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Libro de homenaje a Catherine Walsh, intelectual-militante intercultural

Servindi, 1 de diciembre, 2020.- Gritos, grietas y siembras de nuestros territorios del Sur es el nombre de un libro de homenaje a Catherine Walsh, intelectual militante de la interculturalidad 

El destacado libro de 300 páginas contiene enjundiosos trabajos de análisis y reflexión y ha sido recién impreso en octubre de 2020 por la Universidad Andina Simón Bolívar y la editorial Abya Yala.

"La voz de Cathy Walsh no solamente nos ofrece claves de comprensión sino, a la vez, alumbra un camino de pensamiento y siembras sin renunciar a las 'esperanzas pequeñas'. Un camino en donde no es posible el pensar sin el hacer".

Así lo destacan Alicia Ortega-Caicedo y Miriam Lang en la introducción y puntualizan que el trabajo investigativo de Cathy Walsh ha privilegiado el proyecto político, ético y existencial de la interculturalidad crítica y la decolonialidad.

Entre sus ejes centrales se entretejen la geopolítica de conocimiento, las luchas políticas y la praxis social de los pueblos afrodescendientes e indígenas, los pensamientos feministas y las pedagogías alternativas.

Enseguida compartimos el índice de la publicación y luego la introducción de la señera obra social.
 

Descargar libro en el siguiente enlace:

Gritos, grietas y siembras de nuestros territorios del Sur

Índice:

Introducción a cuatro manos

Por Alicia Ortega-Caicedo y Miriam Lang, p. 9.

De boca en boca en comunidad

  • Catherine Walsh, amiga y colega unplugged. Por Michael Handelsman, p. 19.
  • Los aprendizajes hechos con y junto a la maestra-amiga Catherine Walsh. Por Barbarita Lara-Calderón, Kattya Hernández-Basante, p. 35.
  • Catherine Walsh y Manuel Zapata Olivella. Por Santiago Arboleda-Quiñonez, p. 61

Intelectual-militante: “Trabajadora del proceso”

  • Fragmentos y memorias. Por Walter D. Mignolo, p. 71.
  • Más allá de la superstición. Por Gustavo Esteva, p. 79.
  • Dialogando con Catherine Walsh. Por Esteban Ticona-Alejo, p. 93.
  • Aprendizajes/posturas en torno al trabajo intelectual. Por José Enrique Juncosa-Blasco, p. 103.

Pensar-hacer pedagogía. Abrir el aula desde el lugar de los afectos

  • Resquebrajar modelos. Por Albeley Rodríguez-Bencomo, p. 115.
  • El Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos (DECUL) de la Universidad Andina Simón Bolívar. Por Edgardo Lander, p. 121.
  • Una manera diferente de pensar la educación. Por Sebastián Granda-Merchán, p. 143.
  • Fertilizando a construção de saberes e práticas na área de educação. Por Vera Maria Ferrão-Candau, p. 147.

Caminar con los movimientos sociales en Abya-Yala

  • Desde mi mundo, desde mi modo, desde mi tiempo: compartiéndolo con Cathy. Por Sylvia Marcos, p. 155.Catherine Walsh y la interculturalidad profunda. Por Nina Pacari-Vega, p. 169.
  • Gran Paro Nacional Indígena y Popular en el Ecuador, octubre 2019 “soy del páramo”. Por Cristina Cucurí-Miñarcaja, p. 169
  • Catherine Walsh: caminar, conversar, escribir. Por Olver Quijano-Valencia, p. 181.

Intervenciones decoloniales

  • En la búsqueda de la madurez decolonial: una carta a Catherine Walsh. Por Nelson Maldonado-Torres, p. 189.
  • Interculturalidad crítica y decolonialidad desde Catherine Walsh. Por Yamila Gutiérrez-Callisaya y Marcelo Fernández-Osco, p. 209.
  • Diálogos y reflexiones con Catherine Walsh, con la intelectual militante. Por Elizabeth L. Huanca-Coila, p. 227.

Entrevista

  • No me identifico como académica, sino como intelectual-militante. Entrevista de Alicia Ortega-Caicedo a Catherine Walsh, p. 251.
  • Colaboradores. Pag. 271.
  • Bibliografía de la obra de Catherine Walsh. Pag.  279.

