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Colombia: Ola de masacres tiene como víctimas a menores e indígenas

Los colombianos atraviesan una de sus peores épocas. Desde la firma de la paz en 2016 no se registraban altas cifras de violencia provocadas por el narcotráfico y el terrorismo. Ante la ola de violencia en Colombia, la Defensoría del Pueblo y el arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve, coincidieron que existe un deseo desenfrenado de reclutamiento de menores de edad por grupos armados.

Por Erika Suárez

Servindi, 25 de agosto, 2020.- Colombia no solo se enfrenta a la pandemia del COVID-19, sino también a una ola de masacres provocada por grupos criminales, que en las últimas dos semanas han asesinado a 36 personas, entre ellas niños, adolescentes e indígenas.

Aún en medio del confinamiento por la crisis sanitaria, en menos 24 horas asesinaron a 17 personas. Esta lamentable cifra es producto de las últimas tres masacres ocurridas en territorios donde se disputa el control de rutas de droga.

El país cafetalero afronta una creciente ola de violencia incitadas por grupos armados. Estos crímenes ocurren en departamentos con fuerte presencia del narcotráfico, el paramilitarismo y grupos guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En estos departamentos también se encuentran algunos reductos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) e integrantes del Clan del Golfo. En Colombia se ha iniciado una guerra por cultivos de coca y por las rutas para sacar la droga.

Los colombianos atraviesan una de sus peores épocas, porque desde la firma de la paz en 2016 no se registraban altas cifras de violencia provocadas por el narcotráfico y el terrorismo.

Frente a estos crímenes, el presidente Iván Duque se ha pronunciado señalando que no son masacres, sino homicidios colectivos. Como se recuerda, el jefe de Estado colombiano suspendió el diálogo con estos grupos criminales.

Colombia de luto

Las masacres se han convertido en crímenes rutinarios en Colombia. Este tipo de violencia se creía que era parte del pasado, sin embargo, en agosto han revivido y al parecer no piensan dar tregua.

El aumento de la violencia se da en respuesta a la ausencia del Estado, al incremento de la pobreza y a la incertidumbre por la pandemia. Los grupos armados que viven del narcotráfico aprovechan esta situación para generar terror y reclutar a jóvenes.

Primera masacre 

La ola de crímenes colectivos inició el 10 de agosto con el asesinato de dos menores de edad que se dirigían a su colegio para entregar sus tareas. En medio del trayecto, los adolescentes Cristian Caicedo (12) y Maicol Ibarra (17) fueron atacados por el Clan Golfo.

Los escolares vivían en la zona rural de Balboa, en Cauca, pero estudiaban en Leiva, en Nariño. Por la pandemia y por la poca conectividad en el sector, sus tareas siempre la entregaban en la puerta de su institución educativa.

Cristian y Maicol caminaban alrededor de cuarenta minutos para llegar a su colegio. Junto a ellos estaban sus fieles mochilas que contenían sus tareas semanales. Ese trágico lunes no llegaron a su destino, porque en el camino se cruzaron con criminales que acabaron con sus vidas.

Segunda masacre 

Cuando colombianos aún no superaban el asesinato de los dos estudiantes en Nariño, al día siguiente, el 11 de agosto, se conoció de una nueva masacre. Esta vez fue en Cali, lugar donde fueron asesinados cinco adolescentes que tenían entre 14 y 16 años.

Las víctimas eran adolescentes afrodescendientes que vivían en el barrio Llano Verde y cursaban el bachillerato. Hijos de recicladores, vendedores ambulantes, obreros de construcción y empleadas domésticas.  

Los menores de edad habían salido a elevar una cometa en un cañaduzal del suroriente de Cali, lugar donde lastimosamente se encontraron con un grupo de hombres armados que no dudaron en atacarlos.

Los primeros reportes de las autoridades revelaron que los adolescentes tenían golpes, rayones en los brazos, heridas con arma blanco en cuello y tiros de gracia en la cabeza.

Familiares de las cinco víctimas aseguran que pasan cosas raras en ese cañaduzal. Exigen justicia y solicitan a las autoridades vigilar la zona.
 

Tercera masacre 

Cuatro días después de la masacre en Cali, se registró un nuevo homicidio múltiple en la ciudad de Samaniego, en Nariño. Esta vez las víctimas eran ocho jóvenes, entre los 17 y 25 años, quienes se encontraban compartiendo unos tragos en una celebración en la vereda Santa Catalina, a pocos kilómetros de la ciudad.

El sábado 15 de agosto se convirtió en una noche sangrienta, donde acabaron con la vida de ocho universitarios, en su mayoría. Ese día, aunque en otros hechos, también mataron a otra joven en el mismo pueblo. Se llamaba Yésica Zúñiga.

Uno de los sobrevivientes de la celebración contó que cuatro hombres irrumpieron en la reunión y arremetieron con fusiles y armas de corto alcance. El joven logró salvarse haciéndose el muerto.

El ministro de Defensa, Carlos Holmes, quien visitó la zona, reveló que la ola de violencia está relacionada con el narcotráfico y con los cultivos ilícitos. Además, señaló que en esa parte del país el ELN tiene fuerte presencia.

Por su parte, Hárold Montufar, coordinador del Pacto Local de Paz de Samaniego, indicó que estas masacres existen, porque el territorio está en disputa. En esa zona delinquen una docena de bandas criminales.

