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La Ley Blanca de Hidrocarburos. Una historia colonial del oro negro

Foto: Mario Zúñiga

Para quienes sufren los impactos de hidrocarburos, el proyecto de ley a punto de aprobarse, contradice lo que el mundo de las comunidades y el mundo en general requiere para seguir existiendo como mundo o como diversidad de mundos ambientalmente equilibrados y sanos en interacción, un tema contemporáneo y futurista que estas empresas coloniales nunca podrán discutir sensatamente.

La Ley Blanca de Hidrocarburos. Una historia colonial del oro negro (1) conocida

 

Siempre escucho que mi raza es la mala
Que no nos merecemos nada
Y que no reclamemos nada
Somos en quienes se sustenta la riqueza
El poder y ostentación
De esta sicópata nobleza

Evelyn Cornejo, Juan Ayala. La chusma Inconsciente.

“pero los dinosaurios van a desaparecer”
Charly García

 

Por Mario Zúñiga Lossio

26 de junio, 2019.- Desde hace varios meses, gremios extractivos prehistóricos (2) han hecho evidente su apoyo a la Ley de hidrocarburos. Un apoyo acompañado además con ataques a las comunidades nativas amazónicas desde una lectura prejuiciosa, colonial y, además, desde una ética del medio ambiente un tanto contradictoria, interesada y ciega adrede con la praxis de contaminación que estas empresas tienen comúnmente y a la cual dejan pasar sin crítica.

La ley que apoyan y promueven (y que tal vez hasta medio escribieron) con ahínco y pasión está en contra de todo lo que supone la promoción mínimamente sensata de una industria extractiva. Creo que no es sorpresa. Las expresiones de la élite extractiva en Perú, parecen seguir la herencia de quienes se encuentran en una especie de etapa “gamonal” en la industria de hidrocarburos y en cualquier tipo de industria extractiva, apostando por reducir estándares ambientales, judicializando medidas administrativas que los hacen responsables de infracciones ambientales retardando remediaciones y atención de salud, contaminando a diestra y siniestra sin valorizar adecuadamente daños y perjuicios contra la salud y el medio ambiente, apostando por relaciones comunitarias con rostro multicultural, pero al mismo tiempo impulsando divisiones económicas en los pueblos indígenas; finalmente, todas, con unas ansias locas porque la represión violenta sea la que pongan orden en comunidades donde ellos hacen destrozos con sus medios de vida y sus territorios.

Es fácil identificar la genética colonial y discriminadora en estas empresas.

Primero, para ellas, la consulta previa no existe en un proyecto de Ley Nacional y por lo tanto no merece la pena ni siquiera mencionarla u opinar al respecto, a pesar que es de conocimiento público el pedido de consulta legislativa de la ley por parte de AIDESEP; a pesar que desde el inicio de la propuesta el PUINAMUDT (3) presentó sus observaciones (registrado por el congreso) a la ley en el marco de procesos participativos pidiendo incluir la consulta; a pesar que es evidente la afectación de la ley a los derechos colectivos.

Pero de lo que sí dan opinión y generalizan es sobre daños al oleoducto y sobre los reclamos justos de las poblaciones indígenas, las cuales son clasificadas, desde una suerte de racismo ambiental, como poblaciones interesadas por dinero, extorsionadoras o contaminadoras de su propio territorio para apropiarse de ganancias que deberían ser solo de quienes hacen negocio del desastre ambiental. Sin embargo, es clarísimo, que estas comunidades no van a recibir las ganancias de la industria, y los beneficios que alcancen serán parciales y sumamente limitados, en cambio, lo que sí es seguro, después de la desposesión y destrucción de sus activos ambientales y sociales, las comunidades van a cargar con los inmensos costos de todo el impacto histórico y futuro de los daños en sus cuerpos, culturas y territorios por causa de las extractivas.

Esta mirada chata de las comunidades, muy salvaje y prehistórica de parte de las empresas, parece ser la que se encuentra sellando los labios del gremio con respecto a la consulta. (Los peores -sí, puede haber peores- opinan que la ley es un obstáculo).   

Segundo. Para muchas de estas empresas y para algunos de los voceros del gremio, las políticas, normativas e institucionalidad ambiental del MINAM, son un despropósito. Por eso, no es difícil ver en la Ley la reducción de las competencias ambientales y presentar una propuesta caduca en la que el ente promotor Perupetro, quien vende los hidrocarburos y quiere que se invada la amazonía y la mar de petróleo, apruebe ampliaciones de tiempo para seguir contaminando, esto cuando no cuenta con las competencias, capacidades, ni la rigurosidad con que se debe tratar el cuidado del medio ambiente en un mundo a punto de partirse en dos gracias a nuestra dependencia del recurso. El objetivo de seguir debilitando competencias ambientales, es una visión que nadie en este mundo de la OCDE, de las empresas sostenibles y circulares y de la tendencia mundial, en los gobiernos, por cuidar el ambiente, piensa y comparte. Pero a estas empresas de las cavernas, no les importa, ellas usarán congresistas cavernícolas para imponer su mundo salvaje.

