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España: La tradición andina se rebela en "Madeinusa" pelÃcula de peruana Claudia Llosa


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 Claudia Llosa (a la izquierda) y Magaly Solier, en Barcelona. (Foto Jordi Roviralta, diario El País)

En su primera película, la peruana Claudia Llosa reflexiona sobre las costumbres y los contrastes de su país

Por J. V. E..

Aunque parece lo contrario, Claudia Llosa ha acometido su debut en la dirección pensando más en el espectador occidental que en el inca, introduciéndole de lleno en un mundo a la vez remoto y actual, con el objetivo de plantearnos osadas preguntas sobre qué es y qué no es la civilización. Porque el diminuto pueblo de Manayaicuna en el que se ambienta «Madeinusa», si bien es ficticio, bien podría existir. Desde el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, la localidad celebra la peculiar festividad de «Tiempo Santo», durante la cual se considera que el pecado no existe y sus habitantes pueden hacer lo que les viene en gana: desde el robo hasta el adulterio, pasando incluso por el incesto. Al lugar llega por accidente Salvador, un joven procedente de Lima que contempla consternado el panorama. Su relación con la joven Madeinusa, elegida Virgen de las fiestas, hará que ambos se replanteen sus creencias.

Reivindicación y autocrítica

Claudia Llosa (cuya familia guarda parentesco con la del escritor Mario Vargas Llosa) reconoce que todo es una invención, pero afirma que la premisa «está basada en tradiciones reales que viví de niña, aunque recicladas para dar una visión subjetiva pero sin prejuicios, y ofrecer una autocrítica sobre nuestra propia cultura». Como ella reconoce, la película aporta más preguntas que respuestas, aunque con un tono reivindicativo: «Quería reflejar esa fricción entre la cultura occidental y la “quechua”, la difícil dialéctica entre ambas. Muchas veces se ha tratado el mundo andino de forma edulcorada y romántica, lo que ha llevado a subestimarlo. El Salvador de la película aparece soberbio porque se cree capaz de ayudar a Madeinusa. Sin embargo, durante la festividad de “Tiempo Santo”, el pueblo vive una liberación utópica y genera su propia catarsis. Al final de la película, reafirmo esa identidad», comenta.

Para empaparse bien de esta cultura, Llosa se desplazó hasta la cordillera andina buscando su Manayaicuna particular. Y encontró justo lo que quería: un pueblo aislado del resto del mundo, con el que negociaron el rodaje a través del trueque. «Trabajamos con ellos cuatro meses antes de empezar a rodar. Nos proporcionaron todo lo que necesitábamos y viceversa. Por ejemplo, no pagamos por usar sus infraestructuras, como las iglesias, pero si ellos necesitaban una olla, nosotros se la facilitábamos. Fue fácil hacerles participar en el juego de la película», dice. De momento, ha convencido allá donde viaja, desde Sundance hasta el último Festival de Málaga, donde resultó triunfadora en la sección Territorio Latinoamericano.

Una televisión grande

Esta búsqueda de raíces por parte de Llosa tiene su personificación en la actriz Magaly Solier, que encarna a Madeinusa. Su historia merece una capítulo aparte: La directora buscaba iglesias para inspirarse y en las escaleras de una de ellas descubrió a esta joven de 19 años vendiendo comida. El flechazo fue instantáneo, casi tanto como el que viven Salvador y Madeinusa en la película. Por supuesto, su relación con el cine era inexistente. «Cuando vi la película era la primera vez que entraba en una sala de cine. No me lo podía creer... ¡una televisión tan grande! Y además, verme a mí misma actuando», comenta la actriz.

Tanto le gustó la experiencia que no descarta dedicarse profesionalmente a la actuación: «Me gustó sobre todo el entrar en el mundo de otra persona, reemplazar mis ilusiones y tristezas por las del personaje. Me encanta actuar frente a una cámara y luego volver a mi vida».

Fuente: La Razón Digital  

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