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Gestión del conocimiento y complejidad de la conservación ambiental

Servindi, 13 de abril, 2016.- Los problemas ambientales más serios que enfrenta el planeta, entre ellos el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, requieren ser abordarlos desde la perspectiva de la complejidad. En ese sentido, es necesario amplificar el abanico de opciones que hemos venido usando en la gestión del conocimiento. 

Así lo sostiene Rodrigo Arce Rojas, experto en temas forestales, en un reciente artículo en el que señala que es importante reconocer "la construcción social del conocimiento y la importancia de los enfoques colaborativos". 

"El proceso de atraer, generar, procesar, distribuir, almacenar conocimiento relativo a la conservación ambiental se nutre de la ciencia y de los conocimientos y saberes tradicionales reconociendo a la vez las limitaciones de las ciencias disciplinarias de corte reduccionista y disyuntivo", destaca Arce.

No obstante, enfatiza sobre la ciencia clásica que "está en serio cuestionamiento al separar el sujeto investigador del objeto, al pretender neutralidad ética, al propender a la hiperespecialización que desconecta".

Al respecto agrega que tampoco se trata de negar los aportes de la ciencia sino de "abrir la mente y las manos para abordajes que tengan la capacidad de reconocer los límites de nuestros marcos paradigmáticos, marcos perceptuales e ideológicos justamente para poder enriquecerlos."

El experto concluye que la gestión del conocimiento "no se circunscribe entonces a qué tanto aprendemos mejor nosotros como practicantes de la conservación ambiental, sino la medida en que todos los actores involucrados participan en la construcción social del conocimiento."

Compartimos a continuación el artículo de Arce Rojas.

Gestión del conocimiento frente a la complejidad de la conservación ambiental

Por Rodrigo Arce Rojas*

13 de abril, 2016.- La conservación ambiental es el campo de la complejidad por antonomasia. Atrás quedaron las épocas en las que la conservación solo era vista como el campo de los procesos biogeoquímicos y por tanto la gestión de la conservación enfrenta los retos de abordar la incertidumbre y la aleatoriedad desde perspectivas más sistémicas en diálogo dinámico con el entorno.

Según el portal Planet Earth Herald los 10 problemas ambientales más serios a los que se enfrenta nuestro planeta son en orden de importancia: sobre población, cambio climático, pérdida de biodiversidad, ciclos de fósforo y nitrógeno, agua, acidificación del océano, contaminación, desgaste de la capa de ozono, exceso de pesca, deforestación (Expoc, 2012). Como podemos apreciar, todos estos problemas están fuertemente interconectados y por tanto se requiere abordarlos desde la perspectiva de la complejidad y el pensamiento complejo.

El pensamiento complejo es una actitud, una invitación para abordar la realidad desde múltiples, perspectivas y sentidos con especial énfasis en las relaciones e interconexiones dinámicas en tal sentido promueve un saber integral. El campo de la conservación requiere un saber totalizador y la transdisciplinariedad es el primero de los medios a través de la que se alcanza la madurez de pensamiento que se necesita en esta nueva era (Columbie, 2012).

En esta línea de pensamiento, la solución a la problemática ambiental concebida desde todas las ciencias posibles permite que los individuos se identifiquen tanto con los problemas globales del ambiente, como en el medio donde vive; busca identificar las relaciones de independencia que se dan entre el entorno y el hombre, todo esto con el fin de garantizar el sostenimiento de las generaciones actuales y futuras (Columbie, 2011).

Es sintomático que los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas recojan la complejidad de la realidad en la que se inscriben la conservación y el desarrollo. Estos objetivos están ligado a pobreza, hambre y seguridad alimentaria, salud, educación, igualdad de género y empoderamiento de la mujer, agua y saneamiento, energía, crecimiento económico, infraestructura, reducir desigualdades en y entre los países, ciudades, producción y consumo sostenibles, cambio climático, océanos, bosques, desertificación y diversidad biológica, justicia y paz, y alianzas (Naciones Unidas, 2016).

Ahmed Djoghlaf, el Secretario Ejecutivo Convenio sobre la Diversidad Biológica, manifiesta que la conservación y uso sostenible de la diversidad biológica y la erradicación de la pobreza extrema constituyen dos de los principales desafíos mundiales de nuestra era. La comunidad internacional ha reconocido que existe una estrecha interrelación entre estos dos desafíos y que, por lo tanto, deben ser abordados en forma coordinada (Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, 2009).

Revisemos algunos casos prácticos que enfrenta la conservación ambiental. Por ejemplo, en un estudio sobre deforestación en el paisaje Yavarí – Samiria en la Amazonía peruana se encuentra que la mayor dinámica en el cambio del uso del suelo en las áreas evaluadas es impulsada por diversos factores, los cuales conducen a la conversión de bosques en tierras deforestadas; conductores, como la tala selectiva de especies maderables y no maderables con fines comerciales, la construcción de caminos (Carretera Iquitos - Nauta) y explotación de petróleo que promueve la ocupación de los territorios aumentando los focos de colonización de nuevas áreas; el avance de la frontera agrícola para la extensión de cultivos y ganadería con la finalidad de satisfacer las necesidades de consumo de los individuos y grupos humanos (Mercado, 2012).