  

Introducción a cuatro manos

Alicia Ortega-Caicedo
Miriam Lang

Organizar un libro en homenaje a nuestra colega-amiga-intelectual-militante Catherine Walsh no necesita justificación, puesto que su fecunda y significativa producción bibliográfica (de la que da cuenta la sección “bibliografía de la obra” que incluimos al final de este libro) es referente fundamental para el pensamiento contemporáneo; más aún, al momento de pensar nuestra realidad de “violencia-despojo-guerra-muerte”, en sus palabras, desde el sur global como lugar de enunciación.

Se trata de una amenazante realidad que afecta a todas las sociedades humanas, pero debido a la enorme desigualdad que las caracteriza, sobre todo a los territorios-cuerpos de las comunidades que resisten en diferentes regiones de nuestra América. Allí, en donde de manera cada vez más voraz nuestros pueblos se ven asediados por la desmedida codicia del sistema capitalista neoliberal. Un sistema cuya crisis terminal es evidenciada por la crisis del Covid-19, producto zoonótico de una matriz agroalimentaria que avanza agresivamente sobre la biodiversidad en el planeta, y por la multiplicación de desastres climáticos fruto de modos de producción y de vida abocados al consumo y la acumulación.

En Ecuador, los más recientes acontecimientos que han marcado nuestras vidas hablan justamente de ello: el paro nacional indígena y popular en octubre de 2019, el desastre socio-ambiental ocurrido el 7 de abril de este año en la Amazonía ecuatoriana (un derrame de crudo en cantidades no transparentadas que afectó el autosustento de miles de familias indígenas asentadas en las riberas de los ríos Coca y Napo, en plena pandemia), la gestión de la pandemia marcada por políticas sanitarias que hacen morir a la población más sensible y vulnerable: incremento de muertes violentas de niñas, niños, adolescentes, mujeres en sus propios hogares; cuerpos sin vida abandonados en las calles o desaparecidos, escandalosas irregularidades en la compra de insumos médicos como mascarillas, pruebas de covid o bolsas para transportar cadáveres, corrupción y desabastecimiento en hospitales.

Son estos unos pocos datos que revelan las necropolíticas de un Estado corrupto, despojado de todo compromiso en materia de salud, educación y alimentación y al servicio de las élites

Son estos unos pocos datos que revelan las necropolíticas de un Estado corrupto, despojado de todo compromiso en materia de salud, educación y alimentación y al servicio de las élites. Basta observar que nuestro país cuenta con un 30% de estudiantes sin conexión a internet, para reconocer que la pretendida universalidad de la escolarización por la vía virtual es una perversa ficción. A ello se suma la presencia cotidiana de un cerco militar y policial que criminaliza y castiga la protesta social, que desde mayo de 2020 incluye la licencia para las fuerzas armadas de usar armas letales en casos de resistencia.

Sin embargo, y de manera simultánea, resuenan en la esfera social mediática loas a la conectividad que, en la actual coyuntura, garantiza la sujeción de cuerpos confinados, asustados, enfermos, paralizados, irritados, empobrecidos, maltratados, entristecidos, desalojados, desempleados, huérfanos de todo sustento estatal. Estando los derechos laborales suspendidos por una ley cínicamente intitulada ‘humanitaria’, el teletrabajo y los despidos masivos condensan el disciplinamiento e intensifican la explotación.

Las perspectivas que se nos presentan desde arriba son tenebrosas

Las perspectivas que se nos presentan desde arriba son tenebrosas: El Fondo Monetario Internacional pronostica una recesión mayor al 9% para toda la región, y la CEPAL llama a los gobiernos a considerar la introducción de una renta básica universal para paliar la ola de empobrecimiento que se espera. Mientras tanto, la intensificación del extractivismo es anunciada como la única salida posible a la crisis —ignorando obstinadamente que es precisamente este modelo que nos llevó adonde estamos. Esta lógica de saqueo, blanqueamiento, xenofobia, limpieza social, despojo y deshumanización total es el punto de llegada de la matriz civilizatoria de corte moderno-colonial-patriarcal y devastadora de la naturaleza.

