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El efecto etnocida del COVID-19 en los pueblos indígenas

Foto: @PensionPolIntl/ Twitter

El Coronavirus-19 diezmará preferentemente al sector de ancianos indígenas, y acelerará y acrecentará el vigente etnocidio de comunidades y pueblos aborígenes. La mortandad de los ancianos indígenas no solo significa pérdidas humanas individuales, sino también perdidas de dirigentes culturales y políticos.

Por Demetrio Cojtí Cuxil*

Cultural Survival, 5 de abril, 2020.- El objeto del presente artículo es esbozar el efecto del Coronavirus-19 en los pueblos indígenas. Utiliza como país referente a los indígenas de Guatemala, pero sus consideraciones pueden ser válidas para el resto de los pueblos aborígenes del mundo pues casi todos tienen e implementan, grosso modo, la misma cosmovisión con respecto a los ancianos.

Demografía de los ancianos Indígenas y su relación con el Coronavirus-19

El Coronavirus-19 infecta a todos, pero mata principalmente a personas de la tercera y cuarta edad. Las personas de cualquier edad pueden infectarse, pero es especialmente peligroso para los mayores de edad.

Esto debido a que tienen otras enfermedades preexistentes, y, por ende, tienden a tener menos inmunidad ante virus y bacterias. Así:

  • En Wuhan, China, la media de la edad de los fallecidos es de 69 años (El País). Y murieron cerca del 15 % de los mayores de 80 años que fueron infectados y afectados (BBC).
  • En Italia, la media de edad de los fallecidos es de 80 años (El País).
  • En España, la media de edad de los fallecidos hasta el 15 de marzo oscila entre 78 y 85 años (La Vanguardia).

Estos datos mencionados convergen en demostrar que esta pandemia se ensaña contra los ancianos.

En Guatemala, el primer infectado de Covid-19 fue revelado el 13 de marzo. Hasta el 26 de marzo recién-pasado, el gobierno solo había realizado 564 pruebas del virus y la situación era: 25 infectados, y de ellos, un fallecido y 5 curados.

El gobierno dice que ya contuvo el virus, epidemiólogos dicen que no y que, tal vez lo peor puede estar por venir (Plaza Pública). Sólo 5 de los infectados confirmados son de Departamentos en regiones Indígenas (Sacatepéquez).

Para enfrentar la pandemia, el gobierno emitió los decretos 6 y 7 - 2020, a principios de marzo, para instalar el estado de Calamidad Pública, y el Congreso los ratifico y amplió con sendos decretos legislativos (Prensa Libre).

El estado de Calamidad Pública se utiliza para evitar, daños de cualquier catástrofe que azote al país o a determinada área, así como para evitar o reducir sus efectos.

Teniendo Guatemala un Estado cooptado por el sector empresarial, y teniendo un gobierno dominado por la corrupción, la mayor parte de las medidas presupuestarias tomadas por el gobierno privilegian el bienestar de la economía y el enriquecimiento de algunas autoridades (Prensa Libre). El bien común y la salud de todos los habitantes vienen en tercer lugar.

Ante la mortandad focalizada en ancianos que genera el Covid-19, es pertinente preguntarse sobre los ancianos Indígenas que tarde o temprano serán infectados.

La tercera edad es definida como la conformada por personas entre 60 y 79 años, y la cuarta edad por los de 80 años en adelante. El Instituto Nacional de Estadística (INE) en general elabora pirámides de población, pero mezclando a indígenas y ladino-criollos, diferenciando apenas entre hombres y mujeres y, entre grupos de edad.

Así, según el Censo de Población del 2018, hay un total de 837,280 personas mayores de 65 años, equivalente al 5.6 del total de la población. Pero no nos dice cuántos son indígenas, por lo que tendremos que conocerlo de manera aproximada, a través de la Población Indígena por Departamentos Administrativos.