En la elaboración de la Estrategia para la Conservación del Oso Andino en el Santuario Histórico de Machupicchu y el Área de Conservación Regional Choquequirao elaborada por SERNANP y colaboradores (2014) se encuentra que las presiones de desarrollo en el área de influencia del Complejo Natural Cultural Machupicchu Choquequirao son, en gran medida, responsables de las principales amenazas contra las poblaciones del oso andino. Para hacer frente a estas presiones es necesario un cambio de paradigma en cuanto al desarrollo y la necesidad de que este sea sostenible. En tal medida, además de los aspectos directamente ligados a la conservación y gestión del paisaje, se plantea el apoyo a desarrollo de ZEE Inventario de posibles programas de desarrollo sostenible, apoyo a la capacitación en programas de desarrollo sostenible (zona de amortiguamiento), el Plan integral de turismo sostenible, el Plan de gestión de productos forestales (leña y madera), el Plan de gestión de residuos sólidos, y el Programa de vigilantes voluntarios.

Márquez y Goldstein (2014) al estudiar los conflictos entre la gente y el oso andino plantean que la resolución de estos conflictos requiere tanto de un marco institucional operativo como de manuales y guías que faciliten la aplicación de herramientas y técnicas de manejo del conflicto. Un primer paso fundamental para la resolución del conflicto, es el diagnóstico del riesgo de conflicto, el cual está en gran medida determinado por la ecología de la especie involucrada, el tipo de actividad económica, los aspectos culturales de las personas afectadas por el conflicto, así como por la capacidad de gestión de la institucionalidad.

Múltiples son los enfoques y acercamientos que se han realizado para recuperar la complejidad de lo ambiental. Por ejemplo, Boff (2000) distingue siete "caminos" o prácticas esenciales de la ecología para articular una propuesta eco-teológica holística. Estos caminos son: El Camino de la Técnica (eco-tecnología), el Camino de la Política (eco-política), el Camino de la Sociedad (ecología social), el Camino de la Ética (ética ecológica), el Camino de la Mente (ecología interior o mental), el Camino del Corazón (mística cósmica), y el Camino de la Praxis Cristiana (eco-teología).

No obstante, estos esfuerzos aún están incompletos y varias disciplinas como la ética y la psicología por ejemplo, no se vislumbran nítidamente como aportes reflexivos que permeen la gestión de la conservación. A pesar del creciente interés que despiertan las cuestiones ambientales en todas las esferas de la sociedad global, la dimensión ética de estos problemas no siempre se ha articulado adecuadamente en el proceso de toma de decisiones políticas (Ten Have, 2010). Exploremos un poco más a modo de ejemplo estos abordajes.

Yang (2010) da cuenta de tres principios normativos de la ética ambiental: Los principios de la justicia ambiental, el principio de la igualdad entre las generaciones, y el principio del respeto a la naturaleza. Asimismo señala que desde la perspectiva de la ética ambiental los especialistas han llegado al siguiente consenso: La crisis del medio ambiente es la patología de la civilización industrial moderna, la Tierra es la riqueza común, la pobreza es una forma de contaminación, el militarismo es una de las principales amenazas a la vida en la Tierra, la justicia ambiental es una cuestión prioritaria de la ética ambiental, y la ética ambiental debe participar activamente en el proceso de toma de decisiones sobre el medio ambiente.

Según la perspectiva de la Psicología Ambiental “el ambiente no es un espacio neutro y excepto de valores, él es culturalmente marcado. El medio ambiente vehicula significaciones que son parte integrante del funcionamiento cognitivo y comportamental del individuo. La relación a un espacio dado es, más allá del presente; tributaria de su pasado y del futuro: el contexto ambiental, objeto de percepciones, de actitudes y de comportamientos desplegados en su seno, toma toda su significación en referencia a la dimensión temporal” (Navarro, 2004).

La gestión del conocimiento en la conservación ambiental enfrenta entonces el reto de la complejidad que se pone de manifiesto en los ecosistemas y en los socioecosistemas habida cuenta que finalmente lo que se trata es de lograr sistemas de convivencia entre los seres humanos y las diversas expresiones de la diversidad biológica pensando en las generaciones presentes y futuras.

