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Nuestra América / Abya Yala "está siendo sacudida por un Pachacuti"

"Compartiré con ustedes algunas ideas a partir de mi propia experiencia vital, en diálogo con los movimientos de la sociedad de nuestra región y la perspectiva teórica de la colonialidad y la descolonialidad del poder, con la salvedad de que de ninguna manera es algo definitivo, fijo o acabado." 

Con esas palabras empezó la participación de Carolina Ortíz Fernández en la mesa redonda "Los avances en la descolonialidad del poder en América Latina", realizada el 4 de diciembre de 2019, en el XXXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, 2019, en LIma.

"Permítanme dedicar estas breves palabras a la memoria de las mujeres asesinadas en nuestra América, a las numerosas lideresas ambientales también asesinadas, al maestro Aníbal Quijano y a José María Arguedas, a 50 años de su partida, porque simbolizan la lucha –desde diferentes vertientes– por el derecho a vivir y convivir con dignidad" agregó la socióloga sanmarquina.

A continuación compartimos el texto base de su exposición ante el tema propuesto: << Los avances sobre la descolonialidad del poder en nuestra América>> gentilmente compartido por la autora.

Foto de Carolina Ortiz Fernández

Los movimientos de la sociedad: la crisis del patriarcado capitalista, comunalidad y la descolonialidad del poder en nuestra América /Abya Yala (1) 

Por Carolina Ortiz Fernández*

Nuestra América, Nuestra Abya Yala está siendo sacudida por un Pachacuti, una gran mutación que puede conducirnos a algo mejor o peor, no lo sabemos, todo depende de lo que hagamos o dejemos de hacer. Veamos por qué.

I–

El patrón global de poder y su colonialidad, encarnado en las políticas  financieras, ambientales, religiosas, comunicacionales del bloque imperial y patriarcal de poder que recaen en la especie humana y nuestra casa mayor el planeta en su conjunto, viene reconstituyéndose ante la crisis que habita el mundo mediante el creciente autoritarismo y conservadurismo a nivel gubernamental. Su injerencia en los asuntos internos de nuestra región es ineludible, sabemos que apoyan candidaturas de gobierno, sabemos –como bien lo precisa Francisco Durand– que la empresa privada ha capturado los Estados nación e incluso a los plurinacionales; sabemos de los usos de la institución  religiosa, sobre todo las corrientes evangélicas y católicas fundamentalistas sujetas al movimiento mundial <<Con mis hijos… y mi economía  no te metas>>, agrego, porque desde hace cuatro décadas, de la mano con el neoliberalismo, han invadido todas las regiones de Sudamérica, no hay pueblo en el que no exista un templo evangélico cuyos pastores, en su mayoría, promueven la defensa acérrima del orden social patriarcal estrechamente vinculado al dios moderno devenido en mercancía revestido con el ropaje del amor y, al mismo tiempo, el movimiento cívico-cultural <<tradición, familia y propiedad>> de inspiración católica en el mundo conocido por su ultrafundamentalismo y su discurso contra el feminismo, el comunismo y la sexualidad disidente.

Pero una cosa es el bloque mundial de poder y otro el sentir de la población. Recordemos que la religión es el refugio para un mundo sin corazón, Marx no se equivocó al sostenerlo. El neoliberalismo del  actual patrón global de poder crea y recrea un mundo sin corazón y el  antídoto consumista y fundamentalista religioso que encubre ese mundo. Mas, ¿cómo afrontarlo desde la descolonialidad?

