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Guatemala: hartos de estar callados

Foto: DW.

Guatemaltecos exigen justicia por las 41 niñas fallecidas en incendio de albergue por negligencia del Estado y denuncian sentirse en un país inseguro. Piden renuncia del presidente Jimmy Morales.

Por Patricia Saavedra

Servindi, 25 de marzo del 2017.- Las descripciones e historias detrás de la tragedia que ha enlutado a Guatemala e indignado al mundo no parecían pertenecer a la realidad.

La mañana del pasado 8 de marzo se informaba que al menos una treintena de niñas y adolescentes que vivían en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en Guatemala, perdieron la vida asfixiadas, intoxicadas y calcinadas por un incendio producido en este albergue.

Las escenas de desesperación y dolor de las madres y familiares de las menores cundían en los alrededores de la casa hogar. La cifras iban aumentando pero eso no era lo peor.

Comenzaron a brotar los indicios de cómo se gestó la crónica de una muerte anunciada que no tuvo nada de hecho fortuito. A medida que aumentaban las víctimas solo los testimonios de menores sobrevivientes daban a conocer la realidad que se vivía en el albergue. Dejaron a las víctimas a su suerte.

Hipótesis del motín

La noche anterior al menos 60 menores, entre mujeres y varones, escaparon del albergue aduciendo diversos maltratos en ese hogar. Sin embargo fueron capturados por la Policía Nacional Civil (PNC) siendo retornados al hogar.

Una vez de regreso, en lugar de ser llevados a las habitaciones, se decide como medida represiva recluirlos: los varones encerrados en un ambiente y las mujeres en otro.

A la mañana siguiente las menores querían salir tras haber pernoctado en dicho ambiente y protestaban para que se las libere. Pero al ser ignoradas una de ellas habría prendido fuego a una colchoneta como protesta.

Al salirse de control la situación, las niñas pedían se les libere pero según quienes sobrevivieron para contarla sus súplicas eran ignoradas.

Incluso los niños que se encontraban en otro ambiente lograron liberarse para ir en auxilio de sus compañeras pero dijeron que la PNC los reprimió a golpes impidiendo que les ayuden.

Sin embargo, lo más grave que manifiestan es que tampoco ellos hacían algo por rescatarlas. Las niñas fueron dejadas a su suerte y los bomberos tardaron 40 minutos en llegar.

Se veía venir

El Hogar Seguro Virgen de la Asunción tenía una capacidad para albergar a 400 niños y adolescentes pero tenía más de 700, es decir, excedía su capacidad en un 75 por ciento.

Se había advertido de la situación de hacinamiento, además de otros serios problemas: ocurrieron episodios de violencia entre los menores que cobraron la vida de una niña, había embarazo adolescente de niñas que no ingresaron embarazadas, se encontraban ahí mezclados menores con problemas con la justicia, víctimas de trata, hijos de padres con alguna adicción, niños abandonados o que sufrían de violencia familiar, entre otros.

Asimismo, y lo más grave, pesaban sobre algunos de sus empleados denuncias de abuso sexual. Asimismo, se señalaba situaciones de maltrato e insalubridad. 

El “Hogar Seguro” era  una pesadilla de la que cualquiera quisiera escapar, como lo intentaron los niños la noche anterior a la tragedia.

Cimientos del poder sacudidos

La desgracia ha dado luces sobre una situación silenciada por años, en la que antes del siniestro estos niños eran invisibles. La respuesta de las autoridades fue lenta, soberbia y eluden responsabilidades entre ellas.

La indignación por la negligente muerte de estas 41 niñas generó días de protestas en las calles y llevó a exigir la renuncia del presidente Jimmy Morales.

Protestas contra presidente de Guatemala Jimmy Morales. Foto: Reuters.

Según un informe de UNICEF (2015), de los más de 16 millones de habitantes de Guatemala, cerca de la mitad son niños y adolescentes menores de 18 años. De ellos, el 68,2 por ciento habitaban en hogares pobres.

Otros problemas del país centroamericano es que cuenta con un 59,3 por ciento de su población que vive por debajo del umbral de la pobreza. Asimismo, junto con Honduras, es considerados el país más peligros para los defensores de derechos humanos y defensores ambientales.

Ante la inseguridad, desprotección y corrupción, la población está expresando su hartazgo, diciendo basta y rompiendo el silencio. 

 

 

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