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Colombia: Vida en Katsa Su en la voz de una lideresa Awá: Claudia Pai

Por Fernanda Sánchez Jaramillo*

22 de marzo, 2022.- Claudia Pai es una lideresa del pueblo Inkal Awá, en Nariño (Colombia) que se ha destacado por su trabajo en favor de la comunidad y por mantener vivas la memoria, los saberes propios y la vida armónica con su Casa Grande, Katsa Su.

Katsa Su, Casa Grande y los Inkal Awá, gente de la selva o montaña, son uno. Desde el vientre reciben el mensaje sobre la necesidad de vivir en armonía con los demás seres vivos con quienes comparten su lugar de origen.

Este pueblo ancestral se encuentra en Ecuador y Colombia. Claudia pertenece al territorio ancestral de Chinguirito Mira del distrito de Tumaco (Nariño). Tiene 42 años y desde hace 17 comenzó a recorrer Katsa Su inspirada por sus abuelos y un tío, quienes participaron activamente en la defensa de la vida, sus derechos territoriales y la titularidad comunitaria de la tierra explotada por medio de monocultivos de palma de aceite y tala de arboles.

Su abuelo le enseñó a defender a la Madre tierra de personas foráneas y de cultivos, lícitos e ilícitos, que desarmonizan su existencia. De él aprendió que Katsa Su es vida y la entrañable conexión entre Katsa Su, Sakatmikawa Su – él creador Dios, los Inkal Awá y los demás seres: ríos, los árboles y las montañas, entre otros.

Vivir bonito, Wat Uzan, en su lengua Awapit, consiste en conservar la armonía llevando a cabo actividades propias para la subsistencia como la caza, la pesca, sembrar chiro, plátano, maíz, yuca consumiendo los alimentos propios y conviviendo en equilibrio con todo aquello que los rodea.

 

Ampara Su - Cuatro mundos

En Katsa Su habitan seres espirituales que son gente y coexisten en los cuatro mundos. En el primer mundo, abajo, están los seres pequeños como la hormiga o el armadillo; unos jóvenes Awá salieron de cacería y uno de ellos, Ulam, cavó tan hondo que cayó en el ish kum awaruzpa - primer mundo de los que comen humo o vapor.

“La hormiga, el armadillo y todos los animales pequeños, que están en ese Awaruzpa Su de abajo son personas; por eso, debe respetarse al cazar, no cazar mucho, sino lo que usted necesite, no talar árboles ni pescar por pescar porque toda la Madre Naturaleza le pertenece a Katsa Su y a los seres espirituales como el Astarón y la Ambarengua que protegen a los animales y las montañas vírgenes”, no hay que tocar los sitios sagrados sin permiso de la selva”, afirma Pai.

En el segundo mundo, Katsa Su es donde caminan los Awá y donde viven en armonía con los ríos, las plantas y las quebradas; el tercer mundo Inittuzpa Su, mundo de los muertos, es de los espíritus. Cuentan que una mujer Awá lloraba porque Ampu, su compañero se había muerto. Un águila le dijo: no llores que tu marido está vivo, cierra los ojos y vamos. La llevó al mundo de los muertos, donde vio a todos los seres que se habían ido. El águila le dijo que sus hijos estaban llorando y sufriendo porque no tenían a sus padres, así que cerró los ojos y de vuelta, estaba en el segundo mundo de los vivos. Finalmente, el cuarto mundo Sakatikawa Su, es el mundo del creador.

Los Inkal Awá piden permiso a la Madre naturaleza para adentrarse en la selva y especialmente en los sitios sagrados: sean peñas, ríos, quebradas, montañas o plantas. La piedra tiene vida y puede ojear a las personas, las quebradas y los ríos también son seres vivos. “Cuando nos acercamos a ellos por primera vez echamos saliva y pedimos permiso; cuando visitamos una montaña virgen, escupimos fuerte para no ser ojeados por las plantas, puesto que la saliva es una forma de pedir permiso y de conectarnos con todo lo viviente, incluidos los seres más pequeños para protegerlos”, explica Claudia.

 

Historias que transmiten “principios”

La oralidad es vital para este pueblo que procura mantener viva la memoria, la cultura y revitalizarla transmitiendo sus historias de generación en generación al pie del fogón, donde también se aconseja, y con los trabajos del tejido de higra, el canasto o la siembra de maíz, chiro y plátano. Muchos las denominan fábulas y mitos, pero para ellos son sucesos reales del pasado, son sus historias propias.