Si bien existen esfuerzos individuales y colectivos por entender esta situación, no es suficiente la crítica a estos fundamentalismos si no se ofrecen alternativas prácticas al consumismo, a la violencia simbólica del neoliberalismo revestida de libertad que subyace en el individualismo, consumismo y emprendedurimo que se difunde por los medios de información, comunicacionales y las instituciones, incluso educativas al servicio del mercado? ¿Qué alternativas ofrecer y practicar desde las organizaciones sociales ante la fragilidad del ser y el desamparo, pese a los anuncios de crecimiento económico? (2)

Como sabemos, las corrientes protestantes parecen incrementar sus adeptos porque ofrecen un espacio de encuentro en el que los fieles escuchan hablar a un pastor de sus inquietudes cotidianas referentes a la familia, la pareja, los hijos, el trabajo. El pastor suple la autoridad paterna tutelar y con ella refuerza la estructura histórica del patriarcado capitalista de la misma manera que lo hacen los gobiernos al promover la obediencia ciega y la dependencia personal mediante sus mecanismos de clientelaje y patrimonialismo. Entonces de lo que se trata, entre otros aspectos, es de ofrecer otro tipo de organización y autoridad, una organización y autoridad comunitaria desconcentrada, es decir despatriarcalizada que promueva el afecto, el cuidado mutuo y de la Naturaleza, prácticas ancestrales que nos son una utopía en tanto  provienen de los saberes y practicas de las mujeres y los pueblos indígenas  que quedaron subalternizadas por el tiempo lineal del supuesto progreso indefinido y la explotación sin fin de los humanos y de la Pachamama, por supuesto  que con conflictos evidentes con el individualismo y el consumismo rampante.

II

Entre julio y octubre de este año un incendio arrasó en la Chiquitania, produjo uno de los desastres ecológicos más graves de los 10 últimos años. El bosque Chiquitano es un bien público no solo de Bolivia sino del planeta y se han perdido tres millones de hectáreas, el incendio arrasó con la floresta y se convirtió en suelo para el agronegocio, sin consulta previa a las comunidades, pueblos y naciones indígenas, que desde el segundo gobierno de Morales, han sentido cada vez más vulnerados sus derechos.

Los descontentos de la población no pueden ser ignorados, en ellos se aprecia el conflicto entre las prácticas comunitarias de la agricultura y la agricultura a gran escala propia del extractivismo, Morales aprobó el 9 de julio de este año la modificación del Decreto Supremo 26075, sobre Tierras de Producción Forestal Permanente, a fin de ampliar las áreas destinadas a la producción del sector ganadero y agroindustrial de los departamentos del Beni y Santa Cruz con el objeto de exportar reses y monocultivos a China, lo que afecta mortalmente la tierra y la vida en general. Lo escandaloso es que esta modificación vino acompañada de una norma que permite las <<quemas controladas>>, a partir de entonces se iniciaron los incendios.

El 2010, como bien lo precisa las diversas organizaciones indígenas y Zibechi, se emitió un decreto que declaró que las tierras indígenas, además de <<originarias>>, son <<campesinas>>, lo que promovió la invasión de colonos cocaleros a los parques nacionales, como ocurrió en el Territorio Indígena y el Parque Nacional Isiboro‑Sécure (Tipnis). El gobierno aprobó, además, el financiamiento para construir en ese lugar una carretera sin consulta previa. Los pueblos indígenas resistieron la dura represión gubernamental.

Es verdad que Morales, a diferencia de sus antecesores, entre ellos Sánchez de Lozada, el presidente y empresario minero que huyó después de la <<guerra del gas>> que produjo la muerte de 70 personas el año 2003, renegoció los contratos de petróleo y gas de manera favorable para Bolivia, es verdad que estatizó el gas y los hidrocarburos, que incrementó el presupuesto en educación y salud y que promulgó la Constitución de 2009 que reconoce el Estado plurinacional de Bolivia; como también lo es que su gobierno contribuyó a dividir corporativamente los gremios y las organizaciones sociales, que continuó con el extractivismo e inició un proceso de industrialización de los bienes comunes  que contribuyen a la destrucción ecológica. (3)

Con todo, como bien lo precisa Silvia Rivera Cusicanqui (2019) además de reconocer las fallas del gobierno de Evo Morales, es indispensable comprender que los electores del Mas son los que han logrado la dignificación de las prácticas culturales y comunitarias, los saberes, la gastronomía, las lenguas indígenas. Los electores del MAS se sienten identificados con estos logros porque la recuperación y la reoriginalización de lo negado por centurias responde a una necesidad vital. Para ellos y para todos sería una tragedia perder los posibles avances de la mirada intercultural en la educación, los derechos ganados en los ámbitos de la salud, entre otros; por eso no es posible catalogarlos como pueblos ignorantes sujetos al caudillo.

