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Hidrovía, la amenaza latente contra el ecosistema amazónico

Foto: CAAAP

La construcción de una red fluvial con serios cuestionamientos, amenaza con destruir el ecosistema de los cuatro ríos más importantes de la Amazonía peruana, poniendo además en riesgo la vida de pueblos indígenas. Esta es la cuarta entrega de una serie de reportajes denominada: “Los megaproyectos con mayor impacto en la Amazonía”, un trabajo de Servindi que recopila los grandes proyectos de infraestructura que amenazan la Amazonía del Perú.

Servindi, 14 de octubre, 2020.- La Hidrovía Amazónica fue presentada como el megaproyecto fluvial que fortalecería el sistema de navegación de la selva peruana, desarrollando el transporte de carga y pasajeros, y el comercio nacional e internacional.

Sin embargo, las fallas y vacíos del proyecto, además de los estudios de diversos especialistas, develaron los graves impactos que supondría su ejecución para la supervivencia de los pueblos indígenas.

Aunque el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto recibió más de 500 observaciones que el consorcio a cargo no logró levantar, el Estado aún parece aferrado en sacar adelante la obra.

El megaproyecto

La Hidrovía Amazónica, que pretendería mejorar la navegación en los ríos Huallaga, Ucayali, Marañón y Amazonas, abarca una red de aproximadamente 2,687 kilómetros de longitud, situada en Loreto y Ucayali.

Forma parte de la cartera de proyectos de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional (IIRSA), integrada en la agenda de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur) e impulsada por su Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan).

Aunque su aparición dentro de los planes del gobierno se remonta al año 2010, recién a fines del 2015, tras concluir el proceso de consulta previa, la concesión pudo encaminarse en un proceso de promoción y licitación.

Es así que, en setiembre del 2017, la obra es concesionada al consorcio Cohidro Amazónica S.A. (Cohidro), por un periodo de 20 años.

La Hidrovía Amazónica pretende recorrer los ríos Huallaga, Ucayali, Marañón y Amazonas. Foto: Energiminas. 

El consorcio Cohidro, formado por la peruana Casa Contratistas (CASA) y la china Sinohydro, estaría a cargo de la obra, que contaba con una inversión inicial de 95 millones de dólares.

La obra requería crear un canal de navegación de un máximo de 56 metros de ancho para el tránsito de naves de 1,8 metros de calado en los ríos Huallaga, Marañón, Ucayali y Amazonas.

Esto, a pesar de que en las riberas de esos ríos se asientan 424 comunidades nativas, de 14 etnias distintas, que según los dirigentes indígenas se verían perjudicadas.

Si bien sobre la obra recaen serios cuestionamientos de diversa índole; en este informe nos centraremos en los impactos ambientales que esta obra podría generar de llevarse a cabo.

Dragado mal definido

Una de las actividades principales y más preocupantes del proyecto es el dragado, que consiste en remover, succionar, transportar y descargar material (sedimentos) del fondo del río para depositarlo en otra zona del mismo.

Con la aplicación de esta técnica, lo que se busca es abrir una vía libre que asegure el paso constante de grandes embarcaciones.

La Hidrovía Amazónica contemplaba inicialmente el dragado de trece puntos de poca profundidad, llamados ‘malos pasos’, distribuidos en el río Marañón (3), Huallaga (6) y Ucayali (4). Sin embargo, luego se advirtió que los lugares de dragado serían muchos más.

Fuente: El Comercio

El problema con el dragado, según advirtieron diversos especialistas, es la carencia de estudios que sostengan su aplicación y los impactos que podría generar en los ríos y el ecosistema amazónico.

“Si vas a dragar, lo primero que tienes que evaluar es cuánto sedimento hay en el fondo del río, y eso no se ha hecho nunca”, le dijo a El Comercio sobre el tema, el ingeniero Jorge Abad, especialista en dinámica de los ríos amazónicos.

Para Abad, quien analizó junto a otros profesionales el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del proyecto, este estudio proyectó una medición de impactos sin haber analizado a fondo el comportamiento de los ríos.

“Si vas a dragar, lo primero que tienes que evaluar es cuánto sedimento hay en el fondo del río, y eso no se ha hecho nunca”, dijo el ingeniero Jorge Abad sobre el tema.

Un documento que pudo haber dado mayores luces sobre esto, dijo Abad, es el Estudio Definitivo de Ingeniería (EDI) del proyecto; sin embargo, para cuando el EIA fue presentado, el EDI aún no se terminaba.

Según un informe de la organización Wildlife Conservation Society (WCS), la ausencia de un estudio como el EDI, no permitió identificar si los ‘malos pasos’ a dragar eran los correctos o si habían cambiado de ubicación por la dinámica del transporte de sedimentos.

Por ello, según señalaron, era probable que el EIA del proyecto “haya evaluado impactos sobre lugares que ya han cambiado”, y que no se tenga información “sobre los nuevos ‘malos pasos’ que se pudieron haber formado”.

Ecosistema amenazado

Además de los problemas de raíz identificados sobre el dragado en este proyecto, otro de los aspectos que se ha advertido con insistencia está referido a sus posibles impactos.

La organización WCS, que también analizó el EIA del proyecto, concluyó que este no había evaluado a fondo los potenciales impactos que el dragado tendría en la dinámica de los ríos amazónicos, los ecosistemas y la biodiversidad asociada a ellos.

