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Acerca del cuento, con motivo de la presentación de "Hishquimuna"

Servindi, 16 de octubre, 2021.- El cuento “explica el mundo y la vida, porque transmite la experiencia y los conocimientos, porque critica a la propia sociedad en que vivimos” y transmite lecciones que más tarde formarán su base, su moral, su ética.

Transmitidos gracias a los “cuenteros”, “cuenta cuentos” o “recitadores de cuentos”, dentro de la literatura es uno de los grandes instrumentos que forjan una base sólida para el desarrollo de la cultura de un pueblo.

Estas son algunas de las ideas esenciales que nos comparte José Luis Aliaga Pereira que integran el texto leído en la presentación de "Hishquimuna", una compilación de poetas y narradores de Sucre.

 
La presentación se efectuó en el auditorio de la Municipalidad de Sucre, jurisdicción distrital antes llamada Huauco.

 

¿Y si esto es un cuento?

Por José Luis Aliaga Pereira*

Cuando le preguntaron a Gabriel García Márquez sobre el origen del cuento, respondió de esta manera: “El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Tal vez lo inventó sin saberlo el primer hombre de las cavernas que salió a cazar una tarde y no regresó hasta el siguiente día con la excusa de haber librado un combate a muerte con una fiera enloquecida por el hambre…”.

Toda cultura tiene sus propias anécdotas, relatos, leyendas y sus cuentos que van pasando de generación en generación, para deleite de todos y en especial de los más pequeños. Sucre también los tiene.

El primer cuento que recuerdo lo escuché en el año 1964, cuando aún tenía cinco años de edad. Congregados todos mis hermanos en torno a mi señora madre; sentados sobre una cama amplia que ocupaba casi la totalidad de su pequeño dormitorio, escuchábamos e imaginábamos atentos el desfilar de personajes celestiales, de duendes y de príncipes encantados.

Aunque la historia de nuestro pueblo es muy rica, poco se ha escrito de ella; y menos aún en forma de cuento o relato. Nazario Chávez Aliaga, en su libro “El Huauco” (1940), escribió de algunos hechos históricos importantes y de varios personajes anecdóticos sucrenses, pero ninguno en forma de cuento o relato. Hubiéramos querido que abundara en detalles de aquellos hechos suscitados en la Plaza Mayor de Sucre donde, lamentablemente, muriera, herido de bala, su abuelo; así como de la invasión de los Montoneros en la que el pueblo demostró su valor defendiendo su soberanía y honor. Ahora, como es lógico, Nazario Chávez A., forma parte de nuestra historia, como uno de sus notables caciques. Pero, este sucreño, no fue el único que sobresalió en nuestro distrito, hubo otros caciques que, como él, recibieron los halagos y las críticas de parte de sus contemporáneos por su coraje o no, ya sea para enfrentar la vida diaria o para resolver los “problemas” en los que nuestro pueblo siempre estuvo inmerso. Como en todo lugar, grande o pequeño, que existen los caciques, así también encontramos a otros personajes no menos interesantes como son los “cuenteros”, los “cuenta cuentos” o “recitadores de cuentos” que, incluso, muchas veces, eran los mismos protagonistas que narraban a sus hijos, amigos o vecinos sus propias hazañas o experiencias, agregándole o quitándole algo después de regresar de cada “viaje” (negociantes: bambachos, arrieros y otros).

Podemos imaginarnos a esos cuentistas o cuenteros; ancianos(as) que, aprovechando cualquier ocasión (velorios, reuniones de “cumas” para tejer sombrero o de las “mincas” para la siembra o la cosecha), demostraban su innato don de entretener; de lo contrario ¿cómo nos hubiéramos enterado y cómo hubiéramos comparado, justamente, episodios que, incluso, no fueron escritos o si lo fueron lo hicieron de forma indirecta, interesada e incompleta, como aquel en el que, sucrenses acaballados, invadieron Celendín cual película de vaqueros, siendo las heroínas las señoras Felícita Rodríguez y doña Rosa Marín? De igual modo las hazañas de “DIABLO CANTANA”; el movimiento liderado por don Manuel Quevedo Reyna para oponerse al sometimiento que intentaron hacer los celendinos contra nuestro pueblo so pretexto de una ley vial en 1,928; y otro hecho trascendental en la vida de nuestro pueblo sucedido en 1970, contra un mal director del colegio San José llamado Mario Avalos Linier. ¿Cómo hubiéramos podido saber de todo esto si alguien no nos lo hubiera contado?

