Ya viene reptando el gusano

¿Hasta dónde llegará? Nadie lo sabe, pero no hay duda de que seguirá reptando como un insecto mitológico con un aguijón siempre alerta.

Por Rodrigo Nuñez Carvallo*

uno

Lo conozco de toda la vida. Estudió sociología en la Católica a finales de los sesenta e hizo sus primeros pininos en la política como militante del FRES, un grupo estudiantil que era la fachada de Vanguardia Revolucionaria. A decir verdad, el Gusano, así lo llamaba toda la facultad, no destacaba demasiado por sus dotes intelectuales, pero era un hombre disciplinado como una roca. Esas virtudes permitieron que Javier se lo llevara a trabajar con él a La Oroya, en el flamante frente minero. Se trataba de organizar una serie de sindicatos alrededor de la refinería y los socavones de la Cerro de Pasco Corporation. Exacerbar las contradicciones entre el gobierno reformista y los sempiternos explotados, ésa era la consigna, pero el asunto se terminó desbordando en la mina Cobriza en noviembre de 1971. El sindicato, asesorado por jóvenes vanguardistas, cobró fuerza y la infame empresa incumplió pactos y provocó la ira de los mineros.

Un batallón de sinchis al mando del teniente Góngora, sorpresivamente arremetió contra la multitud que protestaba delante de la minera, y se desató  una carnicería. Cientos de sindicalistas, y muchas de sus esposas fueron masacrados. Pablo Inza, el joven secretario general murió tras un certero balazo en la cabeza, y media docena de dirigentes corrieron igual suerte tras las ráfagas. Los decepcionados mineros escaparon a los cerros y los jóvenes vanguardistas, sabiendo que la policía iba tras sus pasos, se regresaron clandestinamente a Lima.

Velasco es un reformista, sometido a la empresa expoliadora, clamó el Gusano, en el local del centro federado de Sociales donde se reunía la célula partidaria. Agenda: evaluar la situación del frente minero. Los rostros estaban apagados y en el ambiente se respiraba el humo denso de la tragedia. Hemos fracasado dijo el camarada Amadeo azotado por la pena, reconozcámoslo. Javier se levantó de la silla y con el dedo en el alto, señaló que la victoria está preñada de derrotas. El Gusano asintió con la mirada.

Lo cierto es que una siniestra capa de polvo lunar cubrió las conciencias de clase, y el movimiento minero nunca volvería a ser el mismo tras la masacre perpetrada por un gobierno que se llamaba revolucionario. Parece que la culpa persiguió a los militares más radicales, y toda la Cerro de Pasco, incluida la refinería y las estancias ganaderas fueron expropiadas por Velasco el primero de enero de 1974. Sin banderas no hay lucha…

dos

Volví a ver al Gusano a mediados de 1976. Yo buscaba trabajo y mi hermano me avisó que estaban necesitando un corrector de pruebas para una flamante revista. Se llamaba Amauta imitando el nombre de la famosa publicación de Mariátegui, pero tenía poco de cultural y más de periódico de combate. Fui a la cita y en el acto me pusieron a corregir galeras. ¿Sueldo? Dependerá de cómo nos vaya, al principio casi una propina. Pero como me gustaba el periodismo y necesitaba algún recurso acepté sin chistar. Por lo demás conocía al director que era Oscar Dancourt, el Piojo, y a Fernando, el Gusano, que oficiaba de secretario de redacción. Ambos solían pasearse por el Tontódromo de la Católica y eran figuras bastante conocidas en la facultad.

Con el paso de las semanas el Gusano fue ganando poder. Pronto me di cuenta que Amauta constituía un proyecto personal de Javier, y que el Gusano era una suerte de comisario político del partido en la revista. Con su grisácea antipatía se la pasaba escrutando textos ajenos como un censor, labor que nunca osó realizar el Piojo, y ejercía una extraña influencia por delegación. Velaba por la ortodoxia, iba y traía la línea partidaria, y cumplía los encargos más secretos de Javier y siempre en las sombras. Ni siquiera firmaba con su nombre, sino usaba un seudónimo.

