Autodeterminación, conservación y Tarimat Pujut en la Nación Wampis

Nación Wampis. Foto: Levi Panquiez Nación Wampis. Foto: Levi Panquiez

A pesar de los avances en el plano internacional, el ambientalismo y el Estado peruano no terminan de reconocer el papel que juegan los pueblos indígenas en la protección de la biodiversidad amazónica. Para las comunidades, el hombre y la naturaleza forman un todo y, por lo tanto, aprovechan las bondades de los bosques, al mismo tiempo que se imponen límites a su extracción. El Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis busca implementar un sistema integral de control territorial basado en las enseñanzas tradicionales, el monitoreo constante, la justicia indígena y los “bionegocios sostenibles”.

Por Shapiom Noningo y Frederica Barclay*

Debates Indígenas, 10 de setiembre, 2023.- En su informe ante la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2016, la entonces Relatora Especial de ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, se mostró medianamente optimista ante el Programa de Acción de Durban de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) propuesto en 2003. La especialista leía un cambio de paradigma en la conservación ambientalista a partir del reconocimiento de actuar en conformidad con los derechos de los pueblos indígenas, pueblos móviles y comunidades locales. “Aún falta mucho para alcanzar esas tres metas del Plan de Acción de Durban”, concluía Tauli-Corpuz.

En los últimos años hemos sido testigos de algunos cambios positivos en el movimiento ambientalista internacional frente a la demanda de los pueblos indígenas amazónicos respecto del derecho a la titularidad de sus territorios. A eso ha contribuido el nuevo enfoque de las propias instituciones ambientalistas: la protección indígena de los bosques y selvas, que conservan una gran parte de la biodiversidad de la Amazonía, es una de las claves para el futuro de la humanidad. Pero entonces, ¿qué falta?

El pueblo Wampis, ubicado en la Amazonía peruana, tiene una existencia de más de 7.000 años y posee un apego simbiótico a la naturaleza. Foto: Candy Sotomayor

Un sistema cultural que respeta la reproducción de la vida

Una pieza clave para que el ambientalismo asuma este nuevo enfoque de respeto a los derechos indígenas es el reconocimiento a la libre determinación. Esto supone que tanto el ambientalismo como la institucionalidad ambiental de los Estados reconozcan, en un primer lugar, la titularidad indígena sobre sus territorios. Otro aspecto fundamental es la necesidad de comprender la distancia que existe entre el enfoque paisajista clásico y la intervención de la naturaleza propuestos por el conservacionismo, en contraposición al sistema cultural de los pueblos indígenas.

Originalmente, el enfoque paisajista del ambientalismo proponía vedar el acceso de los pobladores locales a sus recursos naturales a tal punto de promover su expulsión con el objetivo de promover el turismo para el disfrute y la diversión. Por su parte, el enfoque de intervención de la naturaleza es una perspectiva más tecnocrática, economicista y hasta mercantilista que, a partir del objetivo de la conservación, categoriza los espacios y les asigna las categorías de uso o no uso.

En el sistema cultural indígena tanto la sociedad como la naturaleza son parte de un todo integral y actúan en el marco de reglas de relacionamiento y de mutua dependencia.

En cambio, la lógica de la “conservación” indígena es un sistema cultural que rechaza la separación entre la sociedad humana y la naturaleza, dando lugar a una interdependencia mutua. Desde esta cosmovisión, es un error que el hombre se perciba como algo ajeno a la naturaleza y la explote intensivamente desde una visión de superioridad. En el sistema cultural indígena tanto la sociedad como la naturaleza son parte de un todo integral y actúan en el marco de reglas de relacionamiento y de mutua dependencia. De ahí que la Nación Wampís habla de “bondades de la naturaleza” para referirse a lo que afuera se denomina “recursos naturales”.

Uno de los principios del Tarimat Pujut (buen vivir o vida plena, en idioma wampís) reconoce la “agotabilidad” en el tiempo de los bienes de la naturaleza, por lo que su cultura prescribe prácticas que respeten y cuiden a la naturaleza. De ahí que los niños y jóvenes hayan crecido aprendiendo de sus familias sobre el aprovechamiento de esas bondades y, al mismo tiempo, acerca de los límites que hay que imponerse en su aprovechamiento.

