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Duele muerte de indígena amazónico durante pandemia

Vivienda Huni Kuin (Kaxinawá). Foto: Terri Vale de Aquino, 1981. Fuente de la imagen: https://pib.socioambiental.org/

Aníbal Quijano había dicho: “Todos somos indígenas”, en una conferencia magistral (FLASCO, 2015), palabras que ahora me resuenan en una dimensión existencial que va creciendo en densidad simbólica, a la sombra del coronavirus. Todos somos indígenas salvo los que no quieren cambiar la situación de dependencia colonial a un sistema perverso, empeñado en un proyecto de desarrollo y de civilización insensible a cualquier muerte que, como se puede ver cada vez más claramente, terminará por extinguir a todo el género humano.

Primer indígena amazónico peruano muerto por Covid-19: Crónica de una muerte enunciada

Por Luis Chávez Rodríguez*

1 de mayo, 2020.- Habría muerto por coronavirus el primer indígena amazónico peruano. La noticia no ha sido confirmada todavía ni por el Minsa ni por la página oficial del Ministerio de Salud, la cual no registra, hasta el momento, muertos por Covid-19 en a provincia de Purús, lugar de procedencia del fallecido. El comunicado lo hizo la Federación de Comunidades Nativas de Purús (Feconapu) el mismo 26 de abril de 2020, día en que sucedió el hecho. Se trataría de Tufí Torres Silva, procedente del pueblo autodenominado Huní Kuin, conocido oficialmente como Cashinanua. Tufí, nacido en la Comunidad Nativa Conta, en la Provincia de Purús, murió en una habitación de un hospedaje en Pucallpa y a saber por los sentidos comentarios de la página de la Feconapu era, “un legado purísimo de la etnia Cashinahua, un ejemplar maestro bilingüe, un gran amigo imitador y conservador de la vida amazónica y un ejemplo de padre para todos sus hijos”. En otro comentario se exalta también su origen del siguiente modo, “Mi más sentido pésame a la familia Torres Bardales, por esta irreparable pérdida de uno de los patriarcas Junikunin, amigo Tufí todos los que te conocimos nunca te olvidaremos y te llevaremos siempre en nuestros corazones. Descansa en paz cumpay Tufí.”

En un reporte sobre el caso, La señal informativa de Servindi entrevistó al periodista Will la Torre Chung, quien había estado investigando el caso y manifestó que, Tufí Torres Silva había sido retirado, ya cadáver, de una pensión por el “Comando Covid-19 de Ucayali”. De acuerdo a esta misma agencia, en una nota resumen del informativo radial señala:“El periodista cuenta que Tufi del pueblo Huni Kuin, había superado un tratamiento previo de salud y buscaba retornar a su comunidad nativa Conta en la provincia de Purus, pero no pudo regresar por falta de dinero y transporte desde que se decretó la emergencia.”

La información de la muerte de Tufí fue replicada por radio Bongará de Amazonas el mismo día y al siguiente por la agencia de noticias Servindi y la página web de Aidesep, a través de escuetos comunicados, que denotan cierta reserva o timidez, probablemente por la falta de mayor información y de la confirmación oficial. Otra organización que ha manifestado hasta ahora su pesar por esta pérdida en la web, a través de, “#TodosSomosAmarakaeri-Un territorio que respira”, ha sido la Asociación ECA Amarakaeri, liderada por Walter Quertehuari, que administra la Reserva Comunal Amarakaeri en territorio Harambuk, Yine y Machigenga en Madre de Dios. Junto al comunicado de Feconapu, esta organización amazónica como muchas otras, volvió a pedir ayuda al Gobierno Central, reconfirmando que el brote infeccioso está tomando mucha fuerza en esta Región y, del mismo modo, volvió a manifestar su temor frente al avance del coronavirus en territorio indígena por la situación de particular vulnerabilidad que sus pobladores tienen frente, no solamente a este nuevo virus, sino a una larga lista de patógenos que han llegado a lo largo de su historia desde las grandes ciudades. Oficialmente en Ucayali ya se cuenta 760 contagiados y es, junto a Loreto, una de las regiones amazónicas por dónde se esta abriendo paso de modo más acelerado el virus en la Amazonía peruana y la mayoría de casos se hallan en localidades limítrofes a Comunidades Nativas del área, como son los distritos de Callería, Yarinacocha, Manantay  y Pedro de Abad. Así mismo, se ha confirmado oficialmente la muerte de 38 personas, ente las cuales no se cuanta todavía la muerte de Tufí Torres Silva.

