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Impunidad: La clave de la violencia contra las mujeres

Por Lucía Alvites Sosa*

11 de marzo, 2018.- Cuando nos gritan por la calle algo sobre nuestros cuerpos, cuando en el Metropolitano nos rozan “casualmente”, cuando algún enamorado nos amenaza con golpearnos si le somos infieles, cuando un tío nos toca sin nuestro consentimiento y nadie en la familia nos cree. Cuando tres magistrados de una Corte Superior de Justicia absuelven al hombre que delante de todo el país arrastraba a una mujer de los cabellos en la recepción de un hotel en Ayacucho, después de haber intentado ahorcarla. Cuando esta misma mujer denuncia los hechos y sale el padre del sujeto que intentó matarla, un hombre con un cargo de autoridad en su ciudad, a decir, con una serenidad que duele, que su hijo reaccionó así porque ella lo llamó por el nombre de un ex-enamorado. Cuando vemos a esta mujer, Arlette Contreras, y de alguna forma a todas las peruanas en ella.

Es ahí, precisamente ahí, cuando entendemos que en el centro de este círculo del infierno social en que vivimos está la impunidad, como una enfermedad que tuerce los valores hasta hacerlos ausentes o hacerlos irreconocibles.


El feminicidio es la muerte de las mujeres por su condición de tal, en contexto de violencia familiar, coacción, hostigamiento o acoso sexual; abuso de poder, confianza o de cualquier otra posición o relación que confiere autoridad a la persona agresora. La tentativa de feminicidio es cuando la mujer se salva de morir.

El círculo de la impunidad 

La impunidad, siempre y en todo, pero más punzante aún en el caso de las múltiples agresiones a las mujeres, es esa cuchilla ardiendo clavada en medio del anhelo de justicia. Es la negligencia, el silencio, que deja sin el justo castigo la violencia, aumentándola. En última instancia, es la complicidad de instituciones y sectores sociales que de ese modo hacen también suya la violencia. De paso, debilitan aún más la ya maltratada confianza ciudadana en un sistema judicial que aparece pública, y otra vez impunemente, insensible a las mujeres y dadivoso con los agresores.

Caso Arlette Contreras

La expresión más alta de esta impunidad la hemos visto en estos días con el caso de Arlette, pero es importante señalar y ahondar en que de ninguna manera este rasgo se circunscribe únicamente al ámbito legal; todo lo contrario, podríamos decir que es en las disputas judiciales en las que termina una ecuación que ha sumado múltiples impunidades que hacen casi obvio que las sentencias no sean favorables para las mujeres. Ni siquiera cuando el caso es tan público y flagrante como el del que hablamos.

Si ni siquiera un vídeo que muestra de manera indudable la agresión criminal, motivada completamente por razones de género; vídeo que además indignó al país, al ser exhibido profusamente en los medios de comunicación, poniendo simbólicamente al país entero como testigo del caso, pudo lograr que Arlette escapara a este círculo de impunidad. Se puede comprender perfectamente el por qué, en promedio, en el Perú, según cifras oficiales de la Defensoría del Pueblo del año 2016, apenas el 30% del total de las denuncias de agresión contra las mujeres, logre una sentencia.(1) Cifras que muestran, inapelablemente, que la impunidad para las agresiones de género a las mujeres es una constante normalizada e institucionalizada en el Perú.

Cristina Valega, investigadora de la PUCP, señala sobre la sentencia que libera a Adriano Pozo, agresor de Arlette, del delito de intento de feminicidio y violación sexual para sólo sentenciarlo por lesiones leves, lo siguiente: “Alguien que trata de matar a una persona pero al dispararle le lesiona una oreja, no lo van a procesar por una lesión leve en la oreja. Hay que ver cuál fue la acción, cuál fue el contexto”.(2)


La violencia contra las mujeres es sólo el síntoma de la enfermedad social de la discriminación y la desigualdad de género. Son las razones de género de esa agresión, precisamente, las que exigen un mayor castigo y reparación.