Sin embargo, es evidente que el gobierno izquierdista de Evo Morales asumió el modelo  extractivista, que facilita la acaparación de tierras y la frontera agrícola para el agronegocio a favor de los intereses de las corporaciones, por lo que no se diferenció, en este sentido, de los gobiernos de Perú, Colombia, Chile, Argentina, Ecuador, Brasil, Venezuela.

Para Adriana Guzmán, una de las representantes del feminismo comunitario, y María Galindo del feminismo anarquista, el gobierno de Morales ha mantenido los privilegios de los grupos de mayor poder económico. Las dos critican la centralidad del poder de los caudillos de derecha y de izquierda.

Raquel Gutiérrez Aguilar (2019) precisa que lo que caracterizó al gobierno del Mas es su machismo leninismo, es decir su eurocentrismo y patriarcalismo en la economía, la política, en las instituciones, por lo que no basta reconocer la plurinacionalidad, si no existe coherencia entre lo que se dice y se hace.

III

En la últimas décadas, las mujeres, las comunidades y los pueblos afroindoamericanos vienen resistiendo con gran intensidad las políticas de recolonización y despojo de sus territorios  y  exigen que las decisiones tomadas en su jurisdicción se respeten, cuestionando así la imposición de las empresas petroleras y de monocultivos avaladas y/o promovidas por las  instituciones del Estado  —que se arrogan la representación del «no saber— y del saber hegemónico impartido en las universidades, entre ellas, la ciencia económica y las ciencias sociales. Lo que nos conduce a preguntar. ¿Qué hacer desde las universidades?

De modo semejante, el feminismo popular, indígena, cholo, plebeyo, afro, indígena, en suma, comunitario vienen planteando la despatriarcalización y la descolonialidad del poder y del  saber  en  todos  los  ámbitos incluso en sus propias organizaciones y es que para la descolonialidad del poder el cambio empieza en una/o mismo. Esto es un gran avance, sobre todo cuando se cuestiona autocríticamente la centralidad del poder en las propias organizaciones y en las instituciones sociales; y, en segundo, constituye una gran esperanza  cuando  a las denuncias sobre acoso y violencia sexual  -que son fundamentales- se suma de modo integral el cuestionamiento de la violencia estructural y sobre la Naturaleza o mejor Pacha mama, es decir el cuestionamiento al extractivismo, del patrón global de poder que se impone mediante lo que Quijano denomina bloque imperial de poder y al colonialismo interno. Estas demandas  no  pueden ser ignoradas por los gobiernos ni por la universidad y menos por la sociología y las ciencias sociales; existen algunos esfuerzos individuales por propiciar una visión distinta, pero no son suficientes. ¿Qué hacer desde las universidades?

Otro factor a destacar es la creación de espacios  públicos de debate y pensamiento   crítico   que   interpela por un lado  la   sujeción de la región a las exigencias del Banco Mundial, la OMC, OEA, etc., del  capital  transnacional; y, por el otro,  la sujeción de las mujeres a través del ‘feminismo  liberal’ que al demandar  la igualdad con los parámetros del orden social patriarcal capitalista no cuestiona el orden social patriarcal ni la colonialidad del poder. Este intenso debate viene ocurriendo sobre todo en Chile, Argentina y Bolivia. Por otro lado se denuncia  la cooptación de los  dirigentes indígenas por los gobiernos y entidades internacionales. 

Flora Tristán en el siglo XIX, propuso la urgencia de la organización autónoma de las obreras y obreros, estas no debían sujetarse ni al estado ni a las corporaciones, sino mas bien -como mas tarde lo sostuvo Quijano-  fortalecer su carácter de autoridad privado social de manera semejante a las comunidades andinas y amazónicas aún existentes.

