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¿Democracia o autoritarismo? La disyuntiva de la política en el Perú

Se impone una renovación de nuestra cultura política. La vida democrática no es fácil. Y lo primero de lo primero, es el sincero respeto a las reglas de juego y a la institucionalidad o procedimientos elaborados para encauzar la convivencia de los ciudadanos. Queda la terca opción por apostar por la democracia como forma de gobernarnos y como forma de convivir en un clima de respeto a los oponentes y a los diferentes.

Por Eland Vera*

18 de marzo, 2022.- Fue el politólogo peruano Eduardo Dargent quien describió acertadamente la práctica auténtica de nuestros políticos, los calificó como “demócratas precarios”. Es decir, aparentemente respetan las formas democráticas e institucionales, pero en el fondo una vez en el poder imponen su voluntad e imperan los apetitos personales y la “mano dura”.

Se podría afirmar que la tendencia política más sólida y vigente en Perú, no son las posturas de izquierda o derecha, pro Estado o pro Mercado; sino el autoritarismo, la imposición vertical. Nuestros políticos son muy flojos en la arena democrática del diálogo, el consenso o el acuerdo; más bien se lucen en la destrucción del oponente y la violación de las normas institucionalizadas.

Pero, el autoritarismo a flor de piel de nuestros políticos se encuentra en sintonía con las prácticas de la población. O sea, los políticos y los ciudadanos son autoritarios. De muestra un botón: las inacabables denuncias de violencia en el hogar, donde el varón impone a la fuerza su voluntad sobre sus familias.

El autoritarismo es el modo normalizado de relacionarnos con los demás. Otro ejemplo sencillo es la viveza criolla: aprovechar las circunstancias, transgredir con astucia, engañar a los tontos, salir airoso en una situación vulnerando reglas y personas, y sellar la actuación con una risa cachacienta.

Las prácticas democráticas nos quedan grandes, nos queda mejor el autoritarismo y la transgresión. En las sociedades con niveles aceptables de convivencia democrática, los ciudadanos respetan al oponente, se acercan para felicitarlo por su triunfo y ponen a su disposición sus planes y técnicos para contribuir con el bien común de sus comunidades. Nosotros somos al revés. Si perdimos, vamos por la destrucción y el odio. Buscamos la forma de eliminar, destituir, vacar, hacerle la vida imposible al electo ganador. Y claro, se dice “así es la política”. Ciertamente, así es una faceta de la política, pero existe otra parte de la política dedicada a la búsqueda del progreso y el desarrollo de los pueblos y las organizaciones. Al parecer, no pocos de nuestros políticos solo actúan desde el lado gris y oscuro.

Se impone, entonces, una renovación de nuestra cultura política. La vida democrática no es fácil. Y lo primero de lo primero, es el sincero respeto a las reglas de juego y a la institucionalidad o procedimientos elaborados para encauzar la convivencia de los ciudadanos. Queda la terca opción por apostar por la democracia como forma de gobernarnos y como forma de convivir en un clima de respeto a los oponentes y a los diferentes.

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* Eland Vera es profesor en la Universidad Nacional del Altiplano de Puno, miembro del Instituto de Estudios de las Culturas Andinas – Perú (IDECA Perú) y de Pluralidades, revista para el debate intercultural.

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Fuente: Columna del autor publicada en el diario Viral de Arequipa el 2 de marzo de 2022: https://autocosmofilia.blogspot.com/2022/03/autoritarismo-o-democracia-la.html

 

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