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Ecología política de la restauración ecológica

Foto: Infobosques

Por Rodrigo Arce Rojas*

16 de mayo, 2019.- Según Román et al. (2018: p. 2) la restauración es el “Proceso de ayuda a la recuperación de un área, ecosistema, o paisaje degradado, dañado o destruido, con el propósito de retomar su trayectoria ecológica, mantener la resiliencia, conservar la diversidad biológica y restablecer la funcionalidad de los ecosistemas y paisajes”. Esta misma perspectiva es la que se encuentra en el Reglamento de Gestión Forestal de la Ley Forestal y de Fauna Silvestre, Ley N° 29763 y añade que la restauración trata de retornar un ecosistema a su trayectoria histórica.

Específicamente la restauración de bosques y paisajes supone la aplicación de procedimientos participativos relacionados con la toma de decisiones (Sabogal et al., 2015: p. 4). Para la Asociación Global sobre Restauración del Paisaje Forestal (s.f.)  la restauración de bosques y paisajes es “un proceso activo que reúne a las personas para identificar, negociar e implementar prácticas que restauren el balance óptimo acordado entre los beneficios ecológicos, sociales y económicos de los bosques y los árboles dentro de patrones más amplios de uso de la tierra”

Los objetivos de la restauración ecológica pueden ser: i) recuperar la biodiversidad, ii) recuperar la provisión de servicios ecosistémicos (como por ejemplo la siembra y cosecha de agua), y iii) contribuir al bienestar de las personas de las poblaciones locales.

Restaurar bosques como señala UICN (2017: p. 3) “es mucho más que plantar árboles –un paisaje restaurado puede comprender bosques de regeneración natural, agroforestería, silvopasturalismo, manglares, reservas de protección de vida silvestre, siembra de árboles u otras especies boscosas como bambús, manejo de suelos, y mucho más” Una restauración exitosa debe ser resiliente y autosustentable. La figura 1 muestra los tipos de restauración ecológica.

Fig. 1: Tipos de restauración ecológica

En la legislación forestal y de fauna silvestre del Perú se considera la realización de actividades de restauración ecológica en:

  • Zonas de recuperación de la cobertura forestal con fines de producción maderera (Zonificación Forestal)
  • Zonas de recuperación de la cobertura forestal con fines de restauración o conservación (Zonificación Forestal)
  • Concesiones para conservación
  • Concesiones para ecoturismo
  • Bosques protectores
  • Sistemas agroforestales

Por su parte la Ley de Áreas Naturales Protegidas, Ley N°  28834, considera que uno de los objetivos de las Áreas Naturales Protegidas es la restauración de ecosistemas deteriorados.

La degradación y destrucción de muchos ecosistemas en el mundo, ha acelerado la crisis ambiental debido a la reducción rápida de los múltiples servicios ambientales que prestan los ecosistemas (Vargas, 2011: p. 221). Por ello, todos consideran que la restauración de ecosistemas en general y específicamente la restauración de bosques y paisajes constituyen medidas necesarias frente a los procesos antrópicos que han implicado la alteración y degradación de estos ecosistemas y paisajes.  Amplios documentos técnicos dan cuenta de los principios, pasos metodológicos y técnicos a tomar en cuenta para garantizar el éxito de iniciativas de conservación tanto desde la perspectiva de las ciencias naturales como de las ciencias sociales en tanto estos procesos son eminentemente participativos.

Una serie de organismos internacionales como CIFOR, FAO, La Sociedad Ecológica para la Restauración – SER, entre otros vienen promoviendo activamente la restauración de ecosistemas y constituyen aliados estratégicos de los países. Múltiples son los instrumentos internacionales que promueven la restauración ecológica. Así por ejemplo, el Desafío de Bonn es un esfuerzo global para llevar a la restauración de 150 millones de hectáreas de bosques degradados y deforestados para el 2020, y 350 millones de hectáreas para el 2030 (UICN, 2017: p. 1). En la 10ª reunión de la Conferencia de las Partes (COP10) realizada en la cumbre de Nagoya, se crearon las metas de Aichi sobre la Diversidad Biológica 2011-2020 se estableció en la meta 15:

Para 2020, se habrá incrementado la capacidad de recuperación de los ecosistemas y la contribución de la diversidad biológica a las reservas de carbono, mediante la conservación y la restauración, incluida la restauración de por lo menos el 15% de los ecosistemas degradados, contribuyendo así a la mitigación del cambio climático y a la adaptación a este, así como a la lucha contra la desertificación.

