Servicios en comunicación Intercultural

El primer taller de Joselo, testimonio de una capacitación significativa

Sede del Centro para el Desarrollo de los Pueblos Ayllu (CEDEP Ayllu), lugar del primer taller donde participó Joselo.

Servindi, 7 de agosto, 2022.- Existen experiencias de capacitación significativas que provocan cambios importantes en las personas involucradas que tienen la disposición para aprender y afianzar sus compromisos.

Este es el caso de Joselo, quién nos comparte una crónica de su primer taller, que fue una especie de pasantía, en la que durante 15 días conoció la trágica realidad de la provincia de Espinar, en Cusco, a causa de la minería.

El resultado fue que Joselo fue conmovido por una realidad intensa y retornó a su tierra convencido de la necesidad de proteger las cabeceras de cuenca, las lagunas y bodefales.

De alguna manera, el texto inédito que compartimos es parte o la continuación de Grama Arisca II y un testimonio de su decisión de integrar la organización que defiende el territorio de de su pueblo.

 

Parque en Accha, provincia de Paruro, departamento de Cusco

El primer taller de Joselo

Por José Luis Aliaga Pereira*

En el mes de septiembre de 2014, Joselo realizó su segunda visita al Cusco; la primera lo hizo cuando vestía el uniforme policial. No era un viaje turístico, se trataba de uno de los talleres a los que fue invitado por parte de su organización. En esta oportunidad la edición de vídeos y comunicación eran los temas. Un lugar llamado Accha, a 3570 msnm., provincia de Paruro, Cusco lo esperaba. Iban, en esa misma dirección, comunicadores y comunicadoras sociales que llegaban desde lugares lejanos y diferentes, pero que, cuando estuvieron juntos y se trataron, parecían haberse visto desde hace mucho tiempo. Todos pensaban, no diríamos igual, pero sí coincidían en la mayoría de las situaciones o temas en especial la defensa de la tierra, del agua, del medio ambiente, de la vida. La energía que da la Mamapacha los atraía. "No sé, pero siento haberte visto en algún lugar que no recuerdo", eran las palabras que todos repetían en ese extraordinario encuentro donde un hilo invisible los enlazaba.

Sus pensamientos a Joselo y a todos y todas, que llegaban en este viaje, giraban en su cabeza; iban y venían imágenes que les recordaban hechos de una historia que habían escuchado de labios de sus profesores, cuando niños en sus colegios; imágenes entintadas en libros que ahora se mostraban ante sus ojos y las comparaban con aquellas borrosas que llegaban a sus mentes: La historia de un Perú milenario.

A las seis de la mañana de un día martes de mayo de 2014, en la ciudad del Cusco, el frío era intenso. Los colores del amanecer, rojo y azul plomizo, del cielo de Sicuani se veían hermosos. Los vehículos llamados rápidos los trasladaron por ese acuarelado amanecer que anunciaba un sol esplendoroso. Se dirigían a Espinar. Seis horas de viaje acompañados de hombres y mujeres que no necesariamente vestían trajes típicos como en las fotografías que habían visto. Por la derecha de la carretera el imponente Huanacaure, el de la leyenda, los acompañaba; a la izquierda, el apu San Gerónimo fue el que, muy sereno, les deseó un buen viaje.

De los lugareños resaltaban sus sombreros de paño negro y sus gorros y chompas rojas, variopintas.

Espinar los recibió con sofocante sol, y el polvo que los vehículos levantan a su paso. ¿Cuán difícil será vivir cerca de la mina con este calor y polvo?, se preguntaba Joselo.

Los días y las noches pasaron muy rápido. En el taller, después de la teoría, llegaba la práctica.

Caminaban por las calles de Espinar preguntando y grabando lo que podría servir para cumplir con su reportaje. Farmacéuticos, curanderos, hospitales eran visitados para comprobar, por ejemplo, qué enfermedad agobiaba a la población espinarence. Dolores de cabeza y estómago eran, por lo general, las respuestas de los que atendían en estos lugares.
 

Joselo con Oscar Mollohuanca, líder ambiental asesinado, y con Vidal Merma, periodista entregado a la defensa de su territorio.
 

Tintaya 3 p. m. A Joselo le correspondió visitar a la familia de Ceferino Kana Chiri. Lo encontró dando de beber agua a sus animales que traía de un lejano "manente" como le dicen en esta zona a los manantiales. "Ya no pueden, le contaban, tomar agua limpia porque toda está contaminada. Ochocientas familias viven con metales pesados en la sangre. Eso es lo único que nos ha traído la explotación minera: desgracia en lugar del pregonado desarrollo.

Al día siguiente realizaron el "periplo de la muerte"; es decir, caminar alrededor del "laboratorio" donde la actividad minera asesinaba a la madre tierra. Impactante y triste a la vez. Después el testimonio de Ceferino fue corroborado por la familia Llave Chullo quienes los acompañaron toda una tarde. Esta familia que vivía cerca al tajo de Althohuarca, tampoco tenían agua limpia.

"Todo está contaminado —les repetía Ceferino—. El gobierno y la mina lo saben y actúan como si nosotros fuéramos los culpables". Ya no les interesa nuestro destino. Los gerentes ya no ofrecen progreso cuando todo está perdido. Anda, esa es responsabilidad del gobierno —te dicen.
 

Simbólica imagen macabra: en primer plano el cementerio de Espinar y al fondo la mina.
 

La tierra de Tupac Amaru también, como Cajamarca, no se salva del comportamiento de los gobernantes. Hace muchos años que se instaló una empresa minera con las mismas promesas que todos los que viven en estos sitios conocen: "progreso y más progreso que en realidad significa atraso y destrucción para el pueblo".

En la provincia de Espinar a casi medio kilómetro del distrito de Tintaya se instaló esta empresa minera (al inicio fue estatal luego Fujimori la privatizó, ahora la que siembra veneno es minera Xstrata Tintaya). La muerte llega por contaminación de metales como cobre, molibdeno y arsénico. Casi toda la población de Tintaya está contaminada y a más del cincuenta por ciento de la provincia de Espinar les pasa lo mismo. Joselo meditaba mientras editaba lo filmado: "Los pueblos tienen que saber que no es cuento lo que pasa en estas comunidades donde existe la minería. La muerte llega lenta con el agua, con los alimentos mismos".

Fueron 15 días de conversaciones en Cedep Ayllu, Accha y de visitas a Espinar a la zona minera que conmovieron a Joselo quien regresó a su tierra más convencido que nunca en defender sus cabeceras de cuenca, sus lagunas y bofedales.
 

Sesión del taller de edición de vídeo

 

 

---
* José Luis Aliaga Pereira (1959) nació en Sucre, provincia de Celendín, región Cajamarca, y escribe con el seudónimo literario Palujo. Tiene publicados un libro de cuentos titulado «Grama Arisca» y «El milagroso Taita Ishico» (cuento largo). Fue coautor con Olindo Aliaga, un historiador sucreño de Celendin, del vocero Karuacushma. También es uno de los editores de las revistas Fuscán y Resistencia Celendina. Prepara su segundo libro titulado: «Amagos de amor y de lucha».

 

Te puede interesar:

¡Estamos perdidos!, crónica sobre la justicia rondera

Servindi, 31 de julio, 2022.- En un contexto controvertido por la función de las rondas campesinas compartimos una crónica del repertorio de nuestro colaborador José Luis Aliaga Pereira, sobre un hecho muy significativo ocurrido hace varios años, antes de la pandemia. Seguir leyendo...

Valoración: 
0
Sin votos (todavía)

Añadir nuevo comentario