Esta muerte de un indígena amazónico en el contexto actual, confirmada o no por la oficialidad, tan lamentable como la muerte de la primera víctima de Wuhan, cuando este virus hizo su aparición, y todas aquellas muertes que se vienen dando en millares alrededor del mundo, nos sobrecoge y estremece de modo mucho más cercano a los amazónicos y tiene una significancia específica para todos los peruanos y para todos los americanos. Escuché la noticia en Radio Bongará y mi propio estremecimiento lo sentí como una réplica que asomaba desde las profundidades del bosque, desde aquellas comunidades donde he trabajado y he compartido su mundo inagotable. Ese mundo que ahora vuelve a estar bajo la etiqueta de “alta vulnerabilidad” con la que se cataloga dese los fríos estudios estadísticos y los Planes de Gobierno. Sin embargo, hay otras miradas más comprometidas a esta tragedia de un mundo en amenaza de exención a causa de un histórico etnocidio, que ahora comparte la misma sensación  de muerte con toda la especie humana. Este es el punto de vista de los propios líderes nativos, de las organizaciones indígenas, de innumerables profesionales antropólogos, biólogos, medioambientalistas, activistas y de organizaciones no gubernamentales que no se cansan de luchar en la causa nativo-amazónica y que incluso han sido y están siendo perseguidos y asesinados por mantener esta posición.

En el comunicado y en el par de réplicas de la noticia de la muerte de Tufí Torres Silva, se volvió a insistir también en la falta de interés del Gobierno Central de Perú, al cual, algunas asociaciones indígenas, ya han demandado frente a la ONU por su desatención a la problemática de estos pueblos durante la presente pandemia. Esta acción, frente a un Gobierno que, a todas luces, está luchando con todo lo que puede para no permitir el desembalse de los múltiples problemas que la pandemia está ocasionando, parecería extrema si no fuera por los antecedentes de una trágica historia que de tanto repetirse se ha vaciado de significación para muchos peruanos, especialmente para los que habitan en las grandes ciudades. Este Gobierno específico, que ha reconocido su tardanza en atender a los indígenas peruanos, si bien, no es el mismo gobierno que los esclavizó, que los bombardeó, los esterilizó, los insultó y los dejó indefensos frente a los caucheros, a los petroleros, a los madereros, a los mineros y a los narcotraficantes, de acuerdo a la mirada indígena ya está quitándose la máscara y apareciendo en su verdadera dimensión horrorosa como los anteriores. La desconfianza está reavivada otra vez y por lo tanto otro conflicto está en ciernes, y con ello más dolor y más violencia contra los hermanos indígenas. Para los que sufren esta angustia, de verse amenazados, una vez más por un virus, este Gobierno, ya se pinta como el enemigo que quiere exterminarlos para entrar en sus territorios y continuar con la estela de muerte a su paso.

Lo que sí sabemos todos, a dos meses de la llegada del virus al país, y a pesar de los anuncios y desorganizadas acciones tomadas por los Gobiernos Regionales y locales, es que todavía no se ha realizado un plan de acción específico, dirigido y concertado con las organizaciones nativas, para tratar el problema. Más aún, no se ha tomado en cuenta a estás organizaciones, que conforman una amplísima red en toda la Amazonía. Estas organizaciones, que incluyen hombres y mujeres indígenas, que ya tienen elaboradas sus propias estrategias, podrían trabajar sus propuestas conjuntamente con el Gobierno y no cada uno por su lado, como está sucediendo.