En tiempos de coronavirus, quienes sostienen la vida y dan alimento son los y las otros, que han persistido en los márgenes de esta matriz civilizatoria. Las culturas campesinas, las mujeres que practican la agroecología, las comunidades indígenas que llegan a las ciudades para llevar papas, leche, alimento a estos espacios urbanos que han perdido todo su esplendor consumista y se han convertido en trampas mortales. De repente, se invierte la jerarquía campo-ciudad, son las comunidades rurales que ofrecen una mayor calidad de vida, mayor libertad de movimiento, menos riesgo de contagio. Muchas se organizan en cuarentenas colectivas, basadas en la soberanía alimentaria local y compartiendo recetas de remedios ancestrales para fortalecer los cuerpos contra este último engendro mortal del capitalismo a ultranza. En los sectores populares también proliferan la solidaridad con las y los más vulnerables, el trueque, la comercialización directa como respuestas al desamparo generalizado.

En este escenario, la voz de Cathy Walsh no solamente nos ofrece claves de comprensión sino, a la vez, alumbra un camino de pensamiento y siembras sin renunciar a las “esperanzas pequeñas”. Un camino en donde no es posible el pensar sin el hacer: “No puedo pensar sin un hacer que contribuya a la comunidad en la que una vive. Pensar de forma situada y encarnada”. Estas palabras alcanzan hoy en día particular resonancia, porque los sucesos que definen nuestra contemporaneidad nos exigen colocar la atención en la pregunta por las vidas que importan, la pregunta por el sostenimiento de la vida y por los cuerpos cuyas vidas golpeadas lloramos. Aunar pensamiento y acción es principio de vida y escritura para Cathy. Es su legado y herencia mayor que acogemos y celebramos. Le ha permitido tejer, con mucho cuidado y amor, comunidades de emancipación colectiva, atizar en las personas que caminan con ella la energía transformadora.

“Caminar con” ha sido un ineludible principio para Cathy: caminar, acompañar y apostar por un “pensar-ser-hacer de rebeldía, resistencia y re-existencia” hacia una vida enraizada y en comunidad. En el horizonte de este aliento, el Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos (Universidad Andina Simón Bolívar, Quito), del que Cathy es fundadora y coordinadora desde el año 2002 hasta el presente, es la concreción de su vocación por concebir y crear espacios colectivos y de relación. Son cinco cohortes que conforman una heterogénea y amplia comunidad de diálogos y disidencias; una comunidad comprometida en el acompañamiento de colectivos y pueblos que luchan contra la lógica devastadora del gran capital. Se trata de una comunidad que recibió de Cathy el más importante legado: saber que no es posible pensar ni escribir en soledad.

El programa de doctorado fue concebido desde un principio como un espacio de ruptura con tradicionales prácticas académico-universitarias. Uno que incorpora el diálogo con diferentes tipos de saberes, que no ha dejado de interrogarse acerca de los sujetos de conocimiento y sus lugares de enunciación, que pone en práctica pedagogías liberadoras. De hecho, para Cathy, tiene un lugar relevante el asunto de las metodologías y la preocupación por los cómo: “cómo gritar, luchar, agrietar y sembrar, cómo hacer, cómo construir y actuar. Son las preguntas por los cómo que, para mí, dan sentido, concreción y acción a la decolonialidad como práctica continua, parte de una noción que aglutina la metodología y la pedagogía como una sola palabra”.

Precisamente fue en el contexto del encuentro de las cinco promociones del doctorado, celebrado en julio 2019, y a propósito del premio “Frantz Fanon, trayectoria de vida”, que Cathy recibió de la Asociación de Filosofía Caribeña, cuando nació el proyecto de este libro-homenaje con la complicidad de varios colegas y estudiantes de la Universidad. Y fue en el camino de ese proceso que nosotras nos encontramos imaginando de forma conjunta este proyecto editorial. Ha sido un trabajo compartido, dialogado, creativo, alegre, cuidado de manera conjunta en cada una de sus instancias y momentos. A todas y a todos, gracias.

El 20 de mayo de este año 2020, Cathy escribió una carta dirigida a Aníbal Quijano, a los dos años de su partida. En ella, Cathy le cuenta a Aníbal acerca de los devastadores efectos de la pandemia en la Amazonía ecuatoriana, según ha sido informada directamente por compañeras y compañeros de la región: la militarización en zonas petroleras y mineras, alertas de organizaciones por los derechos humanos ante la reciente apertura de una nueva vía petrolera al Parque Nacional Yasuní (lugar de mayor diversidad ambiental y hogar de pueblos en aislamiento voluntario y de reciente contacto). Estos y otros hechos relatados por Cathy ponen al descubierto la real amenaza de muerte para las comunidades indígenas de la región.