A las instituciones de conocimiento les urge abrirse a lo que se considera el  <<no saber>>. Las y los profesionales que se forman no pueden ser a ajenos a las demandas de los movimientos sociales y epistémicos de las mujeres y feminismos, de los pueblos afroindoamericanos, de los movimientos populares urbanos, es indispensable establecer y profundizar diálogos de mutuo aprendizaje

En la universidades urge la despatriarcalización y la descolonialidad el saber y el poder. A más de los protocolos referentes al acoso y violencia de género que son urgentes, necesitamos cambios drásticos en las estructuras curriculares y en la concepción misma de universidad (Ortiz, 2018). No es posible que estas continúen siendo construidas estrictamente desde la visión masculina y eurocéntrica. Se necesita incorporar la visión de las mujeres en cada una de las materias en todas las carreras. No solo como justicia histórica sino porque son saberes y epistemes con visiones distintas en cada área de conocimiento. Por ejemplo, en el caso específico de las ciencias sociales, en particular en la teoría social clásica y contemporánea es imprescindible incorporar el pensamiento de Hannah Arendt, Gladys Tzul Tzul, Rosa Luxemburgo, Silvia Rivera Cusicanqui, Marianne Weber, etc. A muchos docentes y autoridades se les hace difícil visibilizar y aceptar la producción creativa de las mujeres, en algunos casos han aceptado los cursos de género y las maestrías de género, pero esperan que estemos recluidas exclusivamente en ellos, esta manida mirada expresa el temor a tocar de raíz la dominación patriarcal y la violencia epistémica y racista que atraviesa el saber y todas las instituciones y relaciones sociales en el ámbito público y privado. Mas la desobediencia civil se siente en toda nuestra América Latina.

El  orden  social  patriarcal y patrimonial moderno colonial entendido como la gestión y relación de autoridad, de organización social y del saber en procesos de larga duración globalizado por Occidente implica su organización desde la visión del  hombre/padre gran propietario y sus funcionarios  y técnicos «blancos» o ablancados y hoy en día impone sus normas y  políticas en nombre del  «estado nación» , <<plurinacional>> o «supranacional»  y del mercado (sobre todo de las grandes corporaciones), presentándose de manera paternalista o  autoritaria. La  primera se esfuerza por inhibir la violencia que  se  ejerce  cuando  se  piensa  y  considera que las mujeres - no blancas- no producen conocimiento, cuando  no se ejecuta la consulta previa a los pueblos indígenas, estas ausencias evidencian que continúa  la concepción racista y eurocéntrica de que los pueblos  son  ajenos  al  saber,   por  lo que necesitan  ser  tutelados  por  los  profesionales/técnicos  que  gobiernan; la legislación, la educación, la economía, lo avala. El segundo, implica el ejercicio autoritario de las relaciones y estructuras históricas de autoridad ejercido por los pilares del capitalismo: el aparato jurídico, los medios de comunicación, las fuerzas del orden que vienen actuando violentamente y con impunidad. Hoy como ayer han acabado con la vida de numerosos manifestantes en Chile, Ecuador, Haití, Colombia, Bolivia, Honduras, han destruido la visión de números jóvenes en  Chile y vienen produciendo la desaparición y el feminicidio de periodistas y luchadoras ambientales. Esta relación de dominación patriarcal capitalista y progresista se teje con el racismo y sexismo epistémico que niega y mata las maneras de conocer y  producir  conocimiento  de  los  pueblos  no  europeos .

IV

Sentipensar el poder desde la descolonialidad del poder feminista supone interrogarse sobre él, sobre la radical redistribución del poder y las relaciones se autoridad en toda instancia, sea en el ámbito privado o público, en las relaciones micro y macrosociales.

