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Pautas para el abordaje del proceso de reconstrucción nacional

Por Rodrigo Arce Rojas*

16 de abril, 2017.- Ahora que ha amainado el impacto de las lluvias, desbordes e inundaciones corresponde la reflexión y propuesta sobre cómo debemos abordar el proceso de reconstrucción nacional. Lo primero que se me viene a la mente es que este proceso no debe ser absolutamente tecnocrático y que más bien es la oportunidad para que se generen grandes diálogos y debates que permitan involucrar a todos los sectores y actores de la población, incluyendo el necesario enfoque de igualdad y equidad de género, y el enfoque de grupos etarios para que todas y todos nos sintamos comprometidos.

También hay que aceptar que fenómenos de esta naturaleza se van a volver a repetir y tal vez, los efectos sean cada vez más dramáticos, según todo parece indicar. Ya estamos cansados, y muy desgastados, para que impunemente repitamos la misma historia de falta de previsión, coordinación y planificación para hacer frente a estas situaciones que no solo son de origen natural sino, fundamentalmente, de origen antrópico. No hay posibilidad alguna de desarrollo sostenible si es que necia e irresponsablemente volvemos a lo mismo de siempre que es bajar la guardia una vez que pasa el temporal y volver a lamentarnos cuando vuelve a aparecer el fenómeno en cuestión.

En aras a contribuir con estos diálogos y debates alcanzo algunas ideas de cómo podríamos abordar e proceso de reconstrucción nacional. Esta propuesta deberá ser enriquecida con las más diversas alternativas que tengan la capacidad de conjugar lo ideal con lo posible, lo utópico con lo realista, habida cuenta que no existen todos los recursos del mundo para acometer este gran emprendimiento, pero que sí tenemos a nuestro favor las lecciones del pasado reciente así como las lecciones de los antiguos peruanos que supieron convivir con estos fenómenos. Lo hago a partir de cuatro entradas.

Una primera entrada es reconocer de qué tarea estamos hablando. Vista así las cosas tendríamos que aceptar que en realidad estamos hablando de un proceso de construcción y reconstrucción nacional. Esto implica construir donde no hubo construcciones para hacer frente a los impactos de las lluvias y el aumento descontrolado de los ríos y quebradas y reconstruir aquello que puede ser reconstruido siempre y cuando la obra se realice en el lugar adecuado. La reconstrucción implica entonces reponer, reparar, rehabilitar, insisto, siempre que no vuelva estar sujeta a la fuerza de las aguas de futuros eventos. También implica acondicionar, como por ejemplo el establecimiento de drenajes, que permita una convivencia como ya se da en muchas ciudades andinas o amazónicas que están preparadas para hace frente a copiosas lluvias. Por lo tanto la palabra prevenir tiene que estar más presente que nunca aunque en nuestra cultura esa palabra no haya recibido la atención que se merece.

tenemos es abordar la reconstrucción en su sentido integral esto es reconocer que necesitamos un proceso de reconstrucción social, institucional, política, cultural, humana y psicológica

Ahora bien, lo mencionado podría dar la sensación que solo nos quedamos en la infraestructura física. Ya hemos aprendido que no podemos reducir la reconstrucción solo a una dimensión física. Ahora sabemos que el gran cometido que tenemos es abordar la reconstrucción en su sentido integral esto es reconocer que necesitamos un proceso de reconstrucción social, institucional, política, cultural, humana y psicológica. Nada hacemos con las mejores obras si es que mantenemos la misma estructura institucional y de comportamiento social e individual que nos hizo más reactivos que proactivos y prospectivos.

Una segunda entrada corresponde a la caracterización del proceso. Ya hemos bosquejado algunos de estos elementos pero ahora corresponde una mirada integral. La caracterización del proceso nos lleva a reconocer los siguientes elementos:

Debe abordar la complejidad: no podemos insistir en enfoques sectoriales, disciplinarios y fragmentarios sin una necesaria articulación e interdependencia desde una perspectiva sistémica.

Debe ser participativa e inclusiva: no podemos quedarnos en un enfoque tecnocrático. Requiere la más amplia participación justamente para que las decisiones sean legítimas y los involucrados entiendan por qué se deben tomar algunas decisiones aun cuando puedan aparecer impopulares. En nombre del populismo se ha dejado irresponsablemente que se ocupen zonas de riesgo.

