"Es él..." , cuento de José Luis Aliaga Pereira

Fuente de la imagen: Ideele. Fuente de la imagen: Ideele.

«El ex policía reconoció ser el que disparó en el vídeo mostrado en la sala: — Esas eran las órdenes —dijo, arrepentido.» 

 

Es él... 

Por José Luis Aliaga Pereira (cuento) 

“— Es él —dijo Braulio—. Lo apuntó y, sin piedad, apretó el gatillo conociendo que no había cometido delito alguno. En casa tengo el video. 

“Lo encontraron los vecinos, luego de un seguimiento de varios meses. Lucía cabellera larga y barba crecida. Se encontraba tranquilo, para ser un hombre perseguido; confiaba en su nueva apariencia. La lucha emprendida no era guerra declarada, formal. Las guerras internas no son como las que se dan entre países, no se declaran porque el enfrentamiento es contra el pueblo, a quien prometieron defender. Se habían convertido en una especie de gendarmes de sí mismos, milicianos en defensa de su patria. Aunque venía de muy atrás, la situación en el país, poco a poco, se fue convirtiendo en laberinto, un caos propiciado por los propios gobiernos; hasta que vienen las crisis que son insalvables cuando uno de los que llega a estas alturas del poder les tira la puerta en la nariz. La desesperación de los que siempre manejaron todo, les hizo dar un golpe de estado en el que la vicepresidenta traicionó a su propio partido político (y al jefe de estado quien lo adornaba cual pequeña cereza), para después entregarse a los del bando contrario, luego de haberles prometido fidelidad ante los ataques de vacancia. Cuando el pueblo salió a defender sus derechos, en las calles, las balas del ejército y la policía desataron una carnicería. En menos de tres meses fueron más de sesenta asesinados, decenas de heridos y cientos de detenidos. Según los defensores de derechos humanos y varios presidentes de países extranjeros: la presidenta, a la que el pueblo llamaba "usurpadora", y su cúpula, cometieron delitos de lesa humanidad; exceso, imperdonable, de la fuerza militar—policial contra la masa desarmada. Estos delitos —afirmaron—, no prescriben... 

“Y los usurpadores, en lugar de reflexionar y retroceder arrepintiéndose de sus fechorías, ejercieron más presión a los militares y policías, hasta les pagaron bonos para que utilicen las armas contra la multitud; también se retiraron de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; aumentaron las penas en los delitos que tenían que ver con el orden público, Etc. Etc. Así se inició la guerra fratricida en el país. Las marchas por la paz, que propagandizaban militares y gobernantes, eran todo lo contrario: 'paz de los cementerios'. El pueblo, con cánticos y arengas, reclamaba en las calles. Mientras, los que deberían cuidar su integridad, su vida y dignidad, prestándoles garantías, eran los que actuaban con violencia; y pasó lo que pasa en todos los lugares de la tierra: el país que se dice ser el primero en el mundo utiliza, después de analizar y organizar su ataque, a potenciales delincuentes cercanos al poder del territorio escogido por ser rico en minerales y arman el "golpe de estado" que ahora le llaman técnico—militar—policial". Cuando el pueblo se da cuenta, se organiza y reacciona, es demasiado tarde porque ya sembraron la guerra que se convierte en la gran actriz de este sangriento y lamentable escenario. La policia, por su lado, creo los TERNAS, personal de civil que se infiltra entre los manifestantes para realizar el trabajo sucio y culpar a los que protestan de violentos. 

“— Vamos a verlo —dijo Absolon, y caminó en dirección al local que utilizaban para sus reuniones, desde que el Ejército y Policía cruzaron la raya y actuaron como verdaderos delincuentes—. Tienen que saberlo y aprobarlo. Te espero en el "salón" —con ese nombre, "salón", habían bautizado al lugar en el que se reunían casi todos los días para analizar la situación política del país. Esta clase de locales, se multiplicaron. Sucedió tan rápido, que parecía lo habían preparado con anticipación. 

“Alli estuvieron hombres y mujeres; incluso aquellos que, antes, eran considerados ciudadanos respetuosos de las reglas de urbanidad, etc.; pero que, después, fueron empujados al abismo; castigados sin que tengan culpa, solo por el hecho de reclamar su derecho a la libre expresión y exigir, democráticamente, el cambio de la constitución. 

 Los militares y actores del golpe de estado jamás pensaron en los pasos que daban sus botas y apuntaron al pueblo con sus armas; les importaba más el dinero que les prometieron pagar, después de la matanza. 

“La militarización del país se inició por la parte sur, luego llegó al centro y después en todo el territorio. 

“Pasaron pocos años y, rápidamente, se hicieron sentir los oligopolios. Quebraron pequeñas y medianas empresas. Los llamados emprendedores quedaron sólo en eso. La desnutrición creció igual o más que la extracción minera, petrolera y otras habidas y por haber. Los campesinos y dueños de tierras fueron expulsados de éstas por haber sido concesionadas. El gobierno y las grandes empresas privadas andaban de la mano, no sólo protegiéndolas sino en detrimento de los derechos constitucionales y humanos de la sociedad so pretexto del ansiado desarrollo. 

“Ni la salud, ni la educación eran ya gratuitos.

“— Es él —repitió el comunero y lo comprobaron luego. No tenía que haber equivocación cuando de justicia se trataba, esa era su consigna. 

“Lo interrogaron. Era policía en retiro. Confesó que había trabajado en un grupo élite, contrasubversivo y que, por ese motivo, estuvo, a finales del año 2022 e inicios del 2023, trabajando en la ciudad de Lima cuando el sur peruano marchó en caravanas a la capital para exigir la renuncia de la presidenta y el cambio de la Constitución Política. Gobernaba la señora Dina Boluarte. El ex policía reconoció ser el que disparó en el vídeo mostrado en la sala: — Esas eran las órdenes —dijo, arrepentido. 

“Al día siguiente, amaneció colgado en un árbol junto a un inmenso letrero que decia: "MALDITO EL SOLDADO QUE APUNTA SU ARMA CONTRA SU PUEBLO". Simón Bolívar.

— Me salvé de las balas —dijo el abuelo—. La sangre corrió por las calles más que el agua por los ríos. Así son las guerras —agregó —, traen hambre, venganza y sufrimiento . Las heridas que dejan, jamás cicatrizan".

 

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* José Luis Aliaga Pereira es comunicador y escritor cajamarquino. Es autor del libro “Grama Arisca, cuentos, relatos y anécdotas” y el cuento largo “El milagroso Taita Ishico”. Próximamente publicará "El cazador de viudas frescas y otros cuentos".

 

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