Es propósito de este artículo aportar al abordaje de la restauración ecológica desde una perspectiva de alternativas al desarrollo y desde una perspectiva de la ecología política que trata de encontrar las causas sociales, culturales, institucionales, políticas, económicas, psicológicas que explican la degradación de los ecosistemas. Asimismo, la ecología política trata de los conflictos socioambientales o ecoterritoriales. La reflexión, incluye la perspectiva de la complejidad y el pensamiento complejo. Por ello el concepto de sistemas adaptativos complejos es usado como marco teórico de referencia.

La restauración es un acto positivo y constituye una respuesta a los procesos de daño a los ecosistemas. No obstante, no en todos los casos las poblaciones locales ven con buenos ojos los procesos de restauración (Tricia, 2007).  El cuadro 1 muestra algunos aspectos positivos de la restauración desde un enfoque socioecológico de sistemas acoplados.

Cuadro N° 1:

Aspectos positivos de la restauración desde un enfoque socioecológico de sistemas acoplados

Aspectos positivos

Descripción

Proceso participativo

El reconocimiento de la importancia de la participación da cuenta de la necesidad de asegurar la perspectiva socioecosistémica en el que el sistema social y el sistema ecológico se encuentran altamente interrelacionados (Zamora et al., 2011).

Encuentro de saberes

La restauración requiere mucha base científica y un necesario diálogo con los saberes locales que son producto de la estrecha interrelación con el medio (Uprety et al., 2012).

Articulación con el paisaje

La restauración que busca recuperar la estructura y funcionalidad del ecosistema hasta donde sea posible debe estar en sintonía con el medio.

Articulación temporal

La restauración parte de la recuperación del proceso histórico y el entendimiento del contexto.

Desde una perspectiva amplia la gestión de socioecosistemas podría simplificarse en 4 estrategias prevenir, producir, proteger y restaurar. Para que esta gestión sea posible se requiere institucionalidad, tecnologías, procesos y procedimientos y financiamiento. La restauración para ser coherente con sus propósitos descansa en dos premisas básicas:

  • Los resultados de la restauración se mantendrá en el tiempo para que califique como sostenible
  • Los factores de daño han sido controlados

Ello nos lleva a plantear una serie de preguntas:

  • ¿Qué factores han provocado el daño a los ecosistemas?
  • ¿Las iniciativas de restauración serán efectivas?
  • ¿Estamos seguros que los resultados de la restauración se mantendrán en el tiempo?
  • ¿Estamos seguros que los factores del daño han sido controlados?
  • ¿Las medidas de carácter biológico y ecológico serán suficientes para garantizar la perdurabilidad de la restauración?

Si se revisan las propuestas de restauración ecológica se encuentra fundamentalmente que la mirada es desde el ecosistema actual hacia adelante, en tal sentido tiene una orientación proyectiva. Como señalan Román et al. (2018: p. 30) “Restauramos como una muestra hacia el pasado, pero nuestro interés real radica en establecer una trayectoria hacia el futuro”. Esto no es un problema en tanto restaurar implica a recuperar en el tiempo hasta dónde sea posible una situación estructural y funcional del ecosistema dañado. El problema está cuando el diagnóstico no reconoce en su debida profundidad los factores que han llevado a dañar un ecosistema en particular sino los factores que siguen presionando para la alteración y degradación de otros ecosistemas que por diversas razones no son motivo de atención para su recuperación.