Debe ser transparente: lamentablemente existe una gran desconfianza en la clase política por el mal manejo de los recursos. Esto no puede seguir así, tenemos que establecer medios que permitan recuperar la confianza y el sentido de servicio de la función pública.

Debe ser un proceso permanente de gestión del conocimiento: hay que capitalizar el conocimiento existente y el conocimiento que se va generando en el proceso. Así mismo se requieren mecanismos que permitan socializar estos aprendizajes e incorporarlo al proceso de toma de decisiones. En la era de la información ya no es posible que se tomen decisiones según el estado de ánimo de los gobernantes o ciudadanos. Se requiere la mejor información disponible y la que hay que seguir generando.

Debe fortalecer la gobernanza: es importante aprovechar este momento para fortalecer las relaciones entre autoridades y ciudadanos para que todos se sientan involucrados en los proceso de toma de decisión.

Debe fortalecer las prácticas de buen gobierno y ciudadanía: esta es una oportunidad propicia para que surjan y se legitimen los buenos liderazgos y se emprenda la tarea con creatividad e innovación.

Esta caracterización nos permite afirmar que el proceso de reconstrucción nacional es la gran oportunidad para demostrarnos a nosotros mismos y mostrar al mundo que podemos hacer bien las cosas y con resultados transformadores.

Una tercera entrada refiere al establecimiento de los grandes hitos que marquen la gestión del proceso. En tal sentido podemos reconocer cuatro momentos: i) evaluar, ii) diseñar, iii) implementar, y iv) monitorear. Esta es una mirada desde la gestión efectiva y transparente del proceso. Aplicando los atributos reconocidos anteriormente es importante señalar entonces la importancia de procesos participativos, transparentes, que fortalezcan la gobernanza y las buenas prácticas de gobierno y ciudadanía. Se requiere de este proceso de gestión sea facilitado por un equipo con capacidad dialógica, concertadora y de transformación de los conflictos que de todas maneras van a surgir. Este equipo núcleo facilitador debe tener la suficiente capacidad de articulación no solo con las entidades estatales sino también con los espacios privados.

Una cuarta entrada refiere al marco que debe guiar todo el proceso. Ello requiere:

  • La construcción participativa del modelo de desarrollo de país. De nada vale pensar que existe un modelo que funciona en piloto automático. La realidad nos han demostrado que ese modelo de desarrollo tiene fallas estructurales. Este nuevo modelo de desarrollo debe convertirse en una herramienta de gestión que se llama marco conceptual que es la descripción de los principales objetivos y ejes estratégicos que guiarán el proceso.
  • La construcción participativa del modelo de gestión territorial. Ya no es posible seguir afirmado que el mercado es la mejor herramienta para definir los usos de la tierra. Quienes siguen afirmando eso tienen a cuestas las vidas humanas perdidas y los ingentes recursos económicos despilfarrados. Ello requiere tomar en serio la zonificación ecológica y económica, el ordenamiento territorial, la planificación territorial, el acondicionamiento territorial, entre otras tantas herramientas útiles pero que no han servido mucho porque se las había desestimado.
  • La conformación de equipos interdisplinarios intersectoriales y multiactores para la facilitación del proceso.
  • La identificación de proyectos estratégicos que permitan en los más breves plazos activar toda la lógica del proceso gradual de reconstrucción nacional para que a la vez que se generen nuevas condiciones para la vida plena los procesos productivos sostenibles recuperen su dinamismo.

podemos afirmar que la gestión de riesgos supera ampliamente las visiones reactivas o de focalización en los desastres para asumir en su real dimensión los enfoques de desarrollo sostenible

Resumiendo podemos afirmar que la gestión de riesgos supera ampliamente las visiones reactivas o de focalización en los desastres para asumir en su real dimensión los enfoques de desarrollo sostenible. Desarrollo que no se queda en la infraestructura sino que trasciende profundamente hasta explorar las opciones de bienestar subjetivo en el que tienes orgullo de la vida, orgullo de pertenencia a una comunidad social y política, tienes seguridad para caminar tranquillo, sabes que las manifestaciones de la naturaleza no son castigos divinos y estás preparado e incluso sabes aprovechar la energía de la naturaleza. Es la gran responsabilidad de nuestro tiempo. De no hacerlo simplemente será una gran irresponsabilidad y una oportunidad perdida. No lo permitamos.

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*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal y miembro de la Red Perú de Iniciativas de Concertación para el Desarrollo Local. Su correo es: [email protected]

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