Al finalizar la década de los 80, cuando empezamos a explorar y comprender la dominación y el orden social patriarcal gracias  a Clorinda Matto, a Felipe Guaman Poma, a Michel Foucault, a  Hannah Arendt, a los movimientos populares de las mujeres y a mis propias circunstancias constituíamos una  minoría; ya que usualmente el patriarcado ha sido  entendido como la relación de dominación del hombre sobre la mujer, aislada de las complejas relaciones de poder,  las luchas se circunscribían a exigir los mismos derechos que el hombre sin cuestionar los esquemas de percepción, valoración  y organización  del orden social patriarcal en su integridad, es decir sin cuestionar sus tejidos con el capitalismo,  en tanto son interdependientes y se retroalimentan. Desde la sociología sabemos que las estructuras sociales históricamente conformadas obedecen a las relaciones y complejas estructuras de poder; estas constriñen a los individuos pero en tanto actores, performes, agentes podemos  lograr cambios y transformaciones drásticas.

Por eso, si entendemos que  el ser, en su constante siendo o devenir, es una relación social, supone que lo que suceda en la intimidad o el individuo no es algo aislado del orden social y estructura patriarcal interdependiente históricamente de la acumulación originaria y del capitalismo en un espacio y tiempo. Desinteresarse de este profundo y complejo tejido social nos puede dar grandes sorpresas, por ejemplo que a pesar de las políticas públicas de género en diversos lugares del mundo, continúe y hasta se incremente la violencia,  los feminicidios, los suicidios o que ingrese a las escuelas el fundamentalismo religioso y que en los medios de comunicación  se propague una sociedad en la que reina la libertad de elegir  basada en el consumismo y el <<me gusta>> como sostén del autoritarismo del modelo económico vigente.

Por eso, vale preguntarse autocríticamente si en las  instituciones y organizaciones sociales en las que laboramos y/o militamos, contribuimos a mantener o reforzar el caudillismo y el paternalismo; es decir, si avalamos la concentración de poder que es una de las características de la autoridad patriarcal capitalista; en segundo lugar, si  se pierde de vista la propia autonomía de las organizaciones sociales, su propia energía ; en tercero, si se promueve  relaciones comunitarias sin diluirse la individualidad y el derecho a la disidencia. En esta dinámica radica  la despatriarcalización del poder y del saber  en toda relación social, estrechamente vinculado a la descolonialidad del poder, es decir a combatir el racismo y el eurocentrismo  en toda relación social.

Lo novedoso en los últimos movimientos de la sociedad es que al interior de ellos sobre todo en Chile, Ecuador, Bolivia  y en Perú, aún en menor proporción,  se aprecia una dinámica que busca, además de la descolonialidad del poder, propiciar otras relaciones de autoridad,  basada en la horizontalidad y la organización comunitaria. No hay una elite, un líder o lideresa que dirija a un pueblo que considera ignorante. La despatriarcalización del poder  empieza a hacerse realidad.

V

Es imprescindible preguntarse por qué en el Perú las organizaciones sociales son muy frágiles. Es necesario tener presente que más del 70 %de la población forma parte de lo que se llama el <<sector informal>> y que éste además de ser sumamente heterogéneo (formado por el pequeño comercio,  por unidades  económicas populares, artesanales, comunitarias y pequeñas empresas) no es posible explicarlo y entenderlo por  la falta de adecuación de las normas. Como sabemos,  hoy en día, las corporaciones requieren menos trabajo vivo directamente empleado porque la mano de obra, como lo señalaba Quijano (1996), es reemplazada por el trabajo acumulado que se concentra en la alta tecnología, de allí la urgencia de la población de crear diversos mecanismos de supervivencia que se apoyan en el <<autoempleo>>, la economía familiar, de parentesco  o paisanaje mediante  la ayuda mutua y la reciprocidad, que son algunos de los principios de la organización comunitaria en intenso conflicto e interdependencia con el individualismo moderno colonial sujeto al patrón global de poder. Las grandes corporaciones promueven y  hacen uso de  la economía popular y se sostienen en ellas de manera muy favorable en tanto ahorran costos y derechos laborales. Los pueblos y nacionalidades indígenas y las mujeres sobre todo provenientes de los  sectores populares se encuentran inmersos  en esta dinámica.

