas izhoras y votos con topónimos indígenas, y el proyecto Makkuin assija (negocio apetitoso), que apunta a la exploración y popularización de la gastronomía y sistemas alimentarios izhora.

Como se sabe, los números no miden la grandeza de un pueblo. No es necesario que sea numeroso para mantenerse fuerte y sostener la fortaleza de su espíritu. La fuerza está en conocer nuestras raíces, en tener confianza y mantener el vigor de las tradiciones ancestrales. El crecimiento de la identidad cultural propia de los izhora, la preservación de los lazos familiares, la cooperación sustentable de los mayores, las instituciones académicas y culturales, y el intercambio de experiencias con otros pueblos indígenas nos da la confianza de que el pueblo Izhora vivirá hasta el fin del mundo.

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* Dmitrii Harakka-Zaitsev es activista ugrofinés, abogado y experto en derecho indígena. Es el presidente del consejo de la Comunidad Indígena Izhora Shojkula y presidente del Comité Consultivo de los Pueblos Ugrofineses.

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Fuente: Publicado por el portal Debates Indígenas, como parte de su boletín mensual correspondiente al mes de junio dedicado al tema: Pueblos Indígenas en Riesgo de Extinción: https://debatesindigenas.org/notas/167-la-fuerza-de-un-pueblo.html
 
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Comentarios

Un gobierno debe preservar a sus hijos ciudadanos que se desarrollan en sus espacios, conservan sus tradiciones y costum bres. Eso es un buen gobierno para todos. dra. bertha de peru

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