Según dicho Censo, el total de población guatemalteca es 14,901,286, de los cuales el 43.8% son Indígenas, entendiendo la categoría Indígena conforme a los Acuerdos de Paz de 1996, los que incluyen a Mayas, Xinkas, Garífunas.

El INE ha agregado a otros afrodescendientes en el Censo 2018 (En esta categoría de grupo étnico, el INE junta varios grupos étnicos de origen africano pero que no son garífunas: afrodescendientes, afro-mestizos y creoles. Al darles reconocimiento estadístico, no los invisibiliza, pero no están reconocidos legalmente).

Los mayas constituyen el 41.7% del total de la población guatemalteca (INE). Estos porcentajes incluyen solo a los autoidentificados como Indígenas, y excluye a aquellos que no lo hicieron.

Foto: @UNESCOfr/ Facebook

Para tener una idea del número que constituyen los ancianos, podemos ver, a título de muestra, su densidad demográfica en 4 departamentos mayoritariamente Indígenas: Chwi Meq’ena’ (Totonicapán) donde el 98 % se autoidentifica como indígena, Tzoloj Ya’ (Sololá) con 96% de indígenas, Alta Verapaz con 93% de indígenas, y El Quiche, con 88% de indígenas. Estos datos son tomados del INE.

  • Chwi Meq’ena’ tuvo 25,541 personas entre 65 y 84 años, y 2, 407 entre 85 y más años, los que representan el 5.6% del total de población del Departamento. Entre los últimos hay 22 personas mayores de 100 años.
  • Tzoloj Ya’, tuvo 19,510 personas entre 65 y 84 años, y 2,029 personas de 85 y más años, los que representaron el 5.1% de la población total del Departamento.
  • El Quiche tuvo 38,651 personas entre 65 y 84 años, y 3,944 de 85 y más años, los que representaron el 4.5% del total de la población del Departamento.
  • Alta Verapaz, tuvo 44,601 personas entre 65 u 84 años, y 3,818 de 85 y más años de edad, los que representaron el 4.0% del total de la población del Departamento.

Estos datos nos dan una idea de la densidad de los ancianos Indígenas por Departamento, los que pueden ser infectados y afectados por la pandemia Covid-19. Los de la tercera edad, son muy numerosos, en cambio, los de la cuarta, son apenas algunos miles por cada Departamento. Casi no hay población mayor de 100 años.

En suma, el Covid-19 ataca principalmente a los ancianos. En las comunidades y pueblos indígenas existen varios miles de ancianos de la tercera y cuarta edad, los que potencialmente podrían ser infectados con consecuencias mortales. Ante la llegada del citado Covid-19 al país, el gobierno ha instaurado el estado de Calamidad Pública que implica estado de sitio y cuarentena de aplicación general.

Servicios públicos de salud, pobreza y condiciones de salud de pueblos indígenas y ancianos

En lo relativo a servicios de salud, las comunidades y pueblos aborígenes cuentan con poco o muy deficientes servicios de salud.

Así, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), reconoce que dicha institución “no dispone de personal suficiente para atender a la población rural porque la mayor parte del personal calificado y la tecnología avanzada se concentra en las ciudades y sirve a las po­blaciones con mayores recursos.

Casi las tres cuartas partes del recurso humano en salud (médicos, enfermeras y parteras) están concentradas en los departamentos de Guatemala, Quetzaltenango y Escuintla; por el contrario, departamentos como Totonicapán, Sololá, Baja Verapaz, Alta Verapaz y Quiché, donde vive una gran proporción de la población Indígena, muestran algunos de los in­dicadores más pobres de salud del país…”.

“En ciertas áreas (entiéndase áreas Indígenas), el gasto público del MSPAS (inversión pública en salud) es tan bajo que no supera los 140 quetzales (18 USD) per cápita, lo que obliga a las familias a asumir una proporción significa­tiva del costo de las atenciones y los medicamentos”.