A los dos o tres meses el Piojo anunció en medio de una reunión de redacción que tras el éxito del número gráfico del entierro de Velasco, el semanario se ampliaba. Habrá un pliego más, y podremos tener por fin una página internacional, añadió. El único problema es que no tenemos quién nos la escriba, porque Lucho Pásara está muy ocupado, se quejó. Yo, dije inmediatamente con la conchudez de los veintidós años y un silencio inundó la oficina que teníamos en la Casa Negreiros del centro de Lima. ¿Y qué vas a saber tú? exclamó socarronamente el Gusano. Cuánto te apuesto, repliqué sosteniéndole la mirada. ¿Podrás? inquirió el Piojo con su bonhomía acostumbrada. Pero por supuesto. ¿Y sobre qué escribirías? repreguntó el director. Sobre Irán y la revolución de los Ayatolas que cambia todo el mapa geopolítico de Oriente Medio, dije con concha. Lo espero, sentenció el Piojo. El Gusano me miró con cara de odio.

Cuatro días después me presenté en la redacción con mi texto bajo el brazo y lo lancé sobre el escritorio del Piojo. Allí lo tienes, dije con una ancha satisfacción. El director se fue a tomar un café con mis cuartillas y al regreso se limitó a entregárselo al Gusano: ¡Va! ordenó y el secretario de redacción optó por guardar silencio, aunque percibí que se habría abierto el sombrío pozo de la enemistad. Desde entonces yo me encargaba de la página internacional de Amauta, y mis artículos nunca tuvieron que pasar por su censura previa.

Solo Maruja Barrig y yo evitábamos someternos a sus designios y siempre con humor. Son un par de anarcoides e inconformistas, nos espetaba, cada vez que metíamos la cuchara en las reuniones de redacción y poníamos en entredicho sus posturas e ironizábamos sobre su vocación stalinista.

En 1980 vino la ruptura de ARI, que fue una verdadera hecatombe para la izquierda legal. Los magros resultados electorales determinaron el cierre intempestivo de Amauta. Así que liamos papeles y casi todos nos fuimos al nuevo periódico El diario de Marka, gracias a las gestiones del Piojo que no quería dejarnos en la calle. Pero al Gusano no lo quisieron integrar a la planilla de periodistas. Generaba mucha desconfianza. Tenía fuerte anticuerpos entre los partidos de izquierda que conformaban el directorio, y no le quedó más remedio que hacer de tripas corazón. Por un tiempo se hizo humo. Luego comentaron que había renunciado a Vanguardia Revolucionaria, o quizás Javier prescindió de sus servicios, nunca lo sabremos. Quizás se dio cuenta que tenía un horizonte un poco limitado como militante de izquierda y a la sombra de Javier.

Meses más tarde nos enteramos que había vuelto a la Católica. Allí se matriculó en la maestría de Ciencias Políticas y de la mano de Sinesio López y de Manuel Piqueras fue adentrándose en los secretos de Hobbes y Machiavello, de Gramsci, y Norberto Bobbio, al tiempo que escribía artículos para la revista Caretas, o hacía alguna incursión por el IEP para ganarse unos reales. No fueron tiempos fáciles. Tenía dos hijos pequeños, pero felizmente su joven esposa, hija del rector de San Marcos, tenía un trabajo estable en una agencia de cooperación.

Como siempre, un hecho dramático vino a obrar como punto de quiebre en su vida. Un accidente postró a su esposa en una cama hospitalaria durante muchos meses y la economía familiar se tambaleó. Quedó endeudadísimo. Necesitaba dinero pero además alimentar su poderoso ego, pero ahora en las antípodas de Javier.

tres

En aquellos tiempos de bombas y apagones, la senderología fue una honrosa salida para el desempleo. Además, él tenía contactos con las facciones terroristas, sabía escribir, tenía preparación académica y conocía el medio periodístico. No le fue difícil terminar de editor de Caretas y desde allí construir un tinglado que lo disparara de nuevo a la política. Pronto entró en contacto con agencias extranjeras y vendía sus servicios de consultor de seguridad. Fue informante de la DEA a cambio de obtener primicias, y penetró en las telarañas de los servicios de inteligencia, submundo que descuida la entereza y fomenta los dobleces, y claro, fue virando hacia posiciones cada vez más autoritarias, mimetizándose con las agencias que le pagaban. Con esos antecedentes se presentó ante Toledo, que ya se perfilaba como el candidato ganador en las elecciones del 2001, y se hizo su yunta. No perdió su tiempo. Fue vocero y asesor de campaña y cuando el cholo oxidable fue ungido en Machu Picchu, el Gusano se cruzó el fajín como ministro de interior. A no dudar se trataba de una revancha maestra. Javier apenas si era congresista de una bancada minoritaria.