Aunque en la etapa de diagnóstico se reconocen los factores antrópicos como causantes del daño de los ecosistemas (Vargas, 2011: p. 222) y el contexto histórico que ha llevado a la situación actual de daño del ecosistema esta información aparece más bien como descriptiva y contextual pero no lleva a identificar los marcos paradigmáticos que estarían explicando los procesos de daño a los ecosistemas. Las Directrices mundiales para la restauración de bosques y paisajes degradados en las tierras secas (Berrahmouni et al., 2017) señalan la necesidad de abordar los factores generadores de la degradación de la tierra mediante la participación en un diálogo intersectorial y la planificación a nivel del paisaje.

Siendo la restauración un proceso positivo no puede ser entendido desacoplado del sistema socioecológico en el que se inscribe.  Así como en los sistemas ecológicos existen fuerzas en tensión conformado por el potencial biótico y la resistencia ambiental, es importante entender que existe una tensión entre fuerzas de restauración y fuerzas de degradación de los ecosistemas. Por lo tanto, es importante prestar atención a las fuerzas de degradación de los ecosistemas que se constituyen en peligros latentes que podrían afectar la viabilidad de la restauración. En un ámbito mayor se trata de no quedarse únicamente con el enfoque del área de intervención sino en líneas generales liberar hasta donde sea factible de las amenazas a la degradación de los ecosistemas. Eso implica cambiar la relación existente entre el hombre y la naturaleza que a la fecha ha sido tradicionalmente disyuntivo. Implica también prestar especial atención a las políticas preventivas para evitar, o al menos reducir, el daño a los ecosistemas. Como señala Sabogal (2018) la restauración “comprende un “paquete” que promueve políticas, estrategias e intervenciones para prevenir la deforestación y degradación, fomentar prácticas sostenibles de uso de la tierra, y emprender la restauración con un enfoque integrado a la escala de paisaje”

Estos aspectos son importantes señalarlos en un contexto en el que en los propios Estados hay cobijo para fuertes contradicciones con consecuencias negativas para la integridad y la salud de los ecosistemas.  Aunque existan plausibles iniciativas de restauración las contribuciones totales podrían estar en desventaja frente a las fuerzas políticas económicas que afectan los ecosistemas. Por ello, Sabogal (2018) plantea que la restauración implica “propiciar un entorno habilitador: base legislativa adecuada, modelo de gobierno que sea representativo, participativo, transparente, responsable; enfoques que conectan diversos sectores e instituciones, y que vinculan con cadenas de suministro” Implica por tanto que exista un marco de buena gobernanza, democracia participativa y transparente, coordinación intersectorial y entre niveles de gobierno. En esta dirección von Bertrab (2015) destaca la importancia de analizar los procesos ecológicos como intrínsecamente entretejidos con la gobernanza política y la construcción social del medio ambiente. Los procesos de determinación de iniciativas de restauración no son políticamente neutras.

Es importante considerar que como consecuencia de las dinámicas de poder y de la capacidad de agencia de los actores, ciertas perspectivas adquieren mayor peso o influencia en el diseño y la ejecución de proyectos. Lo anterior puede acarrear costos importantes para las personas cuyos intereses y perspectivas son subordinados lo que se puede traducir en limitaciones de acceso a los recursos o en la imposición tanto de las técnicas como de los propios objetivos de la restauración (Bertraba, 2015: p. 193).

Como cualquier acción que se desarrolle desde una perspectiva de la conservación la restauración ecológica no puede ser concebida como un sistema cerrado y hay que inscribirlo en el concierto de relaciones sistémicas que influyen sobre el  o las áreas de intervención y a la vez  son influidos por estos.  En tal sentido, para ser efectiva, la restauración ecológica constituye una oportunidad para revisar el marco de desarrollo, la base epistemológica y ontológica, que han llevado a la situación actual de los ecosistemas.

