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Indisciplinar la disciplina forestal para fortalecer el abordaje de problemas forestales de frontera

Foto: Donofré Chuco / Servindi

Por Rodrigo Arce Rojas

8 de diciembre, 2018.- Aunque mucho de las estrategias cognitivas tiene que ver con la búsqueda, interiorización, creación y socialización de afirmaciones, las preguntas también cumplen un rol fundamental en el aprendizaje tal como periódicamente nos lo pone en evidencia Hugo Che Piu con su famosa pregunta forestal en las redes sociales. Es increíble todo lo que se puede inferir a partir de las reacciones, respuestas de los que se atreven a seguir la conversación virtual.

El presente artículo rescata una serie de preguntas motivacionales para reflexionar sobre las implicancias del predominante enfoque disciplinario de las ciencias forestales y sugiere otras estrategias y métodos de aprendizaje para enriquecer el abordaje de los socioecosistemas forestales.

La disciplina forestal forma parte de la organización clásica del conocimiento que se rige bajo la premisa que somos más efectivos conociendo la realidad desde la parcela que nos correspondió administrar. Recibido el título de posesión de nuestra parcela de la realidad entonces nos organizamos institucionalmente para defender  nuestros fueros. Tanto la forma cómo se ha organizado el árbol del conocimiento como la administración pública (forestal y en general) refuerzan el sentido de pertenencia a nuestra parcela de la realidad. En la administración recibe el nombre de funciones y competencias.

Tradicionalmente las disciplinas se organizan en torno a los objetos de estudios que tiene equivalencia con la parcela de la realidad encargada de conocer. Eso supone que tenemos precisión de cuál es nuestro objeto de estudio. Seguramente que hay respuestas claras y contundentes al respecto. Para los científicos forestales tal vez sea suficiente quedarnos con la identificación del objeto de estudio forestal, pero para los practicantes (que son los que usan los conocimientos forestales y los aplican de manera práctica) no es suficiente.

Ellos y ellas necesitan saber el para qué, es decir cuál o cuáles son los propósitos u objetivos para los que nos dedicamos a conocer con ahínco y a ejercer el encargo con responsabilidad y trascendencia. De todas maneras, el qué y el para qué estarían incompletos si es que no se precisa el para quién o para quiénes.

Desde una perspectiva epistemológica también necesitamos saber el cómo conocemos. Así es que caemos en cuenta que para los practicantes forestales no basta conocer cuál es nuestro objeto de estudio sino que tenemos que ubicarlo en un marco mayor con capacidad de diálogo con la realidad. Entonces aparecen una serie de preguntas tales como: ¿Cuáles son los límites de nuestro objeto de estudio? ¿Cuál es la naturaleza de estos límites, son impermeables o permeables? ¿Estamos dialogando con la realidad? ¿Cuáles son las características o atributos de ese diálogo con la realidad? ¿Cómo influimos a la realidad? ¿Cómo la realidad influye sobre nuestro objeto de estudio?

Desde nuestro enfoque de ciencias disciplinarias reconocemos que los bosques son complejos y nuestra respuesta para afrontar la complejidad es división en grandes campos, especialización e inclusive hiperespecialización, todas ellas estrategias plausibles y necesarias. Pero la pregunta que surge inmediatamente es ¿Son las respuestas que nos estamos generando suficientes para abordar la complejidad de nuestros bosques? Algunas pistas para saber si estamos haciendo bien el encargo se resuelven desde dos perspectivas. La primera perspectiva, más clásica y generalizada, pondría como indicadores de éxito la producción forestal, el volumen de exportaciones, los ingresos económicos que generamos para el país, la balanza comercial forestal, entre otros. La segunda perspectiva, más disruptiva y hereje, incorporaría otros indicadores, además de los ya señalados, tales como la superficie de bosques conservados, la tasa de diminución de la deforestación, la tasa de disminución de la pérdida de biodiversidad, la tasa de disminución de la tala ilegal y el comercio y tráfico de fauna silvestre, la contribución de los bosques a las economías locales, la contribución de los bosques a la salud, seguridad alimentaria y seguridad hídrica, la contribución de los bosques a la mitigación y adaptación al cambio climático, entre otros.