Según indican, el dragado podría generar la modificación y alteración del hábitat y dinámica de los ríos y el incremento de su turbidez, con posibles consecuencias para la pesca.

Uno de sus informes dedicado a las repercusiones de este proyecto sobre la pesca, señala que en los ríos amazónicos que se pretende dragar, habitan especies importantes para los pobladores locales y pescadores.

Pobladores ubicados en las riberas de los ríos que comprende la Hidrovía Amazónica viven principalmente de la pesca. Foto: WCS

Estas especies, entre las que se encuentran el “boquichico”, la “llambina” o la “arahuana”, han moldeado su comportamiento reproductivo y de alimentación a los pulsos estacionales del flujo natural de aguas y sedimentos.

Por ende, “la alteración de hábitats y patrones de alimentación y reproducción por las actividades del dragado, pueden traer consecuencias económicas y ecológicas no previstas por el proyecto de la Hidrovía Amazónica”, señala el informe.

Esto a su vez, agregan, pondría en riesgo la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas y, en particular, de Loreto, región que depende fundamentalmente de la producción pesquera de los tres ríos a ser dragados por este proyecto.

Además de los peces; las plantas, invertebrados, larvas, aves, fauna terrestre, insectos y otros organismos que viven en el lecho del río, adheridos a la superficie o en la columna del agua, tampoco fueron considerados a la hora de evaluar los impactos que el dragado podría ocasionar, según WCS.

Turberas olvidadas

Los impactos del dragado que pretende aplicar el proyecto Hidrovía Amazónica, también alcanzarían a las turberas, un tipo de humedal ácido capaz de almacenar grandes cantidades de carbono debajo y encima de la superficie.

Según datos recogidos por la organización WCS, alrededor del 73 % de los pantanos de la Amazonía peruana, están ubicados en el complejo de humedales del Marañón, donde también se ha reportado la existencia de turberas.

Cualquier actividad que se genere cerca a estas turberas, que afecten el ciclo hidrológico de estos bosques, las va a afectar, dice Honorio.

Eurídice Honorio, investigadora del Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas del Perú (IIAP), explicó que la condición para mantener la turba dentro de los aguajales —áreas pantanosas, permanentemente inundadas— está muy relacionada a la hidrología, a cómo el agua permanece en el suelo.

Bajo esa lógica, “cualquier actividad que se genere cerca a estas turberas, que afecten el ciclo hidrológico de estos bosques, las va a afectar”, le dijo la especialista a Servindi.

La afectación de estas turberas, añadió Honorio, sería lamentable, tratándose de humedales que actúan como agentes de almacenamiento de materia orgánica, lo cual las convierte en un factor de mitigación del cambio climático.

El Estado peruano, por su parte, también ha reconocido la importancia de las turberas.

Las turberas, por su capacidad para almacenar grandes cantidades de carbono, son consideradas elementos claves contra el cambio climático. Foto: Andina.

Además de considerarlas como “aliadas para hacer frente al cambio climático”, Gabriel Quijandría, viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente, reveló un dato importante en la COP25.

Durante la apertura de este evento climático, el 28 de noviembre de 2019, informó que las turberas de la región Andina almacenan cerca de 100 veces más de carbono que todos los bosques tropicales del mundo.

Sin embargo, ni las turberas parecen importar cuando se trata de un proyecto de interés regional, puesto que, cuatro días antes de este discurso en la COP25, el gobierno declaró de interés nacional la realización de la Hidrovía Amazónica.

Estudio incompleto

El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del proyecto presentado ante el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (Senace), fue devuelto con más de 500 observaciones en octubre del 2019.

Entre las instituciones que presentaron sus observaciones al EIA se encontraron la Autoridad Nacional del Agua (ANA), el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) y hasta el Ministerio de Transporte y Comunicaciones (MTC), entidad que había alentado y justificado la idoneidad del proyecto.

El consorcio Cohidro, a cargo del proyecto, tenía hasta el 9 de enero de 2020 para levantar las observaciones y volver a presentar el EIA para su evaluación definitiva; sin embargo, el 19 de diciembre de 2019, pidió que se detenga el proceso.

Cohidro destitió de proceso para levantar las observaciones del EIA del proyecto a días de vencerse el plazo para hacerlo. Foto: Mongabay Latam.

Cohidro justificó su desistimiento señalando que el MTC no iba a poder cumplir con los plazos definidos para la entrega de los estudios toxicológicos solicitados como parte de la evaluación ambiental.

Dichos estudios, servirían para evaluar la calidad de los sedimentos de los ríos por donde iba a transcurrir la Hidrovía Amazónica.

La falta de estos estudios es otro de los aspectos que preocupa a los pueblos indígenas que usan el agua de los ríos y temen ver afectada su salud por la remoción de sedimentos y los metales que se encuentran en ellos.  

En tanto, aunque Cohidro prácticamente culpó al Estado por la suspensión del proceso, algunos especialistas creen que, detrás de la decisión del consorcio, estaba su incapacidad para levantar todas las observaciones que le habían hecho al estudio de impacto ambiental del proyecto.

Pese a todo esto, a inicios de este año el entonces titular del MTC, Edmer Trujillo, aclaró que el contrato de concesión con Cohidro continuaba vigente y que, por parte del Estado, no existía interés en resolverlo.

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