La muerte de Tufí Torres Silva es tan lamentable como la muerte, hace un par de semanas, del joven indígena yanomami de 15 años, Alvanei Xirixsana, quien ya había tenido, antes del coronavirus, anemia y malaria. Cómo lo hizo saber el conocido líder indígena, Davi Kopenawa Yanomami, Vicepresidente de la Asociación Hutucara, a este joven, brasileño, la muerte lo sorprendió lejos de su aldea original, cuando trataba de iniciar sus estudios secundarios en la ciudad de Boa Vista, capital del Estado de Roraima.  Su muerte también habría pasado desapercibida más allá de la red indígena, si no fuera por un artículo de Bruce Albert, antropólogo francés con quien Davi Kopenawa publicó el testimonio, A queda do céu: palabras de um xama yanomami. El artículo de Albert se publicó en The New York Times con el título, COVID 19: Lesson From the Yanomani  y fue traducido a la versión en español como, COVID-19:Todos somos Yanonomamis, siguiendo la misma pauta simbólica de #TodosSomosAmarakaeri. En este grupo de víctimas mortales, se hallan también el indígena amazónico colombiano yanakuna, de quien ni siquiera se registra su nombre en los comunicados y escazas noticias que se encuentra sobre su caso, sólo se sabe que provenía de Ciénega Chiquita en el Departamento de Huila. De igual modo se debe contar aquí a los indígenas norteamericanos víctimas del coronavirus, quienes, de acuerdo de The Guardian, están quedando fuera de la data demográfica de fallecidos y se cuentan por miles. Situación que estarían sufriendo los afroamericanos y los latinos en América del Norte, quienes están conformando los porcentajes más altos de víctimas del coronavirus en Estados Unidos. Todos ellos suman en una larga lista de muertes que han sido producidas por terroríficas y viejas pandemias que hace 500 años se vienen dando en este continente.

Este es el contexto de la primera muerte, confirmada o no, de un indígena peruano amazónico en Ucayalli y su sentido fallecimiento resuena de modo significativo, ya sea porque conocemos cercanamente o a la distancia la secuencia de muertes que las epidemias han causado en la Amazonía. Antes que el “hashtag” de los harambuks y del artículo de Albert, Aníbal Quijano había dicho: “Todos somos indígenas”, en una conferencia magistral (FLASCO, 2015), palabras que ahora me resuenan en una dimensión existencial que va creciendo en densidad simbólica, a la sombra del coronavirus. Indígenas en referencia a un sistema que se inició hace siglos a sangre, fuego y avanzada bacteriológica. Ahora que, como en el mundo indígena desde hace siglos, todos en el planeta compartimos una nueva entrada de otro virus,  todos somos indígenas, a menos que no estemos dispuestos a admitir la condición más íntima de nuestra naturaleza. Todos somos indígenas  salvo los que no quieren cambiar la situación de dependencia colonial a un sistema perverso, empeñado en un proyecto de desarrollo y de civilización insensible a cualquier muerte que, como se puede ver cada vez más claramente, terminará por extinguir a todo el género humano.

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* Luis Chávez Rodríguez es promotor de La casa del colibrí en Chirimoto, Amazonas.

 

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En un reporte sobre este caso, La señal informativa de Servindi entrevistó al periodista Will la Torre Chung, quien había estado investigando el caso y manifestó que, Tufí Torres Silva había sido retirado, ya cadáver, de una pensión por el “Comando Covid-19 de Pucallpa. De acuerdo a esta misma agencia, en una nota resumen del informativo radial señala:“El periodista cuenta que Tufi del pueblo Huni Kuin, había superado un tratamiento previo de salud y buscaba retornar a su comunidad nativa Conta en la provincia de Purus, pero no pudo regresar por falta de dinero y transporte desde que se decretó la emergencia.”

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