Así, la autora de la carta le pregunta a su destinatario: “¿Qué sugiere todo eso, mi estimado y querido Aníbal, con respecto a la colonialidad? En estos días he estado dando vueltas, preguntándome a mí misma (efecto cuarentena tal vez) si el concepto ‘colonialidad’ es el más adecuado para analizar lo que estamos viviendo hoy, con la pandemia del covid, la codicia extrema del capital y las nuevas configuraciones del poder —allí recordando mi carta anterior además de las configuraciones recientes y nacientes—, todas combinadas. Claro, la Amazonía no es el único lugar donde este virus de violencia, codicia, exterminio y poder está presente y tomando forma. Pero sí es central; como pulmón de la Madre Tierra, su des-existencia refleja y representa la des-existencia de la vida toda”.

Hacemos referencia a esta misiva porque reconocemos en la escritura dialogada que privilegia Cathy varios elementos particularmente característicos de su escritura, pensamiento y actitud vital: la preferencia por la conversación como forma de relacionamiento y producción de conocimiento, una elección discursiva que explicita el potente anudamiento de los afectos, la experiencia compartida, rememorada y relatada como lugar de enunciación, la provocativa puesta en escena de quien escribe y mira de frente a quien le escribe. Se trata de una estrategia discursiva que busca acortar el pretendido y aséptico distanciamiento autoral. Cathy escribe desde el presente que habita y la interpela. Allí ancla su escritura para dirigirse a su interlocutor desde una cuidada complicidad afectiva. Parece decirle, “aquí estamos... y te cuento que...”. Escritura encarnada, comprometida, situada, lúcida, cercana, colaborativa. Una escritura que da cuenta del amor y de la rabia, que grita y agrieta. En la carta, el tú a quien va dirigida es fundamental en la definición de su tono, aliento y contenido. ¿Qué decido contarte a ti a quien va dirigida mi carta? Es el mundo del tú el que la acoge. Es allí en donde su escritura se despliega, busca su forma y ensaya sus derivas. Es la amorosa presentización del “tú” elegido la instancia que activa su palabra, su pensamiento, sus rememoraciones. Sin duda, la carta da cabida a lo cotidiano y a lo múltiple sin lugar a ninguna jerarquización, porque es el espacio en donde tiene cabida lo más banal y casual, hasta lo de mayor trascendencia en el orden de lo íntimo o de lo colectivo. A Cathy le gusta escribir cartas, y ha sabido transmitir esa predilección a estudiantes y colegas. De hecho, una de las riquezas de este libro es la pluralidad y variedad de registros discursivos que han sido explorados en los textos que lo conforman: cartas, testimonios, ensayos, artículos, conversaciones, listas, crónicas, entrevistas, son formas discursivas que se entrecruzan al momento de elegir el registro de comunicación con Cathy.

El trabajo investigativo de Cathy Walsh ha privilegiado el proyecto político, ético y existencial de la interculturalidad crítica y la decolonialidad, cuyos ejes centrales entretejen la geopolítica de conocimiento, las luchas políticas y la praxis social de los pueblos afrodescendientes e indígenas, los pensamientos feministas, las pedagogías alternativas. Más importante todavía, ha buscado a lo largo de su trayectoria profesional romper los estrechos límites que alejan la academia de la realidad que acontece a ras del suelo. Allí, en donde rostros anónimos y cuerpos ninguneados escriben y padecen la historia.

Sabemos que Cathy es una incansable tejedora de espacios colectivos, que abren grietas y siembran semillas. Su tarea inquebrantable ha sido caminar con y acompañar a colectivos, líderes y lideresas que trabajan fuera de la academia. Y su compromiso ha sido ese: pensar “con”, nunca sobre o a propósito de otrxs. El activismo social, la in-disciplina, la desobediencia epistémica, el pensamiento crítico, enraizado en la lucha por la justicia social, contra la violencia y la deshumanización que viven hoy los pueblos y comunidades racializadas en América Latina, definen el caminar de nuestra amiga, maestra y colega Catherine Walsh.