Los cuentos no son totalmente producto de invenciones imaginativas, sino de situaciones reales que, como pasa en el relato, un pueblo recoge y guarda porque estos acontecimientos significan lecciones que más tarde formarán su base, su moral, su ética, etc.

Conocemos varios personajes con esta habilidad de “contar cuentos” y sin la intención de pasar por alto a nadie, quiero mencionar algunos de ellos como al señor Edilberto Escalante apodado “Lanro Zagalejo” que trabajaba para don Leoncio Aliaga y que según dicen era el “alma” de los velorios porque ¡hay de aquél que escuchaba un cuento suyo! ¡¡ya no podía dormir!! También tenemos a don Popolicio o Pompeyo Chávez y más cerca a don Julio Aliaga conocido como “Julio Borera”, ambos de aguda imaginación que se caracterizaban por narrar anécdotas y cuentos que despertaban humor e hilaridad principalmente por sus finales increíbles.

El profesor Onésimo Silva no se quedaba atrás en este arte, y nos entretenía en el salón de clase, enseñándonos la historia como un hermoso cuento donde exaltaba las virtudes de los personajes como la generosidad de don José de San Martín y la vanidad y orgullo exagerados del libertador Simón Bolívar; pero también, dicho profesor, era un virtuoso contador de cuentos fantásticos en los velorios donde, disimuladamente, lo rodeaban grandes y pequeños para escucharlo hablar de hadas, de narraciones heroicas y las de terror que eran las que más impactaban. Y qué decir de su colega el profesor Wilfredo Merino que también tenía lo suyo y se emocionaba contando la historia de un bandido que asaltaba a los “Bambachos" o negociantes de ese tiempo y que gracias al coraje de uno de ellos, don Edilberto apodado “Sarago” o Leopoldo, del barrio de Minopampa, fue capturado.

Actualmente, aunque se encuentra, por la edad, delicado de salud, tenemos a don Timoteo Díaz, un excelente contador de cuentos con un repertorio extenso que ya quisiera tener un escritor para enriquecer su mejor libro.

Por eso los cuentos que primero se escribieron fueron de aquellas anécdotas que pasaron de boca en boca, de los “sucedidos”, de los pequeños hechos de personas particulares. Existe, por ejemplo, el cuento titulado “AGÁRRATE ZARCO”, escrito por don Juan L. Rocha en “LA VOZ de SUCRE” en 1945 (Nazario Chávez también menciona este hecho del folklore sucrense); por otro lado está el cuento “SI; USTED SI LO SABÍA” publicado en el periódico LUCERO DE LA QUINTILLA, hecho que pinta de cuerpo entero la personalidad del verdadero huauqueño. El cuento “EL BRILLANTE” que es la historia de un legendario toro arisco, hecho real que fue recogido por el profesor Gutenberg Aliaga Zegarra en su libro “LA FLOR DEL FLORIPONDIO”. Éste escritor sucrense tiene varias publicaciones de narrativa, sobre todo de anécdotas y relatos basados en hechos reales. 

Están también las publicaciones a las que nos tenía acostumbrados el señor Máximo Sánchez (SACHAMA) que son verdaderas joyas nacidas en la profundidad de su espíritu querendón como lo es la fresca IRIKANA con su “Misha mantequera” y otras vivencias en las que nos recuerda los arcaísmos o frases olvidadas y costumbres auténticas de lo que fueron nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. De igual manera la revista EL LABRADOR, que puntualmente salía todos los mayos, publicó un ameno y cálido cuento, “EL TÍO FIDEL”, escrito por el profesor Hebert Reyna Zegarra. En esta revista, que lamentablemente, a consecuencia de la pandemia Covi19, ha dejado de publicarse, ha dado oportunidad a muchos sucreños que gustan de escribir anécdotas y cuentos como Rodolfo Salazar, José Escalante del Aguila, Leoncio Aliaga, etc. en las que narran peripecias de muchos ciudadanos de nuestra tierra. 

