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La gestión de los problemas para la sostenibilidad

Fuente de la imagen: Energías renovables en México

Para superar visiones localistas es importante que los problemas abordados se inscriban en una visión de gestión territorial sostenible. De esta manera se superarían visiones y prácticas transaccionales y da pie para la irrupción de intereses personales político o económico que distorsionan las legítimas propuestas o protestas de actores locales. La gestión de problemas es fundamental para avanzar en la gobernanza territorial sostenible. No es un tema menor.

Por Rodrigo Arce Rojas*

27 de marzo, 2019.- Desde la gestión (management) se plantea la importancia de trabajar por visiones, por objetivos antes que en los problemas. Se alude que los problemas te paralizan y no te ayudan a desplegar energías positivas. Se menciona además que los problemas tienen una carga negativa. Dejemos que la gestión haga las cosas como creen que mejor les funciona. Queremos hablar de problemas desde la perspectiva del enfoque sistémico. Nos interesa especialmente trabajar con problemas de frontera que son aquellos que no pueden abordarse desde una única perspectiva disciplinaria o sector de la administración.

Lo primero que habría que precisar es qué entendemos por un problema. Un problema puede ser conceptualizado como la distancia que hay entre una situación deseada y la situación actual. Esta brecha aparece como una situación indeseable o anómala que es necesaria revertir para alcanzar la situación ideal.  Los problemas pueden clasificarse de diferentes maneras. Así, pueden ser simples, complicados o complejos; locales, regionales, nacionales o globales; reales o aparentes; explícitos o implícitos; latentes o manifiestos; invisibles o emergentes, trascendentes o intranscendentes; coyunturales o estructurales; esporádicos o permanentes; continuos o discontinuos; entre otras muchas formas de clasificarlos. También pueden ser clasificados según tengan dimensión económica, social, cultural, ambiental, institucional, legal,  entre otras dimensiones.

Para que una situación sea considerada como problema tiene que ser reconocido al menos por uno de los actores y tiene que hacerse explícito. Ello da la posibilidad que existan situaciones que no son reconocidas como anómalas por los actores y por lo tanto no se sientan o se perciban como problemas. Por ejemplo, familias que conviven con economías ilegales en un medio permisivo y consideran que la situación es “normal” Pero esto se da aún en los grupos de poder que consideran que los cargos públicos son para beneficios privados y lo consideran “normal”. Como tal, no sienten ningún remordimiento por ello porque “es lo que todo el mundo lo hace”.

En el presente artículo queremos hablar de problemas relevantes que independientemente de su dimensión y escala tienen repercusión nacional. Esto significa hablar de problemas que tienen que ver con la gobernanza nacional. Estamos hablando, por ejemplo, del cambio climático, la deforestación, la tala ilegal, la pérdida de biodiversidad, la pobreza, la corrupción, entre otros.

Para abordar un problema es necesario identificarlo como sistema. Ahora bien, un sistema siempre está dentro de otro sistema por lo que es necesario delimitar bien de qué sistema estamos hablando y cuál es el entorno (todo aquello que está fuera del sistema). No obstante, hay que reconocer que los sistemas son abiertos por lo que siempre habrá interacciones bidireccionales entre el sistema y el entorno.

Los enfoques lineales de causa y efecto no necesariamente hacen justicia a la interpretación de la realidad

Los enfoques lineales de causa y efecto no necesariamente hacen justicia a la interpretación de la realidad por cuanto producen forzamientos lógicos que obligan a mantenerse en un campo temático de análisis y producen aislamientos que terminan por desconocer la riqueza de la trama de las interacciones. La lógica de causa y efecto nos puede llevar a soluciones autorreferentes o a soluciones tautológicas. Desde esta perspectiva la mirada no es unidimensional sino multidimensional.

Mirar los problemas de manera no lineal significa reconocer las tramas. Las interrelaciones nos permitirán reconocer los problemas centrales que son aquellos nodos donde hay una densa red de conexiones. Bajo estas condiciones lo que se busca es reconocer los atractores que en buena cuenta son los que explican los factores estratégicos.

Además, es importante reconocer en qué escala, en qué dimensión y temporalidad nos ubicamos en el sistema pues ello define la forma en la que estamos entendiendo un problema. Por ejemplo, una institución pública puede abordar el problema desde la perspectiva de sus funciones y competencias y ello le impediría tener una visión más completa y estructural. También puede ser que una demanda local por legítima que sea tenga un impacto negativo en poblaciones circundantes o la sociedad en general.  Por estas razones la transformación de conflictos aborda las dimensiones personales, sociales, culturales y estructurales. La resolución de conflictos tiene más bien una visión más coyuntural orientada a resolver la crisis.

De ahí la absoluta necesidad que el abordaje de los problemas se aborde desde una perspectiva de interrelaciones. Esto es compatible con una mirada de sistemas complejos adaptativos conformado por un conjunto diverso y heterogéneo de múltiples elementos que se encuentran en interacción, son interdependientes, son interdefinibles y tienen enlaces de diferentes grados de intensidad. El entendimiento de esta perspectiva sistémica es fundamental para trabajar decididamente en la articulación gubernamental. Lo mismo es válido para la articulación a nivel social. Ello favorecería el diálogo intercultural como condición necesaria para fortalecer la gobernanza. Todo ello nos lleva a la necesidad de abordar los problemas en una perspectiva de gestión territorial sostenible.

En una mirada de gestión territorial sostenible existe la posibilidad que el abordaje de un problema no se quede en la superficie o en la escala localista. Se podría incluso llegar a discutir y poner sobre la mesa los marcos epistemológicos, modelos civilizatorios o modelos de desarrollo. La idea no es quedarse únicamente en cambios superficiales, temporales o insostenibles. Es en este marco que se entiende mejor la necesidad de la generación de una infraestructura para la paz que incluye generación de condiciones objetivas y subjetivas para eliminar los factores de desigualdad e injusticia.

También es importante definir quién es el que está haciendo la delimitación de problema porque no necesariamente todos los actores (Estado, empresa, comunidades) tienen igual interpretación sobre el problema. Un problema puede ser definido a partir de la cultura, de la cosmovisión, de las creencias o paradigmas, sentidos o significados de cada uno de los actores involucrados. Esta situación nos lleva a la necesidad de identificar participativamente cuál es el problema.  Esta es la oportunidad de convenir el marco de significados y sentidos con el que vamos a abordar el problema. Para superar visiones localistas es importante que los problemas abordados se inscriban en una visión de gestión territorial sostenible. De esta manera se superarían visiones y prácticas transaccionales y da pie para la irrupción de intereses personales político o económico que distorsionan las legítimas propuestas o protestas de actores locales.

Se concluye que la gestión de problemas es fundamental para avanzar en la gobernanza territorial sostenible. No es un tema menor.

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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: [email protected]

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