Peor todavía, existe una inadecuación de dichos servicios a la cultura en salud de los Indígenas, la que se explica por el colonialismo vigente.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha indicado que “uno de los principales retos en materia de salud Indígena es la adecuación cultural del servicio de atención, pues el sistema de salud estatal es percibido como ajeno a la concepción propia de los Pueblos Aborígenes, y su diseño y aplicación se ha determinado sistemáticamente sin su participación”.

Ciertamente, el MSPAS ha hecho algunas adecuaciones culturales, pero estas no han tenido desarrollo ni continuidad pues no hay políticas de Estado en salud Indígena. Estas iniciativas fueron y son: el Programa de Medicina Popular Tradicional y Alternativa (PNMTA), creado en el 2002, y la creación de la Unidad de Atención de la Salud de los Pueblos Indígenas e Interculturalidad (UASPII), en el 2009.

Del lado de los Indígenas, los datos indican que siempre hay más ancianas que ancianos, más ancianos ladino-criollos que ancianos Indígenas, y que los ancianos Indígenas están en mayor situación de pobreza que los ladino-criollos.

Así, en cuanto a pobreza Indígena, un artículo de Irma Alicia Nimatuj y Ramon Gonzales Ponciano (elPeriódico) revela con datos del Banco Mundial para el 2019 que, del total de la población Indígena el 79% vive en pobreza y de ellos, el 40% en extrema pobreza.

Foto: @MINPIOFICIAL/ Twitter

Además, indica que ocho de cada 10 niños Indígenas sufren de desnutrición crónica.

Por su lado, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) revela que los Departamentos Indígenas son los que reportan el mayor porcentaje de pobreza medida por ingreso, es decir las personas que viven con 2 US$ al día para cubrir sus necesidades básicas son: Alta Verapaz (78.24%), Sololá (77.47%), Totonicapán (73.29%); Quiché (71.85%).

Asimismo, hay datos que indican que los habitantes de áreas rurales son más pobres que los de áreas urbanas, pero en las áreas rurales (INE), los Indígenas están en peores grados de pobreza (85%) que los ladino-criollos (63.7%).

En el mismo documento y en cuanto a personas de tercera y cuarta edad, el INE revela que el 66.3% de los ancianos Indígenas padecen o están en situación de pobreza y pobreza extrema, mientras que solo un 31.3% de los ancianos ladino-criollos padecen dicha situación.

Se confirma entonces que los ancianos Indígenas son más pobres y están en peores condiciones de salud que los ancianos no-Indígenas.

Además, un sector de los pueblos indígenas reside en regiones que padecen de hambruna. “La Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEW NET, por sus siglas en inglés) estableció que entre febrero y mayo de 2020, 11 departamentos enfrentarán una situación de inseguridad alimentaria intensa.

De esos departamentos, cinco tienen municipios que ya se encuentran en crisis alimentaria. Pero, entre junio y septiembre, las condiciones en el país serán más graves” (elPeriódico).

En cuanto a acceso a servicios de salud, un estudio particular de la Universidad de Montreal (Hautecoeur M, et al)  sobre el acceso a servicios de salud de los Indígenas de Rabinal Baja Verapaz indicó que padecen de barreras geográficas (distancia, sobre todo las localidades rurales o aldeas y cantones), económicas (pobreza y costos de transporte, consulta y de medicinas) y culturales (la diferencia de idioma, el racismo contra indígenas, las concepciones y prácticas de la medicina maya, la dependencia de la mujer del hombre).

Por tales circunstancias, gran parte de los Indígenas prefieren no frecuentar los centros de salud públicos.

Esta precariedad en salud de los indígenas de Guatemala no es particular sino general, es decir, es una situación generalizada en los pueblos indígenas del mundo.

Así, entidades como Survival International han afirmado que antes de la llegada del Covid 19, la población de pueblos aborígenes del mundo ya estaba muy vulnerable por la precariedad de su salud: “Más de la mitad de los Indígenas mayores de 35 años en el mundo padece diabetes.

