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Entre Pedro Castillo y la extrema derecha

 

Editorial de Servindi

3 de noviembre, 2021.- Pedro Castillo Terrones nació en una de las zonas más pobres del país, donde la presencia del Estado y los servicios públicos son casi inexistentes.

Agricultor y profesor de escuela rural, Castillo es una persona del pueblo, formado en los valores y la disciplina de la escuela del trabajo y respetuoso de sus mayores y la naturaleza.

Dotado de una gran inquietud social desde muy joven se involucró en las rondas campesinas, una escuela de disciplina y servicio social para combatir el abigeato, la delincuencia y resolver conflictos en la comunidad.

En su vida no registra ninguna sentencia judicial y, a diferencia de los políticos de oficio, Castillo se encuentra limpio de polvo y paja; no de los de la chacra que dignifica, sino del polvo y paja de la corrupción.

En una situación de crisis como la actual hallar una persona del pueblo, honesto, con valores y principios, es un capital político enorme. Y su llegada a la presidencia de la República del Perú tiene mucho de casualidad.

“Pedro Castillo no estaba en el cálculo de nuestros planes iniciales, su presencia se origina frente a la imposibilidad de la candidatura natural de Perú Libre”, admite Vladímir Cerrón, fundador del partido Perú Libre por el que postuló Castillo.

Existen razones de fondo que determinaron condiciones favorables para el triunfo de Castillo. Una necesidad que tenía que manifestarse por medio de alguna casualidad.

Algunas de estas razones son: la necesidad de cambios políticos, dar voz a las provincias, respaldar una candidatura que exprese de forma más auténtica al pueblo y el rechazo al fujimorismo.

El aporte personal de Pedro Castillo, basado en su experiencia como dirigente magisterial, le llevó a una campaña exitosa distinta, guiándose por su propia intuición.

De esa manera, recorrió el país desde abajo y se apoyó en los maestros de escuela como él, con arraigo en las comunidades y artistas populares.

Castillo no hizo una campaña millonaria ni empleó los medios masivos para llegar al electorado nacional.

Por esto, su triunfo en primera vuelta sorprendió a todos, en especial a la maquinaria de poder política, empresarial y mediática que invirtió millones de dólares en una guerra asquerosa e inmunda que aún continúa.

Explicación lógica de sus limitaciones

Obviamente, Pedro Castillo no ha sido preparado para gobernar en el sentido tradicional del término. No tiene maestrías, doctorados o experiencia en gestión pública.

Pero tiene algo que no tienen los políticos de oficio que han saqueado el país y gobernado al servicio de la corrupción: sana intuición y honestidad.

Además, un rasgo que distingue a Castillo es que, a diferencia de otros mandatarios, viaja de manera permanente para oír y estar cerca al pueblo. 

¿Basta eso para gobernar? Obviamente que no. Se necesitan cuadros políticos, un partido que lo respalde políticamente y lo ayude a gobernar y una burocracia técnicamente calificada a la cual dirigir.

No es poco lo que necesita Castillo, pero el partido Perú Libre no estaba preparado para gobernar –ni se lo esperaba– y tampoco podía proveerle de cuadros políticos o técnicos.

Esta situación de orfandad fue advertida por Ricardo Napurí que en una reciente entrevista dice sobre Castillo:

“llegó por una coyuntura excepcional al gobierno, se encuentra en una soledad tan personal que no le queda otra cosa que apoyarse en los sectores de la llamada izquierda moderada para ver si puede subsistir” (1).

El papel de los demoledores

La derecha y extrema derecha nunca va a aceptar que un serrano con sombrero campesino sea nada más y nada menos que el presidente del Perú y represente a todos los peruanos y peruanas.

El sociólogo y psicoanalista Guillermo Nugent lo advierte cuando señala que más que racismo lo que se aprecia es una actitud gamonalista en la derecha limeñocéntrica:

“En el desprecio a Castillo es donde uno puede ver con más nitidez cómo el gamonalismo, en términos culturales, sigue absolutamente vigente (...) El desprecio hacia Castillo es justamente porque la gente de la derecha más limeñocéntrica se ubica en el papel imaginario del gamonal, que desprecia al que viene del campo” (2). 

La derecha discriminadora en Perú carece de un proyecto nacional y solo busca saquear el país en las mejores condiciones para el gran empresariado transnacional.

A esa derecha –calificada de “bruta y achorada” (DBA)– no le interesa respetar el medio ambiente, proteger las cuencas de agua, favorecer la agricultura familiar, promover la equidad y reducir las desigualdades estructurales que la pandemia ha develado.

La DBA es una fuerza retrógrada, inculta, sin raíces históricas, sin arraigo en el país profundo, diverso y multicolor. Este sector es enemigo del progreso, de los derechos sociales y de cualquier cambio o avance democrático real.

Lo que resulta inexplicable es que la izquierda de Vladimir Cerrón lo abandone y ahora lo bombardee solo porque Castillo busca cómo manejar la coyuntura y sobrevivir como gobierno.

Si persiste el llamado de Cerrón a votar el jueves 4 de noviembre contra la cuestión de confianza solicitada por el nuevo gabinete se confirmará que aquellos que se van hacia la extrema izquierda, luego terminan apareciendo por la derecha.

A pesar de los ataques de izquierda y derecha que buscan desestabilizar un gobierno que no ha tenido un momento de respiro y de paz en sus primeros cien días Castillo está aprendiendo a tomar decisiones.

El viaje que realizó a México y a las Naciones Unidas le ha permitido, más que diez maestrías, comprender cómo se maneja la agenda y las relaciones internacionales y le ha dado una visión más global del escenario en que se mueve el país.

A ello se agrega, que en el camino Castillo está encontrando personas sanas y talentosas que lo están ayudando a gobernar como Aníbal Torres, Pedro Francke y ahora Mirtha Vásquez, entre otras.

Esos cambios han descolocado varias veces las ofensivas de la derecha pero debemos remarcar que la prensa hiperconcentrada está en guerra permanente y no le perdona nada.

La derecha autoritaria y los medios a su servicio buscan deslegitimarlo y crear la atmósfera para vacarlo. Las acusaciones contra la vicepresidenta Dina Boluarte bloquearían que esta asuma la presidencia si Castillo fuera vacado.

En este escenario María Alva Prieto –recordada por causar un desplante al expresidente Francisco Sagasti y dejarlo con la mano tendida al presidente Castillo– asumiría la presidencia de la República en su condición de presidenta del Congreso.

Conclusión

Si permitimos que la derecha declare la vacancia de Pedro Castillo perderá el pueblo, perderá la opción democrática y popular que él encarna.

No se trata de ningún modo de hacer de la vista gorda sus fallos o errores. Todo lo contrario. Cuestionar a los malos funcionarios y las malas decisiones de gobierno es una tarea de la prensa independiente y la ciudadanía democrática.

Pero debemos diferenciar la crítica de quienes quieren destruirlo y la crítica de quienes deseamos que mejore su gestión y gobierne para el beneficio de las mayorías y el país.

Notas:

(1) Napurí, Ricardo: “Pedro Castillo, un hombre honesto con una soledad espantosa”, entrevista de Mario Hernández: https://www.servindi.org/actualidad-entrevistas/22/10/2021/peru-castillo-entre-dos-fuegos

(2) Nugent Guillermo: “En el desprecio a Castillo se ve gamonalismo”, entrevista de Oscar Miranda, en el diario La República: https://larepublica.pe/domingo/2021/10/31/guillermo-nugent-en-el-desprecio-a-castillo-se-ve-gamonalismo-atmp/   

 

 

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