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Canadá, un estado colonial al descubierto

El descubrimiento de los restos de miles de niños indígenas asesinados en residencias escolares tuteladas por la Iglesia Católica en Canadá, ha puesto al descubierto el exterminio cultural que subyacía al proyecto nacional canadiense.

Por José Carlos Díaz Zanelli*

Servindi, 7 de julio, 2021.- A fines de junio una noticia impactó a nivel global. El descubrimiento de, inicialmente, cientos de tumbas anónimas de niños indígenas asesinados bajo la custodia educativa de órdenes religiosas, principalmente de la Iglesia Católica, puso al descubierto un modus operandi tan antiguo como el propio proyecto nacional canadiense: el exterminio de la población indígena apuntando a su sector más vulnerable, los niños.

Dos semanas más tarde, se han hallado más de mil tumbas y las estimaciones oscilan entre los 3 mil y 30 mil niños indígenas secuestrados de sus comunidades con el pretexto de occidentalizarles y que terminarían siendo asesinados entre 1820 y 1996. La historia de las Américas registra diversos crímenes en nombre de la modernización, pero el caso canadiense ha generado una ola global de indignación debido al perfil de sus víctimas y a la complicidad del aparato estatal.

La respuesta de Justin Trudeau ha sido por ahora ambigua. Por un lado, la prensa dio a conocer que el primer ministro canadiense había invitado al Papa Francisco, líder de la Iglesia Católica, a visitar Canadá y pedir perdón a las naciones indígenas. Su segunda declaración fue para condenar la quema de iglesias producto de las manifestaciones en rechazo a los crímenes cometidos en las residencias escolares administradas por estas. Hasta el momento Trudeau no realiza una autocrítica sobre el rol del Estado canadiense en estos hechos.

¿Un Estado colonial?

La política de internamiento de niños indígenas en escuelas tuteladas por la Iglesia Católica durante más de 160 años formó parte de una política de exterminio cultural que tenía como objetivo, nominalmente, asimilar a los indígenas a la cultura occidental y disolver la continuidad de las tradiciones y hábitos culturales imperantes en varias naciones indígenas dentro del territorio canadiense. En la praxis, esta política terminó buscando la desaparición material de la cultura indígena en Canadá.

En un periodo poscolonial, esta práctica reprodujo modalidades coloniales de exterminio cultural, lo que cesó en el siglo XXI. De hecho, en 2008, el entonces primer ministro canadiense Stephen Harper reconoció que esta política tenía el siguiente objetivo:

Apartar y aislar a los niños [indígenas] de la influencia de sus hogares, familias, tradiciones y culturas, y asimilarlos a la cultura dominante. De hecho, algunos buscaron, como se dijo infamemente, 'matar al indio en el niño'. Hoy reconocemos que esta política de asimilación fue errónea, ha causado un gran daño y no tiene cabida en nuestro país”.

Años más tarde, en un “llamado a la acción”, publicado poco después de su Informe Final en 2015, la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Canadá invocó a la Iglesia Católica a pedir un perdón histórico y reconciliador a las naciones indígenas por los abusos emocionales, físicos y sexuales cometidos por sus representantes en suelo canadiense.

Lectura social e histórica

El Estado canadiense se encuentran en un momento crucial que expone a una relectura histórica su proyecto nacional, a la luz de sus modalidades coloniales. Como he señalado antes, esto no es una novedad en las Américas, pues campañas de exterminio indígena en aras de fundaciones nacionales se han dado en los últimos 200 años en países como la expansión de los Estados Unidos hacia el oeste y la “campaña del desierto” con la que Argentina asesinó y desplazó a miles de indígenas en el siglo XIX. Lo de Canadá es solo un hito más, aunque quizá el más cruel.

Lo que Harper admitió de forma retórica (‘matar al indio en el niño’) ha terminado siendo una realidad histórica material. El agravante, no obstante, es que esta política no solo formó parte de la fundación del estado nacional canadiense, sino que acompañó en paralelo a su desarrollo como proyecto nacional hasta fines del siglo XX, en pleno apogeo globalizante, donde las políticas multiculturales ya estaban convertidas en el paradigma social dominante del hemisferio norte.

Sin dudas, este evento sume a Canadá en una incomodidad histórica que tendrá que ser reparada no solo a través del perdón retórico de sus instituciones, sino a través de reparaciones materiales que fomenten el respeto, revalorización y revitalización de las naciones indígenas melladas por el afán homogeneizador y modernizante de un proyecto nacional que reprodujo lo más cruel de su etapa colonial.

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* Periodista y candidato doctoral de estudios culturales y literarios en Rutgers University. 

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Comentarios

Mi solidaridad, oracion y dolor para con los hermanos Inuit y todos loso grupos indigenas del Canada, por el asesinato sis tematico de sus descendientes, por religiosos perversos que los han abusado y los han diezmado, quebrando generacion es de vida y esperanza, Ese hecho no se puede dejar sin castigo, identificar culpables, y, ver raices que han cortado para que sus familiias sepan y los reclamen. En el dolor de todos ellos. dra. bertha de peru

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