También tienen altos los índices de mortalidad infantil, desnutrición, enfermedades cardiovasculares y respiratorias. En varios medios internacionales, como The Guardian, advierten que “si el virus entra a las diferentes comunidades Indígenas la devastación será total” (El Espectador).

A nivel continental, un estudio de la Oficina Panamericana de la Salud (OPS) señala lo mismo. Indica que “la población Indígena de las Américas presenta, con raras excepciones, condiciones de salud precarias.

Entre las causas de muerte más comunes se encuentran la malaria, oncocercosis, infecciones respiratorias agudas, tuberculosis, enfermedades diarreicas, desnutrición, alcoholismo, drogadicción, enfermedades crónico-degenerativas, VIH /sida y el suicidio”.

Y a nivel de Guatemala, en una carta pública de centenares de médicos (Plaza Pública) dirigida al gobierno, sus autores reconocen que, con base en datos del Ministerio de Salud pública del 2019, la morbilidad en el país, en población adulta está causado por enfermedades como hipertensión arterial esencial, diabetes mellitus, asma y enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, más la desnutrición crónica. Entre el campesinado Indígena adulto, son la diabetes y la hipertensión los que ahora causan estragos.

Por lo anterior, varios guatemaltecos han definido a la actual calamidad legal (cuarentena o quincena de distanciamiento social) como una duplicación del estado de calamidad en que viven los Indígenas.

Es decir que las comunidades y Pueblos Indígenas ya vivían y viven en un permanente estado de calamidad, pero ahora se les agrega los efectos de un estado de calamidad legal.

Las cuarentenas y estados de sitio pueden agravar la calamidad real en la vida y salud de los Indígenas pues la mayoría sobrevive con una actividad económica informal.

Por ello, deben generar su sustento diario y no pueden darse el lujo de cumplir con cuarentenas o quincenas de aislamiento y distanciamiento social.

La Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos (INE), confirma esta situación al indicar que 65 % del total guatemaltecos activos trabajan en el sector informal, y en el mismo, los Indígenas son mayoritarios: 8 de cada 10 Indígenas económicamente activos, se emplean en este sector.

Las actividades económicas predominantes en el sector informal son la agricultura de subsistencia (43.7 %) y el comercio (27.9 %). Por ello, para los que laboran en ese sector, su dilema es “Quedarse en casa y morir de hambre, o salir a ganarse el sustento diario y contagiarse y ser multados”.

En resumen, los pueblos indígenas y sus ancianos se encuentran en peores condiciones que los no indígenas del país, en grados de pobreza, y en desatención de los servicios de salud.

Esta situación les hace padecer de las enfermedades preexistentes que los hacen más vulnerables al Covid-19. Por otro lado, el estado de Calamidad vigente y sus implicaciones, puede agravar la calamidad real en pobreza, insalubridad y hambre que ya padecen los Indígenas.

El valor “productivo” y rol clave de los ancianos en pueblos indígenas

En las comunidades Indígenas, el rol de los ancianos difiere del de los ancianos no Indígenas. Es clásico la solución en sociedades occidentales donde se resguarda a los ancianos en asilos y casas de retiro.

En general, dejan de tener alguna función útil pues ya no están en la edad productiva, y, por ende, se les relega o abandona. En cambio, en las localidades Indígenas, desempeñan un rol más activo y determinante que en la edad adulta.

En las comunidades Indígenas, gran parte de las funciones y roles de los ancianos, se adquieren o se logran a través de dos vías: por el día de nacimiento según el calendario maya Cholq’ij y por méritos.

Por ejemplo, en Guatemala, los mayas pueden tener ciertos roles o funciones por nacimiento, es decir que, por su signo, don y energía de nacimiento, su destino es cumplir con tal o cual misión o profesión.