los indicadores de éxito de que estamos haciendo bien las cosas inmediatamente ponen sobre la mesa (o el papel) una serie de contradicciones y tensiones que se manifiestan en los siguientes pares: conservación-producción, biodiversidad-industrias extractivas, bosques naturales-plantaciones forestales, crecimiento económico-sostenibilidad, especies nativas-especies exóticas, propiedad privada-propiedad comunitaria, bien personal-bien común, incentivos-amonestaciones, rural-urbano, entre otros

Asumimos que como buenos practicantes de la disciplina científica forestal también somos disciplinados y trabajamos armoniosamente. Sólo que los indicadores de éxito de que estamos haciendo bien las cosas inmediatamente ponen sobre la mesa (o el papel) una serie de contradicciones y tensiones que se manifiestan en los siguientes pares: conservación-producción, biodiversidad-industrias extractivas, bosques naturales-plantaciones forestales, crecimiento económico-sostenibilidad, especies nativas-especies exóticas, propiedad privada-propiedad comunitaria, bien personal-bien común, incentivos-amonestaciones, rural-urbano, entre otros. Existen muchas formas cómo abordamos estas contradicciones y tensiones y estas pueden ser: integración, descalificación, negación, subestimación, subvaloración, minimización, acomodación, sectorialización, entre otras. Visto así las cosas habría que preguntarnos ahora si nuestra lógica de objeto de estudio incorpora los suficientes elementos para abordar la complejidad de estas dinámicas que se resisten a inscribirse en sistemas eminentemente biofísicos como hasta ahora ha sido el patrón de nuestro accionar.

Entonces tendríamos que reconocer, dado los grandes problemas forestales de frontera, que son aquellos que no pueden resolverse únicamente desde perspectivas disciplinarias o sectoriales, hace rato dejaron corto la disciplinariedad. Ello trae muchas consecuencias que pasaremos a enumerar:

  • La necesidad de reconocer lo ambiental como una interrelación continua y acoplada entre lo biofísico y lo sociocultural. Ahora incluso habría que incorporar lo tecnológico.
  • El reconocimiento que la mejor estrategia para abordar los bosques son los enfoques socioecosistémicos. En esta perspectiva los aportes de los sistemas adaptativos complejos procedentes de las ciencias de la complejidad cumplen un rol fundamental.
  • La necesidad de incorporar enfoques, estrategias y métodos de conocimiento interdisciplinar, transdisciplinar, e incluso indisciplinar. Todo ello sin descalificar las disciplinas que seguirán teniendo un rol estratégico en reforzar las otras estrategias mencionadas.
  • Lo anteriormente mencionado invita a repensar tanto el modelo de educación forestal como de administración forestal que lleve a superar, estratégicamente, los enfoques disyuntivos, reductivos, lineales y deterministas del pensamiento y el accionar hegemónicos.
  • La necesidad de incorporar pensamiento crítico orientado a descolonizar el pensamiento forestal hegemónico. Ello incluso podrá llevar a estrategias orientadas a aprender a desaprender para luego tener la posibilidad de reaprender conocimientos más apropiados al propósito de sustentabilidad más allá de quedarse en objetivos estrictamente económicos.
  • La necesidad de abordar las tensiones y contradicciones desde una perspectiva dialógica, recursiva y retroactiva que favorece las sinergias y la complementariedad antes que las relaciones polarizadas o antagónicas.
  • La necesidad de incorporar el espíritu de religancia propio del pensamiento complejo en el que se integran estratégicamente los conocimientos científicos, los conocimientos y experiencias de la sociedad. Esta perspectiva no sólo se fundamenta en la primacía de la razón sino que incorpora en el aprendizaje todo el ser en interacción con la realidad y la acción.
  • La necesidad de construir participativamente los indicadores de éxito de una gestión forestal socioecosistémica, donde tengan plena cabida y respecto los enfoques de gestión territorial, gestión de paisajes, gestión biocultural.

Todo ello nos debe llevar a la necesidad de reconocer que nuestra relación con la biodiversidad y la sociodiversidad no es una cuestión de opción sino el reconocimiento explícito y comprometido que todos los seres vivos estamos relacionados y emparentados, somos uno con la naturaleza y el cosmos.

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*Rodrigo Arce Rojas doctor en Pensamiento Complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México. Correo: [email protected]

 

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