Por eso, no podemos hablar de un movimiento indígena o de un movimiento feminista, sino mas bien de movimientos de la sociedad con diversos intereses comunes y no comunes en el ámbito del trabajo. Por eso la fuerza indígena y la feminista son estructural e históricamente heterogéneas en nuestra América/Abya Yala, ya que están atravesadas por las clasificaciones sociales de género, racializadas, territoriales, socioeconómicas y culturales. Además, los gobiernos de derecha e izquierda usualmente han contribuido y contribuyen corporativamente a desarticular las organizaciones sociales. El Perú no es ajeno a esto, se hizo durante el gobierno de Velasco, García, el fujimontesinismo y los gobiernos sucesivos de la derecha, Toledo creó paralelamente entidades indígenas y desde las corporaciones y financieras se apoya la lucha contra el acoso, soslayando el orden social patriarcal capitalista.

La fuerza indígena es también heterogénea. Un sector es evangélico y pertenece al sector agrícola, otro al pequeño y mediano comercio, otro forma parte de la mano de obra ocasional o sobrante en términos de Quijano, otro sector forma parte del sector asalariado y minero. Vale señalar que la intelectualidad indígena suele no estar separada del trabajo manual y esto es de gran importancia destacar, necesitamos recuperar la unidad del trabajo manual e intelectual; su separación ha sido y es realmente trágica. Pensar que unos realizan el trabajo manual y otros el trabajo intelectual constituye una relación colonial, racista y patriarcal.

En el movimiento  indígena y feminista boliviano, histórica y socialmente heterogéneo, como lo es en la región, existe la organización de  las pequeñas productoras que integran la Confederación Sindical de Mujeres Interculturales, que reúne a un millón de productoras, a profesionales y estudiantes. Los gremios de comerciantes de El Alto también están organizados.

VI

Para los movimientos de la sociedad, la profunda y escandalosa desigualdad, la impunidad, la corrupción, el caudillismo, el no ser escuchado, que las decisiones se tomen sin consulta previa, así como la ausencia de una real rendición de cuentas  implican una democracia inexistente. Entonces de lo que se trata es de radicalizar la democracia y despatriarcalizar el poder, la democracias representativa (de origen patriarcal (4) como régimen está en crisis

Una experiencia novedosa que no solo cuestiona la democracia representativa sino que promueve prácticas alternativas de organización, gobierno y autoridad,  en tanto cuestiona la reconcentración de poder en un individuo o elite y la verticalidad -meollo del patriarcado capitalista-, radica en los cabildos y el Parlamento de mujeres en la reciente experiencia afroindoamericana.

Un cabildo reúne a  integrantes de una comunidad, a organizaciones  o asociaciones sociales y vecinales, con el objeto  de debatir y canalizar demandas. Se llevan  a cabo en los barrios, en las plazas, en los  colegios, las universidades; hay también cabildos culturales y artísticos, todos invitan a la reflexión. En las últimas manifestaciones en Chile, miles han participado en ellos , sus integrantes son personas de toda edad, género y pensamiento ideológico, se reúnen para debatir sobre las salidas a la crisis.

No obstante, el sociólogo Octavio Avendaño encuentra que históricamente los cabildos guardan debilidad debido a que crean expectativas haciendo creer a las personas que están definiendo su propio destino cuando en realidad su funcionamiento está cooptado. (5) Hoy,  el gobierno de Piñera los viene promoviendo y asegura que no ignorará los reclamos que se formulen en ellos. El Ministerio de Desarrollo Social ha publicado algunas normas que dan pautas de cómo organizarse y hacer llegar sus reclamos, de esta manera corren el riesgo de  convertirse en cabildos domesticados por el estado. De allí la vigencia de la propuesta de Flora Tristan, las organizaciones sociales no deben sujetarse ni al mercado ni al estado. En ese sentido, el libre ejercicio de los cabildos y el Parlamento de mujeres puede perderse al ser cooptados o institucionalizarse según los códigos de las instituciones del estado patriarcal, patrimonial y capitalista. En estos momentos son aún espacios de deliberación que, en el mejor de los casos, promueven la radicalización de la democracia, la desconcentración del poder, la producción de conocimientos como un proceso dialógico y colaborativo. El debate florece. Un sector del movimiento defiende y fortalece su carácter de autoridad privada social de modo equivalente a las comunidades andinas. La convergencia de estas organizaciones podrían articular una autoridad pública social y no estatal (Quijano, 1988).

