Ecoficción: Política forestal para la vida y la ecopoética

El asunto no está en qué medida hacemos que los bosques sean más productivos y rentables sino en cómo planteamos nuestra convivencia como cohabitantes de la tierra.

Por Rodrigo Arce Rojas

26 de enero, 2024.- El Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) está en proceso de recojo de opiniones de los actores involucrados (no alcanza para ser denominado un proceso de consulta) sobre una propuesta de Política Nacional Forestal y de Fauna Silvestre al 2030.

En el documento, de 588 páginas, aparece como el problema público: “Pérdida de capacidad de los ecosistemas forestales, otros ecosistemas de vegetación silvestre y de la fauna silvestre para proveer bienes y servicios a la población”. Mencionan además como causas:

a) Limitadas condiciones para el aprovechamiento sostenible de los ecosistemas forestales, otros ecosistemas de vegetación silvestre y de la fauna silvestre,

b) Baja productividad de los ecosistemas forestales, otros ecosistemas de vegetación silvestre y de la fauna silvestre, y

c) Débil gobernanza forestal y de fauna silvestre (se entiende para las limitadas condiciones para el aprovechamiento sostenible y superar la baja productividad de los ecosistemas).

Me gustaría contribuir al proceso desde el ángulo de la filosofía y la complejidad por lo que me atreveré a un proceso de reflexión crítico y autocrítico más allá de los convencionales acercamientos de los(as) involucrados(as). Casi como un ecopoeta.

Empezamos. La formulación de un problema público, que parte de un diagnóstico, siempre está inscrito en un marco epistémico (cómo hemos llegado al conocimiento que tenemos), un marco ontológico (cómo nos relacionamos con los bosques) y un marco paradigmático de desarrollo (de qué desarrollo estamos hablando). A su vez esos marcos tienen como subyacentes marcos políticos y económicos. Quiere decir que el problema público no es neutro.

De la lectura del problema público y las causas podemos afirmar que se inscribe en una perspectiva antropocéntrica, utilitarista y de causalidad lineal. Esto es lo que caracteriza a nuestra institucionalidad forestal en tanto herederas de la tradición del pensamiento hegemónico caracterizado por ser racionalista, mecanicista y determinista.

Las tres causas se pueden condensar en cómo usamos mejor los bosques para satisfacer nuestras necesidades de crecimiento económico e incluso le podríamos poner el pomposo apellido de desarrollo sostenible. Para la mayoría esta es la única fórmula existente y no hay ninguna otra posibilidad. O demostramos que como sector somos importantes para la economía y el desarrollo o si no, no existimos. Además se pone como fundamento central de pensamiento y de acción forestal.

Con el carácter indomable de la filosofía y con la indisciplina que te da la complejidad vamos a plantear una perspectiva alternativa, para muchos tal vez fantasiosa, nada práctica e incluso inútil. Para otros simple literatura, pero que no conduce a nada. Por eso hemos titulado esta nota como ecoficción en clave ecopoética.

Primero tendríamos que reconocer que no hay tal distinción entre naturaleza y sociedad/cultura, como tampoco las líneas divisorias entre lo orgánico y lo inorgánico, lo biótico y lo abiótico, e incluso entre la vida y la no vida. No hay una división entre lo humano y lo “no humano” porque nosotros mismos somos la prueba viviente que somos holobiontes, somos ecosistemas caminantes y que nuestra humanidad está impregnada de vegetalidad e incluso de mineralidad.

No hay pues tal división entre bosques y cultura, menos recursos naturales o capital natural, estas dos últimas categorías son invención de la economía que necesita que todo se traduzca en su lenguaje para auto demostrarse que existe y que es absolutamente importante, cuando no la medida de todas las cosas. Primero la economía, después la economía y luego la economía.

Los procesos de colonización no se reducen a procesos políticos, geográficos, económicos o culturales sobre pueblos sino también se colonizan territorios, saberes, cuerpos, la naturaleza

Tampoco es cierto que la naturaleza (los bosques) constituyen una canasta de recursos naturales que están ahí para satisfacer nuestras necesidades económicas. Somos nosotros los que nos hemos creado la fantasía que todo el bosque es una mercancía. Si se rastrea en la historia económica, que está asociada a la historia de la política, podemos encontrar lo que se ha dado a llamar la colonización de la naturaleza que a su vez lleva a su mercantilización. Los procesos de colonización no se reducen a procesos políticos, geográficos, económicos o culturales sobre pueblos sino también se colonizan territorios, saberes, cuerpos, la naturaleza. Se puede entender entonces cuál es el marco con el que se ha generado la propuesta de Política Forestal.

