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Medidas urgentes desde la cooperación para ayudar a los pueblos indígenas

Imagen: Cepka.

Con la pandemia del COVID-19 se impone un escenario imprevisible y cambiante. Sin embargo, pese a la incertidumbre ¿qué medidas urgentes emergen para ayudar a los pueblos indígenas?

Servindi, 10 de abril, 2020.- Las comunidades indígenas “tienen casi tres veces más probabilidades de vivir en la pobreza extrema, y por lo tanto ser más propensas a las enfermedades infecciosas”.

Así lo advirtió la presidenta del Foro Permanente de la ONU para las Cuestiones Indígenas, Anne Nuorgam, buscando provocar la acción de los estados –y por qué no, de la cooperación–, para atender el clamor de las comunidades nativas en medio de la pandemia.

Pero este clamor no es sorpresivo o inesperado. Las brechas y postergación de las poblaciones nativas son históricas, estructurales y hoy más que nunca vigentes, pese a encontrarnos a puertas del Bicentenario de la Independencia del Perú.

“Si el virus llega a nuestras comunidades se va a expandir rápidamente”, advertía el líder asháninka Ángel Valerio, quien no solo denunciaba la falta de agua potable o la prevalente desnutrición en las comunidades de la cuenca del Ene, sino también la excesiva circulación vehicular, pese al estado de emergencia y a las medidas de cierre dadas desde los territorios.

Los temores de Valerio están a punto de volverse realidad. No en el Ene –por el momento, y esperamos que así se mantenga–, sino en Loreto, la segunda región del Perú más afectada por el COVID-19, que ya resistía la carga del dengue, presionando y debilitando al sistema de salud regional y a sus redes.

Hoy sabemos, además, que en Loreto el COVID-19 llegó al centro poblado de San Lorenzo en la provincia Datem del Marañón, donde confluyen una diversidad de pueblos originarios.

De mantenerse la expansión de la pandemia, Ucayali, Yurúa, Purús, Chanchamayo, Satipo, Jaén, Bagua y Saramiriza serían los próximos escenarios alcanzados por la pandemia.

Pese a las medidas de cierre de territorios, la circulación en carreteras o el tránsito fluvial no son estrictamente controlados por las fuerzas del orden, cuya displicencia debilita las iniciativas de resguardo de los pueblos.

“Las lanchas continúan su ruta de transporte público llevando pasajeros de Iquitos. Estamos preocupados porque están yendo a hacer contacto directo con las comunidades”, denunció Richard Rubio, desde la dirigencia nacional de Aidesep.

La frágil economía comunal

Si bien las comunidades están respetando el estado de emergencia y otras disposiciones permaneciendo en sus territorios y cortando el contacto con extraños, la débil economía que las sostiene está sufriendo un duro golpe, quedándose desabastecidas y sin posibilidad de generar ingresos.

Comunidad nativa de Shintuya, en Madre de Dios, hoy radicalizó sus medidas de ingreso debido al permanente tránsito. Imagen: Facebook CCNN Shintuya.

Y es que, el estado de emergencia ha experimentado una nueva prórroga –hasta el 26 de abril–. Mientras el Ejecutivo ha dispuesto medidas económicas paliativas para las poblaciones pobres, estas se concentran en el ámbito urbano, sin priorizar a las comunidades nativas como poblaciones vulnerables.

"¿Por qué no vamos a ser considerados? ¿No somos pueblos vulnerables? Nosotros también trabajamos a diario para llevar siquiera un pan a casa. No vivimos de algún sueldo”, se pregunta el dirigente harakbut Miguel Visse Mani, al igual de muchos otros en la Amazonía.

El transporte restringido hace imposible vender sus productos agrícolas, de pesca o artesanías, la suspensión de la actividad turística, el encarecimiento de precios, entre otros problemas, asfixian la economía de las comunidades que deben afrontar dos semanas más de paralización.

A ello se suma la inacción estatal, la cual no solo ha excluido a las comunidades indígenas de las medidas de apoyo social para resistir la pandemia, sino que ha guardado un ominoso silencio durante 24 días respecto a las acciones a tomar para las poblaciones indígenas.

A insistencia de la prensa, el Ejecutivo, a través de su titular de Cultura –ministerio rector para los pueblos indígenas– se limitó a decir que se encontraban coordinando con las organizaciones indígenas. Sin embargo, esto ha sido inmediatamente desmentido por líderes representativos.

Miguel Visse Mani, coordinador de la Nación Harakbut de Madre de Dios. Imagen: Jhonatan Yuri.

El rol de los aliados

Ante la situación descrita ¿qué deberían hacer las organizaciones de cooperación solidaria internacional, así como las diversas instituciones aliadas del movimiento indígena?

En ese escenario mutable, veloz y marcado por la incertidumbre, que pareciera nos condenara a la imposibilidad de planificar, lo que queda es definir y respaldar con rapidez aquellas voluntades, convicciones y compromisos que deben guiar la intervención de la cooperación y que en el momento actual adquieren más relevancia.

Es así que se debe priorizar:

  • La necesidad de fortalecer la capacidad de respuesta de las organizaciones indígenas territoriales, empoderando a sus actores desde los niveles comunitarios, considerando que ahora deben ejercer un liderazgo comunal intenso, fortaleciendo a las organizaciones y comunidades para reaccionar rápida y oportunamente en atender a la población.
  • Respetar los acuerdos de las organizaciones y comunidades para el cierre y resguardo de sus territorios, adaptando las intervenciones y el trabajo de campo de la cooperación y aliados a este nuevo escenario. Para esto es clave que las autoridades coordinen las acciones de emergencia con las organizaciones y se adecúen los proyectos a las nuevas necesidades.
  • La cooperación debe mostrar capacidad de adaptarse al nuevo escenario y flexibilizar los proyectos que en ejecución, no solo para reprogramarlos sino, fundamentalmente para reformularlos en función al nuevo escenario. De esta manera, priorizar acciones de emergencia que atiendan a las nuevas necesidades y vulnerabilidades en materia de comunicación, salud, educación, alimentación y control territorial.
  • Es necesario asimismo incidir de manera agresiva para que el gobierno y las autoridades competentes reaccionen y brinden auxilio sanitario y alimenticio a las comunidades, a través de caravanas bioseguras, para impedir que las poblaciones se vean obligadas a salir a las ciudades a proveerse de alimentos, con el riesgo de incrementar las posibilidades de expandir la pandemia.

Sin duda, el escenario seguirá cambiando y volviendo más complejo y desafiante; sin embargo, lo menos aconsejable es paralizar nuestra acción en momentos en que debemos hablar con los hechos e intensificar nuestro respaldo por lo menos con estos primeros y urgentes pasos.

 

Nota importante

Diversas propuestas de acción han sido formuladas por diversas entidades nacionales e internacionales. Mencionamos algunas de ellas con sus enlaces respectivos para descarga:

Perú: 

Internacional:

 

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