Aunque la restauración ecológica en sentido amplia es positiva hay que tener presente, como ya se ha señalado, que existen múltiples valores sobre la restauración, aunque muchos puedan ver la restauración como algo positivo podría haber actores, locales o no, que ven el proceso de conversión del ecosistema como triunfo del progreso o la civilización. Esta tensión entre deterioro de ecosistemas naturales y construcción de agroecosistemas o sistemas urbanizados tiene que ver en el fondo con la ruptura de relaciones entre el ser humano que predomina en la sociedad occidental. Se reconoce que este no es un tema fácil especialmente bajo condiciones de extrema pobreza donde los campesinos, aun conscientes del impacto de sus actividades de subsistencia, se ven forzados a impactar negativamente los ecosistemas naturales. Pero el impacto de los ecosistemas no se hace únicamente desde las necesidades sino también desde la codicia. Cuando se juntan las necesidades internas y las codicias externas entonces se exacerban condiciones para el deterioro de los ecosistemas. Por estas razones la restauración ecológica no puede evadir aspectos que se sustentan en el ecocentrismo ni el reconocimiento de los factores estructurales que llevan a la degradación de los ecosistemas.

Las perspectivas neoliberales, siempre ávidas de incrementar sustancialmente sus ingresos, pueden ver la restauración ecológica desde dos orientaciones básicas. La primera que refiere a la restauración ecológica como un costo que desvía la inversión hacia actividades más rentables y la segunda como la visualización de nuevas oportunidades de ganancias a partir los servicios ecosistémicos, por ejemplo, la comercialización de bonos de carbono. Aunque en esencia la restauración ecológica debería estar estrechamente relacionada con el mejoramiento del bienestar de las poblaciones locales esto no necesariamente siempre es así.

Por ello hay practicantes de la restauración ecológica que no quieren aparecer sólo como reparadores de daños de los impactos negativos que ocasiona el sistema económico neoliberal predominante. Tampoco quieren aparecer como los maquilladores del sistema económico que a través de la restauración ecológica justifican sus impactos ambientales en otros lugares.

La relación no es solo del marco socioeconómico y político hacia los ecosistemas en restauración sino también de las poblaciones locales vinculadas a la restauración de los ecosistemas hacia el marco socioeconómico y político en el cual se inscriben. En esta perspectiva desde abajo se busca entonces no solo la restauración en términos biofísicos sino oportunidades para el empoderamiento de las poblaciones locales en términos de sus saberes, de sus ontologías, de sus organizaciones y de sus identidades. Aunque no siempre es fácil lo que se busca es un equilibrio entre legítimas oportunidades de bienestar de las comunidades y oportunidades de inversión responsables. Asimismo, es necesario ampliar la comunidad extendida de pares respecto a la restauración ecológica en la que las poblaciones locales, el Estado, la academia, las organizaciones no gubernamentales, activistas y la sociedad civil en general puedan establecer genuinos procesos de diálogo transformador para que se pueda modelar participativamente el carácter y los alcances de la restauración ecológica.

En la mayoría de los casos, según Duarte y Avella (2019) las iniciativas de restauración desarrollan de manera efectiva los aspectos técnicos pero carece de evaluación social y lineamientos para apoyar las necesidades humanas (Balvanera et al., 2012) Asimismo, obedecen al cumplimiento de compromisos internacionales más que compromisos con las poblaciones locales (Meli et al., 2016). No obstante, ahora queda claro que el carácter socioecológico de la restauración ecológica invita a que el acercamiento no puede reducirse únicamente a los expertos en ciencias biológicas y ecológicas sino que convoca tanto a las múltiples disciplinas como a los conocimientos y sabidurías locales para aportar desde la perspectiva de la ecología de saberes. Naveh (2005) reconoce la estrecha unión de los aspectos ecológicos de los paisajes, los procesos de restauración y los valores culturales. En este contexto que puede entenderse la necesidad de enfoques interdisciplinarios, transdisciplinarios e inclusive indisciplinarios. Un tema que no ha sido abordado en las perspectivas de restauración ecológica refiere al reconocimiento de las ontologías relacionales justamente para dar cabida a aquellas vertientes culturales en las que la montaña está viva, la montaña piensa, la montaña se enoja, entre otras manifestaciones de una ontología en la que no existen diferencias entre naturaleza y sociedad.

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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: [email protected]

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