Por ello, se requiere hacer un giro ontológico de los bosques para la economía a los bosques para la vida y no solo humana. Para superar la disyunción entre lo humano y lo no humano los autores han propuesto otras categorías tales como “más que humanos” o “el otro-que humano” con inclusión o no del ser humano en la categoría comprensiva. Y es que, otra vez, no hay tal distinción entre bosques y cultura (por lo que mejor hablaríamos de sociobosques o de sistemas socioecológicos), o también podríamos hablar de biocultura para reconocer el tejido imbricado de la vida.

Con el conocimiento científico actual podemos reconocer muchos aspectos apasionantes de la vida que se han desarrollado a lo largo de la historia, pero que ahora recogen genialmente filósofos como Carlos Maldonado, Emmanuele Coccia o Michael Marder cuyas ideas vamos a seguir. Primero que la vida es una sola, es decir hay un sistema de vida a los que todos pertenecemos, estas vidas no están aisladas, sino que todas las vidas, incluyendo lo que hasta ahora hemos llamado no vida, están interrelacionados en continuidades.

todos somos interespecie, tomos somos un intersomos, interexistimos. Somos cuerpos en permanente estado de transformación.

Por ello cada uno de nosotros tiene no solo su edad cronológica sino que tiene la edad de todos sus antecesores homininos y homínidos, la edad de la vida, la edad de la tierra, la edad del cosmos. Así es que cada una de nuestras vidas tiene su dosis extraterrestre. Somo uno con el cosmos. Es por ello que todos formamos parte de la trama de la vida entrelazada con aquello que llamamos materia, pero que en la práctica hay entreveros entre la vida y la materia. Este es el fundamento de Gaia o de Pachamama. No es que haya entidades individuales o escindidas todos somos interespecie, tomos somos un intersomos, interexistimos. Somos cuerpos en permanente estado de transformación. Vida y muerte forman parte de un solo sistema y el sacrificio de vidas permiten que florezcan otras vidas que a su vez serán vidas prestadas en tanto la vida fluye en nuevas identidades temporales. Como decía el poeta: “Hoy soy, mañana seré semilla, luego planta, luego oruga, luego pájaro y luego volveré a ser planta”.

La inteligencia, la conciencia son consustanciales a la vida, incluso a la técnica. No es que la técnica esté restringida al ser humano para transformar el medio, para domesticar plantas y animales o paisajes sino que luego son los paisajes los que han modelado al ser humano. El bosque no es un conjunto de bienes y servicios, tampoco recursos naturales o recursos forestales, el bosque es la vida misma con seres interrelacionados cada uno con intereses y capacidad de agencia.

No es que los seres vivos se adapten pasivamente al medio sino que son transformadores y creadores de vida. Son las plantas las que desde un inicio de la vida han generado condiciones para que la vida actual florezca. Hemos sido moldeados anatómicamente por los árboles, somos hijos de los bosques.

No es que las plantas sean seres vegetales, tontas, las plantas también tienen inteligencia, conciencia y sensibilidad, se entiende que en diversos grados según la escala humana. Simplemente estamos hablando de las diversas formas cómo ha evolucionado la vida y que existen diferentes manifestaciones de vida que pueden tener equivalencias, pero no necesariamente en comparación con la humana.

No basta preocuparse por los vertebrados o por los animales sintientes, ahora sabemos que la vida, que es neguentrópica, tiene diversas expresiones y que ni siquiera se requiere un sistema nervioso central para aprender, recordar, tomar decisiones, resolver problemas. De todo ello resulta claro por qué reducir los bosques a materias primas, recursos forestales, bienes o servicios, capital natural, resulta absolutamente insuficiente.

El problema por tanto no es qué medida los bosques nos son útiles para la economía o el llamado desarrollo sostenible (¿De quién?). Tampoco el problema es si tienen o no inteligencia las plantas, el problema de fondo es cómo nos relacionamos con los bosques. El asunto no está en qué medida hacemos que los bosques sean más productivos y rentables sino en cómo planteamos nuestra convivencia como cohabitantes de la tierra. El problema no es cómo desarrollamos nuestra competitividad si no cómo nos reconocemos como colaboradores, solidarios. Está bien pensar en el bienestar de las personas, pero no a costa del bienestar de los bosques, no sacrificando la felicidad de los bosques.