Como colegas de Cathy en la Universidad Andina Simón Bolívar, hemos podido reconocer en su trabajo académico el ejercicio de una práctica pedagógica muy otra y muy suya. La seña de un particular modo de hacer la clase tiene que ver con su entrega y compromiso total. Esta disposición se evidencia desde la forma cómo piensa y concibe la dimensión material y espacial de la practica pedagógica. Y esa materialidad se relaciona, inicialmente, con la disposición sensible del espacio de acogida para el encuentro que acontece en el aula. Así, ese espacio trasciende cualquier pretensión de ordenamiento disciplinario y se aproxima en buena medida a uno de encuentro ritual. Uno cargado de sentido, de presencia y vibración corporal, de voces múltiples, texturas y olores varios que dotan de calidez al espacio en el que ocurre la clase. Ese espacio se ve radicalmente tocado por cada uno de los cuerpos que en él encuentra acogida. Cathy despliega una suerte de escenificación que privilegia el círculo de la escucha compartida, velas encendidas, comida preparada por varias manos, bebidas calientes, formas que resultan de una sumatoria de granos, fotos, hilos que entretejen múltiples historias, mapas y cartografías conceptuales. Como señala una de sus discípulas, “ella abre el aula desde el lugar de los afectos”. Los cuerpos de quienes están en el aula con Cathy no portan de manera prioritaria un título académico; cada uno de ellos tiene una historia que contar, una experiencia transitada, un entorno familiar que marca el ritmo de sus tiempos y de sus urgencias, una memoria desde donde caminar y producir conocimiento. Como reconocen las voces que este libro recoge, ha sabido ser una maestra-compañera, siempre próxima, con quien es posible conversar para soñar y tejer. Cathy me ha dicho en una conversación que su responsabilidad como intelectual-militante es asumir la lucha por la vida: en la manera cómo hace sus cursos, cómo construye su escritura, en sus diferentes intervenciones dentro y fuera de la academia. Aprendimos de ella que no podemos acompañar una escritura en calidad de docentes y tutoras si no escuchamos y atendemos la historia de vida de quien la produce, el presente y sus circunstancias vitales que definen esa escritura y la hacen posible. Cuando una escritura se estanca es porque la vida de quien la produce se ha estancado, y lo que podemos hacer para que vuelva a fluir es colocarnos allí en donde esas vidas nos interpelan.

Vale también agregar que Cathy sabe dotar a sus palabras de alegría, de esperanza, de luz, de horizonte. En sus escritos, las palabras parecen ponerse en movimiento y aglutinarse para revelar eso que ella suele nombrar como un hacer-pensar-sentir-vivir de un modo otro (que es el modo-muy suyo). En otros casos, sus palabras se encuentran bajo el impacto de la fuerza aglutinante (a veces con guion o slash entre una y otra) para nombrar aquello que parece no tener nombre pero tiene rostro: uno excesivamente tenebroso y desfigurado, que exige reunir y juntar vocablos provenientes de diferentes ámbitos para dar nombre y cabida en el lenguaje a esa realidad de “violencia-despojo-guerra-muerte” (así, una palabra junto a otra y formando una sola para ser pronunciada con un solo golpe de voz).

Invitamos a hacer parte de este libro a un abanico de personas que caminaron con Cathy en un tramo de su vida o siguen caminando con ella: dirigentes sociales, estudiantes de diferentes generaciones del doctorado, colegas que compartimos el espacio de la Universidad Andina, coautoras y amigos. Son varias las líneas de reflexión que atienden y desarrollan los trabajos que lo componen. Textos de diferente formato, tono y extensión, que buscan reconocer el trabajo académico y la trayectoria intelectual de Catherine Walsh; sus aportes, sus legados, sus enseñanzas, su herencia: interculturalidad crítica y decolonialidad; las insurgencias contemporáneas de los pueblos y nacionalidades indígenas; etnoeducación afroecuatoriana; pedagogías de la re-existencia y praxis decoloniales; los aportes del doctorado en Estudios Culturales latinoamericanos (UASB) y el indisciplinamiento de la universidad; género, feminismos y androginia; metodologías del “pensar-conversando”; raza, capitalismo y colonialismo; entre otras líneas de reflexión que dan cuenta de su pensar y de su hacer.

 

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