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Kiri, árbol con bondades, pero no salvador del mundo

Fuente de la imagen: Los Andes

El kiri (Paulownia tomentosa) es un árbol que se popularizó mundialmente por tener el potencial de “salvar el mundo”.  Sin embargo, es importante entender que el simple hecho de plantar árboles no va a acabar con el calentamiento global, y mucho menos si estas especies son invasoras. En un esfuerzo sincero para salvar el mundo para las generaciones futuras, podríamos empezar por la implementación de jardines con plantas nativas tanto en hogares como en lugares públicos y el consumo de productos orgánicos locales de estación.

Por María Agustina Aranda*

28 de julio, 2019.- Vivimos en una época de pos-verdad en la que los hechos científicos tienen menor influencia para modelar la opinión pública que las apelaciones a las emociones. Esto lleva a una distorsión de la realidad que puede desencadenar graves consecuencias para la sociedad.

La mayoría de las personas ha oído hablar del kiri (Paulownia tomentosa) como “el árbol que podría salvar el mundo”, “el aliado natural en la lucha contra el cambio climático y la desertificación” o simplemente como “el árbol más rentable del mundo”.

En los últimos años este forestal ha causado furor a nivel global por sus “múltiples beneficios sin consecuencias aparentes”. Diversas fuentes, desde sus vendedores e impulsores, redes sociales y medios de comunicación hasta ONGs protectoras de la naturaleza lo promueven por crecer rápidamente, absorber 10 veces más dióxido de carbono que cualquier otra planta y purificar terrenos contaminados. De esta manera, parece ser la solución mágica a muchos de los problemas ambientales que como humanidad hemos desencadenado, desde el calentamiento global hasta la contaminación del suelo.

Originario de China

El kiri es un árbol del porte del jacarandá, con hojas muy grandes, y puede llegar a alcanzar los 30 metros de altura. Es originario de China, donde se cultiva con fines ornamentales y por sus propiedades medicinales. Según antiguas leyendas chinas, el ave Fénix solo se posa sobre las ramas de esta especie. Así, en ese país asiático es tradición sembrar estos árboles alrededor de las casas para atraer la buena suerte.

En cuanto a sus cualidades casi “mágicas”, la concepción de que esta especie puede adaptarse fácilmente a cualquier ambiente sin que esto altere su rendimiento -su crecimiento y capacidad de absorber CO2- es falsa. Si bien son capaces de tolerar un mayor rango climático que otras especies, ciertas condiciones favorecen su crecimiento como los climas cálidos y húmedos. Respecto a la mayor absorción de dióxido de carbono comparada con otras plantas, estudios recientes demuestran que esa capacidad no es superior a la de la cebada o la soja, especies que ya son cultivadas alrededor del mundo.

Además, los experimentos que sustentan el poder purificador del kiri son pruebas piloto y no se han realizado a escalas relevantes, es decir, no se ha demostrado que pueda ayudar a contrarrestar la contaminación del suelo. Por otro lado, los estudios hablan del kiri como una especie “prometedora” para la fitorremediación (descontaminación) de suelos contaminados con metales pesados. Sin embargo, de acuerdo con el Centro de Especies Invasoras y Salud Ecosistémica de Estados Unidos, este forestal es una amenaza ecológica, es agresivo e invade áreas naturales debido a su rápido crecimiento y la ausencia de competidores y enemigos naturales.

Argentina no se queda atrás en cuanto a este fenómeno: Mendoza, San Luis, Santa Fe, Córdoba y Misiones también han empezado a cultivarlo. Investigadores del Conicet aseguran que el kiri no es la solución al cambio climático y puede tener efectos muy fuertes sobre la dinámica del carbono, de los nutrientes y del agua de nuestros ecosistemas, con una alta probabilidad de invasión. Además, remarcan la importancia de considerar todos los factores, ya que en materia ambiental no se deben tomar decisiones en forma aislada. Por ejemplo, así como las plantas captan dióxido de carbono también captan agua y generan cambios en los sistemas cuando se vuelven invasoras. 

Una situación particular sucede en Mendoza. Nuestra provincia presenta un clima de árido a semiárido, caracterizado por la escasez de precipitaciones (~200 mm por año) y una gran amplitud térmica, tiene una vegetación xerófila (plantas con raíces largas, hojas pequeñas y/o espinas) donde los árboles no son elementos muy comunes en el paisaje silvestre. A pesar de estas consideraciones ambientales y de que la provincia se encuentra en emergencia hídrica hace años, actualmente se plantan kiris para embellecer las calles y ayudar al medio ambiente. Esto se debe a que existe la idea errónea de que estos árboles consumen poca agua y que casi no necesitan ser regados.

Lo cierto es que esto ocurre únicamente en regiones donde las precipitaciones superan los 100 mm por mes, lo cual claramente no ocurre en Mendoza.

Objetado

La plantación de especies nativas en parques, plazas y patios tiene innumerables beneficios, ya que estas especies contribuyen con la regulación hídrica y térmica, requieren muy poco mantenimiento por estar adaptadas al suelo y clima local, mantienen la biodiversidad y preservan el correcto funcionamiento de todo el ecosistema. Por lo tanto, sería lógico pensar que son prioritarias para la Secretaría de Ambiente de la provincia. Sin embargo, en el Proyecto Integral de Forestación y Reforestación Urbana para Mendoza de 2017, el departamento de Godoy Cruz especifica que planifica incorporar numerosos ejemplares de kiri por su eficiencia en la captación de CO2.

¿Y qué dicen los expertos locales? El vicepresidente de la Comisión Asesora en Defensa del Arbolado Público, Salvador Micali, afirmó que la plantación del kiri es una moda sin sustento científico que no se adapta a nuestro clima.

¿Qué se puede hacer frente a este panorama? Algunas de las estrategias incluyen campañas de educación para disminuir la siembra y evitar la perturbación de la vegetación nativa. Es importante entender que el simple hecho de plantar árboles no va a acabar con el calentamiento global, no va a salvar el mundo y mucho menos si estas especies son invasoras. Para terminar con esta problemática de escala mundial no existen soluciones mágicas, ni especies milagrosas que puedan revertir todos los daños que hemos hecho. En un esfuerzo sincero para salvar el mundo para las generaciones futuras, podríamos empezar por la implementación de jardines con plantas nativas tanto en hogares como en lugares públicos y el consumo de productos orgánicos locales de estación.

Referencias bibliográficas:

* CABI (2017). Paulownia tomentosa (paulownia). Invasive Species Compendium: Datasheets, maps, images, abstracts and full text on invasive species of the world.URL https://www.cabi.org/isc/datasheet/39100

* Center for Invasive Species and Ecosystem Health (2018). Princess tree. URL https://www.invasive.org/browse/subinfo.cfm?sub=2426

* Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial. Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía Inahe–CCT Conicet Mendoza (2017). Proyecto Integral de Forestación y Reforestación Urbana para Mendoza. Mendoza, Argentina. 

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* María Agustina Aranda es alumna de Ciencias Básicas con orientación en Biología de la Fac. Ciencias Exactas y Naturales. UNCuyo.

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Fuente: Periódico Los Andes (Argentina): https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=ecologia-kiri-arbol-con-bondades-pero-no-salvador-del-mundo
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