Por entonces ya se declaraba abiertamente de derechas, e impuso un estilo represivo en el ministerio, aunque sus principales funcionarios: Carlos Basombrío, Gino Costa y Ricardo Valdez provenían de filas caviares más bien moderadas, lo que supuso no pocos encontronazos. La intransigencia llevó al Gusano a enfrentarse al pueblo arequipeño que se oponía a la privatización de dos empresas eléctricas, EGASA y EGESUR. EL conflicto se saldó con dos manifestantes muertos por la policía, decenas de heridos y millones de dólares en pérdidas. La desaforada represión de la policía le costó el cargo de ministro, y a Toledo no le quedó más remedio que suspender la venta de las eléctricas. Pero el Gusano no se fue a su casa, sino a las oficinas del Consejo Nacional de Inteligencia, la remodelada cueva de Montesinos donde fue nombrado presidente. Allí parece que aprendió bastante e incrementó sus contactos.

Un año después volvió al ministerio de interior pero tampoco duró mucho. Una coalición de opositores y oficialistas logró censurarlo por la inacción policial durante el linchamiento del alcalde de Ilave. Allí obtuvo el triste privilegio de convertirse en el primer miembro de un gabinete en ser defenestrado tras el retorno de la democracia.

Su autoestima resultó mellada y se le cerraron muchas puertas pero hubo otras que no demoraron en abrirse. En el 2005, según un cable de Wikileaks, el Gusano ya se había vuelto un caserito de la embajada norteamericana. Se reunía periódicamente con los principales consejeros del Departamento de Estado, y le pidió ayuda al mismísimo embajador James C. Struble para frenar el avance electoral de Humala. El presunto objetivo era contener el movimiento nacionalista en las regiones cocaleras. La publicación dio cuenta de que estaba acompañado por Rubén Vargas, ex director de la Defensa Nacional y seguramente su socio en tales andanzas. El embajador James C. Struble, rechazó implicarse "en campañas de información o comentarios anti Humala" a pesar de compartir la inquietud de los funcionarios peruanos. Así barajó la embajada las visitas del Gusano.

La sumisión al imperio tenía una arista pecuniaria. Todo tiene precio en el mundo de la información de inteligencia y siempre lo supo. Su patrimonio se había incrementado violentamente desde que fue ministro. Pasó de vivir en una modesta casa en las cercanías de Lince, a detentar propiedades en exclusivos barrios limeños y hasta en Miami. Incluso se construyó un lindo refugio de campo en Santa Eulalia, un buen lugar para hacer reuniones fuera de la luz pública y pensar en sus negocios y maquinaciones turbias.

Estoy convencido de que en esos años pasó de ser informante a convertirse en agente encubierto de la Agencia Central de Inteligencia (NSA), ex CIA y de la DEA una de los dispositivos más corruptos de la administración norteamericana. Desplazado del poder durante el gobierno de Humala, el Gusano se refugió en el periodismo donde comenzó a fungir de “imparcial” analista en temas cruciales de política y seguridad. Poco antes se había adentrado en las filas del partido de PPK y en los inicios de la campaña ofició de vocero, pero fue rápidamente expectorado tras la victoria del 2016. Cosechaba viejas antipatías y andaba en malas juntas. Se había vuelto inseparable de un agente cubano-americano llamado Mario Elgarresta, y dentro de la policía generaba resistencias. La cartera de interior recayó entonces en Carlos Basombrío, un hombre más potable y más higiénico. Al Gusano le ofrecieron la Dirección Nacional de Inteligencia pero fue vetado por el sector del olvidado Gilbert Violeta, que tenía también negras ambiciones. Luego le ofrecieron un puesto subsidiario en Anticorrupción de la Policía, pero no aceptó e hizo berrinche. Renunció al partido del cuy y le juró venganza a sus detractores.

El misil de sus iras esta vez fue dirigido hacia Carlos Basombrío, su antiguo amigo y socio. Cuestionó acremente su política de seguridad en su columna de El Comercio y metió insidia como solo una lombriz puede hacerlo. La respuesta de Basombrío en un twitter fue contundente: “Yo solo conocía a un gusano que bajó a alacrán y de allí a la nada”. La asociación entre ambos terminó abruptamente.