Las prácticas de respeto y de cuidado de la naturaleza se transmiten de generación en generación. Foto: Jacob Balzani

El control territorial de la Nación Wampís

Allí donde el Estado, los misioneros o los procesos socioeconómicos han concentrado a las poblaciones indígenas en asentamientos permanentes se tiende a producir un rápido deterioro de los recursos locales, principalmente de la fauna. El cambio cultural promovido por las escuelas conduce al agotamiento localizado y rápido de ciertos recursos. En el abanico de opciones de “desarrollo” no figura la continuidad de las prácticas culturales que hacen frente a las necesidades de manera sostenible. Por esa razón, el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampís (GTANW) ve la necesidad de reformar la currícula educativa, crear oportunidades de “bionegocios sostenibles” y pensar nuevos instrumentos para la protección del territorio.

El consumismo y los modelos externos ejercen presión sobre las bondades de la naturaleza, y se suman a las amenazas a la seguridad de los territorios. Por ello, en el marco de la autonomía y el derecho a la autodeterminación, el GTANW plantea implementar un sistema integral de control territorial basado en las enseñanzas tradicionales, el establecimiento de pactos por la naturaleza a perpetuidad y el uso de herramientas modernas. Entre éstas, cabe mencionar el monitoreo constante del estado de los bosques, de los cuerpos de agua y de la fauna con el objetivo de reforzar acuerdos y prevenir daños a medida que el mercado pone en valor recursos que corren el riesgo de ser agotados a través de su explotación intensiva e irracional.

La zonificación wampis reconoce seis categorías, desde las más restringidas en sus usos y protegidas culturalmente hasta distintas zonas de aprovechamiento.

La otra herramienta promovida por el GTANW es la zonificación cultural y dinámica del territorio, mediante categorías construidas a partir de valoraciones, percepciones, necesidades y conocimientos locales. La zonificación wampís reconoce seis categorías, desde las más restringidas en sus usos y protegidas culturalmente hasta distintas zonas de aprovechamiento. Aún está pendiente que esta zonificación macro sea trabajada a nivel de espacios comunales, entendiendo siempre que el territorio es un patrimonio común heredado de los antepasados. Naturalmente, los pactos internos para la protección del ambiente y la aplicación de la zonificación requieren del fortalecimiento del sistema de justicia indígena.

Con base en este sistema de control territorial, el GTANW viene impulsando la formación y articulación de monitores ambientales que reportan a las autoridades wampís y a las comunales, lo cual requiere una prevención temprana. El caso más reciente es el de mineros dedicados a la extracción de oro que se habían hecho presentes cerca del Cerro Histórico Paish Nain, en territorio de la comunidad Boca Ayambis, cuenca del río Kanús. La intervención del GTANW logró que los mineros ilegales abandonaran el lugar de manera pacífica. En otras ocasiones, al amparo del derecho al territorio, la zonificación y las normas nacionales, se coordinó la intervención de autoridades nacionales para desarrollar operativos conjuntos, sea contra la minería aluvial o contra la tala ilegal.

Autoridades del GTANW dialogan con la población sobre el desalojo de mineros ilegales en Boca Ayambis. Foto: Nación Wampis

Desencuentros con el ambientalismo en el territorio wampis

Gracias a este sistema cultural, la Nación Wampis ha cuidado durante siglos la cordillera Kampankias, una zona crítica para su territorio ancestral en la medida que allí se originan muchos de los afluentes que nutren las cuencas de los ríos Kanús (Santiago) y Kankaim (Morona). En efecto, la cordillera articula en muchos sentidos estas dos cuencas que componen el territorio wampis. De este modo, además de ser un área vital para la reproducción de los animales, para los wampís es un lugar de fortalecimiento espiritual con alto valor cultural.

Atendiendo al carácter complejo de la formación geológica de Kampankias y a la importancia de su conservación, en enero de 1999 autoridades ambientales del Estado peruano establecieron unilateralmente la denominada Zona Reservada Santiago Comainas. A los funcionarios no les importó que mediante esta decisión arbitraria se dividía en dos al territorio wampís. No sorprende que, desde entonces, los wampís hayan considerado a esta área protegida y a la pretendida creación de una reserva comunal como un intento de expropiación territorial.

El conflicto refleja el enfoque de la institucionalidad ambiental peruana que, como un soberano absolutista, señala en un mapa dónde deben crearse las áreas protegidas.