Con respecto al fracking dentro de la ley ni qué decir. Esta técnica extractiva discutible a nivel mundial cuya peligrosidad está documentada en infinidad de literatura científica, seguramente nunca sería debatida con sociedad civil en foros abiertos, científicos, donde se pueda llegar a conclusiones concretas sobre su factibilidad o no. Este miedo y visión altiva de la verdad sin razón dialogada, es prueba de la matriz colonial del medioevo que acompaña a estas empresas cuyas visiones metafísicas se sostienen en una fe ciega y fanática en sus propios intereses.

Finalmente, la característica de su genética colonial y discriminadora se termina por consolidar con una visión fascista y racista con respecto al orden social que plantea la ley. Para ellos hablar de orden social en zonas de interés nacional del recurso hidrocarburífero, se traduce en intervenciones policiacas y militares violentas para constreñir sádicamente a todos, y con ello obligar a adoptar las creencias ideológicas que profesan sobre el beneficio de los hidrocarburos.

Y esta ideología es discutible. Las apreciaciones de los beneficios económicos de hidrocarburos en cuestión de canon y sobrecanon, no se pueden negar. Hay dinero y se da dinero a las regiones y a los distritos, y muy de vez en cuando, por obra y gracia del espíritu burocrático, este dinero llega a alguna comunidad la cual tiene que recurrir a protestas y reclamos para que el embudo gotee una miseria en sus comunidades. Pero la discusión no debería terminar en el aspecto económico (hoy una verdad de perogrullo). En ese sentido, cuando contemplamos algunos lugares donde ha existido hidrocarburos durante más de medio siglo (Lote 192 por ejemplo), se hace claro que medir beneficios de hidrocarburos solo en términos económicos es un asunto de cálculos infantiles. De hecho, en la actualidad, en el Lote 192, solo se está atendiendo 32 sitios impactados por parte del estado, ello de un universo de 1199 sitios y, solo para 31 de ellos los costos de remediación van hasta los 500 millones de soles (uno de los sitios tal vez cueste hasta 400 millones, lo que haría un total de 900 millones). La lentitud con que avanza la atención de los miles de sitios, y las remediaciones en el Perú (con institucionalidades enredadas y sin presupuesto), no coincide con la rapidez que pide el gremio para que se den más permisos y se amplíe la vida de las empresas en los Lotes (incluso las que tienen procesos en curso como dice esta ley colonial). De ese modo, tenemos que, en estos lugares impactados, donde habita ancestralmente población indígena, los daños ambientales, sociales, espirituales causados por antiguas y nuevas prácticas extractivas, inconmensurables en algunos casos y en otros totalmente medibles, ponen en duda concreta y objetiva esta ideología del beneficio extractivo.

Pero este último tema, seguramente, nunca será discutido ni medido por las empresas. Ellas, desde su visión “blanca” (4) de hidrocarburos (nombre que incluso le pusieron a un libro), consideran que ya hay mucha normativa ambiental, mucha institucionalidad y fiscalización y mucha protesta social de gente salvaje y sin cultura, y meter más variables a su fe seguramente haría tambalear su religión petrolera. Por eso, para estas empresas, la Ley propuesta es moderna. Sin embargo, para quienes sufren los impactos de hidrocarburos, el proyecto de ley a punto de aprobarse, contradice lo que el mundo de las comunidades y el mundo en general requiere para seguir existiendo como mundo o como diversidad de mundos ambientalmente equilibrados y sanos en interacción, un tema contemporáneo y futurista que estas empresas coloniales nunca podrán discutir sensatamente.

Notas:


(1) Gracias Aymara Leo Cepeda por la alternativa de título.

(2) Cuando hablemos de Prehistoria y cavernícolas pensemos en la canción de Charly García, sobre los dinosaurios, más que en alguna época histórica en específico. Gracias Kathia Carrillo por la apreciación. Gracias Flica por hacerme notar otros puntos.

(3) Pueblos Indígenas Amazónicos Unidos por la Defensa del Territorio. Plataforma de cuatro federaciones (FEDIQUEP, FECONACOR, OPIKAFPE, ACODECOSPAT).

(4) Cuando hago referencia a “blanca”, a la matriz colonial discriminadora que parte de una visión de superioridad basada en ideas sin sustento científico e histórico y en prácticas impositivas justificadas solamente por el poder económico y político que un grupo social tiene en cierto momento de la historia y que le da un derecho y privilegio irracional para someter y subyugar a otros grupos.

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