En las mesas de trabajo del último congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, una participante de Chile, aclaró la inquietud e interrogante que suelo plantearme referente a cómo evitar que las organizaciones  sean  finalmente domesticadas o sujetas a los requerimientos del estado patriarcal y de las corporaciones. Comentó que en Chile acaban de formar una red de sociólogas, con las pautas normativas del Estado, pero como ellas están claras de que seguirlas sería reproducir las prácticas de gobierno y autoridad patriarcal, así como sus  esquemas de organización y percepción; de manera interna contravienen  sus esquemas al organizarse horizontalmente sin una cabeza que lo sabe todo.

Estas experiencias prácticas novedosas sumadas a la organización y la autoridad comunitaria, la reciprocidad, la ayuda mutua y la alegría del trabajo colectivo, de las comunidades indígenas y amazónicas  con conflictos evidentes por el individualismo y consumismo apabullante constituyen propuestas alternativas  aún en varias regiones de nuestra América/ Abya Yala. Vale señalar que en ellos se dialoga sobre la problemática cotidiana y se toman decisiones colectivas, sus representantes tienen que cumplir con los acuerdos. La autoridad comunitaria obedece y rinde cuentas a las comuneras y comuneros, las autoridades son rotativas y no eternas. De esta manera configuran una democracia de mayor intensidad. Además, los valores comunitarios  mencionados  han sido muy valiosos en el proceso de urbanización y construcción de las ciudades en Perú, en los mecanismo de supervivencia a través de las unidades económico populares y artesanales.

Por otro lado, es muy significativa la reoriginalización cultural en todas las áreas del saber y en el imaginario crítico y la descolonialidad que se gesta sobre todo en las artes, cuyas expresiones están propiciado el encuentro entre diversas posiciones a fin de afrontar el capitalismo y el estado patriarcales en la búsqueda común de otros patrones de convivencia y de otros horizontes de sentido.

<< Un violador en tu camino>> del colectivo feminista Las Tesis, de Chile, ha tenido una repercusión global por su crítica al estado, como ente opresor y violador supremo, en tanto la devastadora violencia de género y los feminicidios constituyen un problema social y político avalado por las instituciones del mismo. El lugar del estado vuelve al debate.

Si no se pierde de vista que el estado y el capitalismo patriarcales son interdependientes se diferenciará de los progresismos y de la crítica neoliberal al estado que de un lado defiende la supuesta <<mano invisible>> del mercado y por el otro promueve que el estado proteja sus intereses. El privado capitalista y lo estatal capitalista como lo sostiene Quijano (1988) son dos caras de la misma moneda.

Es también muy significativo, que en Chile se hayan derribado los símbolos de poder. En Temuco la estatua de Arturo Prat, en Concepción la imagen de Pedro de Valdivia, a quien se considera el <<padre fundador>> de Chile. La caída provocó la algarabía de cientos de personas que entonaron consignas en mapudungun. Esta acción colectiva expresa el cuestionamiento a los valores dominantes que se transmiten en los espacios públicos y, al mismo tiempo, el cuestionamiento de los usos coloniales y patriarcales de dichos espacios. El protagonismo de la bandera Mapuche en el estallido social en Chile expresa que son tiempos otros.

Por lo dicho en esta breve exposición, concluyo con lo que empecé, me parece que nuestra América/ nuestra Abya Yala está siendo sacudida por un Pachacuti, porque por primera vez se viene cuestionando  la red compleja del poder,  lo que puede conducirnos  a algo mejor o peor, no lo sabemos, todo depende de lo que hagamos o dejemos de hacer.