El decreto original que estableció la zona reservada abarcaba un área sustancialmente más grande que la actual e, incluso, se superponía a los títulos de decenas de comunidades de los pueblos Wampís y Awajún. Tras las fuertes protestas que ponían en riesgo la paz social (que finalmente se quebró en 2009 con el Baguazo), el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SERNANP) redimensionó la zona reservada, pero no su intención de expropiar Kampankias. Desde entonces han habido diversos momentos de crisis cada vez que el SERNANP pretendía avanzar con estudios para su categorización.

El conflicto refleja el enfoque de la institucionalidad ambiental peruana que, como un soberano absolutista, señala en un mapa dónde deben crearse las áreas protegidas. Pero resulta que el área que pretende categorizar ha sido territorio wampís por más de 7.000 años. Así, mientras el “nuevo paradigma ambientalista” de Durban señalaba que las áreas de conservación debían tomar en cuenta a los pueblos indígenas, el Estado peruano desconocía tanto a los derechos indígenas como a los compromisos adquiridos a través del Convenio 169 y la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

A la fecha, el Estado peruano continúa sosteniendo que no importa cuánto reclamen los pueblos originarios como sujetos de derecho. Para el Estado solo existen las comunidades a las que les ha entregado un título de propiedad, desconociendo la realidad de pueblos y sus territorios.

El Estado peruano desconoce los derechos indígenas y los compromisos asumidos a través de instrumentos internacionales. Foto: Pablo Lasansky / IWGIA

Conclusiones

En el Perú, lo más cerca que está el ambientalismo del nuevo paradigma de Durban y que llama a la participación de los pobladores originarios en la gestión de las áreas protegidas es el establecimiento de reservas comunales. Su administración tiene un régimen especial que consiste en la suscripción de contratos con el Estado en el que intervienen las comunidades aledañas. El establecimiento de reservas comunales supone que una parte del territorio ancestral pasa a ser registrada como área protegida del Estado peruano. A cambio del control estatal sobre esta porción de las tierras indígenas, las comunidades obtienen el “derecho de participación”, lo que constituye un blanqueo de una expropiación territorial.

Actualmente, existe una docena de reservas comunales en territorios indígenas de la Amazonía. En un inicio, estos contratos se firmaron para preservar áreas que el Estado se negaba a titular como comunidades indígenas. Sin embargo, en 1997, la Ley de Áreas Naturales Protegidas N° 26834 integró las reservas comunales al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) y en 2001 les otorgó el régimen especial. Más tarde, a pesar de que las reservas comunales no excluyen la superposición con los lotes petroleros, las organizaciones y comunidades aceptaron el nuevo régimen porque era la única alternativa a proyectos extractivos.

Queda siempre la expectativa de que el Estado peruano termine por reconocer a los pueblos indígenas y sus territorios, al mismo tiempo que las autoridades ambientales comprendan que se puede conservar zonas críticas a base de otros acuerdos.

En el caso de la Zona Reservada Santiago Comainas, la institución ambiental tiene planeado establecer una reserva comunal sobre la Cordillera Kampankias. Si bien durante el breve gobierno transitorio de Francisco Sagasti (2020-2021), el GTANW logró que el entonces Ministro de Ambiente Gabriel Quijandría se comprometiera a una moratoria en las acciones destinadas a su categorización, a partir de agosto del 2021 todo regresó a su cauce normal. Así, el Estado desconoció los argumentos y derechos de la Nación Wampís, y mostró desinterés por las acciones llevadas a cabo por el GTANW para proteger su territorio.

Queda siempre la expectativa de que el Estado peruano termine por reconocer, más pronto que tarde, a los pueblos indígenas y sus territorios, al mismo tiempo que las autoridades ambientales comprendan que se puede conservar zonas críticas a base de otros acuerdos y pactos de colaboración. Por su parte, en el Protocolo de relacionamiento, concertación y diálogo de mutuo respeto de la Nación Wampís con el Estado peruano, el GTANW ha ofrecido rutas de diálogo para la construcción de propuestas concertadas.

---
* Shapiom Noningo es secretario técnico del GTANW. Frederica Barclay es antropóloga, historiadora e integrante del Centro de Políticas Públicas y Derechos Humanos - Perú Equidad.

----
Fuente: Publicado por el portal Debates Indígenas como parte de su boletín de setiembre 2023 con el tema especial: Ambientalismo y Territorios Indígenas: https://debatesindigenas.org/notas/245-autodeterminacion-conservacion-tarimat-pujut-nacion-wampis.html

 

Escucha nuestro podcast


AÑADE UN COMENTARIO
CAPTCHA
This question is for testing whether or not you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.