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Coronavirus no mejoró situación ambiental de China

Pese a haber tenido una drástica reducción de sus emisiones durante los meses de confinamiento por el coronavirus, la calidad del aire en las ciudades chinas no mejoró. Condiciones meteorológicas y registro de emisiones confabularon para esto. Asimismo, la creciente demanda de madera en China tendría impactos negativos en la tala ilegal que deforesta los bosques africanos.

Por José Díaz

Servindi, 13 de julio, 2020.- Una de las muy pocas noticias positivas que dejó el inicio de la pandemia y el consiguiente confinamiento de gran parte del planeta, fue el impacto que el aislamiento social tenía en las emisiones de gases de efecto invernadero. En muchas partes del mundo se destacó las mejoras en la calidad del aire, empezando por el principal emisor global: China. Sin embargo, un análisis reciente demostraría que estas estimaciones sobre el gigante asiático no fueron muy precisas.

De acuerdo con una investigación publicada hace unos días en la revista Science, un estudio realizado a través de observaciones satelitales demostraría que pese a que, durante los meses de enero y febrero, en los que China agudizó su cuarentena, se redujo en un 90% el índice de emisiones de dióxido de nitrógenro (NO2), la calidad del aire en las ciudades chinas más grandes no mejoró.

La observación satelital permitió descubrir que una severa neblina asentada en el norte del gigante asiático tuvo un impacto negativo en la calidad del aire, a pesar de la reducción de emisiones. Según explica la publicación científica, una compleja mezcla entre las emisiones ya realizadas y los patrones meteorológicos del área estacionan un alto nivel de contaminación atmosférica en China.

“Las actividades humanas detenidas durante la pandemia de la COVID-19 en China nos proporcionaron un experimento único para evaluar la eficiencia de la mitigación de la contaminación del aire. (...) Esto nos muestra que los futuros planes de control de emisiones requerirán no solo reducir las emisiones, sino también tener en cuenta las variaciones meteorológicas”, explicó Yuan Wang, científico del California Institute of Technology, participante de la esta investigación.

El impacto ambiental de China

En términos ambientales, esto demuestra que el trabajo de China deberá ser mayor si quiere realmente mejorar la calidad del aire, la simple reducción de emisiones no será suficiente. Según el Informe Estadístico Mundial de Energía, dado a conocer hace unos días, el año pasado este país registró su mayor índice de emisiones de la década con más de 319 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) emitido a la atmósfera.

Lejos de reducir su consumo o buscar fuentes de energía renovable, el uso de petróleo, gas natural y hasta carbón ha incrementado sostenidamente en China desde el 2013. Esto lo convierte en el principal consumidor de combustibles fósiles en el mundo.

Pero a ello se le debe sumar una nueva tendencia que dañaría el ecosistema global. Se trata del vínculo entre el crecimiento de la tala ilegal en África, que en la última década ha deforestado miles de hectáreas de bosques africanos, y el consumo de madera en China, adonde el continente africano importa el 75% de su madera.

De acuerdo con la agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en la última década África ha acumulado una tasa anual de 3.9 millones de hectáreas de bosques deforestadas, siendo países como Nigeria, Gabón y Congo los más afectados. Asimismo, se calcula que hasta el 30% de la madera que sale del continente se obtiene ilegalmente, algo que ha ido en aumento de la mano de la demanda de China por madera para alimentar su creciente mercado de “muebles de lujo”.

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