El proceso de atraer, generar, procesar, distribuir, almacenar conocimiento relativo a la conservación ambiental se nutre de la ciencia y de los conocimientos y saberes tradicionales reconociendo a la vez las limitaciones de las ciencias disciplinarias de corte reduccionista y disyuntivo. Debemos reconocer que la sacralidad generada en torno a la ciencia clásica está en serio cuestionamiento al separar el sujeto investigador del objeto, al pretender neutralidad ética, al propender a la hiperespecialización que desconecta, entre otras observaciones significativas. Pero tampoco trata de negar los aportes de la ciencia sino abrir la mente y las manos para abordajes que tengan la capacidad de reconocer los límites de nuestros marcos paradigmáticos, marcos perceptuales e ideológicos justamente para poder enriquecerlos.

En este proceso de apertura mental y emocional para capturar la integralidad de la realidad de la conservación ambiental cobra real sentido identificar una serie de dilemas y tensiones con las que hasta ahora nos habíamos movilizado para entenderlas como procesos totalizadores, dialogantes, no solo que tienen mutua influencia sino que incluso el abordaje de la causalidad lineal cambia para dar apertura a una dinámica de múltiple causalidad en la que las causas pueden pasar a ser efectos y viceversa. Para ello se precisa una mayor apertura en los enfoques y prácticas de investigación interdisciplinaria y transdisciplinaria.

Se requiere además amplificar el abanico de opciones que hemos venido usando en la gestión del conocimiento. Reconociendo la construcción social del conocimiento y la importancia de los enfoques colaborativos se requiere por ejemplo dar pie a las conversaciones creativas significativas y la diversificación de registros y mecanismos de socialización.

La gestión del conocimiento no se circunscribe entonces a qué tanto aprendemos mejor nosotros como practicantes de la conservación ambiental, sino la medida en que todos los actores involucrados participan en la construcción social del conocimiento.  Un conocimiento que no queda en la parte cognitiva sino que también incorpora las emociones, los afectos, la leyenda, el cuento, la poesía, la filosofía, la ética. Se requiere además considerar no sólo como activamos al cerebro sino a la plenitud del ser humano en sus dimensiones cuerpo-fisiología-lenguaje-mente-corazón-espíritu. Se trata entonces de promover el encuentro de cada persona consigo mismo, con la sociedad, la naturaleza y el cosmos. Es así como la gestión del conocimiento contribuye al despliegue de todas sus facultades, capacidades y potencialidades a favor de la conservación que entendida en su real dimensión es el compromiso mismo con el desarrollo sostenible.

Bibliografía revisada:

Boff, L. (2000). La Dignidad de la Tierra: Ecología Mundialización, Espiritualidad. La Emergencia de un Nuevo Paradigma. Madrid: Editorial Trotta

Columbie, N. (2012). Consideraciones teóricas necesarias acerca de la problemática ambiental desde un enfoque complejo. En: Revista OIDLES - Vol 6, Nº 12 (Junio 2012). Extraído de: http://www.eumed.net/rev/oidles/12/ncp.html (Acceso el 12 de abril de 2016).

Columbie, N. (2011) Cultura ambiental y pensamiento complejo: un enfoque Transdisciplinario. En: Contribuciones a la Economía, octubre. Extraído de: http://www.eumed.net/ce/2011b/ncp.html (Acceso el 12 de abril de 2016).

Expoc. (2012). Los 10 problemas ambientales más apremiantes. Extraído de: http://www.expoknews.com/los-10-problemas-ambientales-mas-apremiantes/

Márquez, R; & Goldstein, I. (2014). Guía para el diagnóstico del paisaje de conflicto oso-gente. Versión 1.0. Santiago de Cali: Wildlife Conservation Society Colombia.

Mercado, A. (2012). La deforestación histórica en el paisaje Yavarí - Samiria: Resultados preliminares. Serie Colaboraciones. Lima: Wildlife Conservation Society.

Naciones Unidas (2016). Los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Extraído de: http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/

Navarro, O. (2004). Psicología ambiental: visión crítica de una disciplina desconocida. Extraído de: http://www.psicologiacientifica.com/psicologia-ambiental-vision-critica/

Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica. 2009. Gestión forestal sostenible, biodiversidad y medios de vida: Guía de buenas prácticas. Montreal: CDB.

SERNANP, GOBIERNO REGIONAL DEL CUSCO, WCS, INKATERRA (2014). Estrategia para la conservación del Oso Andino en el Santuario Histórico de Machupicchu y el Área de Conservación Regional Choquequirao, Lima: SERNANP, GOBIERNO REGIONAL DEL CUSCO, WCS, INKATERRA.

Ten Have, H. (2010). “Introducción: medio ambiente, ética y políticas”. En: Ten Have, H. (Editor) (2010). Ética ambiental y políticas internacionales. Francia: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO.

Yang, T. (2010). “Hacia una ética ambiental global igualitaria” En: Ten Have, H. (Editor) (2010). Ética ambiental y políticas internacionales. Francia: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO.

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*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal, magíster Scientiae en Conservación de Recursos Forestales con un Diplomado en Cambio Climático y Protocolo de Kyoto.

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