Como todos ustedes conocen, desde hace poco, se viene realizando en Sucre el concurso de cuento "El Huauco de Oro" (que es aceptado por unos y criticado por otros porque -según afirman- en sus bases no exigen historias que hayan pisado o pisen, suelo sucrense), auspiciado por la municipalidad en coordinación con Elmer Castillo, un huanuqueño, radicado, hace mucho tiempo, en Sucre. Castillo Diaz, también, como conocemos, ha publicado dos libros de anécdotas y relatos: "Lircay y otros cuentos" y "Castillo de cuentos". 

Nuestra tierra se caracteriza por ser prolifera en la producción literaria; la fiesta de celebración en honor a San Isidro Labrador, por ejemplo, hasta hace poco, se había convertido en un hermoso escenario en el que todos los años nos aguardaban sorpresas en cuanto a la publicación de libros y, entre estos, por supuesto, de cuentos. El COVID19, la pandemia, ha detenido esta actividad que no solo adornaba la fiesta sino hacía grata la estadía de lugareños y de quienes visitaban el pueblo. En esos años festivos tuvimos muchas publicaciones como "Toro El diamante", de Douglas Rojas; "Óyete Carajo", de Leoncio Aliaga; "Imágenes de Recuerdo", de Rodolfo Salazar Silva y de quien escribe esta nota dos publicaciones: "Grama Arisca" y "El milagroso Taita Ishico".

Felizmente, estamos observando, que ni la pandemia, ni la falta de apoyo a la cultura por parte de algunas autoridades, ha detenido la publicación de obras literarias y de las otras.

Quisiera, por último, nombrar a un escritor natural de Calconga quien, pese a tener publicados varios cuentos, es invisibilizado en revistas y libros sucrences entintados en nuestra tierra; me refiero a Leetregal: Duendes en Vigasmayo, Bromas Crueles, ¡Cholos... la leva!, Don Julio Mataleon, etc. son algunos de sus cuentos que hablan de la idiosincrasia de nuestro pueblo. 

El cuento, plasmado gracias a los “cuenteros”, “cuenta cuentos” o “recitadores de cuentos”, es importante porque explica el mundo y la vida, porque transmite la experiencia y los conocimientos, porque critica a la propia sociedad en que vivimos; porque, dentro de la literatura, es uno de los grandes instrumentos que forjan una base sólida para el desarrollo de la cultura de un pueblo. Por todo ello es que debemos rescatar y difundir los aportes que estos personajes han dado a la cuentística y a la cultura sucrense.

“En el mundo del cuento -asegura Víctor Montoya- todo es posible, pues tanto el transmisor como el receptor saben que el cuento es una ficción que toma como base la realidad, pero que en ningún caso es una verdad a secas”. Por su parte Julio Cortázar nos dice, en esta misma dirección que "... lo fantástico exige un desarrollo temporal ordinario. Su irrupción altera instantáneamente el presente, pero la puerta que da al zaguán  ha sido y será la misma en el pasado y el futuro".

Preguntémonos ahora,  ¿y si esto es un cuento?

 

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* José Luis Aliaga Pereira (1959) nació en Sucre, provincia de Celendín, región Cajamarca, y escribe con el seudónimo literario Palujo. Tiene publicados un libro de cuentos titulado «Grama Arisca» y «El milagroso Taita Ishico» (cuento largo). Fue coautor con Olindo Aliaga, un historiador sucreño de Celendin, del vocero Karuacushma. También es uno de los editores de las revistas Fuscán y Resistencia Celendina. Prepara su segundo libro titulado: «Amagos de amor y de lucha».

 

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