Servicios en comunicación Intercultural

La venganza de la Pachamama: una mirada a la teoría de James Lovelock

Homenaje a la Madre Tierra-Fiesta de la Pachamama. Universidad de Buenos Aires

El siguiente, es un artículo que resume la obra del británico James LoveLock, “La venganza de la Tierra: La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad”. Una lectura recomendada en este tiempo de aislamiento y reflexión sobre lo que le hemos hecho a la Tierra y cómo vamos a pagar las consecuencias de nuestros actos.

Por Kevin Oviedo Bernuy

26 de marzo, 2020.- Pachamama es la Madre Tierra: un delgado caparazón de roca y minerales que rodea un corazón de fuego y roca derretida; empieza donde este magma se enfría, a unos 70 kilómetros bajo la superficie, y se extiende a otros 160 kilómetros hacia arriba, atravesando océanos y aire hasta llegar a la caliente termosfera que choca con el espacio exterior.

Este mundo vivo se rige entre el caos, del hierro fundido, en su centro, y el calor solar que se incrementa a lo largo de las eras. Esta notable hostilidad es compensada con una estabilidad invariable, donde los ecosistemas y zonas de vida se adaptan a las condiciones de cada era.

La Pachamama es un gran sistema fisiológico que tiene como objetivo natural la regulación de su clima y química para sostener la vida. Y esta constante renovación holística está comenzando de nuevo.

Por otra parte, también es capaz de criar y proteger a sus propios reguladores. Por ejemplo, las algas del océano liberan sulfuro de dimetilo (DMS), compuesto químico relacionado con la formación de nubes y enfriamiento del clima.

Otra prueba a favor de nuestra Madre Tierra es la abundancia de gases atmosféricos como el oxígeno y el dióxido de carbono, ambos indispensables para la vida. Pero lo curioso, es que esta cantidad de gases siempre ha estado en balance adecuado para las formas de vida que habitaba en ese momento.

Actualmente, existe una sólida fundamentación científica que lleva a pensar que el actual porcentaje de oxígeno en la atmósfera es el exactamente adecuado para albergar la vida. Esto se debe al alto contenido de nitrogeno en la atmosfera (78% del total de los gases atmosféricos), que si bien no participa en la combustión ni en la respiración, actua como un regulador criogénico en el clima de la Tierra. Más de un 21 por ciento de oxígeno en la atmosfera conllevaría a un "desbalance" de estos gases armonizados por nuestra Madre, y a un alto riesgo de incendio; con un 25 por ciento, la probabilidad de que el gas se incendie por una chispa se multiplica por diez.

Esta ramificación casi consciente, donde diferentes sistemas de vida se relacionan para regular un Todo, parte de la necesidad de dispersarse como organismo.

Es simple, si no cuidamos de ella, nuestra propia Madre cuidará de sí misma haciendo que ya no seamos bienvenidos. Los que aún tengan fe, deben volver a entenderla como una entidad sagrada, parte de una creación divina que nosotros profanamos.

Y es que todo empezó hace miles de años, con nuestra economía para esforzarnos prendiéndole fuego a los bosques para facilitar la caza. En ese momento, dejamos de ser animales parte del Todo y empezamos a demoler la Tierra.

Como carnívoros tribales, hemos malgastado la energía y superpoblado la Tierra. Nos hemos obsesionado con la idea del progreso y con el bienestar de la humanidad que la sola idea de retirada nos asusta y avergüenza.

Nuestra inteligencia y creatividad nos han alejado de la Pachamama, pero la civilización se derrumbará si abandonamos la tecnología. Como un toxicómano, el pensamiento devorador de occidente morirá si sigue consumiendo su droga, pero también lo hará si la deja por completo. En el nombre de ese "bienestar de la humanidad", hemos cometido las peores tareas de destrucción, pero también tenemos el potencial de construir una civilización magnifica, armónica y más holística. Debemos abrazar la tecnología con sabiduría y cierta sacralidad. Nuestro origen tribal nos ha demostrado que aún somos fieles al rito antes de la caza.