En cambio, el rol por méritos son aquellos casos donde, mediante un proceso de formación y de acumulación de capacidades (el sistema de cargos en una cofradía, el prestar servicios a la comunidad en una alcaldía Indígena tradicional, el haber prestado servicios a la comunidad en comités pro-mejoramiento), y conforme avanza en las etapas de la vida (de soltero a casado, de padre de familia a abuelo, etc.), se llega a tener estatus de notable y de autoridad en la comunidad. Y consecuentemente, ya ancianos asumen cargos que implican sabiduría y conocimiento, así como autoridad y honorabilidad.

Los ancianos ocupan varios funciones o cargos. Pueden ser guías espirituales, terapeutas, médicos naturistas (hierberos, curahuesos, sobadores, chayeros), etcétera.

Y a nivel organizacional e institucional pueden ocupar roles directivos como miembros de los consejos de ancianos, principales de cofradías, directivos en Alcaldías Indígenas tradicionales, etcétera. Existe cierta incidencia del género y de los grupos de edad en dichas funciones.

Por ejemplo, las mujeres tienden más a ser comadronas y curanderas, mientras que los varones tienden más a ser curahuesos y sobadores pues requieren de cierta fuera física para realizar sus tareas.

En general, la prestación de estos servicios es gratuita, o se aceptan donaciones voluntarias del beneficiado. Mientras se haya nacido con esa misión, se debe poner la misma al servicio de la comunidad.

Pero hay otras funciones que cumplen los ancianos y que no están muy reconocidos por la literatura atinente al tema: son detentores y narradores de la historia de la comunidad y de la región.

Asimismo, conocen y practican las costumbres y tradiciones de la comunidad (valores, artes, ciencias) y que son transmitidos de generación en generación. Y pueden ejecutar auditoria social por la autoridad moral que poseen.

La sabiduría es considerada como una de las cualidades principales de los ancianos y que es resultado de sus experiencias y lecciones aprendidas. Por ello, pueden ser asesores de toda la comunidad.

Asimismo, y visto desde la situación de colonialismo que padecen los Indígenas, los ancianos constituyen ejemplos de resistencia cultural y política, ante el etnocidio practicado por las instituciones del Estado contra sus pueblos.

Son ellos los que mejor tienen el conocimiento y manejo de los idiomas Indígenas, de los calendarios mayas, de las técnicas y tecnologías tradicionales, y de la espiritualidad Indígenas.

En otras palabras, los ancianos están en la primera línea de la resistencia de los Pueblos Indígenas contra el colonialismo interno. Una prueba de ello es que ahora, varias Comunidades Lingüísticas Mayas ya solo tienen pocos ancianos que conocen y hablan bien sus idiomas maternos (17 ancianos en el idioma Itza´). Su muerte implicaría la muerte de dichos idiomas.

Además de lo anterior, la civilización maya ha consagrado como valor específico, el respeto a los ancianos y a los ancestros como dimensión clave de la cultura y de la cosmovisión.

Por ello el respeto y obediencia a los ancianos alcanzó un alto nivel de desarrollo, al punto que, anteriormente, eran casi venerados pues están a punto de tornarse ancestros.

Estos son referentes históricos de las comunidades y pueblos reconocidos en categorías como Qajawxelal (Nuestros ancestros originarios), Qatit Qamam (Nuestros abuelos y abuelas), Tetata’ (padre y madre), y por ello son de frecuente invocación y conmemoración en las ceremonias de la espiritualidad maya (Breton A.).

En síntesis, los ancianos siguen siendo “productivos”, es decir útiles y funcionales debido a los cargos que asumen. Se observa que los ancianos dejan de estar al servicio de sus intereses individuales y familiares, para servir predominantemente los intereses de la colectividad.

El Coronavirus 19 acelera y empeora el etnocidio de los pueblos indígenas

Estas funciones claves asumidas por ancianas y ancianos están más vigentes en comunidades rurales y tradicionales y menos visibles y operativas en medios urbanos.