Del izquierdismo primigenio no quedó nada. Cobraba por asesorías a personajes siniestros como Pedro Chávarry. Con él se reunía y seguramente se reúne aún. ¿Es un periodista? No, es un agente encubierto, que se hizo pasar como analista independiente cuando en realidad era un espía al servicio de oscuras organizaciones: La NSA, la DEA, y protector mediático de organizaciones criminales como los Cuellos Blancos, articulados con el poder de apristas y fujimoristas.

Alguien me dice por allí que estamos ante un nuevo Eudocio Ravines, aquel comunista que terminó trabajando para el departamento de Estado Norteamericano a mediados del siglo pasado. No lo creo. Eudocio fundó un partido, fue dirigente internacional e ideó como funcionario del Comintern dos experiencias históricas únicas: los Frente Populares de Chile y de España, en la década del treinta. El Gusano no tiene nada de ideólogo y solo ha escrito deleznables y atribulados libros. Ravines en cambio fue un autor de difusión internacional. The Yenan Way, publicado en los inicios de la Guerra Fría y traducido al castellano poco después como La gran trampa, recibió numerosas reediciones y hasta hoy es libro de cabecera de muchos fascistas. No creo que Trump, Bolsonaro o Milei, lean los textos del Gusano.

Epílogo

En 2020, un medio televisivo reveló que fue contratado por Fuerza Popular para realizar algunas consultorías en temas de seguridad, a través de su empresa FRC Consultores. Recibió 180 mil soles por aquel encargo que se solventó de fondos públicos proporcionados por la ONPE a los partidos. Meses después, fue presentado como parte del equipo técnico de la campaña de Keiko Fujimori, para las elecciones del 2021, y postuló al Congreso por dicha agrupación política, a pesar de que siempre se mostró como antifujimorista de derecha. Los ajustados resultados de Keiko en primera vuelta impidieron que accediera a una curul.

Resulta por lo menos sospechoso que el Gusano estuviera en una inopinada visita al VRAEM, pocos días antes de la matanza de 16 personas en un bar informal de la localidad de San Miguel del Ene en el 2021. El múltiple crimen tenía todos los visos de ser un operativo de falsa bandera pues las armas utilizadas eran AKM y Galil, casi nunca usadas por los terroristas. Por lo demás, la incursión, realizada entre la primera y la segunda vuelta, parecía una acción psicosocial para desprestigiar a las fuerzas que apoyaban al candidato Pedro Castillo, acusándolas de terroristas. Nada raro.

Hoy un giro del destino ha devuelto a la política al accesitario. La muerte de Nano Guerra lo ha ubicado de nuevo en el centro del escenario. Que se cuide Keiko. Si toma la posta del finado, el Gusano podrá acceder a la vicepresidencia de la mesa directiva del Congreso. A sus 76 años es su última oportunidad de asaltar el poder. Basta con deshacerse de Alejandro Soto, y esperar la vacancia de Dina, posibilidad que cada vez se acerca más. De esta manera, el Gusano estaría a las puertas de la presidencia, lo cual sería una desgracia, pues está convencido de que puede ser un Bukele viejo, más mañoso y cimbreante, pero igual de sanguinario…

¿Hasta dónde llegará? Nadie lo sabe, pero no hay duda de que seguirá reptando como un insecto mitológico con un aguijón siempre alerta.

---
* Rodrigo Núñez Carvallo es un escritor nacido en Lima en 1953. Estudió en la Universidad Católica y ha publicado La comedia del desierto (2002), Sueños Bárbaros (2010) y prepara un libro de cuentos, El tren de la memoria, y una novela histórica sobre Raúl Porras. A lo largo de estos años ha venido publicando cuentos y crónicas en el semanario de César Hildebrandt. Núñez también cultiva la pintura y el dibujo.

Escucha nuestro podcast


Comentarios (2)
Buenventur (no verificado) Mar, 03/10/2023 - 08:47

Valiente en reconocer Pablo le llega la tarde aportes para el pueblo esclavo no hay

marco cardenas (no verificado) Mar, 03/10/2023 - 20:45

Simplemente mortal el análisis sobre el gusano

AÑADE UN COMENTARIO
CAPTCHA
This question is for testing whether or not you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.