“Me contó él mayor Julio García que hubo una sequía bien dura y la gente estaba muriendo de hambre y sed. Entonces el creador envió a una persona a dar agua para que la comunidad no muriera de sed, pero esa persona no lo hizo. El creador pensaba: ¿Qué pasara por qué la gente sigue muriendo? Bajó y miró que el enviado no abría la boca; entonces, lo chuzó con una espina y al hacerlo salió el agua. Luego lo cogió por la nuca y al apretarlo por la cintura la convirtió en la conga: la hormiga culona, ese fue su castigo para que aprendiera a compartir el agua. Ahora uno mira a la hormiga conga sola y buscando agua”, recuerda Claudia.

Abuelos y abuelas han enseñado a sus hijos y nietos a conservar el Wat Uzan, vivir bonito, a vivir en equilibrio. Los relatos de los mayores y médicos tradicionales contienen principios y normas con base en las cuales viven, y aunque en su lengua materna no exista la palabra derechos: su existencia se funda en el respeto. “Para nosotros los Inkal Awá vivir bonito encierra todas las palabras que desde el castellano para nosotros tiene un significado: defensor, líder es la persona que tiene todos estos valores y principios del ser Inkal Awá”, agrega.

 

En resistencia

Los mayores y mayoras les han dicho que los árboles son gente, que el árbol Sangre de drago, habla y sangra, es medicinal y sirve para curar la gastritis. Les recuerdan la importancia del cuidado del cosmo-ambiente con quien tienen un vínculo fuerte.

Infortunadamente, el conflicto armado y la violencia las bombas, las minas antipersonales, la contaminación con crudo, los monocultivos, las fumigaciones, las masacres y el narcotráfico quebrantan la armonía de los espíritus como el Astarón o la Ambarengua y de los Inkal Awá.

“Desde 1492, dijo un mayor, no estamos solos. Llegaron la colonización, los genocidios, el exterminio físico, cultural y espiritual y se ha debilitado la gobernabilidad del lugar y la ambiental. Hay más de 300 acuerdos incumplidos por el gobierno nacional, departamental y municipal: sobre vías, puentes, mejoramientos de escuelas y colegios, salud y las necesidades básicas insatisfechas. La crisis humanitaria causada por el conflicto armado – a causa de la disputa de grupos ilegales- conlleva a más militarización por parte del gobierno, pero no se ven los resultados porque además los Inkal Awá están dispersos geográficamente en territorios selváticos, fluviales, binacional, humanamente (…). Todos los días asesinan, desplazan, amenazan, hay líneas invisibles de los grupos ilegales y ponen en evidente peligro o riesgo, pese que tenemos un marco jurídico que comprende varias providencias de la Corte Constitucional sentencia -025/08, Auto 004- 2009, Auto 174 y el Auto 620, que señalan que estamos en vía de exterminio físico, cultural y espiritual, continúa la crisis humanitaria en Tumaco, barbacoas, Ricaurte, Samaniego”, afirma Claudia.

A pesar de la crisis Claudia no se detiene. Su fortaleza espiritual la encuentra en la comunidad, su abuela, en las mujeres y las familias Awá que la motivan a seguir luchando en pro de la disminución, o erradicación, de las violencias basadas en género, la violencia contra su pueblo y en favor del fortalecimiento de las comunidades para sembrar vida.

Ella es enfermera y eso le ha permitido contribuir a la comunidad y revitalizar la parte intercultural de la medicina propia y lo institucional. Además, estudia Derecho propio intercultural en la Universidad Autónoma Indígena Intercultural (UAIN). En el año 2016 fue elegida Consejera Mujer y Familia de la Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa) donde trabajo siguiendo los principios del mandato, plan de vida y plan de acción que se construyó con las mujeres, todo revitalizado en asambleas y el congreso del pueblo Awá para brindar acompañamiento a las mujeres, niños y familias Awá, afectadas por la violencia basada en genero y el conflicto armado que las obligó a desplazarse.

En medio de esta crisis humanitaria la comunidad resiste con paciencia. Para sobrellevar esta difícil situación tejen el canasto de higra, redes y generan autoprotección entre los mayores, mujeres, hombres, la juventud y la niñez con trabajos comunitarios colectivos, la guardia indígena y la armonización de sus espíritus. Además, trabajan coordinadamente las diversas consejerías de la Unipa, los gobernadores, autoridades tradicionales, y los cabildos propios de cada territorio.

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*Fernanda Sánchez Jaramillo, periodista, magíster en relaciones internacionales y trabajadora comunitaria.

 

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