Pero lo importante es darse cuenta de lo que pierden las localidades y pueblos aborígenes con la perdida de sus ancianos. Tal como lo han definido varios indígenas, cada anciano que muere es como si ardiera una biblioteca, se perdiera un centro de documentación, una memoria histórica. Se pierde un baluarte de las formas propias de organización y del ser colectivo, un paladín de la resistencia contra el colonialismo y el genocidio cultural.

cada anciano que muere es como si ardiera una biblioteca, se perdiera un centro de documentación, una memoria histórica

Por ello, es impensable para estas comunidades y pueblos considerar lo que dijo el vicegobernador de Texas, EE. UU., ante los efectos económicos de las actuales cuarentenas: “los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía estadounidense” (El Tiempo), en el sentido de que no por salvar ancianos se tiene que hundir también la floreciente economía del país.

Los ancianos deberían auto inmolarse y dejar vivir el sistema económico imperante (el capitalismo en versión neoliberal) pues de lo contrario, provocarían una recesión y un retroceso en el bienestar material. O lo que dijo Christine Lagarde (Diario de Ibiza) exdirectora del Fondo Monetario Internacional (FMI) “Los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo y ya”.

Para ella y sus discípulos, la avanzada longevidad es muy inconveniente para la economía y para la sociedad pues los ancianos consumen, pero no producen. Para los Indígenas, los ancianos no son inútiles o inservibles pues siguen siendo muy útiles en y para la comunidad.

En todas las sociedades y pueblos, por razones físicas, los ancianos ya no producen o apenas producen económicamente, pero es en la sociedades capitalistas y mercantilizadas donde los ancianos son vetustos, es decir inútiles.

En las comunidades y pueblos Indígenas, aunque sobreviven en sociedades capitalistas, se procede a cultivar y sostener los roles y funciones útiles de los ancianos, si no es que se depende de ellos. Esta utilidad y funcionalidad puede no ser en términos económicos, pero sí históricos, políticos, medicinales, culturales e identitarios.

Esta forma Indígena de organizar la sociedad, lo pueden hacer quizás por vivir en regiones inhóspitas y aisladas, quizás por el abandono de o la ausencia del Estado, por tener cierta soberanía alimentaria, por resistencia al colonialismo y por tener márgenes de autonomía política y territorial.

El Coronavirus-19 mata principalmente ancianos cercanos a los 80 años, entre ello, los ancianos de pueblos indígenas. Este hecho futuro, se dará casi con certeza por muchas razones estudiadas: a) los Indígenas y sus ancianos están en peores condiciones de pobreza y de salud que los no Indígenas, y padecen de enfermedades concomitantes con el Covid-19; b) La priorización del bienestar de la economía sobre la salud general que hace el Estado y el hecho que los Indígenas vean agravadas sus precariedades en salud y alimentación por verse obligados a cumplir con cuarentenas  y estados de sitio, y por vivir en regiones de hambruna.

Por otro lado, el Covid-19 matará también a la flor y nata de las culturas Indígenas tradicionales, y reafirmará el etnocidio o genocidio cultural que padecen los Indígenas desde la invasión española por dos razones: a) El etnocidio  y el racismo asimilista está vigente en Guatemala, a pesar de legislación y discursos en favor del pluralismo y la igualdad entre los pueblos; b) Los ancianos tienen roles “productivos” y claves, entre los que sobresale el ser baluartes de la resistencia cultural contra el colonialismo, lo que hace que  su muerte equivale a descabezar a sus comunidades y pueblos.

En conclusión, el Coronavirus-19 diezmará preferentemente al sector de ancianos indígenas, y acelerará y acrecentará el vigente etnocidio de comunidades y pueblos aborígenes. La mortandad de los ancianos indígenas no solo significa pérdidas humanas individuales, sino también perdidas de dirigentes culturales y políticos.

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*Demetrio Cojtí es miembro del pueblo Maya-Kaqchikel de Guatemala, es Doctor en Comunicación Social. Actualmente jubilado.

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Fuente: Cultural Survival: https://www.culturalsurvival.org/news/el-efecto-etnocida-del-coronavirus-19-en-los-pueblos-indigenas

 

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