Con el pensamiento y acción hegemónicos del sistema capitalista neoliberal, aunque el proceso recorre toda la historia humana, hemos provocado que especies desaparezcan (mejor dicho exterminados), como también hemos creado otras manifestaciones de plantas y animales, hemos provocado pérdida de diversidad que es una garantía para la resiliencia y para la salud planetaria. La pandemia del COVID-19 ha sido una clara advertencia de qué pasa cuando alteramos, fragmentamos y degradamos los ecosistemas impunemente en nombre del desarrollo, incluso del desarrollo sostenible. Pero tal parece que no hemos aprendido la lección y volvemos a la carga, volvemos a querer tomar Constantinopla para someter a la vida infiel.

Hay un sector que considera que los bosques naturales son reemplazables por sistemas agroforestales simplificados o por plantaciones forestales que son más rentables que los bosques naturales. Estas son opciones legítimas solo para recuperar áreas que ya han sido previamente deforestadas, pero que de ninguna manera puede constituirse en una nueva forma de incentivo perverso para seguir destruyendo los bosques naturales.


Fig. 1: Estamos perdiendo la Amazonía. Fuente: Elaboración propia

¿Nos atrevemos a pensar en una Política Forestal para la vida?

Una política orientada al respeto a la vida de los bosques, que implique el aprovechamiento de los bosques naturales en pie, que las bondades y dones de los bosques sigan asegurando los ciclos biogeoquímicos (que incluyen los ciclos hidrológicos), que los valores culturales y espirituales fortalezcan nuestro sentido de cohabitación en la Tierra, que los productos forestales procedan de las plantaciones forestales en área previamente deforestadas (con límites y salvaguardas claros), que nuestra relación solidaria se base en la bioética forestal y ética biocultural, que la gobernanza sea para fortalecer la convivencialidad con los bosques. Para que fluya la ecopoética y la geoética.

Este es un texto de ecoficción, de las “maravillosas ideas inútiles que no sirven para nada”, pero que a su vez nos hacen más humanos, nos hacen más integrados a los bosques y a la Tierra. Pero confieso que yo mismo estoy confundido y no sé quiénes son los ficcionadores.

Referencias:

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- Maldonado, C. E. (2022). Biosemiótica y/como complejidad. Universidad El Bosque. Vicerrectoría de Investigaciones. ResearchGate

- Maldonado, C. E. (2023). La bioeconomía como un enfoque de complejidad y crítico de la función de producción. En  A. Rincón (Ed.). Bioeconomía: Miradas múltiples, reflexiones y retos para un país complejo: Un libro sobre economías diversas, y economías “otras” para la vida (pp. 51-64). Centro Editorial – Facultad de Ciencias Económicas. Universidad Nacional de Colombia

- Marder, M. (2013). Plant-Thinking: A Philosophy of Vegetal Life. Columbia University Press. 

- Marder, M. (2014). The philosopher’s plant: an intellectual herbarium. Columbia University Press.

Marder, M. (2014). For a Phytocentrism to Come. Environmental Philosophy, 1-16. doi: 10.5840/envirophil20145110. 

- Marder, M. (2016). Injertos. Escritos sobre las plantas. Editorial NEFOE.

- Marder, M. (2020). Dump Philosophy. A Phenomenology of Devastation. Bloomsbury Publishing

- Marder, M. (23 de agosto, 2021a). Teatro Hoy 2020: Diálogo Sin Fronteras Manuela Infante y Michael Marder. [Video]. YouTube 1 h, 19 min. Disponible en (25) Teatro Hoy 2020: Diálogo Sin Fronteras Manuela Infante y Michael Marder - YouTube

- Marder, M. (11 de noviembre, 2021b). El mundo vegetal (de plantas en cuanto fantasmas). Michael Marder en diálogo con Ana Carrasco-Conde. [Video] YouTube. 1 hora, 32 min. Son. Color. Disponible en https://www.youtube.com/live/RTqJ1PcYpAU?feature=share

SOBRE EL COLUMNISTA
Rodrigo Arce Rojas

Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: rarcerojas@yahoo.es



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