El actual avance tecnológico ha permitido perfilar muchas opciones como solución. Entre ellas, construir en el espacio una pantalla solar con un disco reflectante de unos once kilómetros de diámetro, colocado en el punto en que la atracción gravitacional del Sol y de la Tierra es igual y opuesta, y en el que haría falta muy poca energía para mantener el parasol en su sitio. El disco podría reflejar o dispersar una parte de la luz solar que recibiera y con ello enfriar nuestro planeta.

Otra solución que propone James Lovelock en su libro, es la de imitar el sistema de regulación de las algas marinas con el sulfuro de dimetilo que mencionamos más arriba. Sin embargo, esto solo llegaría a solucionar menos de la mitad del problema.

La cantidad enorme de dióxido de carbono que emite la actividad humana continuará aumentando la saturación de la atmosfera y acidificando los océanos. La protectora Madre Tierra había evolucionado en las eras favoreciendo a los organismos que dejaban un mejor entorno para la vida y eliminando a los que destruían el hábitat.

No nos estamos dando cuenta que estamos siendo destructivos con ella. Y al parecer, también estamos dejando de compartir esa mirada holística que tiene este superorganismo viviente.

El filósofo e historiador, John Gray observó que los humanos, rara vez vemos más allá de las necesidades de la humanidad. La aspiración a alcanzar un bienestar ideal, surgió con las nuevas ideas de la cristiandad y el humanismo. Cuando surgió, hace dos mil años, no era perjudicial, y nosotros no suponíamos una amenaza para la Pachamama. Ahora que somos más de seis mil millones de personas hambrientas y glotonas, todas aspirando al nivel de vida del primer mundo, nuestro modo de vida urbano invade el terreno de la Tierra viva. La rascamos de tal forma, que la estamos dejando sin medios para sostener el confortable mundo al que estamos acostumbrados. Ahora la Tierra está siguiendo sus propias reglas internas, hacia un estado en el que ya no seremos aceptados.

La filosofa Mary Midgley, nos dice que la soberanía del pensamiento atomizado y reduccionista en la ciencia ha provocado en los últimos 200 años una visión cerrada y provinciana de la misma Tierra. La visión del universo de Newton, que duró 2 siglos, hasta que dio paso a la Eistein, que era más completa. Ambas, estaban sostenidas en los pensamientos separadores de Descartes. La división de la mente y el cuerpo fue necesaria en aquellos tiempos, y la clasificación de los seres vivos como un objeto de estudio impulsó el pensamiento reduccionista.

La disección analítica es esencial para aplicar el método correcto en las ciencias. Esta visión de las cosas nos ha llevado a grandes avances en la física y la biología. Pero no podemos dejar olvidada nuestra más sagrada conexión con la Tierra, la de contemplar el funcionamiento de las cosas desde fuera, que también es tan importante como desmontarlas.

Necesitamos, por encima de toda la vorágine de las industrias, el paradigma moderno, las dictaduras de la ciencia y el pensamiento occidental, ese cambio profundo en emociones e ideas que se producen en las comunidades tribales. Un rito sagrado se realiza para enfrentar las amenazas de un peligro real. 

Asimismo, por el hecho de ser animales tribales, la tribu no actúa hasta no percibir un peligro eminente. Hemos ocupado el medio de otras especies y organismos, hemos cambiado el ecosistema en equilibrio, mientras las ineludibles fuerzas de la Madre Tierra se movilizan contra nosotros. Quizá ya estemos sintiendo las declaraciones de guerra. 

Valoración: 
0
Sin votos (todavía)

Comentarios

Una vez que el COVID-19, sea controlada o haya pasado su apocalíptica destrucción por el mundo, la humanidad ¿será capaz de aprender la lección y tomar medidas preventivas?, ¿o seguiremos con más de lo mismo?; las voces de advertencia los están diciendo, y no sea después muy tarde como para emprender medidas correctivas.

Añadir nuevo comentario