Los padres de las víctimas despidieron a sus hijos entre lágrimas que se perdían bajo sus tapabocas. Ellos deseaban entregarles un mejor futuro, pero ese sueño ha sido truncado.

 Estas masacres existen, porque el territorio está en disputa. En esa zona delinquen una docena de bandas criminales.

Cuarta masacre

Una nueva masacre se registró el 17 de agosto. La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) denunció el asesinato de tres jóvenes indígenas del pueblo Awá en el resguardo Pialapi Pueblo Viejo ubicado en la aldea El Aguacate, municipio de Ricaurte, en el departamento Nariño.

Estos asesinatos recién fueron comunicados dos días después de la masacre, ya que ese lugar se encuentra a nueve horas de distancia de la zona urbana y no cuenta con acceso terrestre.

La Unidad Indígena del Pueblo Awá (UNIPA) denunció y alertó que, en lo que va del año, han sido asesinados 10 de sus integrantes en diferentes resguardos localizados en varios municipios de Nariño.

Por su parte, el alcalde de Ricaurte y el gobernador de Nariño confirmaron que en esa zona el ELN tiene fuerte presencia, así como otros grupos armados ilegales que se disputan el territorio para la siembra de cultivos de coca y el transporte derivado de la planta.

Diferentes activistas utilizaron en las redes sociales la etiqueta #NosEstánMatando para llamar a atención sobre la ola de asesinatos en Colombia, país que se encuentra en confinamiento por la pandemia de la COVID-19.
 

Tres masacres en menos de 24 horas 

Quinta masacre

Los ataques con múltiples asesinatos no cesan. El viernes 21 de agosto, la Defensoría del Pueblo informó vía Twitter que en Corregimiento El Caracol, en Arauca, frontera con Venezuela, hallaron cinco cuerpos que correspondían a miembros de la población civil.

Junto a los cuerpos encontraron panfletos firmados por la disidencia de las FARC. En el documento informaban que ellos eran los autores del crimen, además, aseguraban que las víctimas eran cinco bandidos que estaban robando ganado.
 

Sexta masacre

Cinco horas después del hallazgo en Arauca fueron asesinadas seis personas en la zona rural de El Tambo, en Cauca.

Los primeros reportes informaron que supuestos disidentes de las FARC habrían llegado a la población de donde se llevaron a seis personas de una reunión.

Asimismo, se dice que los autores de la masacre de Cauca son la Segunda Marquetalia, un grupo de excombatientes que formaron esta agrupación tras la traición del Estado a los acuerdos de la paz. Las hipótesis aún no han sido confirmadas por las autoridades.

Sétima masacre

La mañana del sábado de 22 de agosto se confirmó la muerte de otros seis jóvenes en el sector La Guayacana, zona rural de Tumaco, en Nariño.

Esta información se anunció horas antes de que el presidente Iván Duque visitara Nariño para efectuar un consejo de seguridad, porque una semana antes en ese departamento asesinaron a 14 personas. 

El gobernador de Nariño, Jhon Rojas, aseguró que las víctimas de Tumaco fueron atacadas con armas de fuego. Además, expresó que lo que ocurre en este departamento es muy lamentable. Espera que el presidente tome mejores acciones para enfrentar a los grupos criminales.

Asimismo, informó que dos personas que se encontraban con las seis víctimas están desaparecidas. Las autoridades ya se encuentran buscándolas.

Las siete masacres perpetradas por grupos criminales causan especial extrañeza, ya que no parece responder a los patrones de violencia de los últimos años, concentrada en líderes sociales y ambientales.

Las siete masacres perpetradas por grupos criminales causa espacial extrañeza, ya que no parece responder a los patrones de violencia de los últimos años, concentrada en líderes sociales y ambientales.

Cifras desgarradoras

En 2020, hasta el 31 de julio, 294 personas clasificadas como menor edad o adolescente fueron asesinadas en Colombia. De esa cifra de víctimas, 34 casos ocurrieron en Cali, 20 asesinatos sucedieron en Bogotá y 12 en Medellín.

Cada año, la ONG Save the Children publica su informe global sobre los peores lugares para ser niño. En sus investigaciones Colombia siempre ocupa un lugar vergonzoso.

Ante la ola de violencia, la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Colombia expresó su enérgica condena por las masacres ocurridas en el país cafetero, y enviaron un mensaje de solidaridad a las familias de las víctimas.

En su comunicado, realizado luego de la masacre de Samaniego, informaron que en lo va del año, la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos ha documentado 33 masacres.
 

¿Dónde está el Estado?

No hay respuesta. Frente a los homicidios colectivos, las autoridades y políticos han manifestado su solidaridad y dolor, también han prometido investigar y llegar al fondo de los hechos.

Este tipo de violencia se creía que era parte del pasado de Colombia, sin embargo, en agosto ha resurgido y por la forma de sus ataques se puede determinar que los jóvenes se han convertido en blanco de amenazas.

Además, estos crímenes demuestran que los menores de edad están expuestos a que en cualquier momento sean reclutados forzosamente por grupos criminales, que los utilizarán como botín de guerra.

La violencia ha regresado y al parecer no piensa dar tregua. Los colombianos más que nunca viven con miedo, porque no saben en qué momento los narcotraficantes o terroristas pueden entrar a sus hogares o ciudades. 

 

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