 Obras citadas

 - Gutiérrez, R.; 2019. <<Bolivia, Evo y desarmar la guerra>>, Entrevista de Daniela Rea, Pie de página,  12.11. 2019

https://piedepagina.mx/bolivia-evo-y-desarmar-la-guerra/?fbclid=IwAR3TD7P9A-lXsCpJNVtZ7_B5TNM3r9gIYvfGp7ImakV_hYsO08dA1w9K7cE

- Guzmán, A.; 2019. <<Adriana Guzmán: “No se acaba por ley con el racismo y en Bolivia ha habido un golpe racista y fascista>>, entrevista de Laura Cruz, El Salto 14.11.2019.  https://www.elsaltodiario.com/bolivia/no-se-acaba-por-ley-racismo-bolivia-

- Ortiz Fernández, C.; 2016. Bagua y el Perú. Dominación patriarcal y comunalidad. Lima, Revista de Sociología, Fac. de Ciencias Sociales de la UNMSM,  Nº 26

- Quijano, A.; (1996) La economía popular y sus caminos en América Latina, Lima, Horizonte

- Quijano, A.; 1988. Modernidad, identidad y utopía en América latina, Lima, Sociedad y Política.

- Rea, D.: 2019. <<Bolivia, Evo y desarmar la guerra>> Entrevista a Raquel Gutiérrez, Pie de página, 12.11 2019.  https://piedepagina.mx/bolivia-evo-y-desarmar-la-guerra/?fbclid=IwAR3TD7P9A-lXsCpJNVtZ7_B5TNM3r9gIYvfGp7ImakV_hYsO08dA1w9K7cE

- Rivera Cusicanqui, S.; 2019. Silvia Rivera Cusicanqui - Parlamento de las mujeres 12 nov de 2019   https://www.youtube.com/watch?v=HTL0fyrVy4E

- Tristán, F.;  Unión obrera. Colección Socialismo y libertad, s/f

Notas:

(1) Ideas dichas por Carolina Ortiz Fernández en la mesa redonda << Los avances en la descolonialidad del poder en América Latina>> , llevada a cabo el miércoles 4 de diciembre de 2019, en el XXXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, 2019, en LIma. Participaron Rita Segato, Raúl Zibechi y quien escribe. <<Permítanme dedicar estas breves palabras a la memoria de las mujeres asesinadas en nuestra América, a las numerosas liderezas ambientales también asesinadas, al maestro  Aníbal Quijano y a José María Arguedas, a 50 años de su partida, porque simbolizan la lucha -desde diferentes vertientes- por el derecho a vivir y convivir con dignidad.  Ante el tema propuesto para esta noche referente a  << Los avances sobre la descolonialidad del poder en nuestra América>> compartiré con ustedes algunas ideas  a partir de mi propia experiencia vital, en diálogo con los movimientos de la sociedad de nuestra región y la perspectiva teórica de la colonialidad y la descolonialidad del poder,  con la salvedad de que de ninguna manera es algo definitivo, fijo o acabado.>> Con esta introducción comenzó mi participación.

(2) Hace unos días, Arellano en una entrevista en un canal de Tv, anunciaba que en el Perú estamos en el mejor de los mundos por la galopante economía en continuo crecimiento

(3) Es necesario no perder de vista,  que  todo proceso de industrialización y de  diversificación productiva no puede ejecutarse sin tener en cuenta el cambio climático ni la experiencia histórica latinoamericana del modelo de sustitución de importaciones en tanto sus resultados no fueron los esperados.

(4) Recuérdese que la concepción de representación surgió con la monarquía. El señor/  patriarca/monarca europeo que lograba conquistar nuevos territorios nombraba a sus representates.

(5) Durante el último gobierno de Bachelet, se propició y normó la organización de los cabildos. María Cristina Escudero integrante  del Comité de Sistematización del  proceso constituyente del 2016, precisa que al término del mandato de la ex presidenta, la experiencia de los cabildos se perdió. Pero no todo fue en vano. "La ciudadanía aprendió a organizarse y a deliberar en encuentros autoconvocados.  https://www.dw.com/es/cabildos-populares-en-chile-talleres-para-un-nuevo-pa%C3%ADs/a-51158577

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* Carolina Ortiz Fernández es socióloga, profesora e investigadora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue miembro de la Cátedra América Latina y la colonialidad del poder dirigida por Aníbal Quijano en Lima, Perú.

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