Hugo Blanco, nos espera en el camino

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“estamos seguros de que sentiremos siempre su vitalidad, y seremos consecuentes como lo fue el Tayta, siguiendo sus pasos hasta la victoria”.

Hugo Blanco, nos espera en el camino

Por José Luis Aliaga Pereira* 

«— ¿En dónde está Juan Pariona, sirena
      del rio? 
Dicen que está de pie sobre las rocas,
     sirena del mar.
— ¡No está de pie ni su sombra existe!, sirena
     del lago.
— En el santuario de las cumbres, no estará de rodillas, ¿sirena del rio?
— Solo las columnas sagradas de piedra
    sin llorar a nadie están sirena del mar.
— En cernícalo o en gavilán convertidos, no estarán dando vueltas en el cielo, 
    ¿sirena del lago?

— El gavilán y el cernícalo vuelan en silencio sin responder a nadie,
    vuelan, sirena, paloma mía.
— Entonces corre a escarbar la tierra del cementerio, sirena de la cascada.
— Si, padre, si, hermano, en la tierra mudo, bajó el invencible peso de una cruz, Juan Pariona, Juancito Pariona, está, sirena del mar.

— Rompes, pues entonces, ¡hombres, mozos, hombres! Es el peso invencible de una cruz, sirena del mar.
— Hay, hay, ¡Juan Pariona!
    sin pies, sin manos, sin ojos, sin brazos, sirena mía ¡Huaaaay! (...)»

De este modo, en el himno de la k' chula recordaban a los mozos fallecidos durante el año, les rendían homenaje y los hacían participar de la fiesta.

Fuente: extraído de la obra "Todas las Sangres", de José María Arguedas. Página 49, Editorial Horizonte. 

Eso es verdad, en cada rincón de la lucha por la justicia una persona estará allí, sonriente, enseñando lo de siempre: defender su territorio.

Celendín lo ha visto caminar por sus calles, caminos y lagunas; quizás algunos se cruzaron con él y solo se fijaron porque llevaba chullo y calzaba llanques; pero, los que conocen de la política peruana jamás se sorprendieron del andar de aquel hombre que fue sentenciado a muerte por querer liberar la tierra de los explotadores y que llegó a pisar suelo celendino.

Marle Livaque Tacilla, uno de los más consecuentes líderes de la defensa de nuestras cabeceras de cuenca, nos cuenta cómo lo conoció en las lagunas de Conga: cargaba una pesada mochila; se acercó para aligerar el paso de aquel viejo —pensó —, tratando de ayudarle. Con una sonrisa le dijo que aún tenía las fuerzas necesarias para llevarla. Después, en otro momento y lugar, igual, con la misma mochila y el mismo peso, más cercano ya al líder cusqueño, éste aceptó su ayuda y pudo comprobar que, a su edad, cargaba más de 20 kilos sobre su espalda, como un mozuelo de 20 abriles. Livaque sudó la gota gorda todo el camino. Sucedió en la marcha del agua, casi para llegar a Lima dónde lo vio nadar, tranquilamente, con rapidez y estilo envidiables, en una piscina. Desde ese momento creció su amistad y admiración cada día. Las veces que Hugo Blanco llegaba a tierra celendina iba directamente a casa del profesor y rondero celendino.

Muchas anécdotas se pueden contar de este hombre de corazón grande y valiente. Relataré una. Un día, en plena lucha, repartió, entre los soldados que habían militarizado Celendín, un mensaje escrito que fotocopió para esta tarea y que describía claramente lo que debe defender un soldado que sirve a su Patria: su territorio. Los oficiales, al darse cuenta de este hecho, prohibieron que los militares de bajo rango salieran a pasear por las calles en sus días libres porque eran en esos momentos en los que recibían esta carta.

José Luis Aliaga Pereira con el legendario luchador social Hugo Blanco Galdós, ícono de las luchas campesinas, indígenas y ambientales del Perú.

En Celendín hasta ahora vive la Escuela que se creó con su nombre y en honor a su historia, la Escuela de lideres y lideresas "Hugo Blanco", que este próximo agosto cumplirá otra jornada más de lucha. Hugo Blanco Galdós nos acompañó a varias de sus versiones que se desarrollaron en la Casa de Promotores de la provincia y en la que, también, tuvimos la suerte que presentara su libro "Nosotros los indios", ante rondero, campesinos y profesores, sin pompas de ninguna clase.

Conocí a Hugo Blanco en la ciudad de Lima, cuando era más joven y se presentaba en las pantallas de televisión chacchando la sagrada hoja de coca. Fue Senador y Diputado. Después, para suerte mía y de los muchos que amamos nuestra tierra, estuvimos con él en la marcha del agua, defendiendo las cabeceras de cuenca. Ahora como nos dice Arguedas en su obra "Todas las Sangres", estamos seguros de que sentiremos siempre su vitalidad, y seremos consecuentes como lo fue el Tayta, siguiendo sus pasos hasta la victoria.

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* José Luis Aliaga Pereira es comunicador y escritor cajamarquino. Es autor del libro “Grama Arisca, cuentos, relatos y anécdotas” y el cuento largo “El milagroso Taita Ishico”. Próximamente publicará "El cazador de viudas frescas y otros cuentos".

SOBRE EL COLUMNISTA
José Luis Aliaga Pereira

Nació en 1959 en Sucre, provincia de Celendin, región Cajamarca, y escribe con el seudónimo literario Palujo. Tiene publicados un libro de cuentos titulado «Grama Arisca» y «El milagroso Taita Ishico» (cuento largo). Fue coautor con Olindo Aliaga, un historiador sucreño de Celendín, del vocero Karuacushma. También es uno de los editores de las revistas Fuscán y Resistencia Celendina. Prepara su segundo libro titulado: «Amagos de amor y de lucha».



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