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Es hora de ponerle límites al imperio de Amazon

Foto: Nueva Sociedad

La pandemia ha convertido a Amazon en la empresa más poderosa del mundo. La compañía de Jeff Bezos es una amenaza para los trabajadores y las trabajadoras, pero también para quienes creen en la privacidad, las libertades civiles y los mercados justos. La izquierda progresista tiene que discutir las prácticas nocivas de Amazon y detener el avance de su imperio.

Por Christy Hoffman

Nueva Sociedad, 6 de enero, 2021.- El mundo está ingresando en una era de cambio innegable que será definida por nuestra respuesta colectiva a la devastación económica y humana que dejará la pandemia. Mientras el covid-19 sigue extendiéndose a escala global, el ascenso de Amazon al tope de la economía en la que «el ganador se lleva todo» es una llamada de atención para las fuerzas progresistas que todavía creen en la política del bien común y están dispuestas a luchar por la afirmación de la dignidad del trabajo.

Como resultado del cierre de las tiendas físicas no esenciales debido a la cuarentena, Amazon casi duplicó su valor de mercado a más de 1,5 billones de dólares y sus ganancias en el tercer trimestre subieron 200% en términos interanuales. Solo en Estados Unidos, se espera que Amazon reciba unos sorprendentes 42 centavos por cada dólar gastado durante el periodo de las fiestas de fin de año. Jeff Bezos, quien ya era el hombre más rico del mundo, se ha vuelto aún más rico y está expandiendo el imperio de Amazon a una velocidad sin precedentes. 

El ritmo de trabajo en los depósitos de Amazon ha sido durante mucho tiempo brutal y despiadado, lo que ha derivado en lesiones de origen laboral que sobrepasan largamente las de otras empresas similares. Pero cuando irrumpió el covid-19 y los compradores se volcaron al comercio electrónico, las condiciones empeoraron. A medida que explotaba el volumen de compras, el distanciamiento social y la higiene de manos se volvían incompatibles con los objetivos de producción.

El mayor beneficiario de la pandemia despedía a los trabajadores o silenciaba a sus críticos en lugar de solucionar los problemas y negociar con los socios.

Las acciones tomadas por los sindicatos provocaron cambios en el comportamiento de Amazon en algunos países europeos, mientras que en otros países, como Estados Unidos, los trabajadores alzaron su voz sobre el tema de la seguridad y terminaron siendo despedidos, en línea con el manual de procedimientos antisindicales de Amazon. El mayor beneficiario de la pandemia despedía a los trabajadores o silenciaba a sus críticos en lugar de solucionar los problemas y negociar con los socios.

La expansión del imperio de Amazon

La primera semana de diciembre, el gobierno federal de Estados Unidos presentó una queja contra Amazon por despedir a Courtney Bowden, empleada de un depósito de la empresa que luchaba por mejores condiciones de trabajo. En abril, la firma despidió a dos trabajadoras del área tecnológica luego de que instaran a la empresa a tomar acciones urgentes respecto del cambio climático.

El sitio de noticias estadounidense Vice reveló hace poco un amplio esquema de Amazon que involucraba la contratación de investigadores privados para espiar a trabajadores, ambientalistas y referentes sociales que osaran criticar a la compañía.

El gigante tecnológico es hoy no solo hoy una fuerza en el comercio electrónico sino también un  líder en servicios de almacenamiento en la nube, streaming de video, asistencia virtual, medios, comercio físico minorista de comestibles y farmacia, y ha mostrado su ambición de expandirse en el sector de redes inalámbricas, atención médica y provisión de servicios de internet.

Amazon es una amenaza para los trabajadores y las trabajadoras, pero también para quienes creen en la privacidad, las libertades civiles y los mercados justos. Y la expansión de la empresa hace que sea más fácil silenciar las voces de la sociedad civil que se oponen.

La buena noticia es que estamos despertando ante el peligro que plantea Amazon. La regulación antimonopólica y la política progresista están comenzando a tomar nota del creciente dominio de mercado de Amazon y de la competencia injusta que representa tanto para los vendedores de la plataforma como para otros en el comercio minorista. Amazon maneja y crea las reglas para su plataforma y vende allí sus productos, lo que le da una ventaja injusta sobre cualquier otro vendedor y cada día una mayor influencia sobre nuestra billetera y nuestros datos.

Los políticos están listos para actuar

 La Comisión Europea ha abierto una investigación antimonopolio argumentando que la empresa manipula en su propio beneficio la información de quienes venden en la plataforma. El Comité Judicial sobre Competencia en Mercados Digitales de la Cámara de Representantes de Estados Unidos confirmó lo que muchos ya habían dicho: «Los patrones de explotación de los vendedores por parte de Amazon, facilitados por su dominio del mercado, presentan serios problemas de competencia».

En la India, la Comisión de Competencia ordenó una investigación por supuestas violaciones a la ley de competencia, mientras que abogados estadounidenses han presentado quejas por la posición dominante de Amazon en el comercio electrónico en varios estados.

Estos esfuerzos para controlar a Amazon y otras corporaciones tecnológicas en Europa, Estados Unidos y la India son un signo de que los trabajadores y las trabajadoras, los funcionarios progresistas surgidos de elecciones y la sociedad civil pueden encontrar maneras de asociarse para hacer que las empresas rindan cuentas.

Justamente la semana pasada, el Sindicato Global UNI, la Internacional Progresista, Oxfam, Greenpeace y más de 50 organizaciones de la sociedad civil, ambientalistas y organismos de control fiscal unieron fuerzas en el Black Friday para lanzar #MakeAmazonPay (#QueAmazonPague), una intensa campaña global para hacer que Amazon asuma su deuda con los trabajadores, las sociedades y el planeta. Trabajadores y aliados de 15 países se manifestaron en un día de acción masivo, con demandas unificadas que han sido apoyadas por más de 400 legisladores en 34 países.

El control de Amazon es la prueba de nuestro tiempo

Es de esperar que nos estemos acercando al fin de la pandemia, pero estamos en los inicios del proceso de asegurarnos que la economía post-covid-19 sea justa y sustentable. No podemos permitir que un gigante digital controle nuestro comercio electrónico, la infraestructura de información y nuestros datos.

No podemos permitir que un gigante digital controle nuestro comercio electrónico, la infraestructura de información y nuestros datos.

No podemos permitir que Amazon evada su parte de los costos de la muy necesaria recuperación que están solventando todos los contribuyentes. Y tampoco podemos aceptar que Amazon se rehúse a negociar con los sindicatos, que imponga a los trabajadores y trabajadoras cuotas de producción inhumanas y que empuje a las pequeñas empresas al borde del colapso.

Nuestras economías beneficiarán cada vez más a los ricos, a los poderosos y a quienes tienen contactos a expensas del resto de nosotros, a menos que hagamos que Amazon respete los derechos de los trabajadores y los mercados justos, que contribuya con lo que le corresponde de impuestos y que borre su inmensa huella de carbono.

A comienzos del siglo XX, una amplia coalición de la sociedad civil enfrentó a los empresarios industriales monopólicos que controlaban la economía mundial y ganó. La capacidad de nuestra sociedad de poner freno a Amazon y a otros magnates ladrones será la prueba de nuestro tiempo. Una lucha que delineará el futuro del trabajo y de nuestras economías.

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Publicado en Nueva Sociedad en diciembre del 2020: https://nuso.org/articulo/es-hora-de-frenar-el-imperio-de-amazon/

 

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