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Las narrativas en la gestión de paisajes forestales sostenibles

Foto: Donofré Chuco / Servindi

Por Rodrigo Arce Rojas*

7 de marzo, 2018.- La perspectiva de gestión de paisajes forestales sostenibles tiene perfecta consonancia con el enfoque de sistemas adaptativos complejos y por lo tanto con el enfoque de socioecosistemas. Visto así las cosas la gestión de paisajes forestales sostenibles no se trata únicamente del diálogo entre producción y conservación, o entre lo biofísico y la gobernanza sino que incluye por extensión a los tangibles y a los intangibles.

El tema de los tangibles es un tema comúnmente tratado en la gestión de paisajes forestales sostenibles pero el tema de los intangibles es poco abordado, siendo ambas expresiones fundamentales para trabajar con un enfoque de socioecosistemas. Por ello en el presente artículo procederemos a prestar mayor atención al tema de los intangibles.

Desde la perspectiva de la gestión de paisajes forestales sostenibles llamamos intangibles a todos aquellos elementos que no tienen una manifestación física y por tanto no lo podemos ver o tocar directamente pero sí percibir su presencia. Así estamos hablando de las ideas, significados, paradigmas, creencias, discursos, relatos y narrativas presentes en un paisaje forestal.

También incluyen los aspectos vinculados a relaciones, vínculos, afectos, tensiones; religiosidad, espiritualidad, sintiencia que no lo podemos percibir directamente y sólo lo experimentamos a través de sus manifestaciones. No hay forma de saber que tenemos 75.04 % de emoción o 33.099 de sobrecogimiento cuando apreciamos un paisaje, o la belleza de las flores. Pero no podemos negar que la emoción está presente, que la admiración afecta mi fisiología.  Todos estos aspectos van a incidir finalmente en las cadenas de significados que nos construimos intersubjetivamente, en los discursos que adoptamos, en las narrativas que nos construimos.

Lo interesante de todo esto es que hay relaciones estrechas en lo que decimos, en lo que sentimos, en lo que pensamos y en lo que creemos; hay una conexión profunda entre el cuerpo, la mente, la fisiología, la palabra, la acción, el ambiente. Las narrativas que nos construimos nunca son islas y son más bien emergencias de las interacciones, interdependencias e interdefinibilidades entre el conjunto de elementos tangibles e intangibles.

Por tanto, prestar atención a las narrativas es fundamental en la gestión de los paisajes forestales sostenibles. Desde esa perspectiva interesa conocer qué se dice, quiénes lo dicen y por qué lo están diciendo. Una narrativa es el relato que nos construimos frente a una determinada situación y es un producto intersubjetivo que no sólo representa nuestra experiencia particular sino que recoge otras expresiones, sentires y vivencias de otros actores tanto en la actualidad como en la historia.

Por eso para entender mejor una narrativa importa tanto conocer la historia y el contexto.  Descontextualizar la interpretación de una narrativa nos podría llevar a interpretaciones fragmentarias, incompletas, sesgadas e incluso interesadas. En otras palabras una narrativa representa los procesos de socialización, la interacción comunicativa, creencias y valores que inciden en nuestras prácticas y comportamientos. Representa una forma cómo percibimos la realidad a partir de los lentes de nuestra cultura y de nuestras expectativas e intereses.

Ahora bien, las narrativas no necesariamente tienen una relación directa con las experiencias. Hay narrativas que construimos pese a que no coincidan con la experiencia. Las narrativas pueden caer en visiones sesgadas de causalidad y ver sólo lo que se quiere ver u oír sólo lo que se quiere oír. Así también hemos podido apreciar maleabilidad de narrativas en función a contextos, espacios y situaciones específicas. Aunque decimos que somos consistentes no siempre lo somos. Incluso somos capaces de inventar aquellas narrativas que aparentemente (o realmente) nos dan mayor estabilidad emocional aunque no coincidan con la realidad. Es más fácil auto engañarnos que reconocer que estamos equivocados. Nosotros interpretamos la realidad a partir de nuestra subjetividad, que como sabemos, no necesariamente es sólo nuestra y es producto de procesos intersubjetividad desde nuestro marco sistémico de referencia. Esto lo podremos apreciar a partir de algunos ejemplos.

Pongamos como ejemplo 5 observadores frente a un bosque. Uno de ellos podría tener la siguiente narrativa “los bosques son recursos naturales que sirven para desarrollar nuestra economía”, el siguiente observador podría decir “qué riqueza de biodiversidad forestal para hacer frente al cambio climático, el otro podría decir “cuánto potencial para expandir nuestra frontera agropecuaria” y finalmente el último observador podría construir la siguiente narrativa “qué riqueza mineral encierra esa montaña” Como podemos apreciar cada uno construye su propia narrativa y forma parte de una comunidad de narrativas que incluye a las diferentes personas que comparten la misma narrativa. Esta diversidad de narrativas entra en tensión y pueden ser fuente eventual de tensiones y conflictos. La interacción de estas narrativas, la fuerza que cada una tenga, el poder que tenga el portador de la narrativa, finalmente va a generar una narrativa dominante y se manifiesta en la energía social del sistema.

Ahora bien, cada uno de los actores cree tener la verdad en sus narrativas y actúa en consonancia con ella. Sea porque tiene una posición de poder o dominio, sea porque cree tener el poder de la ley, de la institución, de la ciencia o por cuestiones de rango nuestro narrador considera que tiene la legitimidad para imponer su narrativa. Finalmente la narrativa hegemónica es la que dirigirá todo el proceso de gestión de paisajes forestales sostenibles. ¿Pero qué pasa cuando la narrativa oficial no está contribuyendo legítimamente a la sostenibilidad y por el contrario está institucionalizando relaciones de imposición y exclusión?

De todo lo expresado surge entonces la necesidad de construir narraciones compartidas aquella que sólo es posible lograrla a partir del diálogo generativo y transformador. Diálogo que lleva en esencia la voluntad de encuentro, interaprendizaje y capacidad de remover ideas y posiciones originales. Es lógico suponer entonces que si la narrativa no se basa en principios de sustentabilidad los resultados serán no sustentables. No importa qué tanta tecnología o inteligencia artificial despliegue sino que los resultados, bajo esta condición de insustentabilidad, serán no sostenibles.

Todo lo anterior refuerza en concepto de socioecosistema donde interesa tomar en cuenta todo el conjunto de intangibles como deseos, aspiraciones, sueños, proyecciones, sentidos, significados, religiosidad, espiritualidad, afectos, historias. Desconocerlas simplemente nos lleva al optimismo tecnológico, tecnocrático, económico u otro tipo de consideraciones. Por eso, es importante que los gestores de paisajes forestales sostenibles tomen en cuenta las narrativas para poder definir enfoques, metodologías, técnicas y procedimientos que coadyuven al logro de la sostenibilidad genuina que es la gran narrativa por la que estamos apostando. Pero hay narrativas que cosifican la naturaleza y legitiman procesos de explotación sin consideración moral alguna. Las narrativas cuentan.

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*Rodrigo Arce Rojas doctor en Pensamiento Complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México. Correo: [email protected]

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