En la comparación señalada por Valega se revela el problema. ¿Por qué es tan difícil sentenciar a un hombre que, a todas luces, intentó matar a una mujer por razones de género? ¿Por qué a los jueces o fiscales les cuesta tanto aceptar que una mujer ha sido víctima de un intento de violación por razones de género? ¿No hay, acaso, bastantes datos de la realidad que sugieren que la violencia contra las mujeres es lamentablemente algo significativo en el Perú? ¿Pueden quedar dudas después que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) constató un aterrador promedio de 95 agresiones físicas y 12 violaciones sexuales ¡diarias! en 2017?(3)

Así las cosas, no suena para nada exagerado que investigadoras como la argentina Rita Segato califiquen de “Guerra contra las mujeres”(4) la situación actual que arrasa despiadadamente con la dignidad y la vida de las mujeres.

Hacernos cargo de esta realidad para cambiarla, pasa definitivamente por entender que la violencia contra las mujeres es sólo el síntoma de la enfermedad social de la discriminación y la desigualdad de género. Que son las razones de género de esa agresión, precisamente, las que exigen un mayor castigo y reparación.

Una masculinidad hegemónica

La “leguleyada” impresentable de los jueces en el caso de Arlette es sólo una metáfora de la profunda masculinidad hegemónica dañada que actúa a través del cuerpo de hombres agresores de lo femenino. Como el que intenta estrangular y se permite arrastrar por los cabellos a “su” mujer porque se “siente ofendido”.

La misma masculinidad dañada que habla por la boca de quien, ejerciendo violencia simbólica y psicológica, justifica la agresión en razón de que la mujer habría herido esa masculinidad. Y, por supuesto, se manifiesta a través del razonamiento de los jueces que no logran ver nada de esto y ponen una distancia insalvable y dolorosa entre lo legal y lo justo.

Al considerar como “atenuantes”, lo que en verdad son agravantes, los sentidos comunes patriarcales y machistas, que otorgan un lugar privilegiado y con mayor valor a lo masculino por encima de lo femenino, el poder judicial se identifica enteramente con el delito que está obligado a castigar. Las razones de género de la agresión, que deberían ser castigadas con mayor severidad, justamente para desincentivar su ejercicio criminal, no sólo no lo son, sino que terminan premiadas. ¿Hace falta algo más para entender la urgencia de cambios?

Mientras que en nuestra cultura, en nuestros códigos de convivencia se siga celebrando y ensalzando estereotipos que refuerzan una masculinidad dañada y dañadora, donde el mandato social es que lo masculino tiene que demostrar hasta el cansancio su virilidad a costa de nuestra libertad sexual y hasta de nuestras vidas, no veremos cambios que disminuyan considerablemente la violencia de género contra las mujeres.

Si tomamos en serio a la Organización de Naciones Unidas (ONU), que señala que la violencia de género es un tipo de violencia física y psicológica ejercida contra una persona sobre la base de su sexo o género, y que esto es una violación de Derechos Humanos(5), entonces, debemos reconocer que el país vive una catástrofe humanitaria de género. Tomar conciencia y actuar en consecuencia es ya un comienzo.

Notas:

(1) En: https://peru21.pe/peru/70-procesos-judiciales-feminicidios-logra-sentencia-382970 (Consultada el 26-02-2018).

(2) En: https://redaccion.lamula.pe/2018/02/23/los-puntos-debiles-en-la-sentencia-del-caso-arlette-contreras-video/ginnopaulmelgar/ (Consultada el 26-02-2018).

(3) En: http://larepublica.pe/sociedad/1139216-al-dia-se-registran95-agresiones-fisicas-y-12-violaciones-sexuales (Consultada el 26-02-2018).

(4) Segato, Rita (2016). La Guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños.

(5) Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) (2016). Violencia basada en género. Marco conceptual para las políticas públicas y la acción del Estado. Perú: pp. 21 a 23.

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*Lucía Alvites Sosa es licenciada en Sociología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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Fuente: Instituto Bartolomé de las Casas: http://bcasas.org.pe/impunidad-la-clave-de-la-violencia-contra-las-mujeres/
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