Caimito resiste al avance depredador de menonitas

Guardia Indígena Caimito está en pie de lucha ante el avance de la deforestación de menonitas en su territorio. Foto: Ronald Suárez Guardia Indígena Caimito está en pie de lucha ante el avance de la deforestación de menonitas en su territorio. Foto: Ronald Suárez

Pese a que una medida cautelar ordenó a los menonitas en diciembre de 2023 detener sus actividades depredatorias en territorio de la comunidad shipibo de Caimito, en la región Ucayali, la deforestación continúa. Nuevos testimonios e imágenes satelitales confirman que este grupo religioso sigue arrasando con bosques primarios.

Por su parte, la Contraloría General de la República recomendó iniciar acciones penales contra exfuncionarios involucrados en la formalización irregular entre 2015 y 2018 de predios que terminaron en manos de menonitas, pero nada ha cambiado.

Caimito resiste y sus líderes hacen un llamado a las autoridades para imponer medidas más drásticas; de lo contrario, advierten, recurrirán a la justicia indígena.

Por Ronald Suárez Maynas*

Servindi, 30 de junio, 2024.- En Ucayali, la segunda región amazónica más extensa del Perú, la comunidad shipibo-konibo de Caimito enfrenta la deforestación de sus bosques primarios por parte de una colonia menonita, la cual amenaza sus territorios, bosques y medios de vida, así como su cultura y la relación entre la población que se ve alterada mientras se incentiva la discriminación hacia los pueblos originarios.

El pueblo Shipibo-Konibo, conocido por su rica cultura y profundo conocimiento de la selva, ha habitado la región amazónica durante siglos. Actualmente, más de 30.000 miembros de este pueblo viven en comunidades ubicadas en los departamentos de Ucayali, Madre de Dios, Loreto y Huánuco, y en otras regiones del Perú, incluida la capital. El grueso de la población vive en Ucayali.

Una de estas comunidades es Caimito, ubicada a orillas del lago Imiría, en el distrito de Masisea, provincia de Coronel Portillo, Ucayali. Con cerca de 500 habitantes, la actividad económica principal es la agricultura, sobre todo para subsistencia. Como ocurre con la mayor parte de la población indígena amazónica, sus habitantes viven en precarias condiciones, con servicios públicos deficientes o inexistentes. La pobreza monetaria es una constante en la Amazonía peruana, que solo se ve aliviada por los recursos que la población obtiene de los bosques, lagunas y ríos.

A la pobreza de Caimito, durante los últimos años se ha sumado la deforestación de sus bosques. “Los menonitas arrasan con nuestros bosques y nuestras plantas medicinales. También se perjudica nuestra fauna”, dice uno de los pobladores consultados que prefiere mantenerse en el anonimato.

Deforestación menonita

La actividad de los menonitas en América Latina ha generado un impacto ambiental notable y ampliamente denunciado por las comunidades indígenas afectadas. Pertenecientes a una comunidad religiosa de origen europeo, se establecieron en la Amazonía peruana con el propósito de encontrar tierras fértiles para dedicarse a la agricultura. Sin embargo, su llegada a zonas que históricamente han sido habitadas por comunidades indígenas ha generado tensiones, principalmente debido a las prácticas agrícolas intensivas que emplean.

Un reporte del Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP), de agosto de 2023, reveló que los menonitas deforestaron más de 7.000 hectáreas en las cinco colonias donde se establecieron desde 2017 (Vanderland, Osterreich, Providencia, Chipiar y Masisea), ubicadas entre las regiones de Ucayali y Loreto. De la deforestación total, más de un tercio (34.5%) se produjo entre 2022 y agosto de 2023 (2.426 hectáreas).

En la colonia de Masisea, donde se ubica la comunidad de Caimito, el MAAP documentó que desde el 2017 los menonitas deforestaron 929 hectáreas. “La deforestación fue más intensa entre 2017 y 2019, y solo el 5.9% (29 hectáreas) ocurrió en el periodo más reciente de 2022 a 2023”, resaltó el informe.


Deforestación en la colonia menonita Masisea. Datos: ACA/MAAP, Planet.

Figura 6. Imagen de la deforestación en la colonia menonita Masisea. Datos: Planet.

La expansión agrícola de los menonitas es una de las principales causas de la deforestación en Caimito. Han adquirido grandes extensiones de terreno con el propósito de desarrollar actividades ganaderas y agrícolas, lo que conlleva la tala indiscriminada de extensas áreas de bosque primario. Estos bosques no solo son fundamentales para la preservación de la biodiversidad, sino que también representan un pilar vital para la comunidad shipibo, que depende directamente de los recursos naturales para su subsistencia y para la preservación de sus prácticas culturales ancestrales.

Además de los impactos de la deforestación, los asentamientos agropecuarios menonitas se caracterizan por no adoptar prácticas agrícolas sostenibles ni por producir alimentos orgánicos. En su lugar, optan por un enfoque intensivo que incluye el uso generalizado de agroquímicos como pesticidas, herbicidas, fungicidas y otros productos químicos comunes en la agricultura convencional. Asimismo, recurren al uso de maquinaria agrícola pesada, lo que no solo contribuye a la degradación del suelo, sino que también promueve la dependencia creciente de fertilizantes.

“Ellos no adaptan sus cultivos a la realidad ecológica local. Ganan dinero forzando la producción en base a mucha inversión convencional, especialmente en fertilizantes, pero, en el largo plazo, dejan tierra arrasada. No practican agrosilvicultura o silvopecuaria, es decir, asociaciones de árboles con cultivo o ganado, como se recomienda para los ecosistemas en que trabajan”, explica Marc Dourojeanni, investigador de la Universidad Nacional Agraria (UNA).

El especialista remarca que los nuevos asentamientos menonitas construyen y mantienen carreteras para acceder a sus terrenos, lo que facilita el ingreso de nuevos agricultores, en su mayoría invasores, que se instalan en las proximidades e incrementan el daño ambiental. 

La presencia de los menonitas en Perú está llena de hechos irregulares. Sus colonias están envueltas en acusaciones de usurpación, tráfico de tierras y deforestación ilegal. En el caso de los menonitas de Masisea, se asentaron en tierras ilegalmente adjudicadas a supuestos agricultores que formaban parte de una red de tráfico de tierras, liderada presuntamente por el ingeniero Isaac Huamán, procesado por estos delitos. Huamán era el director regional de Agricultura en el periodo en que se produjeron los mayores escándalos de tráfico de tierras en Ucayali (2015-2018). Además del caso de los menonitas de Masisea, se suman Cocha Anía y decenas de casos más pequeños, que ejemplifican el nivel de corrupción detectado en el sector agricultura de Ucayali.

Según el periodista Iván Brehaut, radicado en Ucayali, “los menonitas tienen más de 60 años evangelizando en la selva del Perú, pero la última oleada migratoria que ha llegado al país es fundamentalista y tiene la determinación de impulsar su desarrollo económico sin contemplar los límites legales. No reconocen una ley por encima de la Biblia y eso les genera grandes ganancias.” Por ello, no sorprende que los menonitas siempre estén involucrados en casos de tráfico de tierras.


Menonitas en Ucayali impulsan su desarrollo económico sin contemplar los límites legales. Foto: Ronald Suárez

Relación entre menonitas y shipibos

La relación entre los menonitas y los indígenas del pueblo Shipibo-Konibo es compleja. Por un lado, existen conflictos por el uso de la tierra con Caimito. Abner Ancón Rodríguez, apu koshi (jefe) de la comunidad, cuenta que en octubre de 2023 los menonitas sembraron soya y arroz en el territorio ancestral de la comunidad, pero “la Guardia Indígena Shipibo de Caimito [grupo que emergió dentro de la comunidad para proteger su territorio ancestral contra la deforestación] logró retirar las maquinarias y los cimientos de las casas que pretendían construir”.

Por otro lado, a pesar de las tensiones, la presencia de los menonitas también ha creado vínculos comerciales con la población predominantemente mestiza de Pucallpa, la ciudad capital de la región Ucayali, ubicada a unas 5 horas en bote desde Caimito. Los menonitas, conocidos por su productividad agrícola, han desarrollado una red de comercio que abastece al mercado local y regional. Su producción de alimentos, como productos lácteos y agrícolas, es bien recibida en el mercado por su calidad y precios competitivos. Según Edgar Brito Segundo, morador de Masisea, el precio del saco de arroz de los menonitas cuesta 105 soles (28.5 dólares) y el de una gallina, 30 soles (8 dólares). Estos son precios considerablemente menores en comparación con los mercados de Pucallpa.

Ruth Vásquez Santos, comunera de San Pedro, un pueblo anexo del distrito de Masisea, detalla más sobre este comercio. “Hasta acá llegan los menonitas y nos ofrecen arroz, huevo, queso. Esas cositas traen y nos venden un poco barato, por eso les compramos. No solamente vienen acá, sino también van a Masisea. Antes nos daban fiado, ahora nadie nos quiere fiar. En Pucallpa las cosas cuestan muy caro, por eso compramos las cosas de acá nomás”, dice.

Esta oferta no deja de ser atractiva para los shipibos, sin embargo, “solo hay intercambio comercial de los menonitas hacia los shipibos, mas no de los shipibos hacia los menonitas”, subraya Abner Ancón.


Menonita en Ucayali. Foto: Ronald Suárez

Los planes de los menonitas van más allá. Su intención es, como ocurre en otros países de Latinoamérica, transformarse en prósperos agroempresarios. “En Ucayali, actualmente se importa soya desde Argentina y Bolivia a través de una empresa chilena. Sin embargo, la intención es remplazar esta práctica promoviendo la adquisición y producción local. De esta manera, en lugar de generar empleo en otras regiones, se busca fomentar el empleo y la producción local en Ucayali, permitiendo que los recursos generados circulen aquí mismo”, dice Raúl Lunasco Cabezas, abogado y portavoz de los menonitas.

Pero estas no son las únicas intervenciones económicas de los menonitas. “Como agradecimiento a la tierra, este año se tiene previsto entregar toneladas de arroz y mochilas escolares para estudiantes del Valle de Bimboya (distrito Nueva Requena) y el colegio de Tiruntán (distrito Padre Márquez). Además, también se prevé dotar de arroz al albergue de los ancianos y a la aldea de niños de Ucayali. Es una contribución de lo que ellos [los menonitas] producen”, señala Lunasco.

De esta manera, los menonitas enfatizan su imagen de “extranjeros trabajadores y generosos”, en contraste con la falsa, pero generalizada idea sobre los indígenas: “que tienen demasiada tierra, pero no la usan, no producen porque son vagos, flojos e ignorantes”.

Orden de paralización

En medio de esta compleja relación y con las alertas previas de deforestación menonita en territorio de la comunidad shipibo de Caimito, el 14 de diciembre de 2023 el Juzgado de Investigación Preparatoria Transitoria de Delitos Ambientales de la Corte Superior de Justicia de Ucayali ordenó a los miembros de la Colonia Menonita Cristiana Agropecuaria Masisea, que se encuentran ubicados dentro del territorio comunal de Caimito, el cese de toda actividad que genere deforestación o promueva la destrucción de los bosques.

El juzgado ordenó la “suspensión inmediata de actividades extractivas depredatorias y cese de construcción de trocha carrozable” en Caimito al declarar fundada una medida cautelar solicitada por el Ministerio Público como parte de una investigación preliminar que se sigue contra los menonitas por la presunta comisión del delito contra los recursos naturales, en la modalidad de delito contra los bosques y alteración del ambiente en agravio del Estado.

La Fiscalía fundamentó su solicitud en una inspección realizada el 8 de agosto de 2023, luego de recibir informes sobre la tala de bosques llevada a cabo por los menonitas en Caimito. Durante la diligencia, se verificó la presencia de una trocha carrozable en construcción con dimensiones de aproximadamente 20 metros de ancho y 2.5 kilómetros de largo en medio del bosque, al interior de la comunidad. Asimismo, se constató que los menonitas no habían pedido permiso a las autoridades comunales ni regionales para abrir esa trocha. 


La trocha carrozable (arriba) hallada durante la diligencia fiscal del 8 de agosto de 2023 en la que participaron autoridades locales, comunales y la Guardia Indígena del Pueblo Shipibo (abajo).

En el lugar, la Guardia Indígena observó la destrucción de los hitos del territorio comunal, de sus cercos naturales y encontró árboles talados en una extensión de más de 2 hectáreas, así como maquinaria pesada con la cual realizan dichas actividades. Los comuneros identificaron a los responsables como miembros de la colonia menonita.

Con la orden de suspensión impuesta contra los menonitas, se esperaba que la depredación en Caimito se detuviera; sin embargo, esto no ocurrió. El líder de la Guardia Indígena, Laureano Ancón Esteban, informa que “actualmente hay una nueva zona deforestada en Caimito de 150 hectáreas aproximadamente que antes era ocupada por cocaleros que también se habían asentado ilegalmente en territorio de Caimito. Ellos le vendieron terrenos de nuestra propiedad, prácticamente estafando a los menonitas porque esos predios pertenecen a nuestra comunidad legalmente y con título de propiedad”.

Además, al cierre de esta edición, Abner Ancón, jefe de la comunidad de Caimito, alertó a través de un video que nuevas áreas del territorio comunal han sido arrasadas por los menonitas recientemente en junio, pese a la orden judicial. “[…] Han quemado nuevas chacras, por lo menos 20 hectáreas […] Ya no funciona la ley peruana, no hay justicia para los pueblos indígenas”, se le escucha decir indignado al apu Ancón mientras enfoca un estremecedor paisaje de árboles tumbados que aún emanan humo como consecuencia de la quema, confirmando que la depredación es reciente.

Abner Ancón también informó que habrían identificado un nuevo modus operandi de traficantes de terreno en Caimito, quienes tumban árboles primarios, luego queman las áreas afectadas y las hacen pasar por bosques secundarios para venderlas a los menonitas. Al menos 50 hectáreas del territorio ancestral de Caimito habrían sido vendidas bajo esta nueva modalidad, señala el dirigente.

Imágenes a las que accedimos como parte de esta investigación desarrolladas por el Observatorio de Deforestación y Delitos Ambientales de la Amazonía (ODDA) de la asociación ProPurús, una asociación dedicada a la conservación de bosques, también confirman que la deforestación continúa en Caimito.

“Las imágenes muestran una continua progresión de las áreas deforestadas por los menonitas. Además de Caimito, el territorio de Nueva Dinamarca está siendo afectado. Todo este desarrollo se da aún luego de la orden judicial que recibieron los menonitas para detener todo tipo de deforestación en Masisea.  Las imágenes de satélite incluso prevén la deforestación adicional de alrededor de 150 hectáreas nuevas en las siguientes semanas”, explica al respecto Carla Limas, especialista en Sistemas de Información Geográfica (SIG) de ProPurús.

Esta situación de grave crisis ambiental mantiene en alerta y vigilancia a los comuneros de Caimito que han tomado posiciones estratégicas para proteger las zonas afectadas, dado que no perciben acciones concretas por parte de las autoridades correspondientes para detener esta destrucción desenfrenada.

La medida cautelar inicialmente otorgada debería haber asegurado la preservación de estos recursos naturales, pero su incumplimiento por parte de los menonitas subraya la impunidad con la que parecen actuar. La comunidad local y los defensores del medio ambiente expresan su frustración y preocupación por la falta de respuesta efectiva por parte de las autoridades competentes, cuya inacción permite que esta situación crítica perdure.

“Lo que pedimos son medidas más enérgicas y efectivas para proteger nuestro territorio y garantizar el cumplimiento de las leyes ambientales. Caimito está en pie de lucha y si no funcionan las leyes peruanas, debe haber alguna solución de acuerdo con la justicia indígena. Están advertidas las autoridades”, señala Abner Ancón, jefe de la comunidad.


Zona deforestada en el territorio de Caimito. Foto: Ronald Suárez

Cabe indicar que en diciembre de 2023, la Contraloría General de la República emitió un informe en el que identifica que funcionarios de la Dirección Regional de Agricultura de Ucayali ejecutaron procedimientos de formalización y titulación de predios en el sector carretera Masisea - Imiría durante los años 2015 al 2018, a pesar de que la zona tenía cobertura boscosa predominante e incluía territorio de comunidades nativas y áreas de conservación, situación que originó la pérdida de 3.316 hectáreas de terreno.

El equipo de auditores determinó que como resultado de la labor de formalización iniciada se generaron 35 predios que presentaban cobertura boscosa total o predominante. Además, 34 predios se superponían a los territorios de las comunidades nativas Buenos Aires y Caimito. Finalmente, como resultado de este procedimiento de formalización la Dirección Regional de Agricultura llegó a registrar 75 predios ante los Registros Públicos, donde 41 de ellos a la fecha fueron cedidos a la Asociación Colonia Menonita Cristiana Agropecuaria Masisea.

Si bien la Controlaría, a la luz de estos hechos, recomendó “iniciar las acciones penales contra los funcionarios y servidores comprendidos en los hechos de las irregularidades” a fin de que se determinen las responsabilidades que correspondan, las alertas sobre nuevas áreas deforestadas por los menonitas indican que poco o nada ha cambiado hasta el momento.

Exfuncionarios de la Dirección Regional Agraria de Ucayali involucrados en la irregular formalización y titulación de predios en el sector carretera Masisea-Imiría

Nombre Cargo/condición
Isaac Huamán Pérez Director Regional de Agricultura de Ucayali
Gino Castagne Ríos Coordinador de la Actividad de Saneamiento y Titulación de Predios Rurales
Spencer Torres Lima Responsable de la Brigada 02 de la Unidad Territorial Sector 15 de Masisea
Nino La Torre Torres Verificador Legal de la Unidad Territorial Sector 15 de Masisea
Francisco Panduro Panduro Verificador común
Agustín San Martín Cárdenas

Verificador común

Fuente: Contraloría General de la República

Desafíos y respuestas

La comunidad shipibo de Caimito ha respondido a la deforestación y la invasión de sus tierras de diversas maneras. Ya se ha mencionado la labor de la Guardia Indígena, resguardando y denunciando las invasiones a su territorio. También han buscado el apoyo de sus organizaciones representativas y organismos internacionales para defender sus derechos territoriales y promover prácticas de conservación. Además, están fortaleciendo su capacidad de gobernanza y gestión de recursos para resistir la presión externa, gestionando una propuesta para la creación de un área ecológica indígena, como modelo propio de conservación y uso del territorio.

Otras iniciativas están enfocadas en la reforestación y la promoción de prácticas agrícolas sostenibles, así como en proyectos colaborativos entre los shipibos y entidades externas para restaurar áreas deforestadas y proteger los bosques restantes. Estas iniciativas no solo pretenden conservar el medio ambiente, sino también asegurar la continuidad de las tradiciones culturales de la comunidad.


Miembros de la Guardia Indígena de Caimito se mantienen vigilantes ante la destrucción de sus bosques. Foto: Ronald Suárez

La lucha por el reconocimiento y la protección de sus tierras ha llevado a los shipibos a involucrarse en procesos legales y en la mejora de las políticas públicas. Demandan un mayor control sobre sus territorios y el cumplimiento de las leyes de protección ambiental y de derechos indígenas. La articulación con movimientos indígenas y ambientales a nivel nacional e internacional ha sido clave para visibilizar su causa. La comunidad de Caimito a través de una carta de petición dirigida al director regional de Agricultura con fecha 27 de marzo del 2024 y con número de expediente 3556 pide dejar sin efecto las resoluciones de la Dirección Regional de Agricultura que otorgaron títulos de propiedad a favor de Erick Santos Cárdenas Peña, un tercero que posteriormente vendió las tierras a los menonitas.


Carta de comunidad de Caimito exigiendo anular títulos de propiedad que terminaron en poder de menonitas. Foto: Cortesía

Oscar Montoya, presidente de la Organización Indígena Distrital de Masisea (ORDIM), señala que “la invasión de territorios indígenas, el tráfico de tierras y la superposición de títulos otorgados sobre el territorio shipibo de Caimito, así como en otras comunidades como Dinamarca y Buenos Aires, son conflictos territoriales, exacerbados por actividades como el sembrío de coca y la presencia de los menonitas, que representan una amenaza constante para la integridad de estas comunidades”.

La deforestación en el territorio de la comunidad shipibo de Caimito a manos de la colonia menonita es un tema de gran complejidad que involucra aspectos ecológicos, culturales y económicos. La interacción entre ambas comunidades refleja una tensión entre desarrollo y conservación, donde los intereses agrícolas chocan con la necesidad de preservar los ecosistemas y las culturas indígenas. Es crucial encontrar un equilibrio que permita el desarrollo sostenible y la coexistencia pacífica, respetando los derechos y la herencia cultural de los pueblos originarios.

La situación en Caimito es un microcosmos de los desafíos que enfrentan muchas comunidades indígenas en el mundo, subrayando la importancia de implementar políticas inclusivas y prácticas sostenibles para asegurar un futuro equitativo y ambientalmente viable.

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*Este reportaje se